Desde la antigüedad muchas inteligencias han dicho lo mismo que
Chuang Tzu: “Aquel que quiere tener lo correcto sin lo equivocado,
orden sin caos, no entiende los principios del Cielo y de la Tierra.
No sabe cómo están hechas las cosas.” Actualmente muchos científicos
afirman que sin conocer los principios constructivos no se puede
entender cómo funciona el universo.
La evolución, proceso fundamental del universo, está regida por dos
leyes básicas, una constructiva y otra destructiva. Ambas son
necesarias para que todo sistema tenga generalmente tres periodos
principales:
- Periodo constructivo (crecimiento), se da un continuo aumento
del orden y la complejidad que conlleva un aumento de información.
- Periodo de estabilización dinámica, en el cual existen lapsos
de orden y de desorden.
- Periodo de destrucción, donde la segunda ley de la
termodinámica actúa con todo su poder, la entropía (desorden,
pérdida de información y complejidad, etc.) del sistema se
maximiza, lo que significa su extinción.
En todo sistema, físico, biológico, social o cognitivo, existe la
tendencia a lo constructivo y a lo destructivo, al orden y al
desorden, al conocimiento y a la ignorancia, y esta tendencia
facilita la manipulación de los seres humanos.
El desorden, la destrucción, la pérdida de información, etc., están
bien estudiados y sabemos que su ley básica, la segunda ley de la
termodinámica, se aplica en casi todos los ámbitos. De hecho los
biólogos la consideran la única ley que rige la evolución y aducen
que lo constructivo es sólo producto del azar y la necesidad, aunque
como dijo José Vasconcelos, el azar desconcierta y la necesidad
embrutece.
El asunto del orden es bastante antiguo. El filósofo griego
presocrático Heráclito fue quizá el primero en proponer como
principio un logos u orden racional subyacente en el
universo. Zenón y los estoicos siguieron y extendieron esta línea de
pensamiento. El antiguo concepto chino de Li, aunque ha sido
traducido en diferentes formas, está probablemente más cerca del
significado que le dio Heráclito que del dado por cualquier otro
pensador occidental, a excepción de Zenón.
En el siglo XX, Albert Einstein, a través de un conocido debate con
Niels Bohr que se ha prolongado entre dos de los más eminentes
físicos que aun viven, Roger Penrose y Stephen Hawking, mantuvo que
existe un orden fundamental. Basado en el principio de incertidumbre
de la mecánica cuántica, Bohr argumentó contra el punto de vista de
una realidad física determinista. Convencido de que “Dios no juega a
los dados”, Einstein se rehusó a aceptar la posición de Bohr, pero
éste, mejor sofista, se impuso. Ahora, aunque la corriente principal
de la ciencia lo niega nos damos cuenta de que Einstein tenía razón.
Más recientemente, David Bohm, un físico teórico, ha demostrado que
la aparente aleatoriedad de la mecánica cuántica puede bien
reconciliarse con el concepto de un orden profundo. Y Fritjof Capra
va más allá al señalar que “El diseño de los principios de
nuestras futuras instituciones sociales debe ser consistente con los
principios de organización que la naturaleza ha desarrollado para el
sustento de la red de la vida. Es esencial […] un marco conceptual
unificado para comprender las estructuras materiales y sociales.”
(NOTA 1)
Todo esto es innegable; La naturaleza logró producir al Homo
sapiens, biológicamente un sistema sumamente complejo, pero
hasta ahí, porque las especies no evolucionan solas, evolucionan los
ecosistemas y, como vemos, el ser humano, aunque se encuentra en la
etapa de evolución dinámica, no ha procurado el aumento de orden y
complejidad sino que ha tomado el camino más fácil, el de la
destrucción, anticipando quizá el periodo final de todo sistema.
Todos los individuos poseen tendencias, tanto altruistas como
tramposas o tendientes al engaño, pero para evolucionar (creemos que
la evolución será ya sólo en el orden social) debe predominar lo
constructivo, el orden, la complejidad y estamos muy lejos de esto,
al grado de que consideramos una evolución social consciente como
mera utopía.
Se presenta la hipótesis, basada en la observación, de que el ser
humano ha forjado una sociedad fundada en el engaño y con una gran
confusión en el conocimiento debido a la ignorancia o el desprecio
hacia las leyes naturales que nos gobiernan. Esta destrucción de la
complejidad junto con la ignorancia y el desorden que conllevan,
incrementan la tendencia de los sistemas hacia estados de
equilibrio, hacia su extinción prematura.
El ser
humano es una bestia bípeda
entrenada durante cuatro millones de años
de evolución (contados desde que bajó
del árbol) para mentir en las formas más
sutiles, de las cuales hoy por hoy las más
prestigiosas son la palabra y las ecuaciones.
- Fernando Vallejo
(NOTA
2) |
Las acepciones de la
palabra “engaño” que se usarán en este trabajo son:
Desde la aparición del Homo sapiens, cuya emergencia aún
no tenemos bien conocida, el engaño en todas sus formas siempre lo
ha acompañado. Haciendo un recuento breve de la historia desde este
enfoque se pueden tratar casi todas las actividades y las áreas de
conocimiento. Probablemente la más antigua de las actividades
intelectuales sea la espiritualidad, que aparentemente surgió con
los neandertales una variedad del Homo sapiens,
(NOTA 3) que según parece enterraban a sus muertos en posiciones
determinadas y les colocaban flores con algún propósito relacionado
con el trasmundo.
En el Homo sapiens esta característica se confirma,
incrementada, al descubrirse tumbas con características semejantes
pero más refinadas: restos de construcciones pétreas donde los
astros eran observados y adorados.
El ser humano siempre ha tenido miedo óntico, y de éste y de su
espiritualidad una minoría de aprovechados (políticos muy
inteligentes, los llama el sofista Critias) crearon y perfeccionaron
uno de los primeros sistemas de engaño para dominar a las mayorías.
Desde este momento surge la división entre los que piensan por sí
mismos y los que sólo siguen lo que otros dicen.
Los chamanes y brujos fueron los primeros en utilizar el engaño,
quizá al principio inconcientemente para integrar al clan o la
tribu.
Los sofistas se especializaban en la descalificación del rival
mediante trucos de razonamiento que se pueden considerar como las
primeras enseñanzas para elaborar engaños razonados.
“'Sofista’ es una palabra que significa ‘sabio’, ‘experto en el
saber’. La acepción del término, por sí misma positiva, se convirtió
en negativa a causa sobre todo de la toma de posición notablemente
polémica de Platón y de Aristóteles. Éstos sostuvieron que, como
había dicho Sócrates, el saber de los sofistas era aparente y no
efectivo, y que además no se profesaba con objeto de una búsqueda
desinteresada de la verdad, sino con fines de lucro. Platón, en
especial, insiste en la peligrosidad […] de las ideas de los
sofistas, además de su inconsistencia teórica”.
(NOTA 4) Sin embargo, actualmente se distinguen tres grupos de
sofistas:
1. Los grandes maestros de la primera generación, de los cuales dos
son, para nuestro objetivo, los más importantes.
- Protágoras y su principio del homo mensura: “El hombre
es la medida de todas las cosas, de las que son en aquello que son
y de las que no son en aquello que no son”. Este axioma es, según
los estudiosos, casi como la carta magna del relativismo
occidental y se opone a los principios de la filosofía oriental
que consideran al ser humano como parte del Todo. Protágoras
enseñaba como virtud la habilidad de hacer prevalecer cualquier
punto de vista sobre su contrario, por lo que fue muy apreciado
por los políticos.
- Gorgias, que construye su retórica a partir del nihilismo y
descubre el aspecto de la palabra por el cual ésta, prescindiendo
de toda verdad, puede hacerse portadora de persuasión, de creencia
y de sugestión. Es decir, Gorgias fue el primero en dar cuenta de
que es fácil engañar con la palabra.
2. Los naturalistas de la sofística, de quienes extraemos algunas
ideas bastante interesantes.
- Hipias de Elis, quien concedía gran importancia a la enseñanza
de la matemática y de las ciencias naturales, pensaba que el
conocimiento de la naturaleza era indispensable para una vida
recta, que debía ajustarse precisamente a las leyes naturales, más
que a las leyes humanas.
- Antifonte, radicalizaba la antítesis entre la naturaleza y las
leyes (humanas) afirmando que la naturaleza es la verdad y la ley
es la opinión, por lo cual con frecuencia se oponen. Según él, hay
que seguir las leyes naturales y, cuando pueda hacerse con
impunidad, transgredir las humanas.
3. Los “corruptores” de la sofística, los sofistas políticos.
- Critias, desacralizó el concepto de los dioses,
considerándolos como una especie de espantapájaros. Este concepto
sobre los dioses, según él, fue introducido hábilmente por un
político muy inteligente, con el propósito de hacer respetar las
leyes, que por sí mismas carecen de fuerza para imponerse, más
incluso cuando se carece de vigilancia sobre los seres humanos.
- Calicles afirmaba que por naturaleza es justo que el fuerte
domine al débil y que lo subyugue por completo.
Vemos en Protágoras, Gorgias y Calicles las raíces de la cultura
del engaño. Ésta es una consecuencia natural del pensamiento, como
lo son también las ideas, opuestas, de Hipias, Antifonte y Critias.
Desde entonces ha existido una gran controversia sobre la
contraposición de la convención y la naturaleza, es decir, entre las
leyes humanas y las leyes de la naturaleza. En la Antífona de
Sófocles se da el conflicto entre un deber impuesto por la ley
humana y otro impuesto por la ley divina. Cuando se acusa a Antígona
de haber infringido la ley al practicar los ritos funerarios de su
hermano, contesta a Creonte:
Porque estas leyes no las promulgó Zeus, y la Justicia, que
habita en los dioses subterráneos, no ha establecido estas leyes
humanas. Y no creo que tú, hombre mortal, puedas transgredir las
leyes no escritas e inmutables de los dioses. No son de hoy ni de
ayer; no mueren; y nadie sabe de dónde salieron.
(NOTA 5)
Esta identificación de la naturaleza con las leyes divinas se perdió
y las leyes humanas se impusieron con la consecuencia de que, cuando
ambas se contraponen, los conflictos aparecen en las sociedades que
las promulgan. Siempre ha sido así, pues toda forma de gobierno
tiende a corromperse.
La aristocracia (del griego aristos, los mejores), designa
una forma de gobierno surgida en la antigua Grecia, en la que el
poder lo detentan unos pocos, y en la que la justificación del poder
estriba en el hecho de que quienes lo detentan se consideran los
poseedores de la auténtica areté (ser digno de admiración y
honor). Coincide también en que son los poseedores de las tierras.
Los aristócratas se consideraban a sí mismos como los que encarnaban
el ideal del kaloskagathos (hombres bellos y buenos,
poseedores de toda la areté) (ilusión “aria”). La decadencia de la
aristocracia, según Platón, origina la timocracia, poder de los
militares que, a su vez, degenera en oligarquía, en la que una
minoría sin escrúpulos oprime al resto de la población. Por lo
general esa minoría es la de los ricos y entonces se le denomina
plutocracia.
Creemos que toda forma de gobierno degenera en oligarquía y es en
ésta donde el engaño llega a su mayor expresión. La rebelión del
pueblo contra la oligarquía, supuestamente, genera la democracia
(poder de todos) pero, según Platón, puesto que el pueblo no está
preparado para gobernar, la democracia degenera en demagogia y
origina la tiranía. Lo que nos enseña la historia es que degenera en
una nueva oligarquía. Platón argumentaba a favor de la necesidad de
una forma de gobierno intermedia entre la democracia y la monarquía
basada, a su vez, en la distinción entre dos clases de igualdad que
matiza el ideal de la isonomía, que originalmente designaba la
igualdad de derechos políticos y jurídicos entre los ciudadanos.
Platón, en lugar de hablar de una igualdad formal, propone que cada
ciudadano ocupe el lugar que le está destinado en la polis,
según sus capacidades y su naturaleza, a la vez que busca el
equilibrio entre democracia y monarquía. Por supuesto esto no es más
que una utopía.
Es un lugar común decir que la democracia griega era casi perfecta y
este engaño ha servido desde entonces a la demagogia de los
políticos. Concordamos con Platón en que los pueblos no están
preparados para gobernar y si nos preocupamos por ver a fondo el
concepto nos damos cuenta de que en Grecia ni siquiera era
democracia, era una aristocracia. El gran estadista Pericles, que
era, teóricamente, un demócrata auténtico, concedió un pequeño
estipendio a los jurados de los tribunales a fin de que tan delicada
función no fuese un monopolio de los ricos
(NOTA 6) y con esto introdujo la corrupción en una incipiente
democracia que tuvo desde su inicio dificultades de aplicación a
causa del desequilibrio económico entre las clases. Su mejor arma
política fueron las obras públicas. Además, gobernó casi cuarenta
años seguidos con más poderes que cuantos le reconocía la
Constitución. ¡Y ésta fue la “época de oro” de la “democracia”
griega!
La democracia griega no debe tomarse más que como un antecedente. Si
no hubiera habido democracia en Grecia, quizá no conoceríamos otras
formas de gobierno. Defectuosa, injusta, aunque necesaria en el
desarrollo de otras formas de gobierno a las cuales no hemos
llegado.
La verdadera democracia, en cualquiera de sus versiones, será
siempre una utopía porque en principio no es viable su aplicación,
ya lo dijo Platón, con el agravante de que nació corrupta y muchas
de sus leyes se oponen en varios aspectos a las leyes de la
naturaleza.
Los apologistas de la democracia, que son la mayoría de los
políticos y estudiosos de las teorías políticas, insisten en que la
democracia es, actualmente, el mejor sistema de gobierno (Según
Churchill, el peor… salvo cualquier otro). No nos queda muy claro
que la sociedad contemporánea esté en mejor situación que en
cualquier época de los griegos. La inseguridad, la decadencia de los
valores éticos, la ignorancia, la búsqueda desenfrenada de la
satisfacción de los placeres, etc., afecta a un mismo porcentaje de
gente que en cualquier época anterior. Por supuesto que cada quien
habla de la feria según le va en ella.
La democracia contemporánea no es más que demagogia. Siento que la
visión que nos presentan quienes la defienden a ultranza, apoyando
su posición en una supuesta superioridad sobre la griega, está
fundamentada en estadísticas manipuladas.
|
En la antigua Grecia |
Actualmente |
|
Se pedía dirección al oráculo y no a la sabiduría o a la
experiencia. |
Numerosos gobernantes (y gobernados, por supuesto) recurren
todavía al consejo de astrólogos y todo tipo de charlatanes.
Proliferan cientos de sectas y sociedades “secretas”. |
|
El pensamiento era menos completo. |
En todas las épocas han existido grandes pensadores, lo que
tenemos ahora es mucho más información que en su mayoría no es
la deseable. |
|
Había menos libertad. |
Quienes dirigen el destino de la humanidad restringen y
otorgan grados de libertad a su arbitrio y conveniencia
incluso hasta llegar al libertinaje en algunos aspectos. |
|
La esclavitud era una norma. |
Sin embargo, sigue existiendo, con la diferencia de que no
está legalizada. En Grecia los esclavos tenían ciertos
privilegios, como el no pagar impuestos, y eran bien tratados. |
|
La mujer era tratada con gran desigualdad y menosprecio. |
Habrá que preguntar qué beneficios les ha dado la actual
democracia. |
|
No se escuchaba la voz de todos, sino sólo de unos cuantos. |
Esto no necesita comentario, el engaño es evidente. Nuestra
opinión, la del pueblo y la de los que saben pero no están de
acuerdo con el poder, no cuenta. |
|
La ley protegía a los ricos. |
Por supuesto, y ahora también. Cuando un rico se ve afectado
por la ley actualmente, es seguro que el poder político está
en juego. |
La política, con su cultura del engaño, fue reforzada por
el “maquiavelismo”, que se convirtió en el vademecum de los
gobernantes. Recordemos algunas de sus máximas, que son de
actualidad: El gobernante, como creador del estado, no sólo está
fuera de la ley, sino que si la ley impone una moral, está también
fuera de la moralidad. No hay otro patrón para juzgar sus actos sino
el éxito de sus expedientes políticos para ampliar y perpetuar el
poder de su estado. Maquiavelo dio abiertamente fuerza de ley al
uso de la crueldad, la perfidia, el asesinato o cualesquiera otros
medios, con tal de que fuesen utilizados con suficiente inteligencia
y secreto para poder alcanzar sus fines: Pero conviene que cuando
el hecho le acuse, el resultado le excuse; y cuando el resultado es
bueno, como ocurrió en el caso de Rómulo [el asesinato de su
hermano], siempre se le absolverá. Es digna de censura la
violencia destructiva, no la violencia que reconstruye.
Pues la manera como viven los hombres es tan diferente de la
manera como deberían vivir que quien, para gobernarlos, abandona el
estudio de lo que se hace para estudiar lo que sería más conveniente
hacer, aprende lo que le lleva a la ruina y no lo que debe salvarle
de ella… Un príncipe que desee mantenerse en el trono tiene que
aprender a no ser bueno y a servirse o no de este conocimiento según
exija la necesidad… Pero no tema incurrir en la infamia que acompaña
a tales vicios, si no puede, sin ellos, conservar su estado. Porque
tomando en cuenta todas las circunstancias se encontrará que hay
cosas que parecen una virtud y que si las sigue le llevarán a la
ruina; en tanto que otras que en apariencia son vicios le llevarán,
si las practica, a la seguridad y el bienestar.
(NOTA 7)
El príncipe de Maquiavelo trata el modelo casi perfecto del
egoísmo y de la habilidad para engañar. Un modelo que llegó para
establecerse en todas las formas del poder.
Con el arribo de la globalización vivimos bajo una oligarquía
“global” que bien podría llamarse “globarquía” donde el poder se
ejerce mediante las siguientes formas:
- a) Poder coercitivo (poder militar externo y poder
policial interno), o la habilidad de A de inducir a actuar a B
mediante una fuerza efectiva.
- b) Poder económico, o el control sobre los recursos
(financieros, materiales o tecnológicos) mediante el cual A puede
influir a B a actuar en beneficio de A.
- c) Poder político, o el grado hasta el cual A puede
persuadir a otros de unirse a su causa en oposición a B, como
resultado de los beneficios psicológicos o materiales que los
potenciales adherentes vean derivados de la causa de A.
- d) Poder legal o normativo, la ventaja que A puede
obtener sobre B como resultado de la elaboración de reglas de
sanción por cualquier institución a la cual A y B pertenezcan. El
curso de la historia es producto de las interacciones dialécticas
complejas, o luchas mediante las cuales los individuos o grupos
intentan auto-realizarse tanto en oposición como en cooperación
entre ellos.
- e) Poder mediante el engaño, El dominio que A ejerce
sobre B a través de la palabra de acuerdo con las acepciones que
de engaño se dieron al inicio y que es el complemento de las otras
cuatro formas de ejercer el poder.
Podríamos también argumentar que vivimos en una aristocracia y no
en una oligarquía. Quienes nos gobiernan lo hacen sin temores,
poseen la riqueza, son dueños no sólo de las tierras, sino de la
Tierra y, por supuesto, son los mejores… para engañar.
Giovanni Sartori cuenta que: El “neolenguaje” identificado por
Orwell es en cambio un subproducto real, realísimo, de la
sistemática propagación de lo falso aplicada por Stalin y por Hitler;”
en la propaganda nazista y estalinista, “guerra era llamada
paz, opresión llamada libertad, exterminio llamado solución,
invasión llamada liberación”. Esta forma de engaño, el
neolenguaje, en la “democracia” es más actual y está más
perfeccionada que en tiempos de Stalin y Hitler porque no sólo surge
en los discursos políticos de los líderes, sino en casi todos los
órdenes de la cotidianidad. Es usado por los medios, en las
negociaciones de todo nivel, etc.
Según Sartori, cuando afirma que en las democracias el público se
forma una opinión propia de la cosa pública, no significa que el
público haga todo por sí mismo y por sí solo. Sabe que hay
“influyentes e influidos”, que los procesos de opinión van de los
primeros a los segundos, y que en el origen de las opiniones
difundidas hay siempre pequeños grupos de difusores. ¿Dónde está
entonces la democracia?
¿Se debe cambiar la democracia por otra forma de encontrar la
justicia a la luz de las “imperfectas leyes humanas? Es necesario
primero cambiar de paradigma (en el sentido kuhniano) por uno que
tome en cuenta los principios constructivos que nos permitan
evolucionar socialmente, un paradigma que involucre al planeta en su
totalidad, saber qué es el hombre y el papel que juega en este
universo. La naturaleza ha sido un libro del que se aprende pero el
Homo no tan sapiens, en su arrogancia, lo está
quemando sin leerlo.
Las leyes tanto físicas como cognitivas emergen conforme se
evoluciona, pero ya que el ser humano está estancado, destruyendo la
complejidad del planeta, no creemos que avance al siguiente estado
de la conciencia que se requiere para tener una forma de gobierno
más acorde con las leyes naturales, por ejemplo la
auto-organización.
Se arguye que hemos progresado. El concepto de progreso debe estar
ligado a una disciplina o a una actividad específica, ya que es una
serie cualquiera de hechos que se desarrollan en un sentido deseable
o la creencia de que los hechos en la historia se desarrollan en el
sentido supuestamente más deseable. Por tanto, mientras el ser
humano, sin perder su diversidad, no tenga bien definida una meta
común, no es lícito hablar de progreso más que de manera
reduccionista refiriéndose a una persona, un grupo o una actividad
determinada. Tecnológicamente hemos progresado; económicamente un
pequeño porcentaje de la población lo ha hecho de manera
sorprendente, en la adquisición de conocimiento, lo mismo; en
ciertos aspectos definitivamente hemos progresado. Pero desde
nuestros primitivos ancestros a la fecha, ¿la conciencia colectiva
ha progresado? Lo dudamos.
El engaño en los medios masivos de comunicación
La oligarquía dominante
aprovechó el surgimiento de los medios masivos de comunicación con
su gran capacidad de influir en la población, para llevar a cabo un
maridaje que ha incrementado su poder en forma exponencial.
En su libro “Medios y poder. El papel de la Radio y la Televisión en
la democracia mexicana”
(NOTA 8), la autora hace esta pregunta a una ministra de la
Suprema Corte de Justicia: Uno de los grandes debates en toda
América Latina tiene que ver con el poder de los medios y su
regulación. Regular sin atentar contra la libertad de expresión
¿Cuál es su opinión? Y la respuesta fue: Nosotros tenemos
controles disciplinarios terriblemente duros y estrictos. Tenemos un
Consejo de Judicatura vigilando y sancionando a nuestros jueces. La
Suprema Corte también tiene situaciones delicadas de control, pero
¿quién controla a los medios? ¿Qué sanción hay en los medios? El
delito de difamación existe, y en esto hay una corriente muy
importante dentro de los propios medios de comunicación para que
solamente quede como una responsabilidad civil y no de carácter
penal. Pero finalmente los controles son sociales. El control de los
medios es básicamente social El control que tiene la población sobre
los medios es su credibilidad. Es decir, si hay un medio de
comunicación que transmite imprecisiones, no va a ser tan creíble
para la población como otro medio de información que tiene mayor
precisión en su manejo informativo. Ahí hay un control social, de
credibilidad. Si nosotros dependemos de la credibilidad, de la
población, los medios también dependen de su credibilidad.
Es difícil decir si esto es correcto. En la respuesta no se precisa
a qué tipo de información se refiere. Si es a una información de
deportes o espectáculos, por ejemplo, y es imprecisa, por supuesto
que la sociedad, que de estos temas sabe mucho, retirará su
credibilidad al medio. Pero si se trata de un tema de importancia,
el grueso de la población aceptará, cualquiera que sea el medio de
comunicación, cualquier información como verídica. ¿Y si encuentra
información contradictoria? Entonces toma como buena, sin molestarse
en investigar, la que más le conviene.
Es del dominio público la conducta del magnate de los periódicos
William Randolph Hearst, quien ordenaba a sus reporteros relacionar
cualquier desastre, en cualquier forma, con sus enemigos políticos.
Sin embargo, esta conducta no era pública. Es a partir de los 80s
cuando los medios, particularmente la prensa, aceptan que lo
publicado puede no ser enteramente cierto, pero dado el objetivo
final realmente no importa que lo sea. Así, en esa década, el
Newsweek compró por una fuerte suma lo que consideró ser el
diario de Adolfo Hitler. El diario resultó falso, lo que no impidió
que la revista lo explotara a su máximo en una serie de artículos.
Cuestionada al respecto, la revista respondió que "genuino o no,
finalmente no importa" (y nosotros agregaríamos "con tal que
consigamos nuestros fines"). Esto trae a colación el viejo dilema
¿El fin justifica los medios? Y caben otras preguntas ¿Cuál fue el
verdadero fin de la revista? ¿Condenar o exhibir a un régimen ya
juzgado por la historia? ¿O, sencillamente, incrementar el número de
ejemplares vendidos? Esta conducta ha invadido todos los niveles de
la sociedad: John Leo
(NOTA 9) relata el caso del terapeuta de California, quien
"ayudó" a convencer a una de sus pacientes de que sus padres la
habían maltratado. La paciente demandó a sus padres y el profesional
simplemente declaró a la prensa "no me importa si el hecho fue
verdadero, lo que realmente pasó me es irrelevante."
La tecnología en sí, por extraordinaria que sea, no está divorciada
de la utilización mañosa que el sistema de poder le pueda dar. La
televisión es quizá la herramienta tecnológica más poderosa que los
medios poseen actualmente para manipular. Es tan poderoso este medio
que puede encumbrar o destruir a cualquier persona o sistema que
responda, o no, a sus intereses.
El modelo que los medios han impuesto es el de los atletas y de
aquellos quienes aparecen en pantalla. Las personas con
inclinaciones que no sean deportivas o de entretenimiento, los
geeks, no sólo son menospreciados, sino ridiculizados e
inclusive acosados.
Desgraciadamente, sus reacciones llegan en ocasiones a la gran
violencia ejemplificada por la masacre que dos estudiantes llevaron
a cabo en una escuela de Columbine en los Estados Unidos. Michael
Moore, en su película documental Bowling for Columbine, nos
relata la fascinación de la cultura estadounidense por la violencia
y el uso de las armas de fuego. La naturalidad de la violencia se
refleja en la sociedad actual. Para este cineasta, la cultura
estadounidense ha estado marcada por la paranoia, provocada por el
engaño que los gobiernos utilizan para tener al pueblo siempre en
espera de un agresor, lo que los ha llevado a esta desmedida
afinidad por las armas de fuego. Actualmente, el sistema consumista
imperante, compenetrado con los medios, estimula esta paranoia y la
maquinaria comercial de armas, a la vez que justifica una economía
de guerra que necesariamente los lleva a expandir su poder en el más
puro estilo maquiavélico y utilizando el refinado neolenguaje.
Es notorio el doble estándar que existe en el sistema educativo.
Oficialmente ninguna institución niega la importancia que el aspecto
académico tiene. Sin embargo, la realidad es que el culto al deporte
espectáculo que la televisión ha impulsado desmedidamente, predomina
sobre la academia. Baste recordar a qué sector estudiantil se
destina la mayoría de las becas y el papel que los head hunters
juegan en busca de los mejores atletas para ofrecerles toda clase de
estímulos y canonjías (En México se publica una “Guía Universtaria”
con el subtitulo. Bares y antros en el D.F.).
De acuerdo con Pierre Bourdieu
(NOTA 10), la competencia que se lleva a cabo entre diferentes
aspectos de los medios se manifiesta en los índices de audiencia. La
competencia entre cadenas de televisión conduce a conductas por
demás discutibles. Así, el autor se refiere a la fase Thinking,
la cual es una característica de aquellos supuestos intelectuales,
productos de los medios, que son ostentados como especialistas en
determinados aspectos. Los mismos van de programa en programa
repitiendo una serie de clichés que han aprendido. Con esto, simulan
erudición y rapidez de pensamiento que causan una gran impresión en
la audiencia cautiva.
Este autor también habla de debates verdaderamente falsos o
falsamente verdaderos. En estos debates los caracteres
involucrados sólo son parte del espectáculo, no importa realmente lo
opuesto que sus argumentos puedan parecer en pantalla, ellos en
realidad son amiguetes, quienes van repitiendo de programa en
programa los mismos argumentos. Hay gente en Estados Unidos que
se gana la vida yendo de facultad en facultad haciendo dúos de este
tipo.
Sartori señala que el videopoder está fabricando un hombre nuevo.
Hasta ahora, el poder formador de hombre (antropogenético) del video
no se ha desplegado plenamente porque se le oponen, todavía, las
generaciones formadas por “cosas leídas”. Pero dentro de poco todo
pasará a manos del hombre (verdaderamente unidimensional) formado
por “cosas vistas”.
Obviamente al sistema de poder le conviene formar un hombre nuevo,
es decir todos iguales, la diversidad es más difícil de gobernar.
Hay que lograr que todos tengan los mismos gustos, la misma falta de
razonamiento, la docilidad para acatar leyes en desacuerdo con las
de la naturaleza, etc.
No se puede negar el papel que los medios, especialmente la
televisión, ejercen en la educación de los grupos sociales. Pero hay
que aclarar que la educación no tiene per se una connotación
positiva: Hítler educó, Stalin educó y también educa la televisión.
El problema es que la educación que se imparte está basada en
información previamente digerida por los intereses y la orientación
política de las cadenas televisivas. Es así que, entre muchos otros
conceptos, se ha satanizado no sólo la figura masculina sino también
la paternidad. Baste recordar ciertos programas de radio y
televisión. Se debe mencionar también que el maniqueísmo de los
caracteres de sus programas conduce a la polarización y a la
intolerancia al manipular la información. Otra de sus
características es la incitación que se hace, y de la cual depende,
al consumismo neoliberal más salvaje. De la misma forma atenta
contra la diversificación cultural al educar con patrones que llevan
a la homogeneización de la cultura, conveniente a los intereses de
los poderes hegemónicos.
Según una de muchas definiciones, la inteligencia es la capacidad
para relacionar conceptos. La televisión inhibe esta capacidad
al convertir al televidente en un ser holgazán incapaz de establecer
por sí mismo estas relaciones de conceptos.
Los medios, según Mac Luhan, han hecho de la política un espectáculo
semejante a un deporte donde existe un juego preelectoral que eleva
a calidad de héroes a los participantes, pero cuando el juego
termina sólo existe un ganador, que afirma su posición y aumenta sus
cualidades. Los perdedores pierden como por encanto todas las
cualidades exaltadas en el “partido”, en el juego, en la
confrontación.
Los grupos institucionalizados están conformados por individuos que
tienen la misma percepción de que comparten su destino. Se entiende,
entonces, que las circunstancias cambiantes y el medio ambiente
puedan ser la causa de que los grupos se disuelvan y se fundan en
diferentes configuraciones, algunas veces reteniendo vestigios del
anterior arreglo. El clásico ejemplo de este fenómeno ha sido el
aumento del nacionalismo, que ha obligado a la gente a unirse en una
causa común, sin haber eliminado las lealtades a subgrupos, tales
como la familia, una etnia o un clan. No tenemos que ir tan lejos
como África, con sus luchas entre nacionalismo y tribalismo, o a la
antigua Yugoslavia, basta con ver nuestro país y las batallas
internas que siguen a las combinaciones colectivas. Mientras que la
capacidad humana para formar grupos cohesivos ha podido permanecer
constante, la configuración de las sociedades resultantes ha ido en
un flujo continuo, ascendente y descendente, desde el inicio de la
historia registrada.
La ciencia y el engaño
En el diario norteamericano The New York Times del 20 de
diciembre de 2005 apareció un artículo titulado “Global Trend:
More Science, More Fraud”, donde se alude al escándalo
sudcoreano que estremeció al mundo de la ciencia la semana anterior.
El Dr. Hwang Woo Suk, cuyas investigaciones lo habían llevado
a la calidad de héroe nacional, fue acusado por sus colaboradores de
fabricar resultados en sus relevantes estudios sobre clonación
humana publicados en la prestigiosa revista Science en la
primavera anterior. Pero esto no es lo más importante, sino que a
través del artículo puede uno darse cuenta de que la serie de
escándalos científicos se remonta a los años 70s, y aun cuando
existen mecanismos de seguridad, se ha perdido la fe en ellos. Los
expertos dicen que el problema es cada vez peor, a medida que se
encumbran los proyectos de investigación y las revistas que publican
sus resultados e interpretaciones.
La ciencia, esa extraordinaria disciplina exclusiva de inteligencias
específicas, ha caído en el juego del engaño. El paradigma
darwinista que la ha sesgado por casi 150 años debe ser sustituido,
porque una ideología que no toma en cuenta los principios que dan
lugar a aumentos de orden y complejidad está obsoleta. El
neodarwinismo (la corriente dominante en la biología) no dará jamás
su brazo a torcer ante las evidencias de sus insostenibles
principios, pues cree que al hacerlo cederá su terreno a los
fundamentalistas religiosos. Pero vale la pena leer a científicos
que no están contaminados con una u otra ideología, como Fernando
Vallejo, Máximo Sandín, Fritjof Capra, Brian Swimme, David Bohm y
muchos otros, para darnos cuenta de que hemos estado engañados y lo
seguiremos estando. Más ahora con las promesas engañosas de la
tecnología y la genética, que conjuntamente nos ofrecen la
esperanza, no sólo de una vida sin problemas sino hasta de la
inmortalidad.
Otro aspecto de la ciencia donde se engaña a la población es negando
que estamos al borde de un colapso ambiental. Naomi Orestes publicó
el artículo Global Warming – Signed, Sealed and Delivered
(El calentamiento global, firmado, sellado y enviado) el 24 de
julio de 2006 en The Los Angeles Times. En este artículo, la autora
refuta otro artículo publicado en el Wall Street Journal un mes
antes, donde se asegura que en un estudio publicado se afirmaba la
existencia de un consenso científico en el sentido de que el
calentamiento global había sido refutado, y en una reunión del House
Comité on Energy and Comerse el reclamo se había repetido la semana
anterior.
La autora del artículo asegura ser autora también del citado estudio
que apareció publicado en el año 2004 en la revista Science y
en el cual se demuestra que no hay un desacuerdo significativo
dentro de la comunidad científica sobre que la Tierra se está
calentando y la actividad humana es la principal causa.
(NOTA 11)
Obviamente, a las estructuras de poder que se benefician de la
depredación del ambiente no les conviene reconocer que las
actividades que fomentan y les reditúan enormes beneficios
económicos puedan ocasionar algún daño y el engaño es el mejor
aliado a sus intereses.
Lo más peligroso de esta situación es que las interpretaciones que
se dan a los resultados de los estudios científicos, retroalimentan
a la política y las decisiones que se toman están acordes, entonces,
con el paradigma vigente: Nosotros no provocamos ningún daño
ambiental, además, este universo no tiene ni pies ni cabeza, estamos
aquí por casualidad. Por lo tanto explotemos la Tierra ahora que
podemos y que suceda lo indefectible.
El engaño en el comercio
Otro aspecto muy importante de la cultura, el comercio, ha sido un
campo propicio para el engaño y esto se ha magnificado con la
publicidad, la que engaña frecuentemente con verdades a medias. Como
uno de incontables ejemplos es interesante remitirnos brevemente a
lo que nos dice el Dr. David Reuben: ¿Realmente la vitamina C es
tan importante como nos dicen tantos artículos? Probablemente no
tanto. La vitamina C es solamente uno de mil o más químicos que
nuestro cuerpo necesita para funcionar bien. El juego del
mercantilismo de las vitaminas es algo como esto: seleccione un
químico bueno y que sea necesario diariamente. Rodéelo de una
historia romántica, reúna unos pocos artículos científicos adecuados
acerca de qué tan necesario es y véndalo unas 10000 veces más caro
de lo que le costó. Veamos este ejemplo:
“La microcristalina vitamina B4 es traída a usted desde las
misteriosas profundidades de las montañas del este. Un polvo puro
blanco y brillante, que contiene dentro de sí el secreto de toda
vida. Cada célula de su cuerpo clama por la B4; es absolutamente
esencial para su existencia. Los científicos han probado que una
deficiencia de este factor de vida puede ser responsable de pérdida
de memoria, disturbios del pensamiento, palpitaciones del corazón,
dolor de estómago, pobre digestión y muchos otros problemas
cotidianos ¡Una deficiencia seria puede causar la muerte! Ahora está
disponible en mini-tabletas y en una presentación que usted no podrá
resistir: cristales de sabor que se rocían y disuelven en su comida.
Proteja su salud hoy. Obtenga la vitamina B4 en su manuable empaque
de gourmet.”
Antes de salir precipitadamente a obtener su “empaque de gourmet
de vitamina B4, piense. La vitamina B4 no es nada más que el viejo y
necesario cloruro de sodio, conocido también como sal de mesa. Pero
los que comercian deshonestamente con las vitaminas no están
mintiendo. Parte de la sal se obtiene de minas en las montañas. Cada
célula de nuestro cuerpo necesita sal; un déficit de sal puede
enfermarnos y si se pierde demasiada podemos morir. No podemos
resistir a esos “cristales de sabor que se rocían y disuelven en la
comida” pero es mejor comprarla como sal a $ 10.00 el kilo que como
vitamina B4 a $400.00
(NOTA 12)
¿Convincente? Tal vez, sin embargo Reuben cae en el engaño pues el
libro tiene como finalidad hacernos ver que la solución a nuestros
problemas de nutrición es alimentarnos de productos naturales, con
lo cual no tendríamos necesidad de buscar suplementos a la dieta.
Pero no toma en cuenta que en la actualidad ya no podemos elegir la
manera de alimentarnos ni mucho menos educar a nuestras familias a
hacerlo así. Ahora comemos lo que nos dictan las grandes
trasnacionales que controlan los alimentos, que los procesan como
más les conviene, eliminando de ellos los nutrientes. No toma en
cuenta tampoco que quien vive en ciudades contaminadas necesita de
suplementos al igual que quienes envejecen. A pesar de todo no
miente, como el supuesto comerciante de vitamina B4.
Conclusión
A los pueblos nos encanta engañar, que nos engañen y engañarnos, el
auto-engaño, diremos. Vivimos de la esperanza y de las utopías, lo
cual es puntal esencial para que los que detentan el poder nos
engañen una y otra vez. Maquiavelo lo expresó muy bien al afirmar
que los hombres cometen siempre el error de no saber poner límite a
sus esperanzas. Pero no sólo los que detentan el poder engañan. Como
lo predijo Giambattista Vico, allá por 1725, la vida en las ciudades
atestadas produciría hombres que estimarían el dinero como medida de
todas las cosas… que carecerían de valor civil, y emancipados de la
ética vivirían en la delación y el engaño. Y así vivimos, en el
engaño, engañándonos los unos a los otros en todos los órdenes.
El que siempre haya existido el engaño es inevitable y, hasta cierto
punto necesario, pero se ha abusado de él hasta la saciedad. Hemos
olvidado, menospreciado y desechado los principios que conducen al
orden y a la complejidad, y no puede existir lo uno sin lo otro.
Demasiado desorden conduce a la extinción y demasiado orden a la
incapacidad para evolucionar. Los sistemas altamente ordenados no
toleran un crecimiento sofisticado o mucha iniciativa humana. En
contraste, las situaciones de mucho desorden, como la anarquía, rara
vez se desarrollan hacia el orden, mucho menos hacia un crecimiento.
Orson Wells expuso este fenómeno en términos coloridos con su
celebrada observación de que tres décadas de guerras y derramamiento
de sangre bajo el reinado de los Borgias también produjeron un
Leonardo da Vinci, un Miguel Angel, el Renacimiento; mientras que
medio milenio de paz, ley y orden en Suiza condujeron al reloj
cu-cu.
(NOTA 13)
Todos los sistemas han de decaer tarde o temprano, lo que nosotros
marcaremos será la forma en que va a suceder. ¿El final de esta era
será catástrofe final o dará origen a un crecimiento hacia un orden
más justo? No es fácil predecirlo. La Tierra ha sido objeto de un
deterioro como jamás se había dado y reordenarnos tardaría un tiempo
demasiado largo medido por la impaciencia del ser humano.
Por lo pronto, la tendencia es a engañar más a la humanidad para
poder uniformizarla y controlarla fácilmente hasta llegar, como lo
insinúa Guillermo Fárber, a las nuevas “tiendas de raya”, ese
sistema de esclavitud económica que imperó durante mucho tiempo en
México.
NOTA: Este trabajo está fundamentado en numerosos libros y
artículos. Prácticamente todo se ha dicho ya, pues no hay nada nuevo
bajo el sol. Se enlistan las principales fuentes de información en
las referencias y la bibliografía y se da todo el crédito a quien le
corresponda en el caso de alguna omisión.
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filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-99. Empresa Editorial
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84-254-1991-3.
FÁRBER, Bejarano Guillermo. Artículos publicados en el diario
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HASLAM Alexander y Stephen D. Reicher. The Psychology of Tyranny.
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Inédito.
VICO, Giambattista. Principios de una Ciencia Nueva sobre la
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