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 Y la izquierda ¿dónde quedó? *

René Avilés Fabila
 

Como se esperaba, el Tribunal Electoral decidió que no había obstáculos decisivos para designar a Felipe Calderón Presidente electo, y López Obrador se declaró enemigo de la decisión y de nueva cuenta mandó al diablo a las instituciones que hasta hace poco eran valiosas para él. Queda contra el sistema y un mundo que se globaliza en torno de principios conservadores. Irá quedándose solo hasta convertirse en una reliquia entre sus seguidores más fieles, quienes lo endiosaron con el apoyo de los medios y le quitaron objetividad.
López Obrador tomó la decisión, y con él el PRD. La asumen con plena claridad del entorno, pero asimismo con la ceguera que producen el rencor y el resentimiento, sin la menor capacidad autocrítica, suponiendo que el escenario es favorable para el arribo violento de ex priistas que buscan la revancha. ¿Dónde está la izquierda indispensable para la transformación? Si decimos que son esos mismos ex priistas autoritarios y corruptos que se hicieron "revolucionarios" de la noche a la mañana, estamos equivocados. Es algo más que el deseo de llegar al poder y desde allí hacer fortuna. Es un cambio radical que el PRD de López jamás planteó. Dio limosnas (Diego Rivera puso en un mural de inspiración marxista la siguiente frase: We want work, not charity), prometió absurdos, hizo obras suntuosas e innecesarias, pero sobre todo mintió una y otra vez a la ciudadanía, hizo demagogia al peor estilo del PRI. En suma, logró aterrorizar a un país conservador que al final se inclinó por la derecha. No hay duda.
Las preguntas son: ¿saben los perredistas lo que significa enfrentar al poder del sistema y del mundo globalizado? ¿En verdad suponen que pueden indefinidamente asaltar tribunas, tomar calles y gritar histéricos sin agotar la paciencia ciudadana? ¿Es válido tener doble discurso ético: cobrar en las cámaras y en el DF y ser insurrectos? La ira de López Obrador no lo deja reflexionar bien: ¿ha pensado cuánto tiempo resistirán los suyos antes de optar por ingresar al sistema que ahora tratan de cambiar? No estamos en 1910. AMLO simplifica las cosas. No fue lector de Marx ni de Lenin y, en consecuencia, apenas atina a decir que está en rebeldía desconociendo los alcances de su desafío: ¿existen las famosas condiciones para hacer una revolución? ¿Por qué, si antes estuvo con las reglas de la legalidad, ahora amenaza destruirlas?
El PRD pareció, durante unos meses, el futuro de México. Hoy es detestable a los ojos de millones y millones de ciudadanos. Dilapidó su capital político, jamás en muchos años volverá a tener una votación como la que ahora tuvo. Y lo peor para AMLO: pudo dentro de seis años ganar, finalmente, la Presidencia de la República, y ahora tal hecho es remoto o imposible. Sólo sus escasos leales votarían por él. Es decir, arruinó el futuro del PRD y es obvio que no hay ninguna posibilidad de cambio en la actitud. Falta el enfrentamiento con el Ejército y con una sociedad que no se levantará ni asumirá como propia la demanda de eliminar las instituciones. También falta saber con qué presidente tratará Ebrard (un salinista-camachista vestido de guerrillero): ¿AMLO o Calderón?
López Obrador y los suyos tuvieron demasiada audacia y poco talento político. Ahora la derecha triunfa a escala nacional y la izquierda comenzará de nuevo su penoso escalar, tal vez de la mano de personas más sensatas, provistas de una ideología no contaminada por el viejo PRI y más ligada a los problemas de obreros y campesinos, de los desposeídos, pero sin caer en la tentación de comprarlos con dádivas de un erario aparentemente inagotable.
Sin embargo, las cosas no serán iguales. La derecha comprendió mejor los problemas sociales y los ciudadanos en general se percataron del poder de los procesos electorales. No será con sombrerazos y consignas chistosas que conseguirán modificar la realidad nacional. Será con partidos serios en lo ideológico, con amplios e inteligentes proyectos y una absoluta seriedad que nos evite los infaltables caudillos. Si bien es cierto que con uno nació el PRD, no es menos cierto que con otro perderá su reciente nivel político de aceptación.
AMLO y sus seguidores podrán desgañitarse y rasgarse las vestiduras y mantenerse eternamente gritando fraude, la sociedad sigue su curso. Para torcerle el camino a la globalización neoliberal, sólo queda un camino: forjar una izquierda moderna, sensata, provista de los instrumentos políticos e intelectuales que alejen el largo oportunismo y las desmedidas ambiciones de los políticos tradicionales. Lo que hizo el PRD de López fue fortalecer a la derecha y destruir a la izquierda real.
Queda claro que el sistema político mexicano requiere profundas transformaciones, pero esas las había anticipado Cuauhtémoc Cárdenas hace algunos años, cuando incluso habló de crear una nueva Constitución. Tomémosle la palabra y actuemos con cordura. Nadie va a irse al monte ni hay un nuevo Madero ni habrá un Constituyente en el Zócalo.
 
www.reneavilesfabila.com.mx

 

* Publicado en Diario Reforma, 10 de septiembre de 2006, se reproduce con permiso del autor