Vicente
Fox, con la ayuda de López Obrador y el PRD, consiguió borrar un
sexenio lamentable.
Fox fue el hombre que logró sacar al PRI de Los Pinos. Lo demás
estaba por ser una historia patética. Prometió y prometió.
Llegaríamos a un crecimiento superior a 7%, acabarían las
injusticias, México ocuparía un lugar de prestigio en el campo
internacional, seríamos gobernados por el mejor gabinete posible...
En principio trató de conducir al país como empresa privada y en
consecuencia el gabinete, seleccionado por head hunters, resultó una
colección de incapaces. Baste citar cuatro casos: Jorge Castañeda
(deshizo el prestigio de la diplomacia nacional), Carlos Abascal (un
simple pronunciador de pésimos discursos de corte religioso, donde
debiera estar el nervio de la política nacional), Alberto Cárdenas
(destructor de la Semarnat) y Reyes Tamez Guerra, quien desde la
SEP, donde estuvieron Vasconcelos, Torres Bodet y Yañez, presume no
haber leído Don Quijote. Algunos pensaron que Fox aprendería pronto.
No tanto. Aspiró a ser gran amigo de Bush y se percató de que EU,
más que amigos, tiene intereses. ¿Vale la pena decir que su mayor
fracaso fue el intento de desaforar a López Obrador? Los resultados
fueron desastrosos para él, magníficos para su decidido rival.
En la esfera más íntima, y aceptando como suyas las reglas del viejo
PRI, creó a su propio delfín, Santiago Creel. Falló: un decidido
Felipe Calderón lo enfrentó y conocemos los resultados. Fox, sin
otra alternativa, terminó apoyando al tipo que había despedido.
Hasta horas antes del sexto Informe, parecía que el gobierno foxista
quedaría como un desastre, en una historia que estaban escribiendo
los perredistas. No tuvo los 15 minutos para solucionar el caso
chiapaneco y a cambio dejaría un país a punto de una gran explosión
encabezada por López Obrador, el Caudillo que necesitaba la
"represión" para obtener los mártires que exige su causa. Así,
mientras López Obrador se adueñó del Zócalo y Reforma, al estilo
fascista, clamando por la "insurrección" popular, Fox, aparecía
desdibujado e incapaz de poner orden.
Dentro de un bien planteado escenario político encabezado por la
agenda 'revolucionaria" del PRD, llegamos al Informe Presidencial,
en una zona bloqueada y con la gritería perredista diciendo: "Al
ladrón cuando ellos tienen la cartera (Encinas explica que el cerco
es un golpe de Estado que afecta a los ciudadanos, ¿y el plantón que
nos ha despojado del Zócalo y Reforma, cómo se llama?). Pese a todo,
Fox llegó y habló en nombre de la dignidad presidencial. El PRD no
le permitió el paso. En un acto de sensatez política regresó a Los
Pinos y leyó un mensaje a la nación que provocó más interés nacional
e internacional. Una victoria de la razón sobre la bestialidad del
PRD.
Tal como prometieron los perredistas, impidieron el Informe. Ello lo
vieron como una hazaña política. Estaban eufóricos. Sin embargo
todavía no se apagaban sus gritos cuando comenzaron los comentarios.
Si antes Fox tenía poco más de 7% de simpatías popular (que en
México no es mala cifra), luego de intentar leer su Informe en el
Congreso, las adhesiones aumentaron. Ahora él es el mártir de la
democracia. Los perredistas lograron un récord: que este Informe
fuera el más breve de la historia, unos cuantos minutos necesarios
para entregar los datos y mostrar al mundo su postura pacifista,
plural y democrática. Una respuesta hábil a un agitador sin razón
como López Obrador. Ahora las cosas fueron al revés, la victoria
estuvo del lado presidencial. Fox, con la ayuda de López Obrador y
el PRD, consiguió borrar un sexenio lamentable. De pronto los
resultados negativos se convirtieron en aciertos: el hombre es un
político democrático que no reprimió, toleró la pluralidad, mantuvo
al país en calma y, finalmente, mostró quiénes son los verdaderos
enemigos del país. Llama la atención que el rencor de la derrota,
haya obnubilado a los perredistas al grado de perder de vista
propósitos inteligentes. Su odio los trastornó y ahora el pueblo de
México, mayoritariamente, recupera a Fox como salvador y pone al PRD
de López Obrador entre los que han decidido romper la calma, la
legalidad y dar al traste con las instituciones.
¿Qué sigue en la lógica del PRD? No mucho: continuar en el Zócalo y
Reforma, celebrar su "Convención", retar al Ejército y declarar
"Presidente" a López Obrador. ¿Para qué? Para convertirlo en el
ridículo cacique del plantón con un gabinete que nadie tomará en
serio. Lástima que el rencor haya prevalecido sobre la inteligencia.
De muy discutible víctimas, los perredistas mostraron su verdadera
Identidad: contundentemente verdugos de la democracia y la
tolerancia.
El doble juego (aceptar diputaciones y senadurías y decir que hubo
fraude electoral) es riesgoso y tendrá un costo muy severo. La
mayoría de los mexicanos pensaban que López Obrador era un peligro
para la democracia, hoy están seguros de algo real: el peligro es el
PRD en su conjunto, para la izquierda en especial.
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