PrólogoLa evolución humana está
íntimamente ligada al medio ambiente que el propio ser humano se
crea. A partir de la emergencia del pensamiento, el Hombre tiene la
responsabilidad de conducir su evolución teniendo en cuenta todos
los elementos que conforman el ecosistema planetario, pero para que
ésta sea adecuada tiene que seguir las leyes que la naturaleza nos
ha marcado: tendencia al orden, a la complejidad, a la diversidad y
a la convergencia de un propósito que parece ser el adquirir más y
más Información, misma que nos llevará al siguiente estado
evolutivo.
El ir en contra de estas leyes provoca a mediano y corto plazo
catástrofes destructivas que mantienen estancada la evolución de la
conciencia, provocan catástrofes en las poblaciones y causan grandes
costos en la economía de las naciones.
Dar un ejemplo de lo que puede ocurrir al ir en contra de las
citadas leyes es uno de los propósitos del presente artículo.
Introducción
Destruir es más económico que construir y es,
además, mucho más rápido. Una cuenca que tardó 36 millones de años
en formarse se convirtió en un valle ecológicamente destruido en
sólo 300 años.
“Cualquiera que haya vivido en la ciudad de México en la temporada
de lluvias, cuando el cielo se obscurece y suelta un ensordecedor
diluvio, jamás podrá sospechar que la ciudad se está quedando sin
agua. Cuando los residentes de la ciudad de México piensan en la
amenaza ambiental para su ciudad, voltean a ver su contaminada
atmósfera. Pero esto es sólo porque ellos no pueden ver lo que está
sucediendo bajo sus pies. El acuífero del subsuelo que provee el 70
por ciento del agua que requiere, no sólo la ciudad, sino los
municipios conurbados se está vaciando rápidamente. Su vida útil se
puede medir en décadas”
(1).
Antecedentes
El poblamiento de América, mayoritariamente se
dio a través del estrecho de Bering, situado entre su extremo más
occidental y la punta más oriental de Asia. José Luis Lorenzo,
refiere que “Es muy interesante, y a la vez un tanto cuanto triste
para nosotros, constatar que la mejor respuesta al poblamiento nos
la haya dado el jesuita José de Acosta en su obra publicada en 1590,
hace ya más de 400 años.
Y pues por una parte sabemos de cierto que ha muchos siglos hay
hombres por estas partes…quedamos sin duda obligados a confesar que
pasaron acá los hombres de allá de Europa o de África, pero como y
por qué camino vinieron todavía lo inquirimos y deseamos saber…Este
discurso que he dicho es para mí una gran conjetura, para pensar que
el nuevo orbe, que llamamos Indias, no está del todo diviso y
apartado del otro orbe. Y por decir mi opinión, tengo para mí días
ha, que la una tierra y la otra en alguna parte se juntan y
continúan o a lo menos se avecinan y allegan mucho.(2)
Existen pruebas de la presencia del hombre en México, hace por lo
menos 30,000 años, pero para nuestro propósito vamos a considerar
que hace 11,000 años ya existía una cultura bien caracterizada.
(3)
Enfocándonos ya en la región que nos concierne, remitámonos a los
informantes indígenas de Sahagún,
(4) que hablan de una remota llegada de sus antepasados por
la orilla del mar. Según esta vieja tradición, Tamoachan, un sitio
no identificado, fue la cuna donde floreció la cultura que sería la
base de los pueblos de idioma náhuatl. Durante los primeros siglos
de la era cristiana surgió en el altiplano la llamada ciudad de los
dioses, Teotihuacán, con sus pirámides y sus múltiples palacios y
adoratorios. Alrededor del siglo X D.C., coincidiendo con los
últimos tiempos de Teotihuacán, surgió otro brote cultural de gran
importancia en Tula, donde nuevos grupos nómadas procedentes del
norte, muchos de ellos de filiación y lengua náhuatl, recibieron el
influjo de la antigua cultura.
Así fue surgiendo el nuevo centro ceremonial de Tula, conservando
instituciones e ideas religiosas –como el culto a Quetzalcóatl–
derivadas de Teotihuacán. Los moradores de este nuevo centro se
conocen con el nombre de toltecas. Algunos grupos, al parecer se
establecieron en Culhuacán, al sur de los lagos del actual Valle de
México. Dentro del culto de Quetzalcóatl, antigua divinidad suprema,
hubo un sacerdote de igual nombre, que se empeñaba en mantener la
pureza del culto tradicional, y es a quien se atribuye la formación
de toda una doctrina teológica. El sacerdote Quetzalcóatl, que nunca
quiso aceptar los sacrificios humanos, acosado por sus enemigos,
después de un auténtico drama religioso, tuvo que marcharse. Sus
seguidores, toltecas que habían aceptado el culto y la tradición
antigua, acompañaron en su huida a Quetzalcóatl. Algunos de ellos
iban a dispersarse por la orilla de los lagos en el Valle de México
(NOTA 1)
y en otros lugares cercanos estableciéndose así nuevas ciudades de
origen tolteca. “Quedó así tan solo el recuerdo de Quetzalcóatl, que
había marchado por el oriente a Tlapalan o tierra del color rojo, y
la esperanza firme de que algún día habría de regresar nuevamente,
para salvar a su pueblo e iniciar tiempos mejores”.
Así empezó una nueva etapa cultural en el Valle de México,
comparable al renacimiento italiano, cuando florecían numerosas
ciudades estado convertidas en nuevos focos de cultura. En ellas,
los nómadas chichimecas fueron asimilando la cultura tolteca. La
hegemonía sobre el valle y sus alrededores pasó sucesivamente de una
ciudad a otra, siendo durante los siglos XII a XIV, primero
Culhuacán al sur de los lagos, y luego Atzcapozalco, al Poniente,
los dos centros de mayor poderío militar y económico.
A mediados del siglo XIII, hizo su aparición un último grupo nómada,
venido también del Norte: los aztecas o mexicas, de igual lengua que
los moradores del valle, un pueblo pobre pero indomeñable. Aun
cuando tardía, su llegada iba a modificar por completo la fisonomía
política del valle y de toda la zona central y meridional de México.
Pero lo más importante, desde el punto de vista que tratamos, es que
iban a iniciar en gran medida la modificación de la fisonomía física
del paisaje del Valle de México. Establecidos momentáneamente en
Chapultepec, comenzaron pronto a ser hostilizados por la gente de
Atzcapozalco, debiendo continuar su marcha, refugiándose en la
región sur del lago, en las inmediaciones de Culhuacán. Llegados
allí, suplicaron al señor Coxcoxtli, rey de los culhuacanos, les
concediera un sitio donde pudieran establecerse. Los culhuacanos,
con el objeto de deshacerse de ellos, los enviaron a la región
pedregosa de Tizapán, cerca de la actual Villa Obregón, al sur de la
actual ciudad de México, con el propósito de que las víboras
ponzoñosas, que abundaban en esa región, acabaran con ellos, pero en
vez de morir, los aztecas mataron a las serpientes y las
convirtieron en su alimento. Aprovechando la cercanía de Culhuacán,
los aztecas empezaron a buscar mujeres entre sus vecinos y así
fueron emparentando con gente de origen tolteca.
De este modo vivieron hasta el año de 1323, cuando su dios tutelar,
Huitzilopchtli les dio a conocer su destino, visto con ojos no
aztecas, siniestro. Los aztecas, mediante engaños, pidieron al nuevo
señor de Culhuacán a su hija para convertirla en diosa y la
sacrificaron. A causa de esta nueva confrontación religiosa tuvieron
que huir, penetrando en el lago, donde poco después, en 1325,
llegaron por fin al lugar donde habían de construir su gran capital:
el islote de México-Tenochtitlan.(5)
La fuente de un problema
Cuando los aztecas construyeron sus templos y
palacios, tuvieron que rellenar zonas del lago, ya que la superficie
del islote resultaba insuficiente para el desarrollo de la
población. Mostrando una gran intuición ingenieril, construyeron
chinampas, clavando troncos en el fango y rellenando los espacios
con lodo y vegetación. También, tomando en cuenta que sus
construcciones no se soportarían en el deformable subsuelo del lago,
construyeron las más ligeras en las zonas más firmes y pilotearon
las más pesadas, como el Templo Mayor, usando para ello cientos de
miles de troncos de árboles, con lo que lograron una sólida
cimentación a la par que una modificación en el ambiente. Así se
inició la merma de los ricos bosques que cubrían gran parte del
valle.
En el período de Moctezuma I, Tenochtitlan adquirió su aspecto
urbano con cinco calzadas que unían la ciudad con tierra firme, y
fue también en este período cuando los moradores de este notable
centro urbano, que había sido embellecido con los recursos que el
sistema tributario impuesto por el poder central adquirido les
proporcionó, dependerían más del agua, que sería en lo futuro,
factor de vida y muerte. Ya desde la fundación de Tenochtitlan, lo
que más preocupación causó a sus habitantes fue la constante
fluctuación de los niveles del lago que a menudo se desbordaban
sobre la indefensa población.
En 1469 ocurrió la peor inundación sufrida por la metrópoli, a causa
de la cual murió el 10% de su población. Moctezuma solicitó la ayuda
del señor de Texcoco, Nezahualcóyotl y de los señores de Ixtapalapa,
Tenayuca y Culhuacan quienes con veinte mil hombres construyeron el
dique o albarradón de Nezahualcoyotl con una longitud de 16 km. En
1498 aumentó el nivel de las aguas de los manantiales y los lagos en
casi 2 m., quedando destruidas muchas casas, amenazaba el hambre y
quienes pudieron se refugiaron en tierra firme y en sus canoas. Por
este motivo, se decidió elevar el nivel del suelo, teniéndose que
reedificar la ciudad.
La tercera inundación importante ocurrió en el reinado de Moctezuma
II en 1502, cuando unas incesantes lluvias provocaron el aumento de
los ríos al grado que la ciudad se convirtió en un archipiélago y
muchos de sus pobladores se vieron forzados a abandonarla.(NOTA
2) Sin
embargo, los aztecas supieron adaptarse a su ambiente lacustre
usando canales y acequias para navegación y transporte de productos
agrícolas tal como se aprecia en el conocido pasaje de Bernal Díaz
del Castillo:
Y desde que vimos tanta ciudades y villas pobladas en el agua, y
en tierra firme otras grande poblazones, y aquella calzada tan
derecha y por nivel como iba a México, nos quedamos admirados, y
decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el
libro de Amadís, por las grandes torres y cúes y edificios que
tenían dentro en el agua, y todos de calicanto y aun algunos de
nuestros soldados decían que si aquello que veían, si era entre
sueños…Después de bien visto todo aquello, fuimos a la huerta y
jardín, que fue cosa muy admirable verlo y pasearlo, que no me
hartaba de mirar la diversidad de árboles que cada uno tenía, y
andenes llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la
tierra, y un estanque de agua dulce, y otra cosa de ver: que podían
entrar en el vergel grande canoas desde la laguna por una abertura
que tenían hecha sin saltar, y todo muy encalado y lúcido, de muchas
maneras de piedra y pinturas en ellas que había harto que ponderar,
y de las aves de muchas diversidades y raleas que entraban en el
estanque…Ahora todo está por el suelo, perdido, que no hay cosa… y
diré que en aquella sazón era muy gran pueblo, y que estaba poblada
la mitad de las casas en tierra y la otra mitad en el agua, y ahora
en esta sazón está todo seco y siembran donde solía ser laguna. Está
de otra manera mudado, que si no lo hubiere de antes visto, dijera
que no era posible que aquello que estaba lleno de agua que está
ahora sembrado de maizales.(6)
La última gran catástrofe para Tenochtitlan fue su sitio y derrota,
cuando una vez más el agua fue factor determinante al inundar el
conquistador Cortés la ciudad, al tiempo que sus huestes iban
derrumbando casas y templos para rellenar los canales y finalmente,
después de una gran destrucción, construir sobre las ruinas la nueva
ciudad.
En lo personal pienso que fue un grave error de los conquistadores,
sabiendo lo vulnerable de la ciudad al agua, el no haber fundado la
nueva ciudad en tierra firme, pues al haberla construido en un
terreno fácilmente inundable, mal rellenado con escombros y sobre
una base pantanosa, condenaron a quienes la habitaran a padecer
constantes inundaciones, problema que persistió durante la colonia y
aun hoy continúa. Y a este problema se le añadió otro igual de
complejo, pues los pesados edificios coloniales empezaron a tener
fuertes hundimientos, que por lo deficiente y errático de los
rellenos resultaron en graves daños a dichas construcciones.
En ésta época, las constantes inundaciones obligaron a la
construcción de largos diques que subsistieron por cerca de dos
siglos. La primera gran inundación sucedió en 1555 cuando se notaba
ya una bonanza en la ciudad, causando graves daños a la mayoría de
los inmuebles, algunos de los cuales se desplomaron y otros
estuvieron a punto. A esto hay que añadir las consiguientes
epidemias que diezmaban a la vulnerable población indígena, lo que a
las clases dominantes afectaba al producirse un decremento en la
mano de obra para la construcción. Desde entonces, la necesidad de
construir un desagüe ha sido de capital interés para la ciudad. Pero
esto ha tenido grandes dificultades para habitantes y autoridades,
quienes luego de grandes esfuerzos sólo han tenido éxitos parciales,
pues finalmente, como veremos, la lucha para abastecer de agua, así
como para protegerse de ella no tiene fin.(7)
Pero lo más trascendente para la historia del valle se inició con la
desecación artificial de los lagos, cuando en el siglo XVII se
empezó a trabajar en el Tajo de Nochistongo y después en el de
Tequisquiac, para dar salida al agua. Estos trabajos se decidieron a
partir de la que fue quizá la más grave inundación padecida por la
ciudad de México, la cual estuvo a punto de desaparecer, ocurrida en
1629. En palabras de Heriberto Frías:
Fue ese año cargado de aguas; las lagunas no habían podido bajar
desde la imprudente experiencia del Marqués de Gálvez. Desde
entonces también todas las defensas de la ciudad habían quedado
abandonadas, y se hallaban maltratadísimas, supuesto que su
construcción no era sólida y subsistían en fuerza de cuidados y
dinero, reponiéndolas a menudo;…el año 27 había sido también
lluvioso… y aunque el año 28 no fue abundante en lluvias y bajó el
agua de manera que en las calles no la hubo, no quedaron los vasos
tan expeditos que pudieran recibir, sin ningún peligro, el copioso
raudal que se desato el año de 1629 sobre el Valle de México… El
mayor aguacero de ese año cayo el 21 de septiembre, aguacero tan
formidable, que en nuestra historia lleva el nombre de San Mateo,
porque en tal día celebra la iglesia a este santo apóstol. Al
siguiente amaneció la ciudad anegada por completo, excepto el
espacio de la primitiva isla de los mexicanos…
Con la (altura) que alcanzó (el agua) fue bastante para que todas
las casas y los bajos de todas, aun las altas, se inutilizaran y
hubiera crecidas pérdidas en almacenes y tiendas; cesaron los
tribunales y el servicio divino, todo el tráfico se interrumpió y
ningún vecino podía salir de su casa sino en canoa…Lo que perdió
esta ciudad en habitantes se sabe por la carta que escribió el
Arzobispo D. Francisco Manso de Zuñiga a D. Felipe IV, con fecha 14
de octubre siguiente en la cual decía que treinta mil naturales
habían perecido aquellos días, ya ahogados, ya debajo de las ruinas,
y acaso, gran parte de necesidad; que de veinte mil familias
españolas que aquí estaban avecindadas, apenas restaban
cuatrocientas.(8)
Estos desastres producidos por el agua eran comparables a los
que pudo haber padecido la ciudad en un asedio.
Siglos de agonía acuífera
El exceso de agua, como vemos, fue un problema
grave, pero también la obtención de agua potable para consumo urbano
lo fue. El primer intento para llevarla a Tenochtitlan se hizo desde
Chapultepec, para lo cual se construyó en tiempos de Atzayacatl
(1475) un caño con estacas, carrizos y varas que llegaban a la
ciudad, y cuyo trazo fue aprovechado en la época colonial para
construir el acueducto del que aún quedan restos en la Av.
Chapultepec. La nueva ciudad construida sobre los restos de
Tenochtitlan tuvo que enfrentarse al problema de abastecimiento de
agua. Lo urgente de esto y la atención que le ponían las autoridades
quedó testificado en innumerables Actas de Cabildo.
Todos los pobladores demandaban agua y a todos se trataba de
satisfacer lo que en ocasiones no era posible debido a la ruptura de
tuberías y al abuso de algunos que la desviaban para beneficio
propio. Dada la demanda de agua y al irse agotando el manantial de
Chapultepec, se utilizó el agua de fuentes alternativas como
Atzcapotzalco desde donde se proveía a la zona de Tlatelolco y más
tarde se usaron los manantiales de Santa Maria Nativitas y
Xochimilco para proveer de agua a diversos sitios de la ciudad.
Desde el punto de vista económico, tanto el abastecimiento de agua
como su desalojo siempre ha necesitado de enormes recursos, al igual
que el mantenimiento de acueductos y empedrados, al grado que en
determinado momento las autoridades prohibieron el paso de
carretones pesados que deterioraban el empedrado, necesario para
mantener con el menor lodo posible a la ciudad y según se creía,
evitar encharcamientos.
Las inundaciones continuaban y durante el imperio de Maximiliano se
autorizó otra gran obra de drenaje, el gran canal del desagüe,
inaugurado en 1900 por el presidente Porfirio Díaz. Y así llegamos
al siglo XX. En pleno auge del progreso del Porfiriato, el Ing.
Roberto Gayol construyó a principios de siglo el primer drenaje
sanitario de la ciudad. En esta época todavía existían varios de los
dieciséis ríos que en tiempos de la colonia llegaban a los lagos,
uno de tales ríos bajaba desde los glaciares del Popocatépetl y
moría en lo que hoy es la calle de Manuel Doblado. En forma
desafortunada, estos ríos fueron utilizados para verter en ellos las
aguas de desecho. En estos años se incrementó el desecamiento de los
lagos, debido en parte a que la cuenca ya no estaba reponiendo el
agua que ahora salía por la mano del hombre, y en parte por
azolvamiento, con lo cual se cimentó el grave deterioro ecológico
que actualmente afecta al Valle de México.
A principios de siglo y debido al aumento de población
(NOTA 3) se empezaron
a extraer grandes volúmenes de agua del subsuelo, aunque ya para
1886 existían 1000 pozos y se observaron los primeros indicios de
hundimiento en la ciudad. Esto trajo como consecuencia un incremento
del hundimiento de toda la zona construida sobre lo que
anteriormente fue lago.(NOTA
4) Por tal motivo se decidió emplear el agua de
los manantiales de Xochimilco, aprovechamiento que entró en
operación en 1913, año en que se terminó la construcción de la nueva
red de agua potable. Llama la atención que un proyecto que se inició
en 1903 no se haya suspendido con motivo de la Revolución.
Para desecar más rápidamente el agua de los lagos se trajo a
científicos europeos. El cosmógrafo alemán Enrico Martínez (Heinrich
Martin) había construido en Huehuetoca un túnel de 7 km. de largo, a
50 m. de profundidad para enviar el agua del lago de Zumpango al
Golfo de México a través de los ríos Tula, Moctezuma y Pánuco.(9)
Porfirio Díaz inició grandes obras, pero desafortunadamente hizo uso
de tecnología y técnicos extranjeros que tenían un desconocimiento
absoluto de como afrontar las especiales condiciones del subsuelo de
la Ciudad.(10)
Las últimas gotas
Hacia 1938 se llega a un punto en el cual el
problema de abasto de agua potable a la ciudad y el del desalojo de
las aguas residuales se vuelven problemas imposibles de aislar. Por
una parte, como ya expusimos, al extraerse grandes cantidades de
agua del subsuelo, se provocó el hundimiento de las zonas lacustres
del valle, esto provocó la ruptura continua de las tubería del
desagüe y por lo tanto continuaron las graves inundaciones durante
la temporada de lluvias. En los años de 1951 a 1953 debieron usarse
botes y canoas para cruzar algunos puntos de la ciudad, sobre todo
lo que ahora se conoce como Centro Histórico de la Ciudad de México.
La solución en gran escala para evitar inundaciones fue la
construcción y operación progresiva de plantas de bombeo, solución
obligada por la diferencia de niveles entre el drenaje de las áreas
urbanas afectadas por el hundimiento, y los colectores en que se
convirtieron los antiguos ríos como el de La Piedad, Becerra,
Churubusco, etc., además del Gran Canal del Desagüe.
En la década de los años cuarenta, con el objeto de obtener mayores
volúmenes de agua, reduciendo los abastos de extracción de los
mantos subterráneos, se construyen las obras para captación de agua
del Alto Lerma, pero la operación del sistema se formalizó hasta
1953, debido a que los primeros pozos afectaron las aportaciones de
los manantiales, por lo que se suspendieron las etapas subsiguientes
del proyecto.(11) En cuanto al drenaje de la ciudad, en 1956 se inició el
llamado drenaje profundo, con la construcción de los interceptores
poniente y central. En ese mismo año se terminó el segundo túnel de
Tequisquiac, que ayudaría al primero a desfogar aguas residuales,
pluviales y fluviales del valle de México.
En 1953, siendo regente de la ciudad el Lic. Ernesto Uruchurtu se
dio a conocer un plan general para resolver los problemas del
hundimiento, las inundaciones y el abastecimiento de agua potable.
Dicho plan contemplaba la restricción del crecimiento de la ciudad,
al prohibir la instalación de tomas de agua a excepción de las casas
que no la tuvieran y se localizaran dentro de la zona permitida de
urbanizar; preveía reducir la extracción de agua del subsuelo y la
explotación de otras fuentes dentro y fuera del Valle de México.
Desde entonces, Uruchurtu ha sido fuertemente criticado por muchos
políticos e historiadores quienes lo han definido como un dictador y
aun más, lo culpan del crecimiento de los asentamientos ilegales
alrededor del Distrito Federal. Pero no son del todo correctas las
anteriores críticas. La ciudad estaba creciendo anárquicamente y el
problema del abasto y desalojo del agua eran prioritarios. Siguiendo
el modelo de desarrollo impuesto por el presidente Miguel Alemán, se
construyeron las grandes obras que apuntamos anteriormente pero,
como sucedió finalmente, éstas no servirían si no se controlaba de
alguna manera el crecimiento de la ciudad. Los asentamientos
ilegales fueron permitidos por el gobierno del Estado de México, que
así anuló lo que pudo haber sido una solución aceptable al problema.
Hay que recordar también que de esta época datan las famosas
tolvaneras provenientes del ex-lago de Texcoco. Testimonio de esto
nos lo da el ingeniero José P. Arreguin, actor en la historia de los
aprovechamientos hidráulicos en México:
Comenzábamos a trabajar en el sitio a las ocho de la mañana, poco
antes de las tronadas
(NOTA
5) …A eso de las diez y media empezaba a soplar
el viento y levantar las tolvaneras más espectaculares que me ha
tocado apreciar en la vida, seguramente semejantes a las que tienen
lugar en los grandes desiertos, y que afectaban terriblemente a la
ciudad de México, al grado de representar uno de sus graves
problemas.(12)
A partir de 1953 se construyeron algunos pozos de absorción en
varios puntos de la ciudad para recargar los mantos subterráneos,
pozos que funcionaron desde 1956 hasta 1975.(13) El motivo de su clausura fue la contaminación de las
fuentes.
Así llegamos a una etapa más compleja de la historia del agua. Se
sabe que las bacterias no viajan muy lejos en el subsuelo, en cambio
los agentes químicos contaminantes viajan más lejos y más rápido que
las bacterias, por lo que una contaminación de origen químico
resulta más peligrosa que una orgánica. El problema es que en la
época del presidente Miguel Alemán, con el incremento del desarrollo
industrial se incrementaron las descargas de aguas residuales con
desechos químicos.
A partir de 1970 se nota una reducción en los hundimientos de la
parte de la ciudad afectada, pero los fuertes hundimientos continúan
ahora en otras zonas como ciudad Nezahualcoyotl y zonas lacustres
entre Xochimilco y Tlahuac. En cuanto al abasto de agua, para 1976
se comenzó a trabajar en otro megaproyecto para traer agua de la
cuenca del Cutzamala, para lo cual hay que bombear el agua hasta
2700m. de altura. Económicamente, el abastecer de agua al Valle de
México, que paradójicamente era una cuenca natural, se ha convertido
en algo muy oneroso para la hacienda pública.
Hoy
Las consecuencias de la sobreexplotación de
los acuíferos se han hecho manifiestas: grandes grietas que afectan
casas y edificios, especialmente en el oriente de la ciudad. Lo
mismo en el valle de Lerma donde la escasez de agua ha redundado
también en pobres cosechas.(NOTA
6) La demanda de agua impone presión por
acudir a fuentes más lejanas y costosas. Se ha llegado al absurdo de
tener que elevar muchos metros el agua de la cuenca del Pacífico,
para descargarla en la cuenca del Golfo de México.
Ha sido mi intención no llenar de datos técnicos, finalmente
intrascendentes, esta breve monografía, pero es imprescindible
ahora, para comprender la magnitud del problema dar algunos números:
En 1997 se disponía, para el área metropolitana de la Ciudad de
México, de un abastecimiento de agua potable de 65 metros cúbicos
por segundo, de los cuales la mayoría sigue obteniéndose del
subsuelo del Valle de México. En importancia le sigue el sistema
Cutzamala que atiende también parte del suministro a la ciudad de
Toluca. El Sistema Lerma todavía suministraba, según la Comisión
Nacional del Agua,(14) casi el 8% del abastecimiento y finalmente un 2% de
aprovechamientos superficiales mediante la presa Madín y manantiales
dentro del propio Valle.
Si se mantiene la dotación promedio de abasto de agua hasta el ya no
tan lejano año 2010, la demanda de agua se elevará cerca de 20
metros cúbicos por segundo, cantidad de agua superior a la que hoy
suministra el sistema Cutzamala. A esto hay que agregar el complejo
problema de la contaminación de los mantos subterráneos de los que
dependemos mayoritariamente y que cada día se vuelve más
preocupante. En un estudio de la Comisión Nacional del Agua,(15) se presentan zonas donde se han sobrepasado las normas de la
Secretaría de Salud para el agua potable. Sulfatos, cloruros,
nitratos y amonio son algunos de los contaminantes que sobrepasan
las normas, pero aparece uno muy sintomático: el boro. La presencia
del boro en el agua extraída significa que el bombeo ha llegado a
las aguas fósiles y este elemento puede producir graves daños al
sistema reproductor humano, atrofia testicular y arresto
espermatogénico.(16)
En cuanto al desalojo de aguas residuales son importantes las obras
que continuamente se realizan en el sistema de Drenaje Profundo y en
el Gran Canal del Desagüe. Pero a últimas fechas ha surgido un
problema severo: debido a los hundimientos de la zona lacustre,
varios tramos de los interceptores han invertido su pendiente,
obligando a instalar grandes sistemas de bombeo.
Conclusión
Después de tres siglos de abuso, la hidrología
del Valle de México ha sido permanente e irreparablemente destruida.
Los edificios se dañan, las tuberías de agua y drenaje se rompen, y
el gobierno, que nunca prestó oídos a las malas noticias sobre el
futuro, ha seguido permitiendo y en algunas ocasiones fomentando el
crecimiento del área urbana y extrayendo grandes volúmenes de agua
del subsuelo. El drenaje de los lagos, especialmente el de Texcoco
ha sido una de las más monumentales transformaciones ambientales en
la historia humana.(17)
Dentro del Valle de México se localiza una de las concentraciones
urbano-industriales más importantes del mundo. Esto es hoy por hoy
la causa de múltiples problemas que agobian la ciudad, y que siempre
creemos que están a punto de resolverse. Sin embargo, no es la
concentración de seres humanos lo que causa los grandes problemas
actuales, sino la gran industria. Otra vez me veo en la necesidad de
proporcionar algunos datos: De la demanda total de agua en el
Distrito Federal el 75.7% es para las diez industrias más
consumidoras. Y las que tienen el agua como insumo en un estimado de
80% de sus propios pozos (Diagnóstico de la Región XIII, Valle de
México de la Comisión Nacional del Agua). En este mismo Diagnóstico
se lee textualmente “Esto significa que esa parte del suministro
propio de las industrias, solo paguen los costos de explotar la
fuente, su adecuación de calidad y la puesta en fábrica, ello
implica que las industrias que se autoabastecen tengan plena
libertad de explotar sus captaciones, y por ello no se conocen con
exactitud los volúmenes explotados”.
Hay que tener en cuenta que la gran industria necesita de grandes
cantidades de agua para sus procesos. Para obtener 1m3 cúbico de
gasolina se requieren 91 m 3 de agua, para 1 ton. de acero, 233 ton.
de agua y así por el estilo. También contribuye en mucho la
ineficiencia del sistema. La mayoría de los grandes centros
comerciales pagan sólo una pequeña parte del agua que consumen. Las
grandes compañías refresqueras y cerveceras cuentan con pozos
propios. El metro cúbico de agua cuesta al usuario dependiendo del
volumen que consuma, entre $3.00 y $33.00,(NOTA
7) al estado, entre
suministro, mantenimiento y operación, le cuesta $25.00 y las
compañías de refrescos y cervezas lo venden a más de $1000.00. Pero
yo quisiera saber quién podrá meter en cintura a la industria,
reubicándola.
El problema no está en la falta de conocimiento, el problema está en
la incapacidad de percibir las consecuencias, de no actuar conforme
a una correcta interpretación de la información y el conocimiento
que ya poseemos, y esto es un problema de conciencia, de conciencia
política. La economía del país ha estado siempre confiada en
despegar, pero el costo de los problemas que abaten a la ciudad, en
parte, ha sido un obstáculo.
Estoy leyendo en estos momentos un interesante artículo sobre el
tema aquí abordado, publicado en el diario Reforma el 2 de Marzo de
2001, donde Adolfo Aguilar Zínser, un político aparentemente
preocupado por el problema ecológico dice:
La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)
finaliza los preparativos para lanzar en los próximos días una
Cruzada Nacional por el Agua y los Bosques. Las acciones que
formarán parte de esta cruzada constituyen un reconocimiento de que
el problema del agua y el bosque ha rebazado con mucho los programas
existentes y se ha convertido en un serio asunto de seguridad
nacional, que limita el desarrollo económico y social del país e
incluso amenaza la supervivencia de muchas comunidades…
Es de esperarse que al elevar el gobierno de Fox la jerarquía del
tema forestal al rango de seguridad nacional, el Congreso de la
Unión lo asuma también como compromiso primordial de la actividad
legislativa… También debe ser tarea del Congreso evaluar las
acciones del Poder Ejecutivo y vigilar que efectivamente los
programas propuestos se ejecuten con eficacia. Llegó la hora del
agua y del bosque, la tarea es gigantesca y hay que comenzarla ya.
¿Será? ¿Dejando en el olvido el programa de rehabilitación del
Lago de Texcoco? Así se eliminará la posibilidad de que generaciones
venideras si son más concientes retomen la solución natural para el
abasto de agua potable y den solución al problema del desagüe de las
aguas residuales.
Aún a riesgo de ser etiquetado de catastrofísta, de mostrar una
visión deprimente y de no aportar soluciones, hasta aquí, lo que he
querido enfatizar es que, existiendo éstas soluciones para mitigar
el grave problema que siempre ha afrontado la población del Valle de
México, políticamente no ha habido, en ninguna época, una seria
disposición a adoptarlas. Por lo tanto, para complementar el trabajo
se terminará con unas conclusiones propositivas, acordes a las leyes
naturales.
La solución
Para iniciar ésta segunda parte me voy a
permitir reproducir la intervención que con el titulo de
Reinventando la Ciudad Lacustre el Arq. Teodoro González de León
tuvo en el Congreso “Vuelta a la ciudad lacustre” auspiciado por el
Instituto de Cultura de la Ciudad de México del Gobierno del
Distrito Federal, realizado en octubre de 1998 donde se reunieron
destacadas personalidades.
Hace cerca de 30 años el ingeniero Fernando Hiriart me obsequió
un ejemplar del “Proyecto Texcoco”, un estudio que proponía la
creación de una serie de lagos en el valle de México. Esos lagos
formarían un sistema de regulación para evitar inundaciones,
servirían para abastecer de agua potable a la ciudad y reciclar las
aguas usadas para el campo y la industria. Lo había concebido el
ingeniero Nabor Carrillo con un grupo de ingenieros y científicos.
Era un grupo notable que reunía todo el conocimiento sobre
comportamiento del suelo del valle.
El estudio se centraba justamente en el análisis de distintas
tecnologías para crear los lagos y demostraba su factibilidad
económica. Era una nueva manera de pensar el problema que rompía con
una tradición de mal manejo del agua, e incluía la solución de tres
problemas capitales: evitar las inundaciones, resolver el
abastecimiento de agua del valle (sin recurrir a otras cuencas), y
detener el hundimiento del suelo de la ciudad. Yo imaginé que los
nuevos asentamientos irregulares que en ese tiempo se desarrollaban:
Nezahualcóyotl, Ciudad Azteca, etcétera, podrían ser áreas
habitacionales en medio de lagos. Nació en mi imaginación una nueva
ciudad posible, que recuperaba la ciudad lacustre originaria.
Después me enteré que el proyecto dejaba de tener prioridad. En su
lugar se emprendía otra obra a la cual se le aplicarían todos los
recursos: el drenaje profundo, que fue en dirección totalmente
opuesta al Plan Texcoco. Con el drenaje profundo se deja escapar el
90% del agua que sube a este valle, a tres mil metros de altura.
Dependemos de otras cuencas para abastecernos de agua y hemos
provocado desastres ecológicos como el del valle del Lerma; seguimos
bombeando intensivamente dentro del valle y aceleramos el
hundimiento del centro de la ciudad. Todas estas son evidencias muy
claras de que la decisión fue equivocada o de que el drenaje
profundo requería el apoyo de otro programa paralelo. Me parece que
con esa obra culmina una tradición defensiva ante el agua. No hemos
manejado el agua, sólo nos hemos defendido de ella. No sólo son los
lagos los que desecamos; todos los ríos y arroyos que alimentaban
los antiguos lagos los hemos convertido en drenajes abiertos y luego
los entubamos. Este comportamiento contra el agua lo hemos observado
en todo el país. Por eso hablo de una tradición triste y nefasta.
Sabemos que las ciudades no las hacen los planificadores, ni
mucho menos los arquitectos, las construyen la sociedad en su
conjunto con la ayuda del tiempo.
(NOTA 8) Y ésta ha cambiado, no es la
sociedad homogénea y ordenada del siglo pasado. Es plural, con
aspiraciones y gustos diversos y contrarios, que se retrata en la
forma contrastada y diversa de la ciudad actual. La ciudad es una
manufactura humana que refleja a sus autores. En esta diversidad los
planes de ordenamiento no operan, la sociedad no los sigue. En la
ciudad de México, se construyen aunque nunca al ritmo deseado, obras
de transporte subterráneo, de reestructuración vial, libramientos
externos y se tienden redes de comunicaciones. Pero el problema más
urgente, el del agua, se ha esquivado, no se ha planeado a fondo.
Creo que es el momento de revivir el gran plan de los lagos, como
solución integral al problema del agua. Multiplicar lo que se ha
realizado en el Proyecto Texcoco, en el que durante treinta años,
trabajando lentamente, se ha hecho una labor encomiable. Con la
dirección de Gerardo Cruickshank se han regenerado miles de
hectáreas y se han creado bosques y praderas a las que
sorprendentemente han regresado las aves acuáticas. Para poner esas
acciones a la escala de una de las ciudades más grandes del mundo,
hay que abrir la discusión de este tema con todos los sectores. Aún
quedan huecos suficientes para un programa espectacular: la
reinvención de la ciudad lacustre.
De esta misma reunión muchas opiniones dignas de tomar en cuenta,
pero en aras de la brevedad solo mencionaremos lo siguiente:
El arquitecto Alberto Kalach expresó que “Nuestra inconsciencia ante
los milenarios ciclos de la cuenca lacustre de México, de su
topografía, hidrología y geología, nos ha llevado a sostener una
costosa batalla, de antemano perdida, contra la naturaleza”. El
arquitecto Kalach, a la cabeza de un grupo de estudiantes del Taller
Ciudad de México, de la Facultad de Arquitectura, planteó el
proyecto que dio nombre al congreso “La vuelta a la ciudad
lacustre”, un plan de rescate hidrológico-ambiental de la zona del
ex-lago de Texcoco que se basa en la reducción del consumo
hidráulico; el aprovechamiento máximo de las precipitaciones; el
reciclaje de aguas residuales, la rehidratación de lagos y el
rescate de ríos y canales. Un sueño no solo realizable sino
imprescindible para quienes saben que la única manera de
sobrevivencia de nuestra metrópoli es revertir el actual estado de
las cosas.
El ingeniero Rafael Vargas Soleno quién fuera miembro del equipo de
proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo, en el análisis,
operación y administración del sistema Cutzamala propone una
solución muy similar a la anterior. Hace énfasis en las grandes
pérdidas del caudal recibido (65%, reportadas en el Plan de Acción
para el Incremento de las Eficiencias y el Desarrollo Institucional
de la Zona Metropolitana del Valle de México, formulado por la CNA,
el Gobierno del Distrito Federal y el Gobierno del Estado de México
en 1997), pérdidas debidas a fugas físicas y comerciales, integradas
estas últimas, por consumos clandestinos, errores en la macro y
micro medición, por lo que también –nos dice– es urgente que, cuanto
antes, la sociedad civil pida a los organismos operadores cuentas
claras sobre pérdidas o agua no contabilizada. Al respecto del
auto-abasto de las industrias, el ingeniero Vargas nos recuerda una
realidad insoslayable: Lo anterior es una aberración, es una gran
inequidad, en realidad quienes tienen sus propios pozos, no pagan ni
el costo marginal. El agua es un bien común y de ninguna
manera puede ser propiedad de nadie en particular. De ninguna manera
es justo que los usuarios domésticos deban pagar el costo del agua
que proviene de Cutzamala y los industriales la obtengan de “sus
pozos”.
Si no se rescata el Plan Texcoco, pensé utópicamente cuando escribí
este trabajo, se perderá la oportunidad de llevar a cabo un proyecto
que justificaría con creces la confianza, que la mayoría de los
mexicanos depositó en el actual gobierno. Vivimos en una democracia,
ya no se le puede pedir al Presidente o al Jefe de Gobierno del
Distrito Federal que se convierta en un Cesar Augusto y haga por la
ciudad lo que éste hizo por Roma, pero si podemos pedir a nuestros
representantes que en los foros para la discusión en el Congreso que
se avecina, tomen muy en cuenta la opinión de los expertos, y sobre
todo, de las personas que conociendo a fondo la problemática, amen a
su ciudad, a sus hijos y nietos, y quieran legarles un lugar digno
donde vivir.
Termino con la misma premisa que inicié. Es más fácil destruir que
construir, pero en este caso, el destruir la labor de hombres como
el ingeniero Gerardo Cruickshank y no seguir e incrementar un
proyecto viable y benéfico para el 20% de los mexicanos, es además
de antieconómico, deprimente.
México, D. F., abril de 2001
Comentario final.
No estamos en absoluto convencidos de que el
problema del agua en el Valle de México sea solucionado ni a mediano
plazo. A 5 años de haberse publicado este trabajo la situación
parece haber empeorado. Las afirmaciones del desaparecido Adolfo
Aguilar Zinser quedaron en promesas incumplidas.
Desde su arribo al poder en el gobierno de DF, el PRD poco ha hecho
para siquiera frenar algo este problema y creemos que se seguirá la
política impuesta por el Sr. López Obrador de dedicar los recursos a
obras suntuarias y espectaculares que benefician sólo a una pequeña
parte de la población.
Durante 50 años hemos estudiado las causas de la desatención al
problema del agua a nivel mundial y nuestra conclusión es que el
actual sistema económico ha aprovechado este serio problema para
beneficio de las grandes empresas que ya poseen el control del agua
(ver el interesante artículo ¡Aguas con el agua!) con el riesgo de
provocar en un plazo no muy lejano serios problemas sociales.
Las aguas del tercer río más caudaloso del mundo, el Río Negro,
afluente del Amazonas, está concesionada por el gobierno de Brasil a
una empresa francesa. Pero resulta que el río fluye gran parte en
Colombia, en una zona controlada por la guerrilla.
El agua del lago Victoria en la frontera de Tanzania, Zambia y
Ruanda, esta vedada para estos países, pues los ingleses la tienen
destinada para abastecer el río Nilo y ser aprovechada en Sudán y
Egipto.
De ninguna manera pretendemos hacer el papel de adivinos, pero es
preocupante pensar en lo que va a suceder en un futuro cercano.
El clima en la Tierra está cambiando, el calentamiento global es ya
un proceso que no puede ser detenido ni siquiera dejando de
contaminar. El daño esta hecho y la naturaleza se encargará de
continuarlo. Los científicos lo saben y muchos de ellos lo han dicho
desde hace tiempo pero también han dicho que la evolución está
controlada por el azar y que la misma naturaleza se encarga de
destruir lo construido. Y esto no es así, la naturaleza no destruye,
desarma, y proporciona al mismo tiempo nuevos elementos para rearmar
lo desarmado.
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NOTAS
(NOTA 1) La cuenca de México,
comúnmente denominada Valle de México, es una cuenca interior, cuyas
aguas, por lo tanto, no tenían salida. La formación de la cuenca
data de hace treinta y seis millones de años y el terreno bajo los
lagos se formó con el agua y el producto de una intensa actividad
tectónica. La cuenca se fue rellenando paulatinamente con derrames
de lava, depósitos lacustres, erosivos, glaciales, etc. y agua,
siempre agua. En algunos puntos, estos rellenos alcanzaron un
espesor de 1700 m. En la época que nos ocupa estaba formada por 3
lagos principales –en otras épocas llegaron a ser 8, ya que eran
siempre cambiantes- cuya extensión dependía de las variaciones
climáticas, ya que la salida del agua era solo por filtración o
evaporación.
[al texto]
(NOTA 2)
Y las inundaciones no solo afectaban al pueblo, pues
Atzayacatl murió a causa de una inundación cuando el agua lo alcanzó
haciéndolo golpearse en la cabeza con las piedras de un pasadizo.
[al texto]
(NOTA 3)
Para apreciar lo que fue el crecimiento poblacional en
el siglo XX tenemos que hacer comparaciones:
El censo de 1900 reportó alrededor de 350,000 habitantes, el de 1910
alrededor de 420,000, o sea que en 10 años la población aumento mas
o menos 70,000 habitantes o en porcentaje el 20%. El censo de 1921
registró 615000 habitantes, un aumento en diez años de un 46%. Pero
a fines de siglo la población del área metropolitana llegó a casi
20,000,000 de habitantes, 19,400,000 más, lo que significa un
aumento porcentual de más de 3000% en 8 décadas (ver bibliografía
“Macrópolis mexicana”)
[al texto]
(NOTA 4)
El principal efecto secundario derivado de la
sobreexplotación de los acuíferos, era y sigue siendo, el
asentamiento del terreno natural por consolidación de los estratos
arcillosos del subsuelo, sobre todo en las zonas lacustres del
Valle, donde sus espesores son mayores.
[al texto]
(NOTA 5)
Tronadas se llamaban los salvajes disparos a ras de
agua que los lugareños del lago de Texcoco hacían con cañones
hechizos, cargados de perdigones, y que causaban una terrible
mortandad en las hermosas bandadas de patos y demás aves migratorias
que llegaban a lo que quedaba del lago en su peregrinar por el
continente americano en los meses de invierno.
[al texto]
(NOTA 6)
Los daños económicos provocados por el hundimiento son
incuantificables y fueron constatados durante los trabajos de
asesoría estructural y proyectos que realice para la Dirección
General de Construcción y Operación Hidráulica en los años noventa.
[al texto]
(NOTA 7)
Los precios están en pesos mexicanos (1 dólar=
9.5 pesos)
[al texto]
(NOTA 8)
No estoy de acuerdo en esta afirmación. En México, las
ciudades las construye el gobierno, los políticos, con sus
decisiones marcan el rumbo del crecimiento citadino y el destino de
sus habitantes.
[al texto]
Bibliografía
(1)
Simon, Joel, Endangered México, An Environment on
the Edge, Sierra Club Books, San Francisco, CA, 1997, 275 págs.,
patrocinado por El Centro de estudios para América Latina de la
Universidad de Stanford.
[al texto]
(2)
Lorenzo, José Luis, Los Orígenes Mexicanos en
Centro de Estudios Históricos del Colegio de México, Historia
General de México, versión 2000, El Colegio de México, Centro de
Estudios Históricos, México, 2000, págs. 95-128., il; mapas.
[al texto]
(3)
Ibíd.
[al texto]
(4) León-Portilla, Miguel, Los Antiguos Mexicanos,
Fondo de Cultura Económica, México, 1983, Colección Popular, No. 88,
págs. 15-44.
[al texto]
(5)
Ibíd.
[al texto]
(6)
Díaz del Castillo, Bernal, Historia Verdadera de la
Conquista de la Nueva España, Pedro Robredo, México, 1944, págs.
326-331.
[al texto]
(7)
Abascal, Fernando, Traza, desarrollo urbano de la
ciudad de colonial y tendencias arquitectónicas, en La muy
noble y leal ciudad de México, Departamento del Distrito
Federal-Universidad Iberoamericana-Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes, México, 1994, Colección Ensayos sobre la Ciudad de
México, 1994, Vol. II, págs. 19-29
[al texto]
(8)
Martínez, Rafael y Heriberto Frías, Album Histórico
Popular de la Ciudad de México, Ediciones del H. Ayuntamiento
para celebrar el 6o. Centenario de la Fundación de Tenochtitlan,
México, mayo de 1925
[al texto]
(9)
Departamento del Distrito Federal, México, Ciudad de
Retos y Oportunidades, Departamento del Distrito Federal,
México, 1996, 24 págs.
[al texto]
(10)
Véase: Santoyo, Enrique, Efraín Ovando, Xavier Cuanalo,
Oscar de la Torre, Palacio de Bellas Artes. Campaña de Inyección
del Subsuelo 1910, 1912 y 1913, 1921, 1924 a 1925, TGC
Geotecnia, México, 1998, 253 págs.
[al texto]
(11)
Arreguín Mañon, José P., Dos testimonios sobre
historia de los aprovechamientos hidráulicos en México, Comisión
Nacional del Agua-Centro de Investigación y Estudios Superiores en
Antropología Social, México, 1994, 120 págs.
[al texto]
(12)
Ibíd.
[al texto]
(13)
Ibíd.
[al texto]
(14)
Comisión Nacional del Agua, SEMARNAP, Sistema
Cutzamala, agua para millones de mexicanos, Comisión Nacional
del Agua-SEMARNAP, México, 1997, 47 págs.
[al texto]
(15)
Comisión Nacional del Agua, Diagnóstico de la
Región XIII. Valle de México. Informe Final. Inédito, Comisión
Nacional del Agua, México, 1997, Tomo II, ver págs. 5.38 a 5.42
[al texto]
(16)
Vargas Soleno, Rafael, en estudio enviado a La
Sociedad Mexicana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental del Distrito
Federal A. C., , 31 de Enero del 2000, Inédito. El Ingeniero Vargas
fue administrador entre otros, de los prestamos que el BID otorgo a
SADM y a CESPT.
[al texto]
(17)
Simon, Joel, Endangered México, An Environment on
the Edge, Sierra Club Books, San Francisco, CA, 1997, 275 págs.
[al texto]
Otras Obras Consultadas
Departamento del Distrito Federal,
Plan Maestro de Agua Potable del Distrito Federal 1997-2010,
Inédito, Departamento del Distrito Federal, Secretaría de Obras y
Servicios, México, 1997. Un amplio estudio donde se indica en la pag.
4-21 lo siguiente ”Una de las alternativas que se propone para la
solución del hundimiento es el dejar de sobreexplotar el acuífero e
importar más agua de otras cuencas para satisfacer la demanda
actual, sin embargo el costo que este proceso implica es muy elevado
por lo que se han adoptado programas de ahorro de agua y de
disminución de pérdida en las redes de distribución. [eventos que
nunca se han llegado a realizar a plenitud hasta el día de hoy,
marzo del 2001] En paralelo, actualmente se está recargando
artificialmente el acuífero, mediante la inyección de agua residual
tratada a nivel terciario. Se planea incrementar la cantidad de agua
de recarga en los próximos años.”
McNeill, J. R., Something New
Under The Sun (an environmental history of the twentieth-century
world), W.W. Norton & Co., Nueva York-Londres, 2000, 421 págs..
En este libro McNeill pone como ejemplo de las ciudades que no ha
podido mejorar su calidad del aire a La Ciudad de México, y
erróneamente la coloca como una de las que más ha mejorado su
sistema de drenaje.
Fernández Zayas, José Luis y Norberto
Chargoy del Valle, Características y Riesgos en el Sector Agua de
México, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, preparado para
el CISEN, México, octubre del 2000. La obra consta de 5 Tomos:
1. Uso sustentable del agua en México
2. Propuesta de la CNA
3. Análisis y Perspectiva del Recurso Hídrico en México
4. Problemas de la Segunda Generación que tienen las Asociaciones de
Usuarios del agua
5. Elaboración del índice de riesgo en
el sector
En la introducción de este estudio se menciona lo siguiente:
“Se puede afirmar que el crecimiento de las demandas urbanas de agua
será cada día mayor, si bien las fuentes convencionales de agua
podrían disminuir, sino por tal razón, por la sobreexplotación de
los acuíferos. Este problema es especialmente grave en las grandes
ciudades, de las que México suele tener primeras experiencias. Así,
el valle de México tiene uno de los índices de estrés más altos del
mundo, dado que no se han continuado las obras de abasto y
tratamiento para el reúso, es previsible que la integridad del
servicio se vea disminuida en los próximos años.
Aparejado está el problema del drenaje en las ciudades.
Naturalmente, el crecimiento de la mancha urbana lleva a que las
lluvias aportan más escurrimientos superficiales, por las calles y
los desarrollos urbanos. Los sistemas centrales de drenaje se ven
continuamente rebasados, y se hacen necesarias obras de desalojo de
agua de lluvia cada vez más complejas y costosas, No es casual que,
dadas las restricciones técnicas, se hagan mezclar las aguas negras
o servidas del drenaje con las aguas pluviales, con lo que se daña
aún más la calidad del agua que se extrae de las ciudades. Esta
tendencia es, claramente, insostenible.
Simonnet, Dominique, En busca de
la naturaleza perdida. El Ecologísmo, Gedisa, México, 1987, 2ª
ed., 188 págs.
María Eugenia Negrete Salas,
Evolución de la población y organización urbana. Enfoque
ecológico-demográfico del cambio metropolitano. En Macrópolis
mexicana, Departamento del Distrito Federal- Universidad
Iberoamericana- Consejo Nacional para la Cultura y las Artes,
México, 1994 Colección Ensayos sobre la Ciudad de México, vol. IV
págs. 67-82
Enildo Iglesias y Gerardo Iglesias.
Montevideo (Uruguay), agosto de 2001
Aguas con el agua
http://habitat.aq.upm.es/boletin/n20/aeigl.html
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