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ÍNDICE
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INTRODUCCIÓN
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¿QUÉ ES INFORMACIÓN?
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LA DISPOSICIÓN Y LA PROBABILIDAD
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EL ESTADO NEGUENTRÓPICO Y LA EXPRESIÓN DE LA INFORMACIÓN
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LAS ENZIMAS
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LAS PROTEÍNAS ENZIMÁTICAS
-
LA NATURALEZA DE LA CATÁLISIS ENZIMÁTICA
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CARACTERÍSTICAS DE LAS ENZIMAS
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¿CÓMO ACTÚA LA ENZIMA?
-
EXPLICACIÓN DE LA ACCIÓN ENZIMÁTICA
-
LAS CARACTERÍSTICAS ENZIMÁTICAS Y LA INFORMACIÓN
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EL FAMOSO "DEMONIO" DE MAXWELL
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EL "DEMONIO" DE MAXWELL Y LAS ENZIMAS
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LA ESPECIFICIDAD ENZIMÁTICA
-
LA ESPECIFICIDAD COMO MANIFESTACIÓN DE LA INFORMACIÓN
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LAS PATOGENESIAS Y LA INFORMACIÓN
-
CURACIÓN POR EL SEMEJANTE
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LA LLAMADA "LEY DE HERING" Y OTROS CONCEPTOS
RELACIONADOS
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CONSIDERACIONES FINALES
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BIBLIOGRAFÍA
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INTRODUCCIÓN
Desde hace mucho tiempo que se ha supuesto que la acción del
medicamento homeopático se podía comparar con una acción enzimática.
Por ejemplo, J. Michaud en el año 1957 –en su obra L’Homéopathie-
se refiere críticamente a dicha hipótesis, sosteniendo que con ella
no se hace otra cosa que trasladar el problema de un nivel a otro,
sin verdaderamente resolverlo. Porque tan misterioso es el mecanismo
de la acción enzimática como el mecanismo de la acción homeopática.
Y si nos conformáramos con la explicación comúnmente aceptada –que
la enzima reduce meramente la energía de activación necesaria para
que una reacción se desencadene-, sería imposible entender cómo
opera el medicamento homeopático.
Nosotros procederemos al revés. Habiendo encontrado una explicación
plausible del mecanismo de acción homeopático, nos basaremos en esa
explicación para intentar dar luz al mecanismo de acción de las
enzimas. Nuestra explicación, en todo caso, no está primordialmente
destinada a este fin; sino al fin de entender cómo actúa
biológicamente el medicamento homeopático. Porque pensamos
que el medicamento homeopático actúa como una superenzima
(como una enzima de enzimas, o sea, que activa a un conjunto de
enzimas que actúan simultáneamente de manera concertada).
Recordemos que las enzimas actúan como catalizadores de reacciones
químicas que podrían tener lugar aun en su ausencia, pero a
velocidades extremadamente lentas o a temperaturas incompatibles con
la vida de un organismo. A la temperatura normal para el organismo y
a una velocidad adecuada para su correcto funcionamiento, sólo las
enzimas pueden dirigir ordenadamente el proceso vital.
Pero también es posible que ese orden se altere, y es precisamente a
ese desorden que se le llama "enfermedad".
Ahora bien, uno de los grandes misterios de la Homeopatía es: ¿cómo
puede actuar biológicamente, más allá de si lo hace
curativamente o no? ¿Qué es aquello que está presente
en la "dilución homeopática" y que es capaz de modificar
la conducta biológica de células, tejidos, órganos y sistemas
orgánicos? ¿Materia? Definitivamente, no. Por eso es que la Química
(y con ella la Farmacología) no es atingente, de manera directa,
aquí. ¿Energía? Tampoco, si hablamos de la energía en su sentido
habitual. En una "dilución homeopática" hay energía, sin duda, pero
como puede haberla en un vaso con agua, es decir, energía que no
puede explicar por sí sola la acción homeopática. ¿Qué es lo
que hay entonces? En nuestro trabajo de investigación Una
nueva teoría acerca de las "diluciones homeopáticas",
respondimos: Lo que hay es Información.
De manera que necesitamos, ahora, responder la pregunta siguiente:
¿Qué es Información? Existe una Teoría de la información, pero,
lamentablemente, de naturaleza meramente sintáctica (formal):
"La teoría de la información estudia intrínsecamente las
propiedades de los mensajes...Lo que nos interesa no es el
significado de un mensaje, sino el conjunto de mensajes que
puede ser expresado, transmitido con ayuda de un medio particular".(El
destacado es nuestro) (G. Cullmann, M. Denis-Papin, A. Kaufmann,
1967, p.13)
Así no es posible, basándose en dicha teoría, responder a la
pregunta anterior. Se requiere dar un nuevo paso, como el que dimos
en el trabajo ya mencionado, y definir un concepto semántico
de Información.
(Como se puede apreciar por el uso de i minúscula cuando hablamos de
la información sintácticamente considerada, y de I mayúscula cuando
lo hacemos de manera semántica; "información" e "Información" no
significan exactamente lo mismo. Véase Una nueva teoría acerca de
las "diluciones homeopáticas", para eso y para lo que viene a
continuación).
¿QUÉ ES INFORMACIÓN?
La Información es la disposición a actuar
de una determinada manera –en esto reside su
sentido o significado-, en presencia del
receptor adecuado, que presenta un ente cualquiera, sea de
naturaleza física, química o biológica. Es decir, el concepto
semántico de Información alude a la capacidad de actuar
de ésta, bajo ciertas condiciones (entre las cuales está la
presencia de un receptor adecuado, pero no exclusivamente esta
condición); capacidad de actuar que puede no ejercerse, y por eso
hablamos de una disposición a actuar. Si la
Información ejerce una acción, la llamamos "Información activa";
si no lo hace, entonces la llamamos "Información pasiva"
(o latente).
Si el medicamento homeopático –ya que no es material, o sea, que
carece de masa, ni es tampoco, principalmente, energía- sólo es
Información, entonces ésta debe ser algún tipo de ente real que sea
capaz de actuar: algo capaz de ejercer alguna acción; de otra forma,
no podría cambiar la conducta biológica de los seres vivos –y, por
ende, tampoco incitar a la curación-.
Ahora bien, si el medicamento homeopático contiene Información, y
ésta es capaz por sí misma de actuar -por ejemplo, concurriendo a
curar-, entonces no es posible mantener una concepción atada a la
conducta humana con respecto a ella.
Si bien la conducta humana está fundada en la Información, ésta
tiene un campo de acción que la sobrepasa. Por tanto, debería ser
teóricamente posible explicar esta acción homeopática aun en
ausencia del ser humano. En otras palabras, debería ser posible
expresar esta situación a través de un condicional contrafáctico
como el siguiente:
"Si alguien enfermo hubiera ingerido un medicamento
homeopático apropiado antes de que surgiera el ser humano sobre la
Tierra, entonces habría observado su efecto curativo".
Lamentablemente se tiende a un uso antropomórfico del concepto de
información, como el siguiente: "...Lo que importa conocer no es,
cómo puede ser creado por el cerebro humano un mensaje determinado,
es decir, el origen de la información, sino cómo puede el hombre
expresar y transmitir sus ideas y sus pensamientos con la ayuda de
un medio de comunicación determinado". (G. Cullmann, M. Denis-Papin,
A. Kaufmann, 1967, p.13)
Nosotros, en cambio, consideraremos a la Información
objetivamente, con independencia de cualquier observador humano.
Esta disposición a actuar es una propiedad real, que
naturalmente se expresa –cuando se expresa- a través de la energía,
pero que es mucho más que energía.
¿Qué debemos entender por "disposición a actuar"? Volviendo a la
"dilución homeopática", nos encontramos con una solución muy
diluida
que, en el proceso de dilución, llega a ser puramente solvente
(solución cero). Pues bien, en esta solución cero debe encontrarse
la Información; luego, debemos pesquizar en ella la presencia de lo
que hemos denominado "disposición".
¿Qué diferencia a la solución cero de un simple vaso con agua? De
acuerdo con la Mecánica estadística, la inmensa
mayoría de las moléculas de agua estarán representadas por lo que se
denomina la "configuración predominante", que es la que corresponde
al estado de equilibrio del sistema. Pero también será posible
encontrar configuraciones no predominantes, vale decir, raras,
aunque en número tan escaso que, estadísticamente, se considera
despreciable.
Son, sin embargo, estas configuraciones no predominantes las más
importantes en relación con el concepto de Información. Porque estas
configuraciones no predominantes expresan disposiciones
que corresponden a estados de no equilibrio. Es decir,
en la medida, y sólo en la medida, en que el sistema esté en un
estado de no-equilibrio –en un estado neguentrópico,
por tanto-, estas configuraciones no predominantes pueden
manifestarse.
Nuestra hipótesis es que, primero, la que en el agua común
constituye la configuración predominante es reemplazada en las
"diluciones homeopáticas", por una configuración que, anteriormente
a la preparación del medicamento homeopático, era no predominante (o
rara).
Se trata, entonces, de una configuración rara para el agua común
-entiéndase: un polímero de agua muy poco frecuente-, que ha pasado
a ser la configuración predominante de la "dilución homeopática". Y
al ser la configuración predominante de la "dilución homeopática",
pasará naturalmente a constituir su nuevo estado de equilibrio.
En segundo lugar, calificar de "no predominante" o de "rara" a
alguna de las configuraciones moleculares del agua, es –en último
término- lo mismo que hablar de "configuración improbable". Así que,
cuando buscamos descubrir qué es disposición, nos encontramos con el
concepto de probabilidad (objetiva). Porque en la solución cero, la
disposición del soluto se expresa por medio de una
configuración molecular improbable del solvente (el
agua). Y debemos agregar que este carácter de ser improbable es
esencial a la disposición en cuanto Información activa.
De la misma forma, el carácter de ser probable que tiene la
configuración predominante es propia de sistemas en
estado de equilibrio, o sea, donde la entropía es máxima; donde, por
consiguiente, no pueden expresarse las Informaciones, las cuales
entonces permanecen latentes.
LA DISPOSICIÓN Y LA PROBABILIDAD
Todo lo anterior nos lleva, por tanto, a la siguiente pregunta:
¿qué es probabilidad objetiva? Porque aquello en lo que consiste la
probabilidad –es decir, el carácter de ser probable o
improbable- será, igualmente, un rasgo caracterizador de aquello en
lo que consista la disposición.
Popper lo explica así:
"Propongo interpretar la probabilidad objetiva de un suceso
singular como una medida de una propensión objetiva,
de la fuerza de la tendencia, inherente a la situación física
especificada, a realizar el suceso, a hacer que ocurra." (Los
destacados son nuestros.) (Karl Popper, 1985, p.434.)
Donde Popper habla de "propensión", nosotros hablamos de
"disposición", pero se trata de exactamente el mismo concepto.
La probabilidad, objetivamente considerada, es una medida
-nos dice Popper- de una propensión (o disposición), también
considerada objetivamente –o sea, que existe independientemente del
observador-. Tenemos, entonces, que la probabilidad objetiva mide si
cierta propensión (o disposición) objetiva es más o
menos probable con respecto a otras.
Cuando la propensión (o disposición) se expresa mediante una muy
alta probabilidad, o sea, cuando se constituye en un suceso singular
numeroso, determinará el estado de equilibrio del
sistema considerado –pues éste es su estado más probable, según la
Mecánica estadística-.
Mas sólo aquellas propensiones (o disposiciones) cuyas expresiones
sean improbables, serán las que caractericen a las
Informaciones activas.
Recordemos que "un sistema aportará tanta más información cuanto
menos probable sea su configuración".(G. Cullmann, M. Denis-Papin
y A. Kaufmann, 1967, p.75)
Entonces, para toda disposición capaz de expresarse a
través de una determinada configuración molecular del agua, sólo
cuando esa configuración sea improbable constituirá
una (determinada) Información. Y en la solución cero será una
configuración improbable aquella disposición que corresponde a la
Información del soluto diluido (precisamente por el
hecho de ser diluido), así como la configuración probable
corresponde al solvente (el agua) en su estado de equilibrio –donde
toda Información está latente-.
En consecuencia, la expresión de una disposición que no sea
improbable, de lo que llamaríamos "una disposición probable", no
constituye una Información porque corresponde al estado de
equilibrio de un sistema; es decir, representa el estado en el cual
las diferentes Informaciones permanecen ocultas (no manifestadas,
pero manifestables).
Los conceptos recién formulados, están tácitamente reconocidos en
las siguientes descripciones realizadas por Prigogine. Luego de
referirse al estado de no-equilibrio como fuente de orden, explica:
"Ahora podemos precisar este enunciado. El no-equilibrio,
como resultante de una ligadura macroscópica, no es tanto un
creador como un revelador. Él es el que permite que la
flecha del tiempo aparezca en el nivel macroscópico y se manifieste
allí no solamente por la evolución hacia el equilibrio sino también
por la creación de comportamientos colectivos coherentes".
(Los destacados son nuestros.) (Prigogine y Stengers, 1990, pp.
131-132)
Es decir, el estado de no-equilibrio (o estado neguentrópico) es un
revelador en la medida que permite comportamientos
colectivos coherentes (u ordenados) en el nivel macroscópico, que el
estado de equilibrio impide.
Anteriormente había señalado: "No es el no-equilibrio el que crea
la flecha del tiempo; es el equilibrio el que impide que la
flecha del tiempo, siempre presente en el nivel microscópico,
tenga efectos macroscópicos". (Los destacados son nuestros.)
(Prigogine y Stengers, 1990, p. 131)
Como vemos, Prigogine une estrechamente la flecha del tiempo, vale
decir, el aumento de la entropía, con las correlaciones de largo
alcance -propias de estados de no-equilibrio- responsables de los
efectos macroscópicos coherentes (ordenados). Coloca así al desorden
(a la entropía) coexistiendo con el orden, aun en el equilibrio, y
no como opuestos inconciliables.
De esta manera, la característica importante que debemos destacar
acerca de la Información es el carácter ejecutivo que
ella presenta, la cual únicamente se puede revelar –como vimos- en
un estado de no-equilibrio o neguentrópico. De vuelta al equilibrio,
en cambio, esa ejecutividad se anula.
En resumen, sólo estando activa la Información es ejecutivamente
determinante, es decir, determina que se exprese una sola
configuración y ninguna otra. Además, esto constituye el aspecto
cualitativo de la Información -su sentido o significado-,
ya que nos permite, a través de la configuración, distinguir
cualitativamente una Información de otra.
EL ESTADO NEGUENTRÓPICO Y LA EXPRESIÓN DE LA
INFORMACIÓN
Ahora bien, ¿cuál es la condición que permite a la Información
expresarse? Como ya lo dijimos, la Información sólo puede expresarse
en un estado neguentrópico. Un estado neguentrópico es
cualquier estado de un sistema –en este caso hablamos
preferentemente de un sistema aislado- distinto al estado de
equilibrio. Por tanto, un estado neguentrópico existe
siempre que hay una distancia temporal con respecto al
equilibrio.
Sin embargo, la duración de este estado de
neguentropía es esencial: únicamente en una duración que persista
más allá de un límite temporal mínimo será posible (y probable) la
manifestación de la Información.
Si y sólo si es superada esa barrera temporal, las Informaciones
potencialmente omnipresentes tienen la posibilidad de expresarse. Y
en el caso de las "diluciones homeopáticas", ese estado
neguentrópico se produce debido al siguiente hecho: el soluto
diluido escapa, momentáneamente, a la segunda ley de la
Termodinámica por ser un reducido conjunto de moléculas, o
sea, por ser un conjunto estadísticamente no significativo.
Recordemos que esta segunda Ley es una ley probabilística (o
estadística), vale decir, que no se aplica sino a un inmenso número
de moléculas, sin aludir al comportamiento individual de cada
molécula dentro del sistema.
Al no obedecer -por un cierto lapso- a la segunda Ley,
el soluto de la "dilución homeopática" permanece en un estado
neguentrópico, y con él también el solvente que no puede volver al
estado de equilibrio por sí solo.
En otras palabras, la "dilución homeopática", por el hecho de tener
un soluto extremadamente diluido, se escapa a las redes de la
segunda Ley por un cierto tiempo –proceso que es, muy
probablemente, prolongado por la energía aportada por la sucusión-,
determinando un estado neguentrópico.
Cualquier tipo de dilución presenta esta particularidad, lo cual
seguramente tuvo su importancia en el origen de la vida –asunto
sobre el cual no nos detendremos aquí-. Pero en el caso particular
de la preparación homeopática, la Información del soluto es la única
Información disponible. De ahí que no sea sorprendente que la
"dilución homeopática" exprese la Información correspondiente al
soluto.
Ahora bien, la "dilución homeopática" en cuanto solución en estado
de equilibrio térmico con su ambiente, almacena la Información en un
estado de latencia. Para hacerse activa esa Información
latente, el sistema debe abrirse, situación que se produce
cuando, por ejemplo, es ingerida por un enfermo.
Al ingresar a este nuevo sistema constituido por el sistema
circulatorio del enfermo -pero en especial por este sistema que se
extiende por todo el organismo y que se denomina "matriz"-, la
Información se hace activa. Señalemos que la matriz extracelular (o
sustancia fundamental) es, junto con el sistema capilar, el medio a
través del cual la célula interactúa con el entorno del organismo.
La matriz ocupa todos los espacios extracelulares del organismo –de
ahí que constituya un sistema-, y su principal función es la de
servir como un "filtro molecular" para la célula. Químicamente, la
matriz consiste en una red de complejos poliméricos de azúcares con
proteínas (proteoglicanos y glicosaminoglicanos), además de
proteínas estructurales (colágeno y elastina) y de glicoproteínas
reticulares (fibronectina, laminina y otras). (Hartmut Heine, 2000,
p.13.)
Ya desde el momento en el cual la Información entra en contacto con
la matriz, ejerce su acción como una superenzima, es
decir, como si fuera la enzima activadora de un conjunto de muchas
enzimas actuando juntas, tanto a nivel extra como intracelular. Pero
a diferencia de la enzima propiamente tal, que posee una Información
específicamente acotada, la "dilución homeopática" posee una
Información muy compleja, capaz de actuar en diferentes puntos del
organismo simultáneamente como una sinfonía de diferentes enzimas.
Si el medicamento homeopático se puede asimilar, en su
funcionamiento, a una superenzima, ¿cómo actuará una enzima diluida?
Su acción será del todo equivalente a la acción de la propia enzima.
Hemos comprobado experimentalmente esta hipótesis, usando al efecto
la enzima papaína y como sustrato la albúmina de
vacuno. Diluciones sobre el Número de Avogadro de papaína, presentan
actividad enzimática cuantificable en el espectrofotómetro Shimadzu
UV-Visible. La degradación de la proteína se midió en la longitud de
onda de 280 nanómetros.
(Estas experiencias fueron realizadas en el laboratorio del
Departamento de Biología de la Universidad de Santiago de Chile, en
el año 1996.)
De manera que la acción enzimática y la acción homeopática se
iluminan mutuamente. Para entender cómo actúa el medicamento
homeopático, es necesario entender primero cómo actúa la enzima.
Pero para entender cómo actúa la enzima, se requiere entender
previamente cómo actúa la "dilución homeopática". A pesar de la
impresión de círculo vicioso que este argumento pudiera producir, es
un argumento perfectamente legítimo. ¿Por qué?
Porque para entender cómo actúa el medicamento homeopático, se
necesita entender el mecanismo de acción biológica de
la enzima; en cambio, para entender cómo actúa la enzima, es
imprescindible comprender previamente los fundamentos físicos
que hacen posible esta acción biológica.
Y estos fundamentos físicos los aporta el conocimiento del mecanismo
de producción de las "diluciones homeopáticas", y en especial el
conocimiento acerca de su acción mediante la Información.
LAS ENZIMAS
Prácticamente todas las complejas y numerosas reacciones
bioquímicas que tienen lugar en animales, plantas y microorganismos
son reguladas por enzimas. Se trata de proteínas que tienen una
capacidad catalizadora específica –es decir, que aceleran una clase
específica de reacción química de un tipo de compuesto-; y lo hacen
de manera muy eficiente, si lo comparamos con esa misma reacción,
pero sin enzimas.
Agreguemos que las enzimas son controladas por activadores e
inhibidores, los cuales inician o bloquean reacciones,
respectivamente. Además, que actúan en muy débiles cantidades, pues
no son consumidas en el proceso (así una molécula de enzima puede
transformar muchos millones de moléculas de sustrato por minuto).
Todas las células contienen enzimas, las que usualmente varían en
número y composición. Por ejemplo, una célula mamaria promedio puede
tener alrededor de 3.000 enzimas.
Las enzimas participan en el metabolismo –tanto en su fase
catabólica como en su fase anabólica-, y en muchas otras importantes
funciones como son el almacenamiento y uso de la energía, el curso
de la reproducción, el proceso respiratorio y la visión. La
vida sin enzimas es imposible.
Cada enzima es capaz de promover solamente un tipo de
reacción química. Y el compuesto sobre el cual actúa se denomina
"sustrato". Cada enzima, entonces, tiene su propio sustrato sobre el
cual actúa desencadenando una determinada reacción.
Como ya dijimos, las enzimas son proteínas. Aunque algunas enzimas
consisten de una simple cadena de aminoácidos, la mayoría están
compuestas de más de una cadena. Cada cadena es llamada una "subunidad".
Ahora bien, muchas enzimas contienen dos, cuatro o seis subunidades,
pero hay algunas que tienen tantas como 12 a 60 subunidades. En
muchos casos, las subunidades tienen idéntica estructura; en otros
casos, son diferentes.
Con excepción de las proteínas que actúan como elementos
estructurales, la mayoría de ellas constituyen las enzimas de los
tejidos fisiológicamente activos tales como riñones o hígado.
Su naturaleza proteica es un hecho importante, por lo siguiente: su
estructura altamente compleja. Tan compleja es la estructura de las
proteínas que requieren de una clasificación especial.
Así, las proteínas presentan una estructura primaria
determinada exclusivamente por la secuencia de aminoácidos. Luego,
una estructura secundaria que está determinada por el
arreglo espacial (plegamientos) de sus cadenas peptídicas
principales solamente.
Y una estructura terciaria determinada por el arreglo
espacial tanto de las cadenas principales como de las secundarias,
todas las cuales se encuentran plegadas sobre sí mismas. Existe
todavía una estructura cuaternaria, que es una
asociación de subunidades de proteínas por medio de enlaces
no-covalentes.
La estructura terciaria (así como la cuaternaria) representa un
muy alto nivel de neguentropía –o sea, le corresponde una
gran cantidad de información, expresión de una determinada
Información-, lo cual le proporciona a la enzima su capacidad
catalizadora, como veremos más adelante.
Examinaremos a continuación otra característica de las proteínas que
resulta importante para comprender el funcionamiento enzimático. Nos
referimos a la hidratación de las proteínas. Cuando
las proteínas secas se exponen al aire húmedo, se cargan de agua al
máximo, lo cual varía de una proteína a otra. Lo usual es que esa
carga sea entre un diez a un veinte por ciento de su peso.
El agua de hidratación es esencial para la estructura cristalina de
las proteínas. Y así, cuando están completamente deshidratadas, la
estructura cristalina se desintegra. Este proceso se acompaña en
ciertas proteínas de la desnaturalización y pérdida de las funciones
biológicas.
La hidratación de las proteínas es necesaria para su solubilidad en
agua. En solución acuosa, las proteínas ligan firmemente algunas
moléculas de agua. Otras moléculas de agua forman "islas" entre las
curvas de las cadenas peptídicas plegadas –llamadas "iceberg" porque
son agua cristalizada-.
Sin duda que estas moléculas de agua asociadas tan estrechamente con
las proteínas, deben jugar un papel decisivo en el almacenamiento y,
tal vez, en la transmisión de la Información.
Sabemos que el agua es un almacenador de Información por excelencia.
Pero tiene un defecto: es estructuralmente muy frágil, ya que sus
polímeros se alteran con mucha facilidad. Por eso, la naturaleza
"inventó" a las proteínas para cumplir esa misma función. Sin
embargo, las proteínas parecen necesitar del agua para poder cumplir
plenamente con dicha función informacional.
LAS PROTEÍNAS ENZIMÁTICAS
Según su forma, se pueden distinguir dos tipos de proteínas: (a)
las llamadas "fibrosas", que tienen un papel esencialmente mecánico;
y (b) las llamadas "globulares", entre las cuales se incluyen las
enzimas, y en las que la fibra secuencial de aminoácidos está
replegada sobre sí misma, confiriéndole a estas moléculas una
estructura compacta, pseudoglobular.
Ahora bien, la estructura en el espacio de una proteína globular
está determinada por dos tipos de uniones químicas: (a) la
estructura llamada "primaria", que corresponde a la secuencia de
aminoácidos, por uniones covalentes, y (b) la conformación llamada
"nativa", que se refiere a los plegamientos de las cadenas
polipeptídicas, por uniones no-covalentes (puentes de Hidrógeno e
interacciones iónicas, hidrofóbicas y de van der Waals).
En cuanto a la formación de las estructuras globulares, citemos a
Monod:
"Se sabe en efecto:
-
que el determinismo genético de las estructuras de
proteínas especifica exclusivamente la secuencia de los
radicales aminoácidos que corresponden a una proteína dada,
-
que la fibra polipeptídica así sintetizada se pliega
espontáneamente y de forma autónoma para concluir en la
conformación pseudoglobular, funcional." (Jacques Monod, 1971,
p.105)
Sin embargo, lo más importante es lo que Monod declara a
continuación:
"Así, entre las millares de conformaciones plegadas, en principio
accesibles a la fibra polipeptídica, una sola es de hecho
escogida y realizada." (El destacado es nuestro.)
Y expone seguidamente las razones termodinámicas por las cuales
resulta ser así -y en las cuales no entraremos aquí-, para concluir:
"La conformación globular particular en una proteína dada y de la
que depende su actividad funcional será pues de hecho impuesta
por la secuencia de los radicales en la fibra. Sin embargo, y este
es el punto importante, la cantidad de información que sería
necesaria para especificar enteramente la estructura tridimensional
de una proteína es mucho más grande que la información
definida por la misma secuencia."
Prosigue Monod: "Se puede ver pues una contradicción en el hecho
de decir que el genoma ‘define enteramente’ la función de una
proteína, mientras que esta función está ligada a una estructura
tridimensional cuyo contenido informativo es más rico que la
contribución directamente aportada a esta estructura por el
determinismo genético." (Los destacados son nuestros.)
Nos da el siguiente ejemplo: a un polipéptido de cien aminoácidos le
correspondería una cantidad de información de 2000 bits. Pero
para describir la estructura tridimensional que esa cadena adopta al
plegarse, se le debería agregar al menos otros tantos.
Y Monod termina explicando la paradoja de esta manera:
"...el enriquecimiento de información correspondiente a la
formación de la estructura tridimensional, proviene de lo que la
información genética (representada por la secuencia) expresa de
hecho en condiciones iniciales bien definidas (en fase acuosa, entre
ciertos límites, estrechos, de temperaturas, composición iónica,
etc.), tales que, entre todas las estructuras posibles, una sola
de ellas es de hecho realizable." (El destacado es nuestro.)
Lo que dice Monod es exacto, pero surge una pregunta: ¿por qué no
considerar a la cantidad total de información que está
presente allí independientemente del hecho de que coincida con esas
condiciones iniciales?
La explicación, para nosotros, es la siguiente: la Información que
se expresa bajo esas condiciones iniciales bien definidas de las que
habla Monod, sólo lo hará mediante la cantidad de información
exactamente equivalente a su total compleja
estructura tridimensional. Puede ser factible dividir la cantidad
total de información entre aquella parte que es de origen genético y
aquella otra correspondiente a su expresión fenotípica, pero sin
duda que ambas partes son manifestaciones que corresponden a una
Información única.
Que la estructura tridimensional de la proteína que efectivamente se
realiza, sólo coincida con condiciones iniciales tales como las que
se presentan en la célula, no es contradictorio con el hecho de que
la cantidad total de información sea la que corresponda a la
Información almacenada en los genes y no meramente a la cantidad de
información de la secuencia de aminoácidos.
Pues una Información que no pudiera expresarse plenamente bajo las
condiciones iniciales como las que pueden considerarse normales en
una célula viva, sería sin duda una Información además de inútil,
inadecuada.
La conclusión de Monod es :
"Las condiciones iniciales, en consecuencia, contribuyen a la
información finalmente encerrada en la estructura globular, sin por
otra parte especificarla, sino solamente eliminando las demás
estructuras posibles, proponiendo así, o más bien imponiendo una
interpretación unívoca de un mensaje a priori parcialmente equívoco."
(Jacques Monod, 1971, p.107)
Nuestra interpretación es enteramente diferente. No creemos que las
condiciones iniciales puedan actuar eliminando las demás estructuras
posibles. Simplemente, se trata de que las condiciones iniciales que
corresponden al estado normal del funcionamiento celular,
constituyen el único receptor adecuado para el tipo de
Información saludable almacenado en los genes.
De manera que otras condiciones diferentes pueden permitir la
expresión de Informaciones muy distintas, y con toda probabilidad
patológicas, lo cual tiene implicaciones sumamente importantes para
el funcionamiento orgánico.
No debemos olvidar, por último, que las condiciones iniciales a las
cuales se refiere Monod, son el producto no casual de
la actividad global de toda la célula, de todo el organismo y, en
último análisis, de todo el genoma. En otras palabras,
las condiciones iniciales adecuadas son, ellas también, el
resultado programado de las Informaciones almacenadas en el
genoma (autopoiesis). (Por sistema autopoiético se entiende
un sistema homeostático que tiene a su propia organización
como la variable que mantiene constante.)
LA NATURALEZA DE LA CATÁLISIS ENZIMÁTICA.
En una reacción química tal como una sustancia A que se convierte
en un producto B, existe un punto de equilibrio en el cual ningún
cambio ulterior puede ocurrir. Es decir, la tasa de conversión de A
a B es igual a la tasa de conversión de B a A, lo que representa el
equilibrio químico. El equilibrio químico expresa también el
equilibrio termodinámico de este sistema.
Ahora bien, un catalizador puede ser definido como una sustancia que
acelera una reacción química, pero que no es consumida en el
proceso. Las enzimas, entonces, aceleran el proceso para la
obtención del equilibrio de una reacción reversible. Vale decir,
debido a que la presencia de la enzima acelera la tasa de conversión
de un compuesto a un producto, acelera igualmente la aproximación al
equilibrio, pero sin afectar en ningún momento este punto de
equilibrio.
También podríamos decir que la enzima actúa solamente cuando hay un
desequilibrio químico –que se corresponde con un desequilibrio
termodinámico o estado neguentrópico-, y cesa su acción cuando el
equilibrio es alcanzado.
En el medio acuoso de las células, las diferentes moléculas están en
constante movimiento térmico (es el llamado "caos molecular"); pero,
dado que son compuestos más o menos estables, solamente podrían
reaccionar para formar productos de una manera ocasional –cuando
casualmente se enfrentan sus grupos reaccionantes-.
Existe, de esta manera, una barrera energética a la reacción de las
moléculas, y la energía extra necesaria para superar esa barrera se
denomina "energía de activación".
Pero, en lugar de aportar energía extra, las enzimas incrementan
enormemente las posibilidades de reacción de las moléculas
correspondientes, por medio de su capacidad para
formar una gran cantidad de moléculas específicas más reactivas –y,
por tanto, más inestables-. Es decir, para formar un compuesto
intermediario con ellas, nos referimos al complejo
enzima-sustrato.
Este intermediario inestable –que representa el estado de transición
de la reacción química- rápidamente se rompe para dar lugar a
productos estables, y las enzimas, sin sufrir cambios por la
reacción, son capaces de seguir catalizando a nuevas moléculas.
Debido a que no son consumidas en el proceso, la cantidad de
catalizador no tiene relación con la cantidad de sustancia
modificada. De hecho, bastan muy pequeñas cantidades de enzima para
catalizar cualquier reacción que corresponda a su especificidad.
Finalmente, digamos que el sustrato debe combinarse con la enzima
antes de que la catálisis se produzca. Este proceso
implicaría la existencia de colisiones entre ambos tipos de
moléculas.
Pero las enzimas son grandes moléculas de un peso molecular que
oscila entre varios miles y varios millones, mientras que el
sustrato sobre el cual actúa usualmente sólo pesa alrededor de
varios cientos. En razón de esta diferencia de tamaño, sólo una
fracción de la enzima entra en contacto con el sustrato. Y la región
donde se establece este contacto se llama "sitio activo" de la
enzima.
Naturalmente surge aquí una pregunta: ¿por qué la enzima presenta
una estructura tan colosal? Si el tamaño, a lo cual acompaña la
complejidad obviamente, no fuera importante en algún
sentido, no tendría explicación esta enorme desproporción con
respecto al sustrato.
La respuesta ya la podemos adelantar: el alto nivel neguentrópico de
la enzima, o sea, la gran cantidad de información que representa,
requiere de una complejidad estructural equivalente. Lo cual nos
lleva a otra pregunta: ¿cuál es la razón de esta
enorme complejidad que implica una cantidad tan importante de
información? Precisamente, transportar una Información.
Pues ésta, como veremos a continuación, es la causa de todas las
notables características de las enzimas.
CARACTERÍSTICAS DE LAS ENZIMAS
Las enzimas presentan una serie de características notables como
las siguientes:
-
Son proteínas que poseen un efecto catalizador al reducir la
barrera energética de ciertas reacciones químicas.
-
Influyen sólo en la velocidad de reacción sin alterar el
estado de equilibrio.
-
Actúan en pequeñas cantidades.
-
Forman un complejo reversible con el sustrato.
-
No se consumen en la reacción, pudiendo actuar una y otra vez.
-
Muestran especificidad por el sustrato.
-
Su producción está directamente controlada por genes.
Estas características tan especiales pueden ser explicadas, según
nuestro criterio, mediante el concepto de Información. En el trabajo
Una nueva teoría acerca de las ‘diluciones homeopáticas’,
definimos a la Información como la disposición a actuar, y de una
determinada manera, que presenta un ente cualquiera –en este caso,
un ente biológico-, en presencia del receptor adecuado.
La Información latente en la compleja microestructura proteica de la
enzima, representa una disposición a actuar que solamente se puede
hacer activa en presencia del receptor adecuado, que en este caso es
el sustrato correspondiente.
La Información se expresa, como ya sabemos, únicamente existiendo un
estado neguentrópico. Y ese estado neguentrópico lo encontramos cada
vez que hay una reacción química lejos de su equilibrio.
Así, entonces, cuando alguna enzima está frente a su sustrato
específico, actúa constituyendo con él un complejo reversible,
el ya mencionado complejo enzima-sustrato.
La formación de este complejo representa el punto culminante
de la acción catalizadora de una enzima (estado de transición). Pues
es a nivel de este complejo que se produce la "activación" del
sustrato, facilitándose así el proceso químico catalizado.
Si comparamos una misma reacción química con y sin enzimas,
apreciamos cómo en el primer caso la magnitud de la energía de
activación –es decir, la cantidad de energía necesaria para que la
reacción se desencadene-, es mucho menor que en el
segundo caso. De ahí que se diga que la enzima reduce la energía de
activación requerida para acelerar cierta específica reacción
química.
¿CÓMO ACTÚA LA ENZIMA?
La pregunta que lógicamente surge ahora es: ¿por qué la acción
enzimática reduce la energía de activación requerida? Hasta ahora no
existe una respuesta única para esta pregunta, sino
que el mecanismo implicado varía en cada caso.
El hecho es que, en presencia de la enzima, se
constata que la energía de activación requerida es menor. Se supone
además que el complejo activado se produce como una consecuencia de
que la enzima reduzca la energía de activación: "El catalizador
reduce la energía de activación y, por consiguiente, aumenta la
concentración del complejo activado." (Hermann Niemeyer, 1974,
p.114).
Creemos que es exactamente al revés: es la Información –y sólo ella-
la que determina que se produzca el complejo
enzima-sustrato, y, k de este hecho, la energía de activación
necesaria se reduce a un mínimo. Es decir, la
Información de la enzima manifiesta su actividad
mediante la formación del complejo enzima-sustrato. Se puede ver de
inmediato que esta es una explicación universalmente válida;
y por tanto, queremos destacar que se aplica a cualquier caso
particular de acción enzimática.
Ahora bien, con la formación del complejo enzima-sustrato podríamos
considerar que se constituye un microsistema
–representado por una reacción monomolecular-; el cual tiene el
carácter de ser altamente inestable:
Enzima + Sustrato →
Complejo Enzima-Sustrato
Vale decir, el complejo enzima-sustrato representa un nivel muy
alto de complejidad, o, lo que es lo mismo, posee un muy alto nivel
de neguentropía, el cual no puede persistir por mucho
tiempo (estado neguentrópico).
La formación de este complejo implica que la variación
de neguentropía que este complejo aporta al sustrato –o sea,
ΔN (que es igual a -ΔS)-
neutraliza cualquier variación de entropía
ΔS que pudiera producirse.
En otras palabras, durante un lapso la variación de la
entropía es cero (ΔS = 0); lo cual
trae como consecuencia un uso más eficiente de la
energía interna del sistema. Ya explicaremos el porqué.
Establezcamos que existen dos formas muy claras de incrementar la
velocidad de una reacción química:
-
agregando energía –por ejemplo, aumentando la temperatura, lo
que equivale a proporcionarle energía calórica-;
-
bien, haciendo un uso más eficiente de la energía
ya existente en el sistema (el sistema celular, que
podemos suponerlo semi-aislado).
Pues bien, lo último es lo que acontece con la acción enzimática
(o catalítica, en general).
Si durante un instante la variación de la entropía es cero,
exactamente el tiempo que dura el complejo enzima-sustrato,
al instante siguiente, pero siempre dentro del mismo proceso, ya
habrá variado positivamente: lo suficiente como para que la reacción
pueda alcanzar rápidamente el equilibrio, el sustrato
sea transformado en producto, y la enzima quede libre.
La reacción enzimática básica puede ser representada como sigue:
S + E → ES →
P + E
(Donde S es sustrato; E es enzima; ES es el
complejo enzima-sustrato; y P es producto.)
Tenemos, entonces, que al cesar el estado neguentrópico la enzima
queda libre y estará disponible una vez más para formar un nuevo
complejo, y reiniciar así toda la acción.
Pero, para que cese el estado neguentrópico es necesario que la
reacción química catalizada por la enzima haya alcanzado su
equilibrio, es decir, que haya un incremento de la entropía.
Hasta aquí hemos usado el artificio de considerar a cada uno de los
complejos formados por la acción enzimática, como un microsistema,
con el fin de poder entender más fácilmente el efecto neguentrópico
de esta unión reversible. Pero, como sabemos, la entropía –y también
la neguentropía- son funciones generales, vale decir, que
corresponden a todo el sistema: a la totalidad de las enzimas,
sustratos y complejos enzima-sustrato en el medio acuoso celular.
Ahora bien, este macrosistema siempre estará tendiendo
a alcanzar en el tiempo su equilibrio, donde la entropía es máxima.
Recordemos la regla que establece que una reacción química siempre
camina en la dirección en que la energía libre tiende a disminuir.
Ciertamente ese equilibrio no se alcanza nunca en una célula viva,
que existe en un estado de equilibrio fluyente, vale decir, en un
equilibrio inestable (caos moderado), que es diferente al equilibrio
estático donde la entropía es máxima (y que sería su muerte).
EXPLICACIÓN DE LA ACCIÓN
ENZIMÁTICA
Consideremos A, la llamada "energía libre de Helmholtz".
En un proceso reversible, el trabajo bajo temperatura
y volumen constante es igual al cambio de energía libre de Helmholtz,
ΔA. Y su fórmula es:
A = E – TS; donde E es la energía interna del sistema,
T es la temperatura absoluta, y S es la entropía.
Es decir, la energía libre es igual a la energía interna del sistema
menos la energía degradada. Es importante destacar que la variación
ΔA puede ser mayor o menor según el
nivel que alcance la degradación de la energía. Si esta última es
considerable –como ocurre, por ejemplo, cuando se aumenta la
temperatura del sistema-, la energía libre disponible es
relativamente menor.
¿Y por qué esto es importante? Porque la energía libre puede ser
utilizada de manera más eficiente como veremos en un momento.
Para que una transformación de estado pueda ocurrir
espontáneamente, ya sea rápida o
lentamente, la energía libre de Helmholtz del estado final
debe ser menor que la del estado inicial; esto es, cuando la
diferencia ΔA entre el estado final
y el estado inicial sea negativa. Ésta es una condición que cumplen
todas las reacciones que pueden ser catalizadas por enzimas.
Sin embargo, esta es una condición necesaria mas no
suficiente para que determinada reacción ocurra realmente –al menos
en un tiempo razonable-.
Se requiere, entonces, de una nueva condición que,
sumada a la variación negativa de la energía libre A,
determine que el equilibrio se alcance más rápidamente.
Pues acelerar una reacción química equivale a hacerla alcanzar su
equilibrio de una forma más rápida.
Esta nueva condición es, en verdad, muy importante ya que sin
enzimas la mayoría de las reacciones que ocurren en el organismo
vivo tienen una velocidad espontánea muy reducida. Por eso es que
sin enzimas la vida sería imposible.
Esta nueva condición es aportada por la enzima de la manera
siguiente: la acción enzimática implica colocar al sistema al cual
se incorpora en una condición momentánea de alta neguentropía.
¿Qué quiere decir esto? Que intensifica aún más el estado de
desequilibrio, tornándolo por tanto mucho más inestable.
La acción enzimática transcurre en las siguientes dos fases
(arbitrariamente separadas con fines didácticos):
(1º) Primera fase: A = E – TS + TN = E
Obsérvese que a la ecuación de la energía libre A = E – TS,
se agrega TN.
La explicación es la siguiente: la neguentropía N es aportada por la
enzima –en forma de TN, que tiene las dimensiones de la
energía- al constituirse el complejo enzima-sustrato, y equivale a:
-TS.
Luego, A = E – (TS + TN) = E – (TS + -TS) = E – (TS – TS) = E.
Por consiguiente, en la formación del complejo enzima-sustrato
no se consume E, la energía interna del sistema, la cual está
enteramente disponible para realizar trabajo.
Se trata, entonces, de un proceso que, desde un punto de vista
termodinámico, constituye un proceso reversible. En palabras de Mark
W. Zemansky:
"Un proceso reversible es aquel que tiene lugar de tal modo que,
al finalizar el mismo, tanto el sistema como el medio exterior
inmediato pueden ser reintegrados a sus estados iniciales, sin
ocasionar ningún cambio en el resto del universo".(Mark W.
Zemansky, 1973, p.192)
Es decir, en esta primera fase la enzima participa en un proceso
reversible, ya que la formación del complejo enzima-sustrato -que es
una unión física (mediada por fuerzas electrostáticas e hidrofóbicas)
y no química- es un proceso que ocurre sin degradación de
energía, de donde ΔS = 0.
Por tanto, ΔA = 0.
(2º) Segunda fase: A = E – TΔ
S
Ya una vez formado el complejo enzima-sustrato, y luego de un
lapso muy breve, se rompe por ser altamente inestable; pero
inmediatamente antes de que esto ocurra, se realiza un trabajo en el
proceso que lleva a la formación del producto (o productos). Y este
trabajo se acompaña, como todo proceso irreversible, de un cierto
grado de degradación de la energía interna del sistema (E – TΔ
S), pero que es mucho menor que en ausencia de
enzimas.
Recordemos que, sin enzimas, la reacción requiere para activarse de
una energía extra –la llamada "energía de activación"-, la cual, en
presencia de enzimas, es innecesaria. Y es innecesaria porque la
formación del complejo enzima-sustrato no ha requerido consumo de
energía, y es este complejo el responsable de la activación
de la reacción química.
Entre el estado inicial y el estado final de la reacción química,
tanto en presencia como en ausencia de enzimas, tendremos que
ΔA será negativa y
ΔS será positiva, como cualquier
reacción química llevada al equilibrio, pero donde está la verdadera
diferencia con respecto a la reacción en ausencia de enzimas es en
lo siguiente: entre el estado inicial y el estado final existe un
estado intermedio (ES), el cual genera un aumento del
nivel neguentrópico del sustrato.
El aumento del nivel neguentrópico del sustrato determina: (a) que
éste sea más inestable y, por tanto, que el
requerimiento energético para que se transforme en producto (o
productos) sea mínimo; y (b) que la energía interna disponible como
energía libre sea mayor.
Hemos dicho que la energía interna disponible como
energía libre en el sistema es mayor, no que la energía interna del
sistema se haya incrementado.
Las enzimas, entonces, dirigen la energía interna del sistema hacia
el o los reaccionantes de una manera más eficiente, lo que
representa un ahorro energético. En ausencia de enzimas, los
reaccionantes en constante movimiento térmico dilapidan gran parte
de la energía interna del sistema.
En cambio, con la presencia de las enzimas, o más precisamente, con
la presencia de los complejos enzima-sustrato, las continuas
colisiones moleculares aportan energía útil a cada reacción. Al
inmovilizar al sustrato, las enzimas favorecen enormemente la
eficacia de estas colisiones.
"Una gran disminución en los movimientos relativos de dos
sustratos que han de reaccionar, o reducción de entropía, es
uno de los beneficios obvios de su fijación a la enzima. La energía
de fijación mantiene los sustratos en la orientación correcta para
reaccionar, lo que es una contribución muy importante a la catálisis
ya que las colisiones productivas entre moléculas en solución
pueden ser extremadamente raras." (El segundo destacado es
nuestro) (A. Lehninger, D. Nelson, M. Cox, 1995, p.208)
Las colisiones productivas entre moléculas, a las cuales se alude en
la anterior cita, pasan de ser muy escasas a ser muy numerosas. Y
este importantísimo cambio se debe a la presencia del complejo
enzima-sustrato.
Entonces, a la energía cinética -que es masa en movimiento al
interior de la célula- se le agrega orden. El orden es
una limitación del desorden, es decir, dentro de la
totalidad de los movimientos posibles, e igualmente probables, los
movimientos energéticamente eficaces -que son las colisiones
moleculares sobre el complejo enzima-sustrato- se incrementan en
desmedro de los movimientos ineficaces.
Por su parte Jacques Monod separa, en nuestro criterio
artificialmente, la reacción enzimática en dos fases distintas:
Concluye que "...una reacción enzimática debe ser considerada
como comportando dos etapas distintas:
-
la formación de un complejo estereoespecífico entre
proteína y sustrato;
-
la activación catalítica de una reacción en el seno del
complejo; reacción orientada y especificada por la
estructura del mismo complejo." (Jacques Monod, 1971, p.65)
La razón por la cual Monod realiza esta separación tan drástica se
debe a la carencia de una teoría unificadora como la presentada en
este trabajo. El concepto de Información permite ver a
estas dos fases como simples aspectos de un mismo proceso.
El complejo "estereoespecífico", como denomina Monod al complejo
enzima-sustrato, no es el resultado del azar sino el resultado de
una Información genética –la cual se podría especular que es
producto del azar, pero ése es otro asunto-, Información que
encuentra su expresión en la compleja estructura molecular de la
enzima.
Y la activación catalítica de la reacción química, que parece ser la
consecuencia afortunado de la estructura del complejo –al permitir
orientar y especificar la reacción-, también es el
resultado de la Información de la enzima que, al elevar el nivel
neguentrópico de la reacción, la desencadena.
Observamos así que, al comienzo de la acción enzimática,
y en un lapso muy breve, se forma el complejo enzima-sustrato, pero
sin que la entropía aumente, constituyéndose de esta manera una
estructura altamente neguentrópica, la cual no puede
durar mucho tiempo por ser k. La Información está en este
momento activa.
Luego, pero siempre dentro del mismo proceso global, se termina
alcanzando el equilibrio químico en la reacción del sustrato. En
consecuencia, la entropía tiende a aumentar hasta un
máximo, produciéndose con ello –y también a raíz de ello- la
terminación abrupta del complejo, ya que bajo esta condición
la Información enzimática deja de ser activa (y se vuelve latente).
Por supuesto que, en una reacción sin enzimas, esta primera fase del
proceso –el incremento del nivel de neguentropía- no existe.
Por tanto, ésta es la diferencia más importante
que la presencia de las enzimas determina en relación con una
reacción química en ausencia de ellas.
En resumen: la acción enzimática se ejerce en condiciones de caos
moderado, que es otra manera de hablar de estado neguentrópico, y se
realiza a través de las resonancias, siempre presentes en el estado
de caos. Estas resonancias son las que se establecen a nivel del
complejo enzima-sustrato -resonancias que probablemente explican
también el acercamiento entre enzima y sustrato-, y
mediante las cuales se transmite la Información, que da razón, por
otra parte, de la selectividad de este proceso.
En nuestro trabajo Una nueva teoría acerca de las "diluciones
homeopáticas", decíamos: en condiciones de desequilibrio
la Información se hace activa, y en condiciones de equilibrio
permanece en estado latente.
Ahora bien, la Información enzimática se hace activa
en condiciones de desequilibrio químico mediante la formación
del complejo enzima-sustrato –ejecutando así su disposición a
actuar-.
Y la Información enzimática se inactiva en condiciones
de equilibrio químico, tornándose de esta forma en Información
latente, y dando lugar por tanto a la ruptura de este mismo
complejo: P + E.
Podemos apreciar el paralelo con el fenómeno de las "diluciones
homeopáticas": por una parte, el soluto diluido equivale a la
enzima, y al igual que ésta interactúa (con el solvente) en un
estado neguentrópico y en pequeña cantidad –precisamente por estar
en muy pequeña cantidad, es que se genera ese estado neguentrópico-.
No descuidemos, sin embargo, sus diferencias: la enzima es el
resultado de un proceso anterior del más alto nivel neguentrópico
(Información genética).
Es muy importante señalar además que, mientras en la "dilución
homeopática" la duración del estado neguentrópico debe
ser suficientemente prolongado como para que la Información se
manifieste, en el caso de las enzimas la Información ya está
presente en forma latente en la microestructura proteica. Todo lo
cual se traduce en que la disposición a actuar que la enzima posee
se desenvuelva rápidamente.
Por su parte el solvente es el equivalente del sustrato, ya que
ambos sufren el efecto del soluto y de la enzima, respectivamente,
precisamente porque son los receptores adecuados de
las respectivas Informaciones.
LAS CARACTERÍSTICAS ENZIMÁTICAS Y LA
INFORMACIÓN
Hagamos notar que las enzimas, así como no se destruyen, tampoco
aportan a la reacción energía que se degrade, sino que una energía
que actúa por mera presencia: TN –el producto de la
neguentropía por la temperatura absoluta-. Esta energía está
incorporada en la misma compleja estructura tridimensional de las
enzimas, y, por tanto, es preexistente a la reacción química así
como es subsistente a ella –por eso se considera que no participa en
el balance energético final-.
Podemos concluir, entonces, que las enzimas son proteínas que
reducen la energía de activación necesaria para poner en
marcha una reacción química, al permitir un uso más eficiente
de la energía interna del sistema. La explicación
última de esta capacidad es la siguiente: el hecho de ser portadoras
de una Información, la cual se expresa en su complejidad estructural
(medible en cantidad de información).
Es la presencia de esta Información, o sea, la disposición que la
enzima presenta a unirse con un determinado sustrato (que es el
receptor adecuado de ella), la que explica la posibilidad de
formación del complejo enzima-sustrato.
Lo que las enzimas aportan, entonces, no es energía libre sino
meramente la posibilidad de constituir un estado altamente
neguentrópico con el sustrato (lo cual se concreta en la
formación del complejo enzima-sustrato).
Tampoco alteran el equilibrio –o sea, no modifican las proporciones
en que se encuentran los reaccionantes y productos en el momento del
equilibrio de la reacción-, sino que simplemente aumentan la
velocidad de la reacción.
Desde el momento mismo en que se forma el complejo enzima-sustrato,
la reacción se desencadena; de otra forma, esta reacción podría no
realizarse durante mucho tiempo.
Otra manera de acelerar una reacción química es aumentando su
temperatura, pero esto no puede ocurrir en un organismo vivo sin
consecuencias letales.
Sin embargo, entender cómo aumentan las probabilidades de una
reacción en función del aumento en el número de los choques
moleculares -asociados al incremento de la temperatura-, nos puede
ayudar por contraste a entender cómo actúan las
enzimas.
Gran parte de la energía aportada por el calor se desperdicia en
forma de entropía; es decir, se trata de un uso muy ineficiente de
la energía. Sólo una parte menor de la energía calórica aportada al
sistema, se traduce en energía libre capaz de estimular la reacción.
Con la presencia de las enzimas, en cambio, basta la energía ya
existente en el sistema para que, eficientemente usada, la velocidad
de la reacción se incremente.
Como ya lo dijimos, las enzimas actúan en pequeñas cantidades. La
explicación es sencilla: cada enzima para actuar requiere
simplemente formar cada vez un complejo reversible con su sustrato y
solamente eso. De hecho actúan por su mera presencia física,
generando un estado neguentrópico. Y por esta misma razón, no se
consumen en la reacción.
Su acción no implica ninguna alteración definitiva, ni de tipo
estructural –aunque su estructura momentáneamente se modifique en
algún grado al formarse el complejo- ni de tipo energético, que
implique degradación.
Tal vez sea útil explicar más profundamente las relaciones entre los
conceptos de neguentropía, cantidad de información e Información,
para comprender más plenamente lo que hemos dicho. Para eso nada
mejor que contar la historia del "demonio" de Maxwell.
EL FAMOSO "DEMONIO" DE MAXWELL
El propósito de Maxwell al crear su "demonio" –nombre que le
dio
William Thompson, en realidad-, fue mostrar que la segunda Ley de la
Termodinámica era una ley estadística, o sea, que
describe exclusivamente las propiedades de un sistema formado por un
inmenso número de moléculas.
Imagina Maxwell un gas encerrado en un recipiente, el cual está
dividido en dos partes iguales –A y B- por un diafragma. Se supone
que el gas en A está más caliente que en B, lo cual implica que, si
bien la ley de distribuciones del mismo Maxwell exige que exista
toda la gama de velocidades (o de momentos) tanto en A como en B, el
promedio de energía cinética de las moléculas en A es
más alta que el de las moléculas en B.
Maxwell habla de "un ser sujeto a las leyes naturales", pero
que es capaz de percibir a cada molécula de gas en su movimiento y
velocidad –luego, de percibir cada microestado-.
Además, imagina que existe un agujero en el diafragma, provisto de
una trampa, que este ser es también capaz de abrir y cerrar a
voluntad (o sea, de una manera muy humana).
Lo interesante es que este "demonio" realiza una selección de las
moléculas, de manera tal que permite el paso –a través de este
agujero- de las moléculas rápidas de B hacia A, a la vez que
determina el paso de las moléculas lentas de A hacia B. ¿Cuál es el
resultado de esta acción?
El resultado es que "la energía de A se incrementa y la de B
disminuye; es decir, el sistema caliente se calienta más y el frío
se enfría más, y, sin embargo, no se ha hecho trabajo alguno, sólo
se ha empleado la inteligencia de un ser muy observador y de hábiles
dedos".(Esta cita de Maxwell se encuentra en P.M Harman, 1990,
pp. 168-169)
Todo lo que Maxwell pretendía con su "experimento mental", era
demostrar que no había nada de contradictorio entre el
comportamiento individual de las moléculas -en algunas de las cuales
aleatoriamente se transfiere calor desde una molécula a otra
contra un gradiente térmico-, y el comportamiento
estadístico, en el cual el flujo de calor es siempre
desde el cuerpo más caliente al más frío.
Fue Maxwell precisamente quien convenció a Boltzmann de la
naturaleza estadística de la segunda ley, fundamento de la razón por
la cual se descarta que la entropía aumente en un sistema aislado
como resultado de una necesidad absoluta –aun cuando se considere
sumamente probable que así ocurra-. Sin embargo, el argumento del
"demonio" permitió llegar a conclusiones más allá de lo que
pretendía Maxwell.
Brillouin mostró –al hacer un exhaustivo análisis del "experimento
mental" de Maxwell- que la única posibilidad que tenía el "demonio"
de percibir a las moléculas era usando una fuente luminosa, tal como
una lámpara, dado que estaba al interior de un "cuerpo negro". Es
decir, debido a la ausencia de luz, el "demonio" se encontraba a
ciegas.
Pero la absorción de la radiación por parte del sistema aumenta la
entropía de éste, más de lo que hubiera podido disminuir por la
acción neguentrópica del "demonio". Luego, no hay contradicción con
la segunda ley de la Termodinámica. (Leon Brillouin, 1956, p.68)
De aquí derivan ciertas consecuencias sumamente importantes.
Brillouin concluyó lo siguiente: toda medición física
implica necesariamente un aumento correspondiente de
la entropía. Existe incluso un límite inferior (cuando
ΔN es del orden de magnitud de k,
la constante de Boltzmann; lo que corresponde casi a un bit),
por debajo del cual toda medición es imposible.
En otras palabras, en toda medición física existe una interacción
consumidora de energía, por la cual la cantidad de información
adquirida por el "demonio" –que le permitiría reducir la entropía
del sistema- tiene de todas maneras un costo en energía que se debe
pagar. (Leon Brillouin, 1956, p.162)
Es a partir de este análisis del "demonio" de Maxwell, que Brillouin
establece la equivalencia entre información y neguentropía,
llamándole "el principio de neguentropía de la información".
De esta manera la información puede ser transformada en neguentropía
–caso del "demonio", quien con su selección se opone al aumento de
la entropía del gas-, y viceversa –adquisición de conocimiento-; o
sea:
neguentropía ↔
información.
Brillouin agrega: si la transformación es reversible, no hay
pérdidas –que parece ser el caso de la acción enzimática-, mientras
que éstas se producen siempre cuando la transformación es
irreversible.
En resumen: toda experiencia que permita obtener información
relativa a un sistema físico, conduce –en promedio- a un aumento de
la entropía en el aparato de medida (en el caso del "demonio" sería
en su sistema receptor de señales). Y este aumento medio es siempre
superior (o, en el mejor de los casos, igual) a la cantidad de
información obtenida. (Leon Brillouin, 1956, p.178)
EL "DEMONIO" DE MAXWELL Y LAS ENZIMAS
Veamos, ahora, cómo Jacques Monod establece la relación entre la
neguentropía y la acción enzimática:
"La clave de la paradoja fue dada por León Brillouin,
inspirándose en un trabajo anterior de Szilard: demostró que el
ejercicio de sus funciones cognitivas por el demonio debía
necesariamente consumir una cierta cantidad de energía que, en
el balance de la operación, compensaba precisamente la disminución
de entropía del sistema. En efecto, para que el demonio cierre la
trampa con conocimiento de causa, es preciso que antes haya medido
la velocidad de cada partícula de gas. Luego, toda medida, es decir
toda adquisición de información, supone una interacción
consumidora de energía. Este célebre teorema es una de las fuentes
de las concepciones modernas relativas a la equivalencia entre la
información y la entropía negativa."(Jacques Monod, 1971, p.71)
Hasta este momento, Monod no ha hecho otra cosa que resumir los
conceptos ya estudiados por nosotros. Pero lo que sigue en el texto
es de la máxima importancia:
"Este teorema nos interesa en nuestro caso por el hecho de que
las enzimas ejercen precisamente, a escala microscópica, una
función creadora de orden. Pero esta creación de orden, como
hemos visto, no es gratuita; ella tiene lugar a expensas de un
consumo de potencial químico. Las enzimas en definitiva
funcionan exactamente a la manera del demonio de Maxwell corregido
por Szilard y Brillouin, drenando el potencial químico en las vías
escogidas por el programa del que ellas son las ejecutantes".(Los
destacados son nuestros.) (Jacques Monod, 1971, p.71)
Es sugerente que Monod mencione la palabra "programa", al referirse
a las enzimas. El "programa enzimático", por denominarlo de alguna
manera, no es otro que la Información que la enzima
trae consigo desde su biosíntesis proteica a partir del genoma.
Del texto anterior parece derivarse que la única fuente del orden
mediado por las enzimas, surge a partir de lo que Monod llama el
"potencial químico". Pero es evidente que el potencial químico no
explica la existencia del programa, sólo explica su ejecución. En
otras palabras, el programa -o sea, el orden- preexiste, a través de
las enzimas, a la acción de ordenar.
Se podría comparar a la acción de ordenar un aposento. Es verdad que
el trabajo realizado no sólo tiene un costo en energía, sino que
sería imposible sin ese gasto energético. Pero este ejemplo nos
muestra que hay algo más que es necesario para llevar
a cabo dicha acción. Ese algo más es el tipo de orden
que el ejecutante del trabajo tiene en su mente. Ése, exactamente,
es el programa.
Pero no debemos confundirnos con este ejemplo en particular, ya que
el orden en cuanto cierta idea de orden es un ente
mental que existe exclusivamente porque existen seres humanos
capaces de pensarlo.
Como explicábamos en nuestro trabajo de investigación Una nueva
teoría acerca de las "diluciones homeopáticas", se suele hacer
uso de un concepto antropomórfico de Información –como lo muestra el
ejemplo del "demonio" de Maxwell, por otra parte-.
Al igual que sucede con el resto de la naturaleza, también en el
caso del ser humano el programa, vale decir, la idea
de orden que tenga –cualquiera que sea- es siempre producto
de alguna Información activa. El orden no es creación
humana. En cambio, se admite acríticamente que ciertos
programas pudieran ser una creación exclusiva del cerebro humano. En
realidad, ningún programa es Información activa, sino su
consecuencia, o sea, es siempre Información pasiva.
Ahora, lo que es propio del ser humano respecto de cualquier
programa, es que tiene la capacidad de seguirlo o no.
Se trata aquí del uso humano de la Información, pero
esta misma no es un patrimonio exclusivo del ser
humano ni mucho menos.
La diferencia más significativa que tiene la Información tal cual es
usada por el ser humano, en relación con la Información tal cual se
presenta espontáneamente en el mundo, está en el empleo teleológico
que le da –es decir, en función de metas, y por tanto del futuro-.
En cambio, para los animales, las plantas y los microorganismos así
como para las enzimas, el futuro simplemente no existe.
Sin duda que la Información almacenada en una enzima ya viene con
ella y no depende del potencial químico sino en un sentido muy
restringido, en el único sentido de que, al hacerse activa
esa Información, usa la energía interna del sistema –la energía
presente en la célula- para ejecutar su acción.
Ahora bien, si comparamos dos programas (softwares), uno de
ellos con más bits que el otro –es decir, con mayor
cantidad de información-, podremos observar que posee, a
consecuencia de ello, una capacidad también mayor de
realizar trabajo. En un lenguaje muy sencillo diríamos que "se
pueden hacer más cosas con él". Éste es un hecho que merece un mayor
comentario.
La diferencia en cantidad de información trasunta una diferencia de
energía potencial entre ambos programas –lo cual se expresa en la
cantidad de trabajo que se puede realizar con cada uno de ellos-.
¿De dónde surge esa diferencia cuantitativa de energía?
Como ya sabemos, toda adquisición de información supone una
interacción consumidora de energía. Podemos, entonces, establecer el
siguiente principio: hay una equivalencia entre la
cantidad de información obtenida y la energía
consumida en su consecución.
Sin embargo, la cantidad de información adquirida –para conseguir la
cual se necesitó realizar cierto trabajo, es decir, gastar una
cierta cantidad de energía-, corresponde a un cierto determinado
nivel de complejidad del sistema mismo acerca del cual
se adquirió dicha cantidad de información.
Por ejemplo, la compleja estructura terciaria de una determinada
enzima, es la causa de que necesitemos gastar una cierta cantidad de
energía para obtener la cantidad de información con la cual la
representamos.
Entonces el principio de equivalencia posee otra faceta: se trata de
la equivalencia entre la cantidad de información que realmente
hay allí, en el sistema en estudio, y la energía gastada
en adquirir dicha cantidad de información.
La cantidad de información, entonces, mide la adquisición, por
parte de un sujeto (o sea, de manera subjetiva), de aquello
que, desde la perspectiva del sistema mismo (o sea, de manera
objetiva), es Información.
Podríamos decir que la Información es la disposición
que tiene el sistema en estudio, para producir una determinada
cantidad de información en el sujeto.
De manera que esa disposición es la energía, propia del
sistema, que es cuantitativamente equivalente a la energía
mínima necesaria para adquirir la cantidad total de información del
sistema. En consecuencia, esa energía potencial debe considerarse en
el balance final de energías del sistema.
Así, por ejemplo, en la acción enzimática, la energía potencial que
la enzima aporta al complejo enzima-sustrato es equivalente
a la energía de activación que la reacción química catalizada
requeriría en ausencia de enzimas. Pero se trata de una
energía no-degradable (que no se consume).
Hablamos de una energía que no se degrada porque pertenece a la
estructura fundamental del sistema que sea el caso –en este caso, a
la enzima-, vale decir, que sin esa energía el sistema se
desintegraría. Esa energía no-degradable es Información.
Se trata de una energía que pertenece al sistema y que
es independiente del sujeto, pero que implica un trabajo potencial
que puede ponerse de manifiesto al interactuar con algún
sujeto, y que puede igualmente ponerse de manifiesto al
interactuar con otros objetos –caso de la enzima al
interactuar con su sustrato-.
Pues bien, la energía que sí se degrada es la energía aportada por
el sujeto que mide el sistema –que adquiere información acerca de
él-, en el proceso de interacción; o aquella aportada por el objeto
(y su entorno) que sea capaz de interactuar con ese mismo sistema
–caso del sustrato respecto a la enzima-. En este último caso, se
trata del potencial químico al cual se refiere Monod.
LA ESPECIFICIDAD ENZIMÁTICA
Comencemos con una cita de Jacques Monod:
"Se puede, sin simplificar casi, admitir que cada enzima, en el
organismo, ejerce su actividad catalítica en un solo punto del
metabolismo. Es ante todo por su extraordinaria electividad
de acción que las enzimas se distinguen de los catalizadores no
biológicos empleados en laboratorio o en la industria. Entre estos
últimos los hay muy activos, es decir capaces en muy pequeña
cantidad de acelerar considerablemente diversas reacciones. Ninguno
de estos catalizadores, no obstante, se aproxima en especificidad de
acción a la enzima más vulgar.
Esta especificidad es doble:
-
Cada enzima no cataliza más que un solo tipo de reacción.
-
Entre los cuerpos, a veces muy numerosos en el organismo,
susceptibles de sufrir este tipo de reacción, la enzima, por regla
general, no es activa más que con respecto a uno solo".(Jacques
Monod,
1971, pp.60-61)
Sin duda que la especificidad de la acción
enzimática es lo más misterioso de su conducta biológica. Todavía
más si se piensa en que están controladas por el genoma,
lo que significa que es una especificidad adquirida a través de la
evolución. El genoma produce exactamente las enzimas que se
requieren.
El mecanismo de formación del complejo enzima-sustrato implica no
solamente que, para cada caso considerado en sí mismo, la enzima
actúa específicamente sobre su sustrato; sino que implica también
que existen proteínas controladas genéticamente que presentan la
disposición universal de actuar en presencia de un sustrato
determinado -y sólo de ese sustrato- y también de una manera
determinada. O sea, hay una Información biológica.
Ciertamente que la adquisición evolutiva de un mecanismo
enzimático general, como el implicado por la operación de la
Información de la enzima, es mucho más probable –y eficiente- que la
adquisición evolutiva de innumerables mecanismos parciales
restringidos a cada enzima en particular.
Tal vez sea posible encontrar una explicación para cada caso
individual de especificidad, explicación que variará de caso en
caso, pero no parece ser posible encontrar una explicación
fisicoquímica que sea universal, o sea, que de cuenta de todo
tipo de especificidad, tanto real como posible.
"Las interacciones que se establecen entre la enzima y el
sustrato para formar el complejo son de diversa índole en cada
caso particular, de acuerdo con la estructura del sustrato y del
sitio de unión en la enzima." (El segundo destacado es nuestro.)
(Hermann Niemeyer, 1974, p.99)
Vale decir, no parece existir un concepto general de
especificidad biológica. Se ha recurrido a los más diversos factores
para explicar la disminución de la energía de activación (cercanía
de grupos reaccionantes, orientación de ellos, influencias
inductivas o de otra naturaleza, etc.), que justificarían esta
especificidad.
En otras palabras, se razonaría así: como la enzima tal
presenta las características físico-químicas que permiten que la
formación del complejo con tal sustrato sea posible,
quiere decir entonces que dicha enzima presenta especificidad
con ese tal sustrato.
Sin reparar en que no es porque existen tales factores que la enzima
es específica, sino que porque es específica es que
presenta tales factores.
Y que es precisamente la formación en general de
cualesquiera sea el complejo lo que hay que explicar, o sea, el
porqué cada enzima en cada caso particular presenta tales
condiciones favorables a la formación del complejo.
No es, en resumen, la formación del complejo enzima-sustrato –con
las condiciones que lo hacen posible- la causa de la especificidad,
sino su efecto.
La teoría de la llave-cerradura es, más allá de su insuficiencia
explicativa (se sabe que no explica todos los casos de actividad
enzimática), una buena demostración de este error de perspectiva. La
llave coincide con su cerradura por razones particulares de cada
llave y de cada cerradura.
Porque la llave es así y así y porque la cerradura es así y así,
entonces ambas coinciden. De la misma manera, como enzima y sustrato
afortunadamente coinciden se forma el complejo enzima-sustrato.
Pero esta explicación desconoce el hecho de que entre el sitio
activo de la enzima y el sustrato existe, desde antes de la
formación del complejo, una semejanza
estructural que permite que la formación de ese complejo sea
posible.
La metáfora de la llave y la cerradura resulta comprensible porque,
en algún momento de la historia humana, un determinado ser humano
inventó el sistema dentro del cual la llave y la cerradura y la
adecuada articulación entre ambas tiene sentido.
La forma particular de cada llave, así como la forma particular de
cada cerradura y, además, la coincidencia entre ellas, se entienden
solamente a partir de la idea que esta invención viene
a consumar –por ejemplo, la idea de proporcionar seguridad-.
Pero, que determinado sustrato coincida tan perfectamente con el
sitio activo de una también determinada enzima, requeriría que un
cerrajero suprahumano lo haya creado así ex profeso, y así
para cada caso.
De otra manera, ¿por qué cada uno de los innumerables casos
coincidirían en este afortunado resultado único, y haciéndolo además
por tan diferentes caminos (o mecanismos)?
¿No sería más simple –y, por tanto, más probable- un mecanismo común
a todos los casos?
Es decir, la explicación de cada caso en particular nos parece
razonable sólo porque, inadvertidamente, los vemos como casos
parciales de una idea general. Mas esta idea general no existe, es
sólo una metáfora, luego lo único que encontramos es una cantidad
gigantesca de explicaciones aisladas (una por cada enzima).
El reconocimiento de esta incoherencia ha dado lugar, probablemente,
a la necesidad de plantear una nueva hipótesis respecto a la
formación del complejo enzima-sustrato:
"La fijación del sustrato en una enzima representaría fuerzas
adicionales a las propias de la proteína que contribuirían a dar una
determinada conformación a la enzima y a configurar con precisión el
sitio activo (hipótesis del encaje inducido, de Koshland)."
(Hermann Niemeyer, 1974, p.99)
Esta hipótesis no hace otra cosa, según nuestro criterio, que
mostrar el poder ejecutivo de la Información. Las "fuerzas
adicionales a las propias de la proteína" son la expresión del
efecto que la Información enzimática produce en el
sustrato al interactuar con él.
Esta semejanza estructural a la que hacíamos referencia hace un
momento, es, en último término, una semejanza informacional
entre la enzima y su sustrato que está determinada
genéticamente. El significado de la Información
enzimática es su sustrato. Se trata de lo que Monod
llama la "propiedad estereoespecífica", es decir, "su capacidad
de ‘reconocer’ a otras moléculas según su forma, que es
determinada por su estructura molecular. Se trata, literalmente, de
una propiedad discriminativa (sino ‘cognitiva’) microscópica".
(Jacques Monod, 1971, p.58)
Se podría decir que esta semejanza informacional constituye la
expresión más importante de la adaptación del
organismo al medio.
Existe sin duda una estrecha relación de semejanza entre las
proteínas endógenas y las diversas moléculas exteriores, o, más
propiamente, entre las Informaciones del genoma y las Informaciones
ambientales.
Alguna luz acerca de lo que llevamos dicho, puede arrojar el
siguiente hecho. Según un estudio del Instituto de Antropología
Evolutiva de Leipzig, las diferencias entre el ser humano y su
pariente más próximo, el chimpancé, no están determinadas por los
genes -que ambas especies comparten en un 98,7%-, sino por las
proteínas que dichos genes sintetizan.
En otras palabras, y según como nosotros interpretamos este hecho,
el genoma tanto del ser humano como el del chimpancé serían
extremadamente parecidos porque almacenan casi las mismas
Informaciones. Sin embargo, muchas de esas Informaciones
permanecerían en el chimpancé en estado latente, y de
ahí que produzca menos proteínas que el ser humano.
También sería comprensible desde esta perspectiva, que, de la mayor
cantidad de proteínas producidas por el ser humano, la mayoría sean
proteínas cerebrales. El impacto de la cultura sobre el cerebro no
puede ofrecer ningún tipo de dudas. Vale decir, el cerebro del
chimpancé se enfrenta a desafíos mucho menos ricos –especialmente en
variedad- que el cerebro del ser humano; o sea, las Informaciones
genéticas humanas son disposiciones que encuentran una mayor
cantidad de receptores disponibles en su entorno
cultural para su acción.
En breve, hay en él un mayor número de Informaciones activas
en forma de proteínas y, por tanto, de enzimas. La
diferencia cualitativa más concreta entre el ser
humano y el chimpancé está, entonces, principalmente en las enzimas.
Ahora bien, volviendo de esta digresión, digamos que la verdadera
explicación del mecanismo enzimático es, para nosotros, la
siguiente: el complejo se constituye a raíz de que la enzima
elige su sustrato porque posee la Información
correspondiente a él. La Información que la enzima posee le hace
actuar en presencia del sustrato adecuado y de una manera
predeterminada.
Y sólo una vez formado el complejo enzima-sustrato, la
energía interna del sistema puede ser utilizada para acelerar la
velocidad de la reacción química que sea el caso.
De manera, entonces, que una disposición tan improbable como puede
ser la disposición a actuar específicamente para formar un complejo
exclusivamente con un determinado sustrato, se ha convertido en una
disposición altamente probable plasmada en una estructura enzimática.
Lo que en su origen pudo ser alguna vez un descubrimiento de la
vida, ha pasado a ser una adquisición capaz de transmitirse
genéticamente.
La Información perdura a través de las generaciones sin destruirse
jamás, de genoma en genoma, y se actualiza por medio de las enzimas
durante la vida de cada individuo. No son las moléculas de ADN o de
ARN ni tampoco las moléculas proteicas las que permanecen en el
tiempo sino la Información (pues las enzimas se degradan y
sintetizan constantemente). Frente al cambio molecular, la
persistencia de la Información asegura la identidad biológica.
LA ESPECIFICIDAD COMO MANIFESTACIÓN DE LA
INFORMACIÓN
Siendo el fenómeno de la especificidad lejos el más
significativo con respecto a la acción de las enzimas, y aun a
riesgo de repetirnos, examinaremos críticamente a continuación las
conclusiones de un texto de Bioquímica muy importante.
"Hay dos principios fundamentales que están interrelacionados y
que proporcionan una explicación general de cómo funcionan las
enzimas. Primero, el poder catalítico de las enzimas proviene en
último término de la energía libre emitida al formarse los múltiples
enlaces débiles e interacciones que se producen entre la enzima y su
sustrato. Esta energía de fijación proporciona tanto
especificidad como catálisis. Segundo, las interacciones débiles
son óptimas en el estado de transición de la reacción; los sitios
activos de las enzimas son complementarios no a los sustratos per
se, sino a los estados de transición de las reacciones que catalizan."
(Los destacados son nuestros.) (A. Lehninger, D. Nelson, M. Cox,
1995, p. 205)
El primer principio enunciado nos merece el siguiente comentario:
Se sostiene que la energía de fijación –o sea, la energía
proveniente de la interacción enzima-sustrato-, es la principal
fuente de la energía libre usada para disminuir la energía de
activación de cada reacción.
Si antes de la formación del complejo enzima-sustrato, las moléculas
de agua como disolvente se ordenaban alrededor del soluto con sus
puentes de Hidrógeno (capa solvatada), pasan luego a ser desplazadas
por la enzima (desolvatación) que, con sus enlaces no-covalentes
(puentes de Hidrógeno e interacciones iónicas, hidrofóbicas y de van
der Waals), estabiliza el sistema de una mejor manera.
Y se supone que la suma de las energía libres liberadas por este
proceso, las que consideradas individualmente son muy pequeñas, sí
serían suficientes para desencadenar la reacción química que sea el
caso.
Sin embargo, el punto clave es el siguiente: si se afirma que la
energía de fijación es, a la vez, la explicación de la
catálisis y de la especificidad, algo queda sin explicación.
Veamos, si se considera que "la especificidad se refiere a
la capacidad de una enzima de discriminar entre dos sustratos
competitivos", entonces esta capacidad de discriminación se
explica porque "si el sitio activo de una enzima tiene grupos
funcionales ordenados de manera óptima para formar una serie de
interacciones débiles con un sustrato determinado en el estado de
transición, la enzima no podrá interaccionar tan bien con ningún
otro sustrato". (A. Lehninger, D. Nelson, M. Cox, 1995, p. 207)
Pero el decir que "la enzima no podrá interaccionar tan bien con
ningún otro sustrato" es una expresión sinónima de "la enzima
presenta una especificidad por ese determinado sustrato".
Es decir, no se ha explicado nada. Lo que hay que explicar es el
porqué el sitio activo de la enzima presenta, en cada caso, las
condiciones óptimas para que determinado sustrato, y sólo ese
sustrato, pueda interactuar tan eficazmente.
En cambio, si partimos de la especificidad, podremos explicar que es
precisamente porque presenta esa especificidad que su
"sitio activo tiene los grupos funcionales ordenados de manera
óptima para formar una serie de interacciones débiles con" ese
determinado sustrato. Y así formará tantas interacciones
débiles como sean necesarias para cumplir su cometido.
Ahora bien, si la suma de las energías libres liberadas al formarse
el complejo enzima-sustrato mediante enlaces no-covalentes, es la
explicación de la catálisis misma, o sea, de la reducción de la
energía de activación requerida por la reacción química
correspondiente, entonces la catálisis enzimática será también una
consecuencia de la especificidad.
De otra forma, se trataría de dos hechos azarosos que,
increíblemente, se reúnen para hacer posible la existencia de la
catálisis enzimática. Por un lado, el hecho de la especificidad, y,
por otro lado, el hecho de poseer la cantidad precisa de energía
libre requerida.
Nosotros pensamos que, en primer lugar, la Información explica la
especificidad, y ésta explica la formación del complejo
enzima-sustrato; luego, al formarse este complejo, la suma de las
energías libres liberadas podría, consecuentemente, ser quizá una
explicación de la catálisis enzimática.
Con respecto al segundo principio formulado, debemos decir lo
siguiente:
Si el sitio activo de la enzima "tiene los grupos funcionales
ordenados de manera óptima para formar una serie de interacciones
débiles con un sustrato determinado", eso ya requiere de
una explicación.
Ahora, si agregamos que los sitios activos de las diferentes enzimas
son complementarios no a los sustratos tales cuales son en sus
estados estables, "sino a los estados de transición de las
reacciones que catalizan", es todavía más necesario encontrar
una explicación.
Y la explicación que nos parece más razonable es aquella que
considere un concepto –como el concepto de Información- que explique
cómo puede ser posible que los grupos funcionales del sitio activo
de la enzima sean, en cada caso, los exactamente adecuados. No puede
ser simple coincidencia que esos grupos funcionales correspondan a
los que cada sustrato requiere, no en sus estados estables sino en
sus estados de transición, y con el conjunto de las interacciones
débiles que, también exactamente, se requieren desde un punto de
vista energético.
En cambio, la Información puede explicar –por la disposición
que presenta a unirse con un determinado sustrato- la
formación del complejo enzima-sustrato, el cual presentará
necesariamente, a consecuencia de ello, en el sitio activo de la
enzima "los grupos funcionales ordenados de manera óptima para
formar una serie de interacciones débiles con" ese "sustrato
determinado en el estado de transición".
Un último punto que nos gustaría tratar, antes de pasar al tema
netamente médico, es el siguiente: la importancia del agua.
No solamente el sustrato posee una capa solvatada que lo envuelve
sino que esto también es cierto con respecto a la enzima. Pues bien,
el agua participa con toda seguridad en la transmisión de la
Información que pone en contacto a la enzima con el sustrato.
Los puentes de Hidrógeno de los polímeros acuosos, cumpliendo un
papel parecido al que cumplen en la preparación de las "diluciones
homeopáticas", entran en resonancia con los enlaces no-covalentes
tanto del sustrato como de la enzima.
De esta manera cumplen la función de medio de transmisión
de la Información, al permitir que las resonancias se difundan a
través del medio acuoso celular. Podemos esperar, entonces, que el
acercamiento entre enzima y sustrato se realice de una forma más
fácil y más rápida.
LAS PATOGENESIAS Y LA INFORMACIÓN
Hasta aquí hemos examinado la acción enzimática bajo el supuesto
de la perfecta salud. Pero sabemos por dolorosa experiencia que no
siempre es así. Que existen las enfermedades y que el ser humano ha
respondido a ese reto por medio de la Medicina.
Samuel Hahnemann, un genio de la Medicina, a quien no se le ha hecho
el reconocimiento universal que se merece, creó la Homeopatía.
Mas no se trata de una terapéutica más, sino de toda una nueva
concepción acerca de la salud y la enfermedad. Sin embargo, la
Homeopatía, más allá de sus indiscutibles éxitos terapéuticos,
presenta en sus fundamentos misterios que es preciso aclarar.
Uno de estos misterios es: ¿qué es aquello que hay físicamente
en una "dilución homeopática", más allá de su efecto biológico y de
su efecto terapéutico? La respuesta a esta pregunta la dimos en
Una nueva teoría acerca de las "diluciones homeopáticas".
Otro misterio tiene que ver con la ley que sirve de fundamento a su
acción terapéutica, la ley de los semejantes. En ¿Es
la llamada "ley de los semejantes" una ley científica?,
procuramos mostrar que se trata de una ley auténticamente
científica.
Y el tercer misterio que encierra la Homeopatía guarda relación con
su efecto a nivel biológico. Al esclarecimiento de
este misterio hemos dedicado la presente investigación.
Habiendo ya explicado –esperamos que satisfactoriamente- el
mecanismo de acción enzimática, nos queda aún por explicar de qué
manera el medicamento homeopático, al actuar como una
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