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WASHINGTON, jun (IPS) Los organismos genéticamente modificados
(OGM) o transgénicos alteran el proceso natural de evolución
de las especies, advirtió una organización no gubernamental
ambientalista estadounidense.
El Instituto de Investigación Energética y Ambiental (IEER,
por sus siglas en inglés) señala en un informe que complejas
relaciones entre genes y ecosistemas implican riesgos no
evaluados de los OGM.
El informe, titulado "Ecología y genética: Un ensayo sobre la
naturaleza de la vida y el problema de la ingeniería
genética", fue dado a conocer el lunes, en la víspera del Día
Mundial del Medio Ambiente.
No sabemos en forma cabal de qué modo interactúan la
estructura genética de los seres vivos y los ecosistemas, y
eso significa que no podemos prever los efectos de los OGM en
el ambiente, sostuvo el presidente del IEER y autor del
estudio, Arjun Makhijani.
Makhijani tomó como ejemplo las manchas de la piel de los
jaguares, que les sirven como camuflaje cuando buscan presas
al atardecer.
La información genética del jaguar determina la presencia de
esas manchas, que también pueden ser consideradas como
expresión biológica de la distribución de luz y sombra en los
bosques, indicó.
La evolución del jaguar durante un largo período histórico lo
ha adaptado al bosque, mediante la creación de un complejo
dispositivo de estructuras genéticas interconectadas, pero el
proceso es muy distinto cuando se introduce en el ambiente una
especie genéticamente modificada, explicó.
Mutaciones como las manchas del jaguar se producen en la
naturaleza con grandes intervalos de tiempo, y nunca aparecen
de modo simultáneo en millones de organismos, sino que
resultan de la selección natural a partir de casos
esporádicos, con resultados distintos en distintos ambientes,
apuntó.
Cuando se introducen en el ambiente, en escala masiva, OGM que
no podrían haber surgido en forma natural, como ocurrió en
Estados Unidos con el maíz transgénico llamado Bt, "deberíamos
esperar sorpresas desagradables", aseguró.
El maíz Bt, que en la actualidad es 25 por ciento del total en
Estados Unidos, contiene un gen de la bacteria bacillus
thuringiensis, que le hace producir una sustancia
pesticida.
Científicos de la universidad estadounidense de Cornell
aplicaron polen de maíz Bt a plantas de algodoncillo, de las
cuales se alimentan las mariposas de la variedad llamada
monarca y que crecen cerca de plantaciones de maíz.
En el marco del experimento se registró la muerte de 44 por
ciento de las larvas de las mariposas que comieron polen de
maíz Bt, y sobrevivieron todas las larvas de un grupo de
mariposas alimentadas con polen de maíz no transgénico.
El significado ecológico de ese experimento no es por completo
claro, pero el IEER consideró evidente que el maíz Bt fue
introducido en gran escala en el ambiente sin que se hubiera
evaluado en forma suficiente su efecto en los ecosistemas.
"¿A cuántas otras especies vegetales y animales puede afectar
(ese maíz transgénico)?", preguntó Makhijani.
El ser humano tiene muchos menos genes que los que se pensaba,
y eso ha demostrado que los rasgos que diferencian a una
persona de un chimpancé se deben en gran medida a la
interacción de los genes con el ambiente o entre sí, arguyó.
"No comprendemos las interacciones entre el genoma y los
ecosistemas en forma suficiente para realizar estimaciones
confiables del impacto ambiental de nuevas estructuras
(genéticas)", afirmó.
El Consejo Nacional de Investigación de la estadounidense
Academia Nacional de Ciencias divulgó el año pasado un informe
en el cual apoyó en términos generales el desarrollo de OGM,
aunque destacó la necesidad de investigar más su impacto
ambiental de largo plazo.
"La ingeniería genética puede causar daños imprevistos a
individuos o a grandes extensiones de cultivos. Sólo debería
practicarse en laboratorios y bajo estricto control", dijo a
IPS el especialista en biología molecular y biología celular
Richard Strohman, de la estadounidense Universidad de
California.
El investigador Channapatna Prakash, del Centro de
Biotecnología Vegetal de la estadounidense universidad de
Tuskegee, alegó en cambio que los agricultores han modificado
especies vegetales durante siglos, y que casi todas las
plantas cultivadas en la actualidad en el país son cruzas o
híbridos.
"No conozco evidencia empírica de que el flujo de genes
provenientes de vegetales transgénicos implique riesgos
distintos que el flujo de genes proveniente de otros
vegetales", comentó.
El informe del IEER es "opinión disfrazada de ciencia", e
"ignora el hecho de que hay continuo intercambio de genes
entre especies en condiciones naturales", señaló Val Giddings,
especialista en genética de la Organización de la Industria
Biotecnológica, un grupo empresarial.
La ingeniería genética permite en la actualidad que los
procesos de mutación de especies sean más controlados que
nunca, aseguró.
La especialista en neurología pediátrica Martha Herbert, de la
estadounidense Escuela de Medicina de Harvard, opinó en cambio
que la ingeniería genética no es más precisa que los
cruzamientos que se producían antes del desarrollo de esa
disciplina.
"Las fantasías acerca de la precisión revelan grave negación
de lo que sucede al aplicar técnicas de ingeniería genética",
que no permiten prever en qué parte del genoma receptor se
ubicarán los genes implantados, apuntó la médica, preocupada
por el peligro de alergias asociadas con el consumo de OGM.
Un gen implantado puede alterar la acción normal de un gen del
receptor, o poner en funcionamiento a otros que eran inactivos
antes de la intervención biotecnológica, enfatizó.
El presidente de la organización no gubernamental
ambientalista Amigos de la Tierra, Brent Blackwelder, sostuvo
que el informe del IEER es el análisis "más profundo y más
atemorizante" divulgado hasta ahora sobre el potencial impacto
de los OGM.
"Ese trabajo abrirá un nuevo y más profundo debate que pondrá
en tela de juicio la propia naturaleza del experimento
biotecnológico agrícola en curso", aseveró.
(NOTA
1)
http://www.tierramerica.net/2001/0610/noticias2.shtml
(al texto)
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