|
El llamado “Dogma Central” de la Biología molecular, en el que
estaba basada la interpretación del funcionamiento y
variabilidad de los organismos, explicaba el flujo de la
información genética “contenida en el ADN” de forma linear y
unidireccional hacia el ARN y la proteína. Una concepción que
sustentaba las ideas de que los organismos estaban rígidamente
determinados por su “composición genética”, de que “los genes”
mutaban al azar y de que los individuos poseedores de “mejores
genes” dejaban más descendencia o, lo que es lo mismo, la
teoría neodarwinista de la evolución por selección natural.
Sin embargo, desde hace mucho tiempo, existen datos
científicos que descalifican esta concepción. Desde que, en
1951, Bárbara McClintock demostrase la existencia de
elementos móviles en los genomas, se han venido sucediendo
un creciente numero de hallazgos que la contradicen de una
forma incuestionable: al descubrimiento, en 1970, de la
transcripción inversa por Temin y Baltimore, le han
seguido los de la epigénesis, el splicing
alternativo y la edición de ARN, las duplicaciones
y reorganizaciones genómicas... Finalmente (por el momento),
la evidencia de que la información genética no está inscrita
en una secuencia de ADN, sino que es el resultado de complejos
fenómenos de regulación génica, por los que una misma
secuencia puede tener muy diversas funciones según su
situación en el genoma, la actividad de otras secuencias, el
momento en que se exprese y, especialmente, las condiciones
ambientales en que lo haga, ha puesto de manifiesto la
existencia de un flujo constante de información entre los
genomas y el entorno y ha cambiado radicalmente el concepto de
información genética, lo que ha supuesto el fin del “Dogma
Central” y, como consecuencia, de las interpretaciones de los
fenómenos naturales derivadas de él.
En este estado de los conocimientos, resulta dramáticamente
irracional (mucho más, teniendo en cuenta que se trata de una
actividad científica) el mantenimiento de conceptos, términos
e interpretaciones de los fenómenos biológicos cuyo origen
(cuya base científica) se encuentra en una concepción de éstos
que se ha demostrado definitivamente errónea. La necesidad de
elaborar una nueva base teórica capaz de integrar y explicar
coherentemente todos estos descubrimientos se hace, no sólo
evidente desde el punto de vista científico, sino perentoria,
dado que las investigaciones aplicadas y las manipulaciones de
fenómenos que estamos muy lejos de comprender y mucho menos
controlar, están impulsadas por objetivos e interpretaciones
derivados de una concepción de la información genética y de
las relaciones entre los organismos y el entorno ancladas en
la obsoleta visión reduccionista y competitiva de la
Naturaleza. Porque las consecuencias de esta actitud pueden
conducir, no sólo a un camino estéril desde el punto de vista
científico, sin también a graves riesgos para toda la
Humanidad.
|