|
Existe la creencia de que la evolución sólo se da con base en
la competencia pero cuando la competencia llega al límite,
donde ganar implica la propia destrucción y la del ambiente,
no queda sino cooperar.
Una visión amplia de la evolución nos indica que primero es
cooperar y después competir; es decir, las prioridades están
invertidas. Ejemplos sin número existen para demostrar esto:
los cardúmenes de peces existen por la cooperación entre los
individuos que se unen para sobrevivir al ataque de los
predadores. Incluso es tan fuerte este instinto de cooperación
que los peces se turnan las posiciones donde están más
expuestos o guarnecidos a dichos ataques. Está es una
cooperación inter-especies que se repite en todos los niveles
de complejidad de los organismos. Esta tendencia a la
cooperación es lo que permitió sobrevivir a los primeros
Homo sapiens y, a fin de cuentas, aquellos orgánulos que
se agregaron a las células eucariotas o aquellos virus que se
incrustaron en el ADN y no solo sobrevivieron sino que fueron
los que evolucionaron en una célula.
La cooperación implica que cada elemento del sistema cumpla
con una responsabilidad global. Esta responsabilidad es
una propiedad ontológica en todos los seres de la naturaleza,
exceptuando al ser humano quien la ha perdido y no tiene
interés en reaprenderla y reflexionarla.
La cooperación inter-especies en los ecosistemas es
indispensable para la sobrevivencia de los ecosistemas. Hemos
podido observar en varios ecosistemas en peligro de extinción,
como la interrelación de las especies constituyen una
cooperación que aparenta ser competencia. Como ejemplo: el
parque Serengueti es un ecosistema que aunque muy degradado
permite observar lo anterior; en las áreas en las cuales el
equilibrio entre presas y depredadores se mantiene se puede
observar como los carnívoros grandes como el león matan a las
presas grandes como el ñu o la cebra. Cuando todavía están
comiendo empiezan a llegar predadores y carroñeros de otras
especies que aparentemente quieren competir con el león por la
comida. Pero en realidad lo que aparenta ser una competencia
es solo el instinto de alimentarse que los hace apresurar su
turno para comer, pues los leones hacen la tarea pesada,
descuartizan y comen los grandes trozos de carne. Después
otros predadores o carroñeros como los buitres comen las
entrañas y dejan tendones y cartílagos para hienas o chacales.
Después los insectos se encargan de terminar la limpieza para
que el equilibrio del ecosistema se sostenga limpio y con un
mínimo de especies dañinas. Esto fácilmente se puede comprobar
en los lugares donde hay una escasez de predadores. Hemos
podido observar una cebra muerta por un auto, escoltada por
una bandada de buitres que no podían comer por no estar rota
la piel y estaban esperando que se descompusiera la carne para
poderlo hacer. En ese lugar el olor era insoportable y había
una gran cantidad de moscas y otros insectos que mientras
esperaban los acontecimientos no dejaban de atacar a otros
animales incluyendo los observadores humanos.
Esta cooperación intra-especies se da también entre vegetales
y animales. En las selvas húmedas del bajo Nepal hemos podido
observar la diferencia que hace el paso de un vehículo
motorizado con respecto al paso de un elefante o un
rinoceronte en los altos pastizales de su hábitat. Es
sorprendente ver como la pisada de estos grandes animales en
vez de dañar el terreno lo benefician al hundir sus patas en
el cieno y producir una oxigenación en éste, lo que mantiene
los pastizales en muy buen estado. Y una vez que el animal
pasa el pastizal se vuelve a cerrar y no se daña en lo
absoluto. Pero cuando un vehículo automotor sustituye al
elefante, la superficie de rodamiento se deteriora, se
endurece y pierde agua. Los pastos se rompen y el ecosistema
se daña gravemente.
Desgraciadamente no supimos aprovechar este principio de
cooperación, que se observa en los ecosistemas y mucho menos
integrarnos a ellos. En varios viajes de estudio hemos
observado que todos los ecosistemas están en un grado
irreversible de daño:
-
Las Islas Galápagos están en crisis, debido no sólo a los
asentamientos humanos, sino a la inmoderada pesca, la
introducción de especies ajenas como los cerdos, los incendios
provocados, la rapiña de carne de tortuga por varios siglos
etc..
-
Las selvas húmedas de Nepal y la India prácticamente están
extintas a causa de la desaparición de los tigres,
rinocerontes y la muy próxima de los elefantes, así como por
presión poblacional.
-
En la Amazonia la ambición de adquirir tierras lleva no solo a
la quema de los bosques con la subsecuente desaparición de
especies, sino que llega al franco asesinato de poblados
enteros. En 1997 visitamos un poblado de la etnia Ticuna que
ya sólo existía como curiosidad turística. Un año después en
un pequeño y frío reportaje se daba cuenta de cómo, por
quitarles sus tierras, todos los habitantes de ese poblado
habían sido asesinados.
-
El Archipiélago Svalbard en el Polo Norte un ecosistema que
tuvo una gran biodiversidad ha perdido más del cincuenta por
ciento de ésta y ha sido convertido en un sistema para el
ecoturismo. Es deprimente observar los pocos individuos de
especies una vez abundantes sobrevivir en un ambiente que fue
destrozado por la excesiva caza y pesca de ballenas, morsas,
zorros y osos polares entre otros.
-
En México un país que tenía una de las más grandes
biodiversidades del planeta, se pueden contar por decenas los
ecosistemas que han sido destrozados. Solo algún privilegiado
podrá decir que ha visto un jaguar en la tierra del jaguar, un
faisán en la tierra del faisán, un oso negro donde se supone
que abundaron etc..
Podríamos seguir llenando páginas con sólo enumerar los
ecosistemas que están en daño irreversible. Nosotros pensamos
que la evolución se ha dado por lo que el Dr. Sandín llama
integración de sistemas complejos, mecanismo que sólo se da
con base en la cooperación.
Esto no quiere decir que neguemos la competencia, pero ésta
erróneamente ha sido considerada como el puntal de la
evolución, este distorsionado punto de vista ha sido
fuertemente promovido por el darwinismo.
En lo social el ser humano ha ido dando predominio a la
competencia cada vez más, debido a la ambición por los
recursos de planeta y el poder. Pero ¿Que no es la cooperación
el que dos o más individuos se unan para superar un obstáculo
como competir contra otro grupo o “equipo”? Tal vez en la
Florencia medieval los florentinos luchaban barrio contra
barrio pero frente a la invasión de otro estado cooperaban y,
antes de pelear barrio contra barrio, cooperaron para formar
sus barrios. La creencia de quien no sabe mucho sobre
biología, observando las estructuras sociales piensa que
siempre ha sido así: Sólo tras grandes catástrofes se llega a
un grado máximo de cooperación.
La cooperación relacionada con los principios constructivos
debe existir antes que la competencia que en realidad se
relaciona con los principios destructivos, ya que requiere un
gran gasto de energía del sistema mismo a diferencia de la
cooperación que toma energía del medio ambiente. (Considerando
que el medio ambiente de cualquier organismo está formado por
todo lo externo a él)
En Latinoamérica tenemos un problema ambiental sumamente
complejo por las siguientes circunstancias:
-
Existe un gran porcentaje de la población que es ignorante de
este tema y no hay un plan educativo que fomente, en el grueso
de la población, una verdadera cultura ecológica
-
La palabra “ecología” se ha politizado por lo que ha perdido
su significado científico.
-
Al igual que en todo el mundo, el uso equivocado de la
tecnología engendra nuevos problemas. Por su influencia
destructora sobre el medio ambiente natural, así como por la
provocación de desequilibrios entre los pueblos. Puesto que
estos nuevos problemas amenazan la supervivencia de la
humanidad aún más gravemente que las armas nucleares
consideramos que es el problema capital de nuestra época.
-
El manejo del medio ambiente está supeditado a los beneficios
económicos que debe obtener la “inversión extranjera” que bien
podría llamarse la “invasión extranjera”
En los países en “vías de desarrollo” la revolución industrial
se muestra en toda su crudeza como chimeneas de fábricas,
albañales a cielo abierto, ciudades sucias, etc., pero en
Europa y Estados Unidos han sido sustituidos “por las amenazas
intangibles pero mucho más angustiosas de la química de
síntesis, la energía nuclear o incluso las manipulaciones
genéticas”, como dice François Guéry: “ya no es bajo la mirada
complaciente del hombre industrial, espectador por vocación
como se muestra en lo sucesivo la ‘fealdad’ del mundo. Al
contrario se pone a cubierto lejos de las miradas: en las
alturas, en sus fondos submarinos, en la estratosfera, en
células ínfimas de tejidos animales, en los ciclos de larga
duración, en los santuarios naturales vírgenes… Allí, solo la
mirada tecnológica puede explorar la fealdad: por medio de
instrumentos de buceo submarino, microscopios, muestreos,
extrapolaciones decenales, satélites... Lo peculiar de la
contaminación moderna es que resulta inaccesible para el
profano.” (THEYS 1996)(NOTA
1)
En los países del tercer mundo, el sentimiento hacia la
naturaleza se está perdiendo a grandes pasos y se está creando
una “correlación antagónica debido a la expansión de una
civilización cada vez más urbana, artificial.” (MORIN, 1996).(NOTA
2)
Nuestra visión
Vamos a presentar la solución que creemos es la que se
impondrá tarde o temprano. Y hacemos esto para ya no seguir el
juego del engaño, aun sabiendo que seremos ignorados y
denostados por científicos, economistas, políticos,
ecologistas, creacionistas y demás.
Independientemente que se han presentado propuestas que
sabemos utópicas incluyendo las nuestras, el verdadero sentir
es que lo único que logrará una necesaria metamorfosis de la
humanidad es que la naturaleza entre en juego.
Todos los fenómenos naturales están regidos por leyes que los
autores de las ciencias emergentes llaman leyes de poder. Una
de estas leyes, que rige fenómenos con eventos de todos los
tamaños, como los sismos terrestres, la actividad volcánica,
los sismos en las estrellas, el aparente mal funcionamiento de
los pulsares y los estallidos solares etc. es la llamada ley
Gutemberg- Richter, descubierta mucho antes de que alguien
pensara que el paisaje se autoorganiza, resume todo acerca de
los fenómenos que se autoorganizan en el estado crítico.
En el caso de los sismos la distribución de sus magnitudes es
una “ley de poder” que alcanza desde las más pequeñas medidas
de un movimiento cuyo tamaño puede ser desde el producido por
el paso de un camión, hasta los más grandes y devastadores
terremotos que pueden matar cientos de miles de gentes. No se
puede imaginar una teoría sísmica que no implique la ley
Gutenberg- Richter.
Ésta es una ley estadística que compara, cuantos sismos de
diferentes grados, se producen. No indica nada acerca de un
sismo específico. Es una ley empírica, inseparable de las
medidas directas Esta ley indica que la frecuencia de los
sismos es inversamente proporcional a sus magnitudes. Esto
tomando en cuenta la corteza terrestre en su totalidad.
Desafortunadamente, no es posible revisar por observaciones
geológicas si se han producido sismos de, digamos, magnitud 10
en los últimos 10,000 años.
Debido a esto nosotros nos inclinamos a pensar como Bill
McGuire, quien en su libro A Guide to the End of the World
(MCGUIRE 2002)(NOTA
3) señala los peligros a los que se enfrenta la
Tierra en su futuro y nos dice que a pesar de no ser
enteramente inmunes a los desastres, la gran mayoría de
ciudadanos que tienen la fortuna de vivir en la próspera
Europa, Norteamérica u Oceanía ven las grandes catástrofes
naturales como eventos efímeros que ocurren en extrañas
tierras, lejos, muy lejos, ligeramente interesantes pero que
pocas veces afectan la existencia diaria dentro de la cual un
asesinato en un lugar público o el triunfo del equipo local de
fútbol resulta mucho más interesante que la muerte de 50,000
gentes en un deslizamiento de fango en Venezuela.
La naturaleza trabaja y como vimos en el caso de los sismos,
muchos tipos de fenómenos en un tiempo indefinido nos
amenazan.
Entre los principales se encuentran los sismos, los tornados,
los tsunamis, las erupciones volcánicas, el efecto
invernadero, los grandes huracanes, impactos de cometas y
meteoritos, grandes deslizamientos de terreno, etc.
El ser humano ha logrado intervenir en la evolución biológica
mas no así en la evolución cósmica. Ciertamente la vida en sí
es una de las principales fuerzas geológicas, que en el ser
humano ha incrementado su influencia exponencialmente,
desgraciadamente no para mejorar la biosfera, sino para
destruirla. Muchos de las actividades humanas tienen
consecuencias dañinas que han producido una aceleración de los
fenómenos naturales que siguiendo leyes de poder producen
eventos catastróficos que liberan grandes cantidades de
energía, pero al llevarse a cabo en cortos periodos de tiempo,
no permiten que la información que conllevan materia y energía
pueda integrarse en nuevos sistemas más complejos, es decir se
impide la cooperación,
Vivimos en el planeta que parece ser el más activo del sistema
solar, debemos considerar que la vida existe y prospera
gracias a los accidentes geológicos
Vivimos en un planeta que puede ser visto como un ecosistema
extremadamente frágil donde las interacciones entre la materia
viva y la inerte aunque tenue y lentas son inevitables. Con
nuestros actos estamos produciendo efectos que a su vez son
causa de otros efectos mayores.
A pesar de todo no somos negativos, la supervivencia del ser
humano está garantizada por un buen tiempo, pues aunque seamos
víctimas de cualquiera de los fenómenos citados y aun cuando
estos fenómenos sean de grandes magnitudes el hecho de
habernos reproducido sin medida hará que aun cuando
desaparezcan miles de millones de seres humanos nuestra
especie sobrevivirá. Y quizá en esa cúspide de lo destructivo
emerja un nuevo paradigma ligado a una conciencia más
compleja, a una conciencia donde la cooperación sea más
importante que la competencia.
|
(NOTA 1)
MCGUIRE, Bill, A Guide the End of the World,
Oxford University Press, New York, 2002
(al texto)
(NOTA 2)
MORIN, Edgar. “Por un pensamiento ecologizado” en
La Tierra ultrajada: los expertos son formales,
THEYS, Jacques y Bernard Kalaora compiladores, Fondo de
Cultura Económica, México, D.F., 1996.
(al texto)
(NOTA 3)
THEYS, Jacques y Bernard Kalaora, “Cuando la ciencia
inventa de nuevo el medio ambiente” en La Tierra
ultrajada: los expertos son formales, THEYS, Jacques
y Bernard Kalaora compiladores, Fondo de Cultura
Económica, México, D.F., 1996.
(al texto)
También
se puede consultar la presentación del libro El
principio de cooperación, de Mauricio Adballa, en
http://www.iieh.org/sociedad/articulos_sociedad11.php
y un resumen del libro en
http://www.iieh.org/sociedad/articulos_sociedad03.php
|
|