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Uno de los obstáculos principales para comprender fenómenos
históricos en general, y fenómenos humanos y biológicos en
particular, es nuestra tendencia cultural de pensar en
términos lineales, causales. Nuestra línea de pensamiento
típica aduce que “A” causa “B”, como si “A” provocara “B” por
sí sola. Muchas veces no nos damos cuenta que la llamada
relación causal no es sino una abstracción de una regularidad
local de la dinámica estructural de un sistema al que no hemos
distinguido como tal en nuestro afán de entender, en términos
lineales locales, la situación que pretendemos explicar. En
otras palabras, muchas veces no vemos o no estamos conscientes
del sistema que tenemos enfrente en ese momento: más
preocupados por las relaciones lineales locales que
constituyen la situación particular estudiada, perdemos de
vista las coherencias estructurales del sistema al que
pertenece.
La causalidad es una idea a priori que el observador
usa para lidiar con las regularidades del flujo lineal de su
propia experiencia. Como tal, resulta muy atractiva para una
cultura que gira alrededor del control, como nuestra propia
cultura patriarcal, pues si se aplica de manera apropiada
parecería ofrecer un número ilimitado de posibilidades para el
manejo y control de la vida humana, incluyendo las relaciones
humanas con la biosfera.
Opuesta a la idea de causalidad, la idea del determinismo
estructural no es una noción interpretativa a priori sino más
bien un abstraerse de las coherencias de la operación del
observador en su rango de experiencias, con lo que sugiere las
coherencias operacionales del rango de existencia y operación
de los seres vivos. El determinismo estructural no es, por lo
tanto, un argumento interpretativo sino nuestra condición de
existencia. La idea de determinismo estructural no resulta tan
atractiva en una cultura patriarcal ya que su aplicación exige
estar consciente y tener una sensibilidad de las coherencias
sistémicas del rango de vida del observador, característica
que conduce a la cooperación y no al control o al dominio.
Otro obstáculo para distinguir, así como para entender,
sistemas, es que la definición de un sistema y la comprensión
del flujo de su operación como una totalidad requieren de un
observador consciente de que los sistemas existen en dos
rangos operacionales sin intersecciones. Es decir, en el rango
de operación de sus componentes y en el rango donde operan
como totalidades. Para comprender un sistema deben, por lo
tanto:
-
observarlo como una totalidad en su rango de existencia como
totalidad;
-
observarlo como una entidad compuesta, distinguiendo los
componentes que lo conforman a manera de red de procesos
interconectados; y
-
observar una relación generativa no causal entre estos dos
rangos, que da origen al sistema como totalidad en el contexto
más amplio donde existe en esa forma.
Además, ya que solemos analizar sistemas en términos locales
lineares de las relaciones causales entre sus componentes, no
vislumbramos ni comprendemos fácilmente la dinámica
estructural interrelacionada que conlleva el origen simultáneo
de un sistema y su rango de existencia, ni tampoco vemos los
cambios estructurales coherentes del sistema ni sus
circunstancias durante el periodo de conservación del mismo.
Como pienso que debemos entender la composición y la operación
de relaciones de un sistema si hemos de entender tanto la
calidad humana hoy como su origen mismo dentro de la historia
de seres vivos a los que pertenece, a continuación anotaré
algunos puntos sobre los sistemas y su operación.
Sistemas
Una red de procesos formada por elementos que interactúan
entre sí mismos, bajo cuyas interacciones y relaciones
favorecidas se establece un límite operacional que los separa,
como un todo, de otros elementos con los que tal vez también
interactúen como sistema. Dicho esto, se entiende que
un sistema es una totalidad y opera como una totalidad en el
rango donde se forme como totalidad. Los elementos que en un
instante dado participen en la red de procesos que constituyen
el sistema en ese mismo instante son sus componentes.
Es decir, los elementos que componen un sistema son sus
componentes sólo en tanto participen en las operaciones que lo
componen, pues en cuanto dejen de hacerlo dejan de ser parte
de los componentes de ese sistema. Así, la existencia de un
sistema es operacional; y un sistema sólo existe mientras
prevalezcan las condiciones operacionales que lo constituyen.
De la misma manera, una célula, una familia, un partido
político, un organismo, una fábrica o un país, sólo existirán
mientras las relaciones dinámicas externas e internas que los
constituyen, y que forman en cada uno de ellos sus extensiones
particulares, se conserven a lo largo de su operación.
Cualquiera de los elementos, moléculas, personas, comunidades,
instituciones, etc., que constituyen estos diferentes sistemas
los integran como sistemas sólo mientras participen de su
composición. Los elementos que no son parte de un sistema pero
interactúan con los componentes de un sistema constituyen el
medio en que el sistema existe.
En estas circunstancias, un sistema surge repentinamente y de
forma espontánea en cuanto se produce un límite operacional
que separe un grupo de elementos en interacción, que a su vez
se convierten en sus componentes, de otros elementos con los
cuales quizá también interactúen y que se convierten en su
medio o rango de existencia como una unidad compuesta ya que
no son sus componentes. Para el observador, los sistemas
siempre parecen surgir del caos o de la nada, aunque después
pueda imaginar un mecanismo o proceso generativo a fin de
explicar su origen. Sucede de esta manera ya que los procesos
que dan origen a un sistema y los procesos en los que
participa el sistema como totalidad, en cuanto es constituido,
ocurren en rangos operacionales distintos y, forzosamente, sin
intersecciones. Los límites de un sistema son operacionales y
surgen como queda explicado. De manera similar, como se ha
dicho, también los componentes de un sistema son
operacionales; un elemento dado se convierte en componente del
sistema tan sólo en cuanto participe de su estructura y dejará
de serlo cuando cambie esta circunstancia.
En el momento en que el espectador distingue un sistema,
mediante esta operación de distinguirlo, especifica las
condiciones que lo constituyen. Así, pues, el sistema es
traído al rango de existencia del observador gracias a su
operación de distinguirlo; no existe ni preexiste por sí solo
como entidad independiente, aun cuando después de ser descrito
pueda ser tratado como si existiera por sí mismo. Lo que
sucede es que cuando el observador distingue un sistema
realiza, mediante su comportamiento, en un rango de
determinismo estructural así especificado, un conjunto de
operaciones que resultarán en la apariencia del sistema cada
vez que ocurran en ese rango. Es más, cuando el observador
distingue un sistema, especifica un rango operacional en donde
dicho sistema surgirá sin importar si esas operaciones ocurren
espontáneamente o como consecuencia del influjo de algún otro
sistema. Al conjunto de operaciones que conduce un sistema en
particular lo he llamado operación de distinción.
Un sistema no preexiste en el rango de la existencia del
observador antes de la realización de la operación de
distinción que lo traerá consigo. La existencia es una
pretensión/instancia cognoscitiva, de manera similar a la
realidad, por eso forma parte del rango de operación del
observador como un sistema vivo en el lenguaje. En estas
circunstancias, y ya que el lenguaje tiene lugar en el rango
de los hechos del observador dentro del flujo recursivo de
coordinaciones consensuales de comportamientos,(NOTA
1) la pretensión de existencia como pretensión
cognoscitiva origina aquello que se supone existe en la
realidad operacional del rango operacional donde se hace dicha
pretensión. Ya que la existencia es una pretensión
cognoscitiva, un sistema existe tan sólo como un observador
pretende, o puede pretender, el hecho de su existencia
realizando o estipulando la operación de distinción que lo
traerá a la luz en un rango particular de coherencias
operacionales de su existir. Lo que quiero decir, entonces, es
que cuando el observador habla de existencia y del medio en
que un sistema distinguido existe, en realidad está hablando
del dominio de interacciones en donde opera y en donde surge
con la operación de distinción que lo trae consigo. Es más, de
igual forma todo esto se aplica a la existencia del
observador.
Pertenecemos a una cultura que opera en términos de considerar
que nosotros, los seres humanos, existimos inmersos en una
realidad independiente. Esta actitud es lo que nos hace hablar
como si fuéramos entidades físicas que existen en el espacio
físico; esta es la actitud que nos lleva a darle a la ciencia
de la física la preponderancia epistemológica que posee hoy en
día. Pero el conocimiento de sistemas vivos y de seres humanos
demuestra que los sistemas vivos son entidades sistémicas y
que la cognición es una manera de relatar, y no una manera de
referirse a una realidad independiente que no puede ser
conocida o incluso insinuada. Este conocimiento demuestra que
conocer es una manera de vivir en el lenguaje haciendo cosas
juntos y que la base epistemológica del conocimiento humano es
la operación humana como sistema vivo. Así es, por razones
epistemológicas, al explicar los sistemas vivos requerimos de
un sustrato que los hace posibles como sistemas vivos; pero no
podemos hablar sobre ello pues, al hacerlo, no hablaremos de
ello sino más bien de lo que hacemos. En estas circunstancias,
lo que hacemos es la existencia y algo está allí cuando se
cumplen las condiciones de nuestros hechos verdaderos y
posibles. En estas circunstancias, asimismo, el cosmos, que
generamos nosotros los seres humanos con las explicaciones de
nuestras experiencias como si existiera independientemente de
nuestras acciones, surge en nuestros hechos sumergido en un
sustrato que no podemos caracterizar, ni tan siquiera para
pretender que hay una parecido entre esto y el cosmos que
describimos y explicamos. En mi opinión, esta no es una
limitante, es nuestra condición de la existencia, y como
estamos conscientes de ella nos hemos vuelto totalmente
responsables por la forma en que vivimos.
Conservación de la adaptación
En explicaciones evolutivas modernas, la adaptación, relación
operacional de una congruencia dinámica entre un sistema vivo
y el medio en que existe, es tratada generalmente como una
variable. De acuerdo a esta visión, la adaptación es descrita
como un atributo de un organismo (y por extensión como un
atributo de los sistemas en general), como si los sistemas
vivos pudieran estar más o menos adaptados al medio en que
existen. Los biólogos que siguen esta línea de pensamiento
emplean con frecuencia la palabra “adaptación” para referirse
al tipo de congruencia operacional con el medio que un sistema
vivo demuestra en su vida (o su operación); y, al hacerlo,
manipulan la congruencia operacional entre el sistema vivo y
el medio como algo obtenido en el proceso de adaptación. Yo no
estoy de acuerdo. Creo que la congruencia operacional entre
sistema vivo y medio no es una variable porque es la condición
de su existencia (como de todos los sistemas). Que los
sistemas vivos estén vivos sólo en tanto se mantenga su
relación de congruencia operacional con el medio es obviamente
evidente para todos los biólogos en el momento en que
reflexionan sobre lo que sucede de verdades la realización del
vivir de un organismo. Lo que pasa es que cuando uno observa
un sistema vivo puede suponer que sobreviviría mejor en otro
ambiente, y uno califica esa opinión de revelación sobre la
realidad del sistema vivo. Pero esa reflexión solamente revela
la imaginación del observador. Por lo tanto, sostengo que la
adaptación como relación de la congruencia operacional entre
sistema vivo y medio es, necesariamente, una invariante.
Desde mi punto de vista, entonces, un sistema vivo sólo vive
mientras su organización y su adaptación se mantengan, y todos
los cambios estructurales tienen lugar en él alrededor de la
conservación tanto de su organización como de su adaptación en
el flujo continuo de su vivir, o se desintegra. Así pues, la
conservación de organización y la de su adaptación son dos
condiciones operacionales básicas de existencia para cualquier
sistema; todo lo que ha pasado y pasa en la historia de los
sistemas vivos ha pasado y debe pasar como un flujo de cambios
estructurales bajo la conservación de la organización y la
adaptación de los sistemas vivos en un proceso donde sistema
vivo y medio cambian juntos de forma congruente.
Sistemas como totalidades
Un sistema no existe como totalidad por sí mismo, en
solitario. Existe en un medio en interacciones recursivas que
desencadenan cambios estructurales en él, conservando su
identidad como sistema de un tipo en particular mientras la
organización que lo define y constituye como sistema de ese
tipo se mantenga a lo largo de dichas interacciones
recursivas. Es decir, los sistemas solamente pueden existir en
un medio que desencadene en ellos estos cambios recursivos
estructurales gracias a los cuales se mantiene su identidad y
adaptación. Por lo tanto, la identidad de un sistema no se
determina mediante sus componentes, el tipo de entidad que
describe al sistema como una totalidad en un momento dado se
constituye en las dinámicas de interacciones donde se realiza
como tal, a través del flujo continuo de sus cambios
estructurales en la conservación de la organización y la
adaptación. Al mismo tiempo, la realización verdadera de un
sistema y sus interacciones recursivas en un medio traen
consigo, de forma continua, el medio donde se realiza;
mientras tanto, la estructura de un sistema y la estructura
del medio cambian juntos, congruentemente, a lo largo del
flujo de sus interacciones recursivas, de no ser así el
sistema se desintegra. La noción de dependencia estructural se
refiere a esto. A continuación resumiré y detallaré algunos
puntos sobre la idea de sistema:
1. Un sistema existe en interacciones con los elementos de un
medio que surgen junto con él cuando se convierte en sistema
en su segmentación del medio: medio y sistema surgen juntos.
Anterior a esta segmentación, los elementos que constituirán
el sistema y el medio no son separables ya que ninguno de
estos dos existe; y todo intento de identificar esos elementos
antes de que surja en su distinción es una operación que puede
ser realizada por el observador sólo después de haber
concebido el sistema usando su imaginación. Los sistemas
interactúan a través de la operación de los elementos que los
componen; las interacciones desencadenan cambios estructurales
que son determinados en cualquier momento por su estructura en
tal momento. Es más, un sistema sigue siendo sistema de un
tipo en particular sólo mientras la organización que define su
identidad se mantenga tras los cambios estructurales que
tienen lugar en él tanto en sus dinámicas internas y dichos
cambios estructurales que sus interacciones en el medio han
desencadenado.
2. El medio en el que existe un sistema surge junto con este
mismo sistema, todo lo que se aplica al sistema como tal se
aplica también al sistema superior que conforma su medio. En
estas circunstancias, un sistema existe en la conservación de
su organización mediante sus cambios estructurales mientras
interactúa en un medio que cambia congruentemente con él tanto
como los cambios en el medio permitan la realización del
sistema. Así pues, un sistema existe y mantiene su identidad
solamente cuando su realización, en sus interacciones
recursivas con el medio, resulta en la apariencia del medio de
aquellas condiciones que permiten la conservación del sistema,
y viceversa. En otras palabras, la conservación de la
identidad de un sistema mediante una continua desviación
estructural en la dependencia estructural es un fenómeno
sistémico.
3. La conservación sistémica de la identidad de un sistema es
una característica de su constitución espontánea como una
entidad determinada por su estructura y no el resultado de un
diseño o propósito. Un sistema surge de manera espontánea
cuando las condiciones estructurales que lo hacen posible
prevalecen en el trasfondo donde se manifiesta; se mantiene
mientras existan las condiciones dinámicas de interacción en
el medio donde surge, y del que depende. El trasfondo donde un
sistema aparece es, de hecho, un dominio del caos o la nada,
un dominio de coherencias estructurales sobre las que el
observador no puede opinar antes que aparezca el sistema. El
caos y la nada son relaciones cognoscitivas. Después de que el
sistema se manifiesta, el trasfondo cambia su carácter y se
vuelve cognoscible desde el sistema mismo ya que esto se usa
como un indicador de las características del trasfondo donde
se originó. Por consiguiente, un sistema surge y se mantiene
solamente en las dinámicas sistémicas estructurales que hacen
posible su apariencia espontánea en la conservación de la
organización que lo constituye. He llamado a este proceso la
“organización espontánea del caos o la nada”: todos los
sistemas surgen espontáneamente del caos o la nada; el caos o
la nada de donde surge un sistema dejan de serlo para
convertirse en un medio cuyas coherencias estructurales se
hacen evidentes al ser reveladas por la operación del sistema,
momento en el cual el observador las usará para explicar el
origen del sistema.
4. La conservación sistémica de la identidad de un sistema en
sus interacciones recursivas con el medio abre un espacio para
que cambien todas aquellas características de la estructura
del sistema, y de las relaciones del sistema con el medio que
no están involucradas en la conservación de su identidad. En
términos generales, cuando en una colección de elementos una
de las configuraciones de relaciones entre ellos comienza a
mantenerse, un espacio se abre para que todo lo demás cambie
junto a lo conservado. En particular, cuando en la realización
sistémica de un sistema algunas relaciones comienzan a
conservarse aparte de las relaciones de la organización del
sistema, todo lo demás se abre al cambio. De igual forma,
cuando algunas de las relaciones en las interacciones entre
dos o más sistemas empiezan a conservarse junto con las
organizaciones de los sistemas involucrados, todo lo demás se
abre al cambio junto a lo que se conserva.
Proceso epigenético
El desarrollo de un sistema vivo y, en términos más
específicos, la historia vital de un organismo (su ontogenia)
ocurren en forma sistémica como una historia de cambios
estructurales sobre la conservación de la manera de vivir que
define al organismo como una sistema vivo de un tipo en
particular. A este fenómeno se le ha llamado epigénesis en la
biología, un término que se refiere a las transformaciones
sistémicas que un organismo experimenta en su historia vital
gracias a las interacciones de su estructura inicial y el
medio a lo largo de la conservación de su vivir.(NOTA
2)
Dada la dinámica sistémica del proceso epigenético, las
constituciones iniciales genéticas (DNA) y somáticas
(citoplasmáticas) de un organismo no determinan los cambios
estructurales y de relación a los que será sometido a lo largo
de su vivir. Las estructuras iniciales genéticas y somáticas
de un sistema vivo (su estructura inicial total)
determinan el rango de los diferentes trayectos epigenéticos
que puede seguir durante su historia vital como un campo
concreto de posibilidades, pero solamente uno se hará realidad
en su vivir. En otras palabras, la constitución genética de un
sistema vivo no determina las características que desarrollará
durante su vida y, por lo tanto, no es adecuada para hablar de
determinación genética de las características o rasgos que
surjan en la vida de un organismo. Se debe a la naturaleza
sistémica de todo fenómeno biológico que, en realidad, no
existe la determinación genética de las características de un
organismo como tal en su rango de existencia. Una vez más, la
estructura total inicial con la que un sistema vivo comienza
su vida sólo determina el campo de trayectos epigenéticos
posibles. El trayecto epigenético que, de hecho, tiene lugar
en la ontogenia de un sistema vivo surge en las circunstancias
reales de su vivir al encontrarse con el medio como si éste
fuera un sistema independiente. Sin embargo, al mismo tiempo,
el lugar del medio donde un sistema vivo comienza comúnmente
su vida mediante la reproducción de sus progenitores no es
cualquiera; es uno en particular que también ha surgido en la
historia sistémica dinámica a la que pertenece el sistema vivo
progenitor y en la que el sistema vivo y el medio han cambiado
juntos de forma congruente. La historia humana no es
diferente.
Epigénesis celular
La dinámica estructural de una sola célula (su dinámica de
transformaciones y producciones moleculares) también ocurre
como un proceso epigenético. Es decir, el trayecto seguido por
los cambios moleculares de una célula a lo largo de su
ontogenia individual surge momento a momento en la interacción
entre los cambios moleculares desencadenados en la célula por
sus interacciones con el medio y aquellos cambios que aparecen
en la célula durante el trayecto de su propia dinámica
interna. La consecuencia general de este proceso es que la
constitución genética total de una célula (es decir, las
configuraciones estructural y dinámica de su ADN nuclear, y
las configuraciones estructural y dinámica de su citoplasma)
cambia a lo largo de su historia vital de tal manera que
cuando la célula se reproduce lo hace con una constitución
genética total diferente de aquella que tenía en su
nacimiento. Como resultado, la progenie de dicha célula tal
vez dé origen a la realización de una manera celular de vivir
o a un fenotipo ontológico diferente de aquel del progenitor.
Este fenómeno ocurre, por ejemplo, en el transcurso de la
diferenciación celular que tiene lugar durante el desarrollo
embrionario, cuando los diferentes linajes celulares (los
diferentes tipos de célula) que componen el organismo surgen
mediante un cambio de la constitución genética total
conservada en la reproducción de una forma que involucra ADN
nuclear y citoplasma. En este contexto, dos procesos
sistémicos diferentes pueden ocurrir mediante la reproducción
celular de un organismo, lo que suscitará diferenciación
celular y de tejido. Se trata de:
1. La conservación sistémica en la progenie de la constitución
total genética de la célula progenitora de una manera
epigenética que conserve el fenotipo celular ontogénico
original;
2. un cambio epigenético en la dinámica estructural de la
célula progenitora que propicia un cambio en la constitución
total genética de la progenie epigenéticamente conservada en
la realización de un nuevo fenotipo ontogénico celular.
Los procesos de la diferenciación celular y de tejido que
tienen lugar durante la embriogénesis no son comúnmente vistos
o comentados como procesos de desplazamiento del fenotipo
ontogénico hecho y conservado en la constitución epigenética
de diferentes linajes celulares. Creo que esto ocurre por dos
circunstancias: (1) porque en la actualidad la atención del
observador generalmente se orienta hacia los procesos
moleculares que parecen asegurar la repetición regular de la
modelo molecular y de la dinámica celular de acuerdo con una
norma conocida o esperada; y (2) porque generalmente asumimos
que la estabilidad reproductiva del DNA se debe básicamente a
su estructura molecular y no a condiciones sistémicas en su
síntesis.
El cambio epigenético de la constitución total genética de una
célula (de manera que incluye su ADN) de acuerdo a las
particularidades de su historia vital no es un fenómeno de
herencia de caracteres adquiridos en los términos que
comúnmente se conocen como herencia lamarckiana. Lamarck
parece haber propuesto que las características que un
organismo adquirió en el curso de la vida que le tocó vivir
pueden ser heredadas de forma directa y aparecer en la
progenie. Tal propuesta está, por supuesto, en conflicto con
nuestra visión contemporánea que asocia la herencia con el
ADN. Lamarck, claro está, no pudo haber visto la herencia
genética de la forma que lo hacemos ahora, en términos de
moléculas hereditarias, pero se ocupó de cómo la historia
vital de los progenitores podría participar en la historia
vital de su progenie. Creo que este tema puede ser
reconsiderado. Como ya quedó dicho, sostengo que la herencia
genética es un fenómeno sistémico y no uno molecular, y que
ocurre como una conservación sistémica reproductiva de una
manera de vivir en un proceso donde tanto el organismo como el
medio participan en la conservación de la organización del
organismo y su adaptación al medio. El ADN y todo el resto de
los componentes celulares determinan qué trayectos
epigenéticos son posibles para un organismo al principio de su
vida, pero el verdadero trayecto epigenético que el organismo
seguirá en su historia vital particular surge en una dinámica
sistémica de interacción recursiva con el medio en donde vive.
Así, una manera de vivir se conserva mediante la reproducción
sólo si la dinámica sistémica que resulta en la repetición de
una epigénesis particular se mantiene, y dicha conservación es
un proceso sistémico que implica que el organismo y el medio
sufren cambios estructurales coherentes. En consecuencia,
aunque el fenotipo ontogénico que un organismo vive no se
determina genéticamente (sólo por su ADN), su constitución
genética lo hace posible y puede ser conservado de forma
sistémica en la relación organismo-medio cuando se conserve
mediante la reproducción. En estas circunstancias, entonces,
el cambio epigenético de la constitución total genética de una
célula o un organismo pluricelular durante su ontogenia es un
fenómeno mediante el cual el trayecto de la historia vital
individual de una célula o un organismo tendrá consecuencias
hereditarias en procesos sistémicos involucrados en el
fenómeno de la reproducción.
Linajes
Cuando una manera de vivir (un fenotipo ontogénico) comienza a
ser preservado generación tras generación mediante la
reproducción, surge un linaje. Como dije anteriormente, la
conservación de una manera de vivir a través de la
reproducción no se determina de forma genética, aun cuando la
constitución genética del organismo haga posible dicha
conservación. La conservación reproductiva de una manera de
vivir es un proceso epigenético sistémico. En la epigénesis la
estructura de un organismo y la estructura del medio cambian
juntos de forma congruente y, como resultado, cuando la
reproducción ocurre el nuevo organismo es depositado en un
lugar que determina el vivir de los progenitores. Como
resultado de este proceso, algunos de los rasgos peculiares
adquiridos a lo largo de la vida de los progenitores pueden
ser repetidos de forma sistémica en la epigénesis de la
progenie, dando paso a que se establezca un posible, nuevo
linaje.
Cuando esto sucede, un observador verá la herencia
reproductiva de la manera de vivir (fenotipo ontogénico)
conservado de forma sistémica en el linaje, como si fuera el
resultado de un proceso genéticamente determinado. Pero la
manera de vivir se hereda de forma sistémica, no de forma
genética, y la herencia (heredity, en el inglés, lo he
encontrado traducido como “herencia genética”) no es un
proceso genéticamente determinado. El fenotipo ontogénico
conservado de forma sistémica surge de nuevo en la epigénesis
de la nueva generación mediante la conservación sistémica de
las estructuras genética y citoplasmática que lo hacen
posible, y la conservación sistémica de la estructura del
medio donde puede ser realizado.
Ya que el comienzo y conservación de un linaje ocurre como un
proceso sistémico y el fenotipo ontogénico o manera de vivir
conservada como linaje no se determina de forma genética, toda
manera de vivir que pueda conservarse sistémicamente de una
generación a otra podrá dar lugar a un linaje. Cuando esto
sucede, la constitución genética (DNA) de los miembros del
nuevo linaje se abre a cualquier tipo de cambio que no
interfiera de forma alguna con la realización de la manera de
vivir de ese linaje y empieza a separarse en un trayecto
contenido dentro de los límites operacionales que define la
realización epigenética del fenotipo sistémicamente
conservado. Como resultado, en la sucesión de generaciones de
un linaje, todos los cambios genéticos se designan en una
dirección que facilite la manera de vivir (fenotipo
ontogénico) conservada en el linaje, o el linaje cambia o
llega a su fin. Lo que se preserva, de hecho, en la
constitución de un linaje, es una relación fenotipo
ontogénico-medio.
La historia de los sistemas vivos en la Tierra es la historia
de la configuración de una biosfera como un inmenso sistema de
epigénesis congruentes entretejidas que surge de forma
sistémica, continua y naturalmente, de acuerdo a las
coherencias espontáneas estructurales de todos los sistemas
involucrados. En este proceso, todo sistema vivo es parte del
medio de los otros, formando una red de interacciones
recursivas en donde cada sistema vivo y su medio cambian
juntos de forma congruente. En el presente, coherencias
ecológicas revelan tal historia de conservación sistémica de
coexistencia en un campo de constituciones genéticas
cambiantes designadas por las maneras de vivir que se
mantienen en una manera que facilita su presencia. O, en otras
palabras, coherencias ecológicas en la constitución de una
biosfera son el resultado necesario de la coevolución
sistémica de los sistemas vivos en la Tierra.
De todo lo que he dicho hasta ahora, es evidente que los
hábitos y preferencias, ya sean de comportamiento, desarrollo
o metabólicas, se constituyen en los rasgos que definen un
linaje si es que se conservan mediante la reproducción (reproducción
sistémica). También es evidente que dicho fenómeno le
otorgue a la evolución una plasticidad, a la vez estructural y
temporal, mucho más grande que la esperada sólo de mutaciones
y recombinaciones de genes. También es obvio que todos los
procesos estructurales y de relación que participan en la
realización del vivir de un sistema vivo pueden formar parte
del proceso de conservación sistémica de un fenotipo
ontogénico. En estas circunstancias, un linaje puede así
surgir mediante la conservación de hábitos o preferencias,
bien sean orgánicas o de relación.
Los biólogos se han referido frecuentemente a la selección
natural como si fuera, actuando como presión directiva, el
mecanismo que genera la supervivencia diferencial de sistemas
vivos mediante la adaptación al medio en su historia
evolutiva. No estoy de acuerdo. Pienso que la selección
natural es el resultado de la supervivencia diferencial de los
sistemas vivos y no su origen. De hecho, mantengo que el
mecanismo generativo de la evolución en los sistemas vivos es
una separación ontogénica espontánea, filogenética y
estructural que tiene como consecuencia la supervivencia
diferencial.
Humberto Maturana Romesín
Ontogénico-ontogenético
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(NOTA 1)
Los organismos coordinan su comportamiento bien como
resultado de su desarrollo en maneras que no dependen de
y que no están formadas por sus historias individuales
de interacción, que podemos llamar instintivas, o en
maneras que dependen de y están formadas por sus
historias individuales de interacción y que denominamos
consensuales. Coordinaciones consensuales de
comportamiento pueden abarcar todo tipo de interacción.
Cuando coordinaciones consensuales de comportamiento se
vuelven recursivas, es decir, cuando coordinaciones
consensuales de comportamiento coordinan coordinaciones
consensuales de comportamiento, un nuevo rango de hechos
aparece, uno que puede ser expandido mediante más
coordinaciones consensuales de comportamientos en los
que es posible una variedad infinita de nuevos hechos
consensuales, que experimentamos en el lenguajear. En
verdad, sostengo que la cualidad de lo humano surgió
cuando el vivir en el lenguaje comenzó a conservarse de
una generación a otra como la manera de vivir que
definió nuestro linaje, hace alrededor de 3 millones de
años, en el aprendizaje de los niños mientras surgía
nuestra familia ancestral en una rama de primates
bípedos.
(al texto)
(NOTA 2)
El concepto de epigénesis fue introducido por el
embriólogo Caspar Friedrich Wolf en 1759, cuando refutó
el preformismo y lo reemplazó por la epigénesis para
explicar la progresión de lo simple a lo complejo
mediante un desarrollo acumulativo.
(al texto) |
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