Frustraciones y miedos
Han sido cinco años de mi vida en los que interminables temas de
Zoología y Fisiología, profundos Análisis Genéticos, numerosos
conceptos de Ecología, charlas de Antropología, innumerables datos
estadísticos, profundos conocimientos de Biología Molecular y un
largo etcétera de conocimiento y, sin embargo, no me han habilitado
para sentirme un auténtico biólogo. Empeño en el serio aprendizaje,
empeño en la asistencia a clase, empeño en aprobar exámenes, empeño
en demostrar el trabajo de laboratorio…; mucho empeño pero poca
determinación para resolverme mis preguntas de infinidad de detalles
acumulados en el miedo para no encontrar respuesta.
Han sido cinco años de mi vida, y gracias desde este momento, a mi
profesor Máximo Sandín, he podido descifrar mis conocimientos
inconexos, basados en un marco teórico equivocado que a fuerza de
repetir se ha transformado en la verdad absoluta o que esa verdad
absoluta se ha transformado a la fuerza. Me da muchísima rabia no
haberme percatado y rescatado por mi mismo aunque ya lo percibiera.
Máximo ha sido durante las primeras semanas mi azote intelectual y
mi gran frustración. Frustración desde que llegabas a clase y
desmontabas sus axiomas ortodoxos y complicabas mi enfoque que,
latente por miedo a destaparlo y descubrir la gran mentira, había
preferido obviarlo. Sólo tú has despertado en mí la sensación de
disfrutar pensando, de disfrutar razonando, de disfrutar yendo a
contracorriente, de disfrutar por arrojar al pozo del olvido las
mentiras, las simplezas y las erráticas creencias, de no encontrar
todas las respuestas y de disfrutar de la libertad para encontrar la
respuesta a lo que no es la biología.
Gracias Máximo.
La visión deformada del Darwinismo
El darwinismo sólo triunfó como paradigma hegemónico en la forma de
neodarwinismo o “Teoría sintética moderna”. Lamentablemente el
paradigma dominante en las ciencias biológicas, hoy, es el
neodarwinismo y no simplemente las proposiciones originales de
Darwin. Hablar de darwinismo hoy es hablar de “síntesis moderna”.
El paradigma neodarwinista acabó por conducir a un enfoque
reduccionista que cree que la vida es un resultado de fenómenos
localizados en la molécula de ADN, sometidos a alteraciones al azar
y a la selección natural.
El mecanismo de la teoría de la evolución de Darwin ya existía tanto
en las teorías sociales de Malthus y Spencer como en el liberalismo
clásico y de alguna manera fue la alcahueta que ayudó a legitimizar
diferentes aspectos de la empresa del desarrollo económico o
progreso con la cual la sociedad moderna se halla tan comprometida.
Como consecuencia de estos solemnes ejes en su comprensión del
origen de las especies, Darwin vió en la naturaleza una constante
lucha por la supervivencia, cuyos vencedores eran agraciados con la
posibilidad de tener una mayor prole. Esta idea generó una imagen de
la naturaleza “roja en dientes y garras” de los naturalistas del
siglo XIX. Ciertamente inspirado por Malthus, Spencer y la teoría
económica liberal, Darwin vio en la naturaleza una competencia por
la supervivencia, dada la escasez de recursos ante el crecimiento de
la población. Así Adam Smith propuso en La riqueza de la naciones
que cuanto más egoísta sea nuestro comportamiento, maximizaremos no
sólo nuestros propios intereses materiales sino también, a la larga,
los de toda la sociedad; tamaño despropósito racionalizó y legitimó
el individualismo y el egoísmo que marcó la descomposición de la
sociedad durante la revolución industrial y que aún desgraciadamente
sigue vigente.
El darwinismo, por lo tanto, es una teoría que propone la
competencia como el motor que propulsa el desarrollo de las
especies, pues la selección natural ocurre no solamente influida por
su relación con el ambiente físico sino también con individuos de su
misma especie y sus depredadores.
Oswald Spengler describió acertadamente el darwinismo como “la
aplicación de la economía a la biología” (SPENGLER, 1939 Vol 1, pp.
369-373, cit., RIFKIN & PERLAS, 1983, P. 107) y a la selección
natural de Darwin como una versión biológica de la mano invisible de
Smith, al servicio, principalmente, de la legitimación de la empresa
prometeica de nuestra sociedad moderna, haciéndola aparecer como un
proceso natural.
Sin duda, el conocimiento científico ha servido para validar el
paradigma de la ciencia y por consiguiente la visión moderna del
mundo, única que se supone da sentido al desarrollo económico o
progreso.
Todos sabemos apreciar que los sistemas naturales son
incomparablemente más complicados que las entidades relativamente
simples que estudian los físicos. Según el psicólogo e investigador
alemán Wolfgang Kholer, fundador de la psicología de la Gestalt o
teoría de la creencia de las totalidades:
Si los organismos fuesen más parecidos a los sistemas que estudian
los físicos, podríamos introducir en nuestra ciencia gran cantidad
de métodos de la física sin demasiadas modificaciones. Pero la
similitud no es mucha. Una de las ventajas que permite a un físico
trabajar con más facilidad es la simplicidad de sus sistemas…una
ameba es un sistema más complejo que cualquier sistema del mundo
inanimado (KOHLER, 1947, p.168)
|

|
“El todo es
diferente
de la suma de las partes”
Wolfgang Kholer |
Sin embargo, esta visión se ha mostrado del todo irreconciliable
con el paradigma de la ciencia, según el cual el mundo es aleatorio,
gradual, atomizado y mecánico, siendo capaz de generar, sobre bases
puramente científicas, los inigualables productos manufacturados que
se requieren para satisfacer fines comerciales (por ejemplo,
pesticidas, antibióticos y microorganismos producidos por ingeniería
genética). Los Darwinistas sociales como Herbert Spencer en el Reino
Unido y William Gram Sumner en los EEUU veían a la naturaleza como
algo azaroso, gradual, caótico, atomizado, competitivo y agresivo y
consideraban que era natural, deseable y ciertamente moral que el
ser humano se comportara de la misma forma.
Jacques Monod se refiere al mecanismo que determina la evolución de
la vida y de la cultura como “una gigantesca lotería” o como la
“ruleta de la naturaleza”.Él veía el azar como la fuente de toda
innovación, de toda creación de la biosfera. Es la única hipótesis
concebible, la única que se ajusta a los hechos observados y
constatados (MONOD, 1972, pp.121).
Estudios recientes (Jhon Cairos, Universidad de Harvard) tienden a
confirmar que las mutaciones no son casuales, sino que al contrario,
están específicamente encauzadas.
Pero entonces, ¿cómo ha podido esta absurda noción del azar en los
procesos vitales haber alcanzado el status de “concepto central de
la biología moderna”? Muchos científicos citan a Lamarck afirmando
que la palabra azar sólo expresa nuestra ignorancia de causas.
|

|
“Debe existir
una teoría sobre la transformación”.
Jean Baptiste Lamarck
|
La observación o percepción, que se supone es la fuente de todo
nuestro conocimiento, comienza con la detección de datos. Es activa
más que pasiva; más que meramente recibir, detecta; y es también
altamente selectiva. En vez de acumular los datos disponibles en
forma aleatoria, como suponen los empiristas, aislamos los que
aparecen como relevantes para nuestras pautas y comportamiento.
La verdad es que la construcción del conocimiento requiere más que
la acumulación de observaciones individuales. Éstas deben ser
interpretadas a la luz de un modelo de nuestra relación con el medio
ambiente. Se requiere pensamiento, una actividad no cuantificable,
no reduccionista, no mecánica, cuya misma existencia no es
congruente con el moderno paradigma de la ciencia.
Los avances en citología y biología molecular han llevado a los
científicos interesados en la diversidad de los seres vivos a
comprender que hay una unidad básica subyacente, difícilmente
explicable mediante el paradigma científico con una base de
conocimiento tan estrictamente compartimentada. El genetista
Theodosius Dobzhansky señala que bajo la gran diversidad de entes
vivos se perciben profundas similitudes. (DOBZHANKY, 1962, cit,
THORPE, 1965, p. 12). La información genética de todos los seres
vivos utiliza el mismo lenguaje del ADN y del ARN y las bases
proteínicas de todos los seres vivientes están constituidos por los
mismos veinte aminoácidos nucleares. Tanto François Jacob como
Jacques Monod han señalado la similitud de todos los seres vivos a
nivel microscópico. Y si los materiales son los mismos en todo el
mundo vivo, también lo es su patrón de construcción. El biólogo
francés Armand de Ricqles se maravilla ante el hecho de que todos
los vertebrados, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos están
conformados según el mismo modelo de organización, más allá de
importantes diferencias anatómicas. Esta unidad de diseño, que puso
en brete a la anatomía comparativa del siglo XVIII, implica que
existen cambios superficiales que permiten que diferentes formas de
vida se adapten a determinados entornos, mientras las
características básicas se mantienen inalteradas; aspecto éste
difícilmente conciliable con la teoría evolucionista actualmente
aceptada. Implica también que la finalidad en todos los seres vivos
es preservar el orden crítico y la estabilidad.
La atención de quienes aceptan el paradigma científico y la visión
del mundo del modernismo está monopolizada por el concepto de
cambio. Para ellos, el mundo está en permanente fluir, cambiando
constantemente en una dirección considerada deseable y progresiva.
Esto es cierto en especies que aparentan “evolucionar” y en
sociedades cuyas economías aparentan “desarrollarse”. La realidad es
muy diferente. Si hay un rasgo sorprendente en el mundo de los seres
vivos es la continuidad o estabilidad.
El registro fósil, una de las bases empíricas imprescindibles de
cualquier teoría de la evolución, no revela ese gradualismo. Lo que
demuestra son largos periodos de estasis,
durante los cuales las especies se mantienen sin tener cambios
significativos, seguidos de eventos de extinción en masa y el
surgimiento brusco de nuevas especies.
El mismo Darwin se maravilló ante la constancia del mundo natural,
llegando a sugerir en una ocasión que ésta podría ser más importante
que la “lucha por la supervivencia” por la que él tanto abogó. Tanto
Waddigton como Monod estaban impresionados por la constancia de los
seres vivos, al igual que Thorpe, que comprendió plenamente que la
constancia de determinadas formas biológicas es más difícil de
explicar que su proceso evolutivo.
Todos los mecanismos bioquímicos de la síntesis macromolecular, la
utilización de energía, la respiración, el almacenamiento, la
proliferación, la división celular, la estructura y función de las
membranas, la contractilidad, la excitabilidad, la formación de las
fibras, la pigmentación, etcétera, han permanecido esencialmente
inalterados durante muchísimas eras. (WEISS, 1972, ibid., p.46).
Claramente, los sistemas naturales no tienden hacia el cambio sino a
evitar el cambio. El cambio acontece no porque sea deseable per
se, sino porque, en ciertas condiciones, se le juzga necesario
como medio de prevención de alteraciones probablemente mayores y más
destructivas.
Biología e información
En la actualidad, y después de un siglo dedicado por los biólogos
casi en exclusiva al estudio de la información genética, también se
han estudiado las proteínas, pero como entidades aisladas que no han
gozado del mismo reconocimiento para enmarcarlas dentro del programa
de la vida, y la información completa que tenemos se basa en las
secuencias de nucleótidos y los genes. Además coincidiendo con este
desarrollo de la biología, Ludwig Von Bertalannfy, también biólogo,
publicó en torno a 1950, la Teoría General de Sistemas. Esta teoría
fue un intento de superación para poder encontrar las propiedades
comunes de los elementos de un sistema que se presentan en distintos
niveles de realidad. Definiendo un sistema como las relaciones
regulares o de interdependencia de las partes de las cuales emerge
el todo y que ha dado lugar a notables progresos especialmente en
los campos de la Teoría de la Comunicación [Shannon, EC.] y de la
Cibernética [Wiener, N.]. En otras palabras, es una teoría que
pretende utilizar los mismos términos y conceptos para describir
rasgos esenciales de sistemas muy diferentes; y de esta manera
encontrar leyes generales aplicables a la comprensión de su
dinámica.
Hasta hace no más de diez años, para descifrar este programa de la
vida, estábamos partiendo de la genética, que definiríamos como el
procesamiento del ácido desoxirribonucleico (ADN) en la construcción
del fenotipo, mientras que los genes son las entidades que
históricamente se asumen como las partículas de la herencia. Los
genes corresponderían a un esquema conceptual hipotético mientras
que la genética intenta estudiar las interacciones bioquímicas que
están detrás de la construcción de un organismo. Las secuencias de
nucleótidos, en el libro del genoma corresponderían a las letras y
de la misma forma, las palabras a los genes. Pero nos falta algo muy
importante para entender este texto: la gramática. Aunque tenemos el
alfabeto y el diccionario completos y aunque conociéramos el
significado de todas las palabras (es decir la función de todos los
genes), aún no somos capaces de escribir una oración, que es el
fragmento mínimo necesario para comunicar una idea. Nos falta el
orden y las relaciones entre las palabras de forma que éstas tengan
sentido a lo largo de las frases y párrafos del libro. Sería
exagerado decir que hoy día en biología no hay oraciones; en efecto
las hay, pero no están suficientemente articuladas; de la misma
forma que en la literatura, las oraciones se pueden sacar de su
contexto y siguen comunicando algo, pero no pueden comprenderse en
su totalidad. Lo que tenemos no sirve para descifrar el programa de
la vida. La clave que los científicos andan buscando es esa
gramática que representa la organización de esos elementos que están
codificados en el genoma.
Mientras aprendemos como puede surgir la información construimos un
puente entre la biología y la física,
|

|
«hace falta repensar la teoría
evolutiva […].
Necesitamos ver la vida de una manera nueva e interpretar
nuevas leyes para su desdoblamiento.»
Stuart Kauffman |
culminando el proceso de reconocimiento de la vida como una serie
de sucesivos eventos que responden a la capacidad dinámica de
ciertos elementos y la manera como esta dinámica se traduce en
información, que una vez descodificada nos permitirá conocer los
planes de construcción de los seres vivos.
Enfoques más recientes apelan a las teorías de la complejidad para
escapar de las dificultades que conlleva el análisis reduccionista
cuando se compara con los fenómenos reales.
Teoría de Sistemas y Biología. ¿Biología de Sistemas?
La forma reduccionista de entender la biología que hemos utilizado
hasta ahora ha quedado obsoleta. El método utilizado se ha basado en
una aproximación “Top Down”, para explicar la vida; el organismo
vivo era descompuesto en órganos, tejidos, células, orgánulos; ahora
estamos en el nivel molecular y hemos conseguido la secuenciación
completa del genoma Tenemos la lista completa de elementos y estamos
viendo que conocer todas las partes, e incluso conocer sus funciones
no es suficiente. La aproximación clásica un gen, una proteína,
una función, no resulta adecuada para describir estos sistemas.
Stuart Kauffman hablaba en su libro “Investigaciones” de complejas
redes de reacciones como las bases de una biología general. Es
decir, la vida, tal y como la conocemos, se basaría en redes de
reacciones químicas englobando el ADN, el ARN, las proteínas, el
metabolismo, los ciclos enlazados de destrucción y construcción, que
constituyen el ciclo vital de una célula.
Sin menoscabo del trabajo analítico, indiscutible, por otra parte,
desde el punto de vista de la perspectiva, del modo de “mirar” los
problemas, se impone una visión holística o mejor dicho, sistémica.
El principio unificador es la organización. Un átomo, el ADN, las
proteínas, etc., son organizaciones. Pero aunque dispongamos de una
enorme cantidad de datos sobre la organización biológica, de la
bioquímica, de la citología y la histología, lo que necesitamos
realmente es una teoría de la organización biológica, de un modelo
conceptual que permita explicar los hechos empíricos. La teoría
general de sistemas constituye un intento de abordar este problema
desde un punto de vista integrador. Es posible definir tales
nociones dentro del modelo matemático de un sistema, más aún, en
ciertos aspectos se pueden deducir teorías detalladas que derivan de
casos especiales a partir de supuestos generales, como por ejemplo
la teoría biológica de Volterra y la teoría económica cuantitativa,
son isomorfas en muchos de sus aspectos.
Desde los 90 hasta nuestros días, los científicos han estado
aprendiendo, sobre todo a crear bases de datos y bibliotecas. Desde
que comenzó el proyecto Genoma Humano, la investigación ha estado
enfocada en la creación de bibliotecas de moléculas de ADN, ARN,
proteínas, péptidos y ahora nos estamos dando cuenta del papel
protagonista de bacterias y virus. Durante los últimos años el
caudal de datos parece no agotarse. Se supone que es ahora cuando a
los científicos, armados de tales bibliotecas, van a conseguir
entender el significado encerrado en toda esta ingente cantidad de
información. Siendo esta situación la que podría explicar el
nacimiento de todas las tecnologías emergentes conocidas como-ómicas,
Genómica, Proteómica, Metabolómica, etc. La finalidad de estas
tecnologías sería la de generar toda la información posible para más
adelante poderla estudiarla deforma conjunta. La Genómica ya ha
puesto su granito de arena, pero sin embargo queda todavía mucho
camino por recorrer en lo que se refiere a la Proteómica,
Peptidómica, Metabolómica, etc. A diferencia de lo que ocurre con el
genoma, que es sumamente rígido en lo que se refiere a sus
fluctuaciones, las proteínas tienen una capacidad de variación
enorme debido a los complejos sistemas de reacciones de los que
forman parte. Por tanto, el desarrollo de técnicas analíticas para
caracterizar toda esa variabilidad es un desafío que debemos ser
capaces de resolver y a lo que se está dedicando grandes esfuerzos.
Entre las técnicas analíticas que han supuesto una aportación más
que sustancial se encuentra la espectrometría de masas, cuyo
desarrollo en los últimos 15 años ha sido abrumador en todos los
aspectos, desde la capacidad de analizar múltiples analitos de
naturalezas muy diferentes a la sensibilidad de la técnica y la gran
productividad o “high-troughput” a la hora de realizar análisis.
Podemos constatar cómo se va cerrando el hueco que se abría entre la
biología por un lado y la física y la química por otro. Lo cuál no
implica que la biología sea reducible a la física y la química
convencionales, sino que se confirma que hay una continuidad. La
física de los sistemas vivos tiene unas características propias
heredadas de la Teoría General de Sistemas y plenamente relacionadas
con de la Teoría de la Información fundada por Claude Shannon y la
cibernética desarrollada por Wiener. La Teoría General de Sistemas
no busca solucionar problemas o intentar soluciones prácticas, pero
sí producir teorías y formulaciones conceptuales que puedan crear
condiciones de aplicación en la realidad empírica. En resumen, la
creación de una red teórica apropiada para definir qué es la vida,
y en este sentido la disciplina que más se ha desarrollado
utilizando estos conceptos ha sido la física. No es por ello menos
sorprendente la nota de la revista Nature sobre una reunión
de físicos teóricos con intereses en biología, que venía a decir que
“el creciente sentimiento de que sus opiniones serían cruciales para
cosechar los frutos de la era post-genómica” y este es el nacimiento
de un nuevo paradigma multidisciplinar que es la Biología de
Sistemas. En donde igual que proponía Bertalanffy en su concepción
sistémica, el todo es más que las partes, en este caso la
vida es el todo y los proteomas, genomas, metabolomas, etc. son las
partes.
| |
|
|
|
El Dr. Michael Behe afirma
categóricamente: «La evolución molecular no se basa en
autoridades científicas. No hay publicación en la literatura
científica […] que describa cómo la evolución molecular de
cualquier sistema bioquímico real, complejo, ocurre o pudo
haber ocurrido. Hay afirmaciones de que tal evolución ocurre,
pero ninguna de ellas con base en experimentos o cálculos
apropiados. Ya que nadie conoce la evolución molecular por
experiencia directa, y al no haber autoridad sobre la cual
alegar ese conocimiento, podemos decir con certeza que […] la
afirmación de la existencia de la evolución molecular
darwinista es simplemente una bazofia.» |
| |
BIBLIOGRAFÍA
BEHE, M. J. (1999). La caja negra de Darwin. El reto de la
bioquímica a la evolución. Editorial Andrés Bello. Barcelona. p. 14.
BERTALANFFY LUDWIG VON (1968). General System Theory: Foundations,
Development and Applications. Ed. Fondo de Cultura Económica.
C. E. SHANNON, A mathematical theory of communication.
Bell System Technical Journal, vol. 27, pp. 379-423 and 623-656,
July and October, 1948
DAWKINS, R. (1989), O gene egoísta, Lisboa, Gradiva.
EDWARD GOLDSMITH (1999). El Tao de la Ecología. Una visión ecológica
del mundo. Icaria editorial, s.a.
KAUFFMAN, S.A. (1997), p. 132 133.
KAUFMANN STUART (2000). Investigations. Oxford University Press
SANDÍN MÁXIMO. Hacia una Nueva Biología. ARBOR CLXXII, 677 (Mayo),
167-218 pp
SCHOPENHAUER, A. (1997), Como vencer um debate sem precisar ter
razão , Rio de Janeiro, Topbooks, p.174.
VOLTERRA VITO (1926). Variazioni e fluttuazioni del numero
d'individui in specie
animali conviventi. Mem. R. Accad. Naz. dei Lincei Ser. VI 2
VOLTES BOU PEDRO (1978). La teoría general de sistemas. Editorial
Hispano Europea.
WIENER NORBERT (1950). The Human Use of Human Beings: Cybernetics
and Society
|