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"EVOLUCIÓN: UN NUEVO
PARADIGMA" es el segundo libro de la colección "Hacia el futuro"
editado por IIEH. El libro se divide en dos partes. La primera
parte es el trabajo de Máximo Sandín, biólogo docente en la
Universidad Autónoma de Madrid. En sus tres capítulos 1 TEORÍA
SINTÉTICA, CRISIS Y REVOLUCIÓN, 2 HACIA UNA NUEVA BIOLOGÍA y 3
SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE expone con toda claridad y atingencia
su punto de vista sobre aquellos aspectos de la teoría
darviniana que él considera obsoletos, incompletos e inclusive
mal interpretados por sus propugnadores contemporáneos. En estos
capítulos, él autor afirma que en cuanto a la evolución no todo
está dicho por la teoría comúnmente admitida, por lo que propone
convertir la rutinaria y dogmática biología académica en un
apasionante campo de debate científico, bajo la perspectiva
nueva que ofrece el estudio de los sistemas dinámicos no
lineales, y propone un modelo de evolución por "integración de
sistemas complejos".
El primer capítulo se inicia con el argumento y la demostración
de que la teoría darviniana adolece de notorias lagunas, ya
reconocidas por su autor, aunque negadas e ignoradas por sus
seguidores. Este punto de vista se reafirma en el segundo
capítulo, con la abundancia de nuevos argumentos y su
coincidencia con autores tan importantes como Ilya Prigogine,
Stuart Kauffmann, Varela, Maturana, L. Margullis, M. Behe y V.
Goodwin quienes hablan de la manifiesta incompatibilidad de los
procesos de la naturaleza con la visión reduccionista y lineal
de la biología tradicional.
En su capítulo sobre el origen del hombre, el autor, con gran
agudeza mental descubre el profundo sentido fascista de las
conceptualizaciones darvinianas y neo-darvinianas. Claramente
expone todos los argumentos que los sistemas liberales y
neo-liberales han utilizado en la defensa y justificación de sus
instintos hegemónicos y predadores.
Por su lado, Agudelo y Alcalá, desde el prólogo dejan
perfectamente claro su solidaridad con el punto de vista de
Máximo Sandín, para ello, ingeniosamente, utilizan los
argumentos de Ernst Mayr, neo-darvinista reconocido por el New
York Times como el Darwin del siglo XX, como base para un
rechazo total a esta doctrina. Los argumentos, en su
origen destinados a sustentar el punto de vista neo-darvinista
se presentan en 24 preguntas con sus correspondientes
respuestas, mismas que son transcritas literalmente y
posteriormente comentadas, criticadas y, en su caso, rechazadas
por los autores.
Basan sus capítulos en el postulado de que la gran ecuación que
explica los procesos fundamentales de la naturaleza no cuadra
debido a que la Información, como variable física, no ha sido
tomada en cuenta. Independientemente de que no se pueden ignorar
los grandes avances científicos que se han dado a partir del
estudio de las diferentes disciplinas desde el punto de vista de
los sistemas lineales, los autores consideran, al igual que
Sandín, que el enfoque no lineal es necesario, ya que en la
mayoría de las disciplinas científicas el enfoque lineal se ha
agotado.
El capítulo 4 explica, desde el punto de vista del no
especialista para el no especialista, tres teorías de la física
de partículas en proceso de investigación, en las que será
posible introducir la Información. El capítulo 5 abunda sobre
este aspecto y lo complementa explicando como la Información se
manifiesta en todas las áreas del conocimiento y la forma en que
lleva a cabo sus interacciones. En el capítulo 6 se profundiza
en el concepto Complejidad desde el punto de vista de los
sistemas dinámicos no lineales. Este capítulo en su parte final
estudia la interacción que se da entre la Complejidad y las
leyes de la naturaleza. Por último, el capítulo 7 presenta un
marco teórico del paradigma nuevo sobre la evolución,
coincidente con la propuesta que desde la biología hace Máximo
Sandín.
Es curioso el hecho de que, aun habiendo quedado completamente
demolida la física del siglo antepasado, su influencia persiste
y se extiende a otras disciplinas científicas, como la biología
y la neurobiología porque según muchos científicos, esa física
del siglo XIX representa un enfoque suficiente para el estudio
de los fenómenos biológicos. En el marco de sus investigaciones
sobre la evolución, creen que ha llegado el momento de dar un
paso decisivo que permita integrar la conciencia misma, pues la
biología está ya en condiciones de utilizar la física de nuestra
época. La física del siglo XIX, dentro de ciertos límites es
confiable. Una prueba que avala la mecánica newtoniana es el
diseño de viajes espaciales exitosos. Aunque por otro lado, en
velocidades y campos gravitacionales límites no funciona.
Para la ciencia no hay ningún enunciado "verdadero", por
sencillo, directo, evidente y antiguo que sea, que no se pueda
poner en entredicho y desestabilizarse algún día. Tarde o
temprano quedará superado el marco que garantizaba su validez,
hasta entonces implícita, y se insertará en otro marco más
amplio en el que la verdad del enunciado inicial entrará en
contradicción cuando esté más allá de las fronteras iniciales.
[NOTA 1]
La biología ortodoxa contemporánea se basa en un paradigma que
ya no es ni suficiente, ni necesario para explicar como operan
los sistemas dinámicos no lineales. El paradigma oficial actual
para interpretar las ciencias biológicas involucra principios
como "la evolución es fruto del azar y la necesidad", "la
selección natural", "la supervivencia del más apto" etc.
Asimismo, la física ortodoxa funciona con leyes férreamente
deterministas.
El lector se podría preguntar: ¿En que me afectan las teorías de
Darwin y Newton o lo que de ellas se haya deducido si ni
siquiera creo en la evolución y no tengo que resolver ningún
problema de física? Craso error, el paradigma que de estas
teorías se deriva ha modelado nuestra sociedad y nuestra vida
personal hasta grados increíbles. En el libro aparecen múltiples
ejemplos.
Se tiene que aceptar, inclusive por los neo-darvinistas más
ortodoxos, que la más autorizada crítica al contenido científico
de su obra la inició el mismo Darwin, tal y como lo demuestra en
el libro Máximo Sandín. A la progresiva pérdida de importancia
relativa de la selección natural como mecanismo de la evolución,
añadió otro punto débil: el cambio gradual. Entre dudas y
reafirmaciones, Darwin se preguntaba: "¿Por qué, si las
especies han descendido de otras especies mediante gradaciones
insensiblemente diminutas, no vemos en todas partes innumerables
formas de transición? ¿Por qué no está toda la Naturaleza en
confusión, en lugar de estar las especies como las vemos, bien
definidas?" Y tanto más cuanto estas observaciones no hacen
sino apoyar los datos provenientes del registro fósil, ya que,
según Darwin, si las transformaciones de las morfologías en
otras se produjeran de forma gradual, "...la cantidad de
eslabones intermedios y de transición entre todas las especies
vivas y extinguidas ha de haber sido inconcebiblemente grande".
Evidentemente, esto no es así. De hecho, como él mismo
reconocía, los más eminentes paleontólogos y los más grandes
geólogos contemporáneos suyos, mantenían la inmutabilidad de las
especies.
Con todo esto, parece inconcebible que los neo-darwinistas no
hayan replanteado la hipótesis del cambio gradual en el proceso
evolutivo. Es decir, una Teoría que trataba de explicar la
variabilidad presente en la Naturaleza parecía encontrar desde
su origen serios problemas. Posiblemente, si los seguidores de
Darwin en lugar de aferrarse a los conceptos que satisfacían sus
prejuicios culturales, hubieran compartido con él sus dudas y su
honestidad intelectual, el camino habría sido otro.
La microscópica minoría que maneja el destino de la humanidad
toma lo dicho por la ortodoxia científica como el dogma que los
justifica, a pesar de lo creacionista que se considere. Un
ejemplo: en una reunión sobre el petróleo en Japón, los
representantes de E.U. con elocuencia diplomática dijeron más o
menos lo siguiente: Si este mundo no tiene ni meta ni sentido
y tenemos a la mano todos estos recursos, hemos de aprovecharlos
a la mayor brevedad aunque sea a costa de que el mundo
desaparezca.
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