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A lo largo de la historia de la Ciencia (de nuestra historia y de
nuestra ciencia), hemos asistido a una sucesión de cambios drásticos
en la concepción (interpretación) de la realidad, a medida que
aumentaba el "poder de resolución" de las técnicas e instrumentos
con que se la observaba. Con el microscopio, "aparecieron" las
células, unidades básicas de todos los seres vivos. También "nos
encontramos" de golpe, con los microorganismos "inexistentes" hasta
entonces. Con el telescopio, la Tierra "saltó" del centro del
Universo a la periferia... Resulta sorprendente (para los filósofos
o los físicos tal vez no), cómo la descripción "objetiva" de un
mismo objeto o fenómeno, y en última instancia, de la realidad,
puede cambiar en función de la perspectiva desde la que se observe.
Las nuevas técnicas genéticas han desbaratado la vieja concepción de
"gen" y, sobre todo, el binomio un gen-un carácter en el que se
sustentaba la base teórica de la Biología desde el
"redescubrimiento" de las leyes de Mendel. El gen también ha sufrido
su particular metamorfosis y ha pasado de ser una supuesta entidad
responsable directa de un carácter fenotípico, ya sea morfológico,
fisiológico o, incluso, de comportamiento (se ha hablado del "gen"
de la homosexualidad), pasando por una unidad responsable de la
codificación de una proteína, hasta llegar a convertirse en una
mareante variedad de posibilidades de tamaño, composición,
interacciones y actividades: hay genes formados por unos pocos miles
de pares de bases y genes de millones de pares de bases, sin "intrones",
con unos pocos, o con muchos "intrones" dentro. Hay genes con genes
dentro, otros que codifican para una proteína, están repartidos en
trozos dispersos por el Genoma. Hay proteínas codificadas por varios
genes independientes, y también un mismo gen (una misma secuencia)
tiene significados diferentes, según la zona del genoma en que esté.
Por otra parte, hay genes que pueden codificar proteínas distintas
(lo que se conoce como "splicing" alternativo), y hay genes que
regulan a otros genes. Finalmente (por el momento) los genes pueden
leerse de formas diversas, en distintas posiciones, en diferentes
direcciones y en distintos niveles...
Todos estos fenómenos están sometidos, a su vez, a varios niveles de
regulación por miles de proteínas (se han estimado unas 250.000,
cuyas actividades son en su mayor parte desconocidas), que se
regulan entre sí, regulación controlada por retroacción desde la
fisiología del organismo y, por tanto, desde la relación de este con
el ambiente externo.
Pero, además, cuando hablamos de actividades de los genes, hay que
tener en cuenta de qué células estamos hablando, de qué momento de
la actividad celular e, incluso de la vida del organismo de que se
trate. En efecto, las células de distintos tejidos tienen distintos
genes activados y otros bloqueados en relación con las funciones
específicas de cada tejido. También dentro de un tejido concreto, en
cada momento, se activan y desactivan miles de genes siguiendo
complejos, y aún no descifrados, patrones. Por último, la actividad
de los genes durante el desarrollo embrionario no es igual que
durante la adolescencia o el estado adulto... Desde luego "el gen"
está resultando menos simple de lo que se creía.
El espectacular aumento del "poder de resolución" producido en los
últimos años ha desbordado las viejas concepciones sobre la
naturaleza de los fenómenos biológicos, hasta el extremo de que,
como afirma Philip Ball en Nature (12 de febrero): “La Biología
carece de un marco teórico para describir este tipo de
situación"/.../ "puede que para hacer algún progreso los
biólogos tengan que importar algunos conceptos desarrollados en
Física".
Algo así llevan cierto tiempo intentando biólogos como los chilenos
Varela y Maturana , o el norteamericano Stuart Kauffman que están
elaborando modelos biológicos basados en las teorías de sistemas
(una célula, un organismo o un ecosistema son "sistemas complejos",
sistemas abiertos que intercambian información con el exterior) en
las que los conceptos de "procesos no lineales",
"retroalimentación", "redes de información", "autoorganización"...
se constituyan en herramientas capaces de proporcionar, por fin, una
descripción más real de los fenómenos biológicos. Una descripción
científica, que permita avanzar por el camino del conocimiento.
Incluso, que, eventualmente, permita hacer predicciones como la
Física, la Química, las Matemáticas... Como reclama Philip Ball: “Los
biólogos van a tener que construir una nueva Biología”.
En este camino, en este contexto, ¿cuáles han sido las consecuencias
más destacables de la secuenciación (parcial, quizás muy parcial)
del genoma humano?: La sensación mayoritaria parece ser de estímulo,
pero también se ha percibido una reacción de decepción.
Decepción, (especialmente para algunos), porque lo que parecía
prometerse como una meta con posibles aplicaciones inmediatas, se ha
revelado como un punto de partida: De lo que se dispone realmente es
de una especie de diccionario incompleto del lenguaje de los genes.
Queda por delante completar el "diccionario", tanto el 40% de los
genes secuenciados, cuyos productos son desconocidos, como el 20%
que quedan por secuenciar, así como los de la enorme cantidad de
genes, aparentemente silenciosos y, sobre todo, la ingente tarea de
comprender las complejísimas interacciones entre ADN y ARN, entre
ADN y ADN, entre proteínas y proteínas, entre proteínas y ADN...y
la, cada vez mas patente, influencia del ambiente en estos procesos.
Como dice Sidney Brenner, desde la perspectiva de su larga
experiencia, pero sobre todo, de contemplar las competencias y las
"carreras de patentes" desde fuera: "La mayor parte de la gente
cree que la secuenciación del genoma humano va a ser una especie de
mensaje llegado de los cielos. Pero, lo cierto, es que ese mensaje
nos va a decir muy poco. Nos va a decir algo como: "mira, esto es lo
que tienes que entender ahora".
Pero éste es precisamente el mayor estímulo para los científicos, el
desafío de intentar resolver los enigmas de la Naturaleza. Albert
Einstein decía: "La sensación más bella que podemos experimentar
es la de lo misterioso... Es la fuente del arte y de la ciencia”.
Y, la realidad, es que el informe científico sobre el desciframiento
del genoma humano, (Nature, 2001) está plagado de términos como
"misterioso", "función desconocida", "enigma no resuelto"... A sus
autores les resultan sorprendentes las "más de doscientas
secuencias de origen bacteriano" que han encontrado, así como
las evidencias de transferencia horizontal de genes "relativamente
frecuentes", es decir, genes "transmitidos por vectores como
virus". También han resultado sorprendentes las enormes
cantidades de elementos móviles (transposones y retrotransposones),
secuencias genéticas que pueden "saltar" de una parte a otra del
genoma, bien mediante inserción directa en otra zona, o bien
mediante una duplicación previa de su secuencia. Este último
fenómeno es el responsable de una enorme cantidad de secuencias
repetidas (que constituyen el 45% del genoma) y que antes se
consideraban "ADN basura", pero que según la opinión de los autores
del informe: "Como agentes activos, las repeticiones han
remodelado el genoma causando reordenamientos, creando genes
enteramente nuevos, modificando y barajando genes existentes y
modulando el contenido total de Guanina-Citosina".
Otra conclusión sorprendente es que: "Mucho del restante ADN
único debe también haber derivado de antiguas copias de elementos
transponibles que han divergido demasiado para ser reconocibles como
tales". Y este último aspecto se repite en el hallazgo de
elementos de origen viral,"retrovirus-like elements": 450.000
copias que constituyen (por el momento) el 8% del total del genoma
corresponden a secuencias retrovirales "reconocibles como tales".
Unas tienen las secuencias genéticas que producen proteínas que
hacen capaces a los retrovirus de hacer copias de sí mismos (de su
ARN); traducir el ARN a ADN, e integrarse en el ADN celular, además
de una secuencia responsable de la producción de sus propias
proteínas específicas. Además tienen la secuencia "env", que
es la que produce la cápsida vírica (en la que están los receptores
que reconocen el sitio de la membrana de la célula que infectan). El
otro tipo de secuencias de origen retroviral sólo tiene las
secuencias correspondientes a sus proteínas específicas.
Todas estas abundantes, complejas, trascendentales secuencias
"autónomas" tienen un evidente origen común: Según los autores:"Los
elementos autónomos (retrotransposones) contienen los genes "gag" y
"pol" que codifican una proteasa, transcriptasa inversa, ARNasa e
integrasa. Los retrovirus exógenos parecen provenir de
retrotransposones endógenos por adquisición de un gen celular "env"(cápsida)".
Al llegar a este punto del cúmulo de sorpresas que nos está
deparando el genoma humano, parece necesario un momento de
reflexión: ¿Porqué los retrovirus exógenos, con sus variadas y, a
veces sorprendentes cápsidas, que contienen receptores capaces de
localizar el punto de la membrana celular por la que penetran y el
punto del ADN donde se insertan, "parecen" provenir de
retrotransposones endógenos que han "adquirido", (¿al azar?,
¿por qué?) un gen celular, (¿de dónde?), ¿envelope?.¿No
podría ser, por el contrario, que los retrotransposones fueran
derivados de retrovirus que han perdido el gen viral
envelope?
Parece que nos hemos encontrado con uno de los (muchos y
trascendentales) puntos a reinterpretar a la luz de la "Nueva
Biología": pero, para ello, tal vez haya necesidad de cambiar de
lenguaje (el lenguaje es, a la vez, resultado y constructor de la
realidad). Y no parece razonable continuar interpretando los nuevos
datos con el antiguo vocabulario, un lastre (no aparente), del que
la Biología debe desprenderse ineludiblemente para cambiar de
perspectiva. Y es que el magnífico informe de Nature, a pesar de sus
innovadoras conclusiones sobre la implicación de los elementos
móviles en cambios evolutivos bruscos, o sobre la influencia de
factores ambientales en la activación de elementos móviles, que
hacen tambalear a la vieja visión de pequeños cambios graduales y
"al azar", no puede evitar el empleo de viejos términos tan
arraigados en el vocabulario biológico que, a menudo se emplean para
describir fenómenos totalmente opuestos al significado del término
empleado. (Un ejemplo: En su magnífico libro "El árbol del
conocimiento" Varela y Maturana escriben: "...En efecto, a
menudo pensamos en un proceso de selección como el acto de escoger
voluntariamente entre muchas alternativas. ... Es justamente lo
contrario lo que ocurre y sería contradictorio con el hecho de que
estamos tratando con sistemas determinados estructuralmente
(el subrayado es mío). ...Hay otras expresiones que podrían
usarse para describir este fenómeno. Nuestro motivo, sin embargo,
para referirnos a él en términos de selección de caminos de cambio
estructural es que la palabra ya es indisociable de la historia de
la biología después que Darwin la utilizara.
Es decir: "por motivos históricos" usamos un término, (selección),
para describir "justamente lo contrario".Y así, nos encontramos a lo
largo del informe, y en referencia a los elementos móviles, con "estrategias
para asegurar su supervivencia", "valor adaptativo", "competencias",
"invenciones exitosas", "colonización de genomas"...
Términos trufados de reminiscencias de las viejas interpretaciones
antropocentristas, (etnocentristas más bien), de lucha por la vida,
y supervivencia del "mas apto", cuya quintaesencia moderna, la
teoría del "gen egoísta" afirma que "los genes compiten entre sí
para asegurarse la supremacía de unos sobre otros". Bajo este
prisma deforme, no es extraño que las secuencias repetidas, cuya
función, (probablemente muy importante) se desconoce, sean
degradadas por muchos genetistas con la denominación de "ADN
basura", (otro viejo "tic" cultural, el de denominar "basura" a lo
que no se conoce o no se comprende).
Quizás la forma de escapar de este círculo vicioso de preconceptos,
datos, e interpretaciones, sea cambiar de perspectiva, dejar de
mirar los ladrillos y observar, desde lejos, cómo se construyó la
catedral, desde el principio. Es decir, qué datos nuevos tenemos
sobre la evolución de la vida. Porque el aumento del poder de
resolución no sólo ha afectado a los campos de la Biología con
"posibles aplicaciones prácticas". La llamada investigación básica,
es decir, la profundización en el conocimiento, está aportando
descubrimientos absolutamente revolucionarios pero que naturalmente,
no reciben el mismo tratamiento informativo (ni siquiera por parte
de las revistas científicas) que los descubrimientos de los "genes
de interés comercial", como la del supuesto "gen del sabor dulce",
que "...puede ayudar a los investigadores a producir edulcorantes
libres de calorías" Nature (2001).
Para comenzar con los datos, (no especulaciones), que tenemos sobre
el principio de la vida, los primeros sistemas vivos que nos
encontramos son las misteriosas bacterias, que fueron las
responsables no sólo de la creación de las condiciones atmosféricas
adecuadas para la vida tal como la conocemos, sino también de la
vida misma. La teoría endosimbionte de Lynn Margulis, según la cual
las células eucariotas (las que constituyen los organismos animales
y vegetales) se produjeron como consecuencia de una agregación de
bacterias, se ha podido constatar con la secuenciación del genoma de
la bacteria Richetsia, que ha resultado extraordinariamente
semejante al de las mitocondrias. Pero eso no es todo: W. Ford
Doolitle, en su magnífico artículo "Nuevo árbol de la vida"
(Investigación y Ciencia, Abril, 2000), nos muestra que los genes
celulares básicos, los actualmente implicados en la replicación,
respiración, producción de energía, son una composición de genes
provenientes de eubacterias, arqueobacterias y cianobacterias. Para
los otros genes de los organismos eucariotas, reivindica la
necesidad de "un cuarto dominio" que aportara, por
transferencia horizontal los nuevos genes. Unos genes que "se
ignora de dónde pudieron haber venido".
Bien, ya tenemos algunos datos que parecen ajustarse a la
terminología de la Nueva Biología: Las complejas células que nos
constituyen se han formado por integración de sistemas que ya en sí
mismos eran complejos y que "se han conservado", hasta el
extremo de que Radhey S. Gupta (2000) ha podido identificar la
procedencia de conjuntos genes/proteínas de los organismos
eucariotas: los relacionados con la información genética, provienen
de arqueobacterias. Los responsables de las funciones metabólicas,
de eubacterias. (Es decir, hay en nuestro genoma muchas más de
"doscientas secuencias de origen bacteriano"). Falta por
identificar el "cuarto dominio" que aportó los genes
responsables de otros procesos, como por ejemplo, los que controlan
el desarrollo embrionario de los organismos multicelulares. Y un
indicio muy significativo puede estar en uno de los fenómenos mas
misteriosos de la evolución de la vida: La "Explosión del Cámbrico";
la asombrosa aparición, de una manera repentina, (es decir, no
rápida ni "aparentemente repentina"), hace más de 540 millones de
años, de todos los grandes tipos de organización animal existentes
en la actualidad (moluscos, gusanos, artrópodos, vertebrados) con
estructuras tan complejas como patas articuladas, aletas, ojos, tubo
digestivo. El significado de este hecho constatado, lo resalta Simon
Conway Morris en su artículo "The Cambrian explosion: Slow-fuse
or megatonnage?" (2000), en el que concluye: la explosión
cámbrica es real y sus consecuencias ponen en marcha un maremoto en
la historia evolutiva. Mientras que el patrón de evolución es muy
claro, los procesos involucrados siguen todavía sorprendentemente
esquivos".
Los responsables de estos "esquivos" procesos son unos sistemas
genéticos denominados "Homeoboxes". Unas secuencias repetidas en
tandem que funcionan reguladas por unas proteínas específicas
(conjunto al que el genetista del desarrollo Antonio García Bellido
ha denominado "sintagma", cuya definición en Linguística es:
"Combinación de diversos elementos en un sólo complejo en la cadena
fónica"): Hay "Homeoboxes" que codifican (significan) ojo,
sistema urogenital, oído, proceso de gastrulación. La diferencia
entre los "Homeoboxes" de mosca, ratón y hombre, estriba en el
número de duplicaciones de las secuencias y "unos cientos
de proteínas específicas" (Morata, 99). En el artículo "Los
genes del Cámbrico" publicado en la Revista de la Real Academia
de Ciencias (99), García Bellido, nos habla de que "sintagmas
completos, en un número creciente de casos, están conservados
desde su origen". Pero, ¿qué organismo, qué "cuarto
dominio" con capacidad de producir duplicaciones aportó los
genes y las proteínas necesarios para la regulación del programa
embrionario? No parece razonable, dada la extremada especificidad y
conservación de los procesos celulares, que estos últimos se
produzcan por mutaciones "al azar" en los genes responsables de la
respiración, movilización de energía, etc. Es decir: ¿surgieron los
elementos móviles de mutaciones "al azar" de los genes bacterianos
para posteriormente, y naturalmente "al azar", adquirir la compleja
cápsida vírica, o son los virus el "cuarto domino" del que proceden
los genes del desarrollo?
Recientes (y, al parecer, menospreciados) descubrimientos
científicos están mostrando que los fenómenos biológicos son mucho
más complejos de lo que las vagas explicaciones del azar y la
competencia de la visión tradicional nos habían hecho creer. En mayo
de 1999, se publicó en la revista Nature un artículo de J.A. Fuhrman
que, a pesar de su impresionante información, pasó totalmente
desapercibido. Su título: "Virus marinos y sus efectos
biogeoquímicos y ecológicos". Sus conclusiones: En las aguas
superficiales del mar hay un valor medio de 10.000 millones de
diferentes tipos de virus por litro. Su densidad depende de la
riqueza en nutrientes del agua y de la profundidad, pero siguen
siendo muy abundantes en aguas abisales. Su papel ecológico consiste
en el mantenimiento del equilibrio entre las diferentes especies que
componen el placton marino (y como consecuencia del resto de la
cadena alimenticia) y entre los diferentes tipos de bacterias,
destruyéndolas cuando las hay en exceso. Como los virus son inertes,
y se difunden pasivamente, cuando sus "huéspedes" específicos son
demasiado abundantes son mas susceptibles de ser infectados. Así
evitan los excesos de bacterias y algas, cuya enorme capacidad de
reproducción podría provocar graves desequilibrios ecológicos,
llegando a cubrir grandes superficies marinas. Al mismo tiempo, la
materia orgánica liberada tras la destrucción de sus huéspedes,
enriquece en nutrientes el agua.
Su papel biogeoquímico es que los derivados sulfurosos producidos
por sus actividades, contribuye... ¡a la nucleación de las nubes! A
su vez, los virus son controlados por la luz del sol (principalmente
por los rayos ultravioleta) que los deteriora, y cuya intensidad
depende de la profundidad del agua y de la densidad de materia
orgánica en la superficie, con lo que todo el sistema se regula a sí
mismo.
Actividades ecológicas virales de éste tipo se están estudiando en
los suelos terrestres, unos suelos también plagados de bacterias, en
su mayor parte desconocidas, que cumplen funciones esenciales en la
degradación de sustancias tóxicas en la Naturaleza, o en la fijación
de Nitrógeno por las plantas, y en la regeneración de suelos y
ecosistemas marinos y terrestres. Pero, además, enormes colonias de
bacterias viven en el interior de los seres vivos colaborando en
funciones fundamentales, como la degradación de sustancias que no
pueden digerir o la producción de otras imprescindibles para el
organismo. Se ha calculado que el 10% del peso en seco de nuestro
organismo corresponde a bacterias. Recientemente, se ha intentado
elaborar un cálculo aproximado de su número total (es decir, las que
conviven con nosotros en nuestro interior y en el exterior). La
aproximación, que tal vez se queda corta (por ejemplo, solo en el
intestino de una termita hay cerca de tres millones de bacterias),
ha estimado una cifra para toda la Tierra que oscila entre 4 y 6 x
10e30 que equivale a cincuenta mil millones de veces el número de
estrellas calculado para el universo. ¡Y siempre han estado aquí,
incluso cuando para los científicos no existían!: renovando los
suelos, colaborando con las plantas, intercambiando genes... En
palabra de Lynn Margulis: "Los organismos vivos visibles
funcionan sólo gracias a sus bien desarrolladas conexiones con la
red de vida bacteriana /.../ toda la vida está embebida en una red
bacteriana autoorganizadora, que incluye complicadas redes de
sistemas sensores y de control que tan sólo empezamos a percibir"
Parece que, por fin, empezamos a disponer de un lenguaje adecuado
para describir los fenómenos biológicos. Un lenguaje susceptible de
ser aplicado a los fenómenos observados, que es lo que echa
de menos el prestigioso paleontólogo Niles Eldredge en su magnífico
libro "Síntesis inacabada"(1997): "Hay biólogos, que
trabajan con otros fenómenos distintos de las especies y los grupos
monofiléticos, que experimentan dificultades epistemológicas y
ontológicas al tener que explicar sus datos con los instrumentos
aportados por la teoría sintética". Los "datos", lo que
se observa en el registro fósil, no son individuos o especies
evolucionando gradualmente y al azar, sino ecosistemas de gran
estabilidad y duración en los que todos los individuos,
estrechamente interrelacionados, cambian súbitamente en relación con
bruscos cambios ambientales. Eldredge nos habla de una relación de "procesos
jerárquicos" en la Naturaleza: "Nada, (literalmente ninguna
cosa, ninguna entidad) existe por separado en ninguno de los
sistemas de procesos jerárquicos". Y éste fenómeno, que para los
militantes de la "vieja Biología" puede resultar una figura
retórica, acaba de "aparecer" súbitamente como un misterio más de la
evolución que "rompe los antiguos árboles filogenéticos" (Nature,
2001). Dos trabajos, realizados independientemente, y publicados en
Nature (febrero 2001) han llegado a las mismas conclusiones: han
estudiado secuencias de genes de una gran cantidad de mamíferos
salvajes. A pesar de que las secuencias estudiadas eran diferentes
en los dos trabajos, los resultados, semejantes, eran los
siguientes: las estrechas semejanzas en sus secuencias separa a los
mamíferos en cuatro grupos: Afrotheria (Mamíferos africanos),
Laurasiatheria (Eurasiáticos), Xenartra (mamíferos de Centro y
Sudamérica) y Euarchonta + Glires, (¡Primates, incluido el hombre, y
roedores!). Los dos grandes grupos independientes de los dos
primeros continentes poseen formas de ungulados, carnívoros,
acuáticos... Es decir, para ellos, no parecen haber evolucionado
agrupados según el criterio tradicional (ungulados, carnívoros, etc)
sino que, en cada continente, han "surgido" las distintas
morfologías y las distintas funciones en la pirámide ecológica. La
"explicación" del extraño fenómeno es que "Muchas adaptaciones de
los mamíferos placentados, abarcando desde acuáticos a voladores,
han evolucionado muchas veces independientemente " (si ya
resulta difícilmente explicable que una de las "adaptaciones" como,
por ejemplo, el vuelo, surja una vez como consecuencia de la
selección natural actuando sobre mutaciones al azar, qué decir de
todas esas "muchas adaptaciones"). Aunque el fenómeno se
califica en la revista como "radiaciones adaptativas paralelas",
un "relicto" de la vieja Biología consistente en poner un nombre a
un fenómeno como si eso lo explicase, lo cierto es que parece
ajustarse más a las observaciones de Eldredge: evolución de
ecosistemas, en la que tienen que estar forzosamente implicados
mecanismos de transferencia horizontal de genes, incluidos los del
desarrollo.
¿Extraño? Veamos una pista: En diciembre del año 2000, Nature
publicó "el primer genoma completo de una planta que se libera a
la comunidad científica": Arabidopsis thaliana. Una herbácea
elegida por su genoma pequeño (5cromosomas), pero con un número de
genes próximo a los 25.000, de los que casi el 80% están duplicados.
Además de la existencia de una gran cantidad de "elementos móviles",
se ha podido constatar que cerca del 60% de los genes de
Arabidopsis los comparte con otras plantas, animales y hombre
(entre estos el "famoso" gen BRCA2, considerado "uno" de los
responsables del cáncer de mama). Y es sólo el primer genoma vegetal
"liberado" por las empresas privadas a la comunidad científica...
Llegados a este punto, quizás sea conveniente detenernos en otra
pequeña reflexión. Estamos comenzando lo que se ha dado en llamar
"El siglo de la Biología", en referencia a las "mágicas"
aplicaciones de ella que iban a producir grandes mejoras en la
calidad de vida de "la Humanidad". Pero, justo al comienzo, nos
hemos encontrado con que lo que se abre ante nosotros es un punto de
partida para una nueva visión de la Naturaleza, que hay que comenzar
a reinterpretar, a comprender. Las perspectivas más optimistas, como
las de Francis Collins, predicen un mínimo de 20 años para
comprender realmente el genoma (para otros, cien). Solo entonces "se
podrán realizar de forma segura cambios genéticos en la línea
hereditaria". Y éste es el problema. La necesidad, al parecer
perentoria, de manipular los genes, de introducir cambios genéticos
artificiales en la Naturaleza. Un proceso que ya ha comenzado con la
manipulación de procesos mal conocidos, siempre con el lastre de las
viejas interpretaciones y muchos de ellos ocultos bajo el oscuro
manto de fuertes intereses comerciales:
"La terapia génica es todavía arriesgada, pero los intentos
siguen en marcha” advierte el Comité de Ética de la Organización del
Genoma Humano, -HUGO-, (Nature, 2001). Porque no parece, por el
momento, que las empresas patentadoras de "genes" y de metodologías,
tengan gran interés en compartir gratuitamente con la comunidad
científica los resultados de sus grandes inversiones, (al parecer,
el 25% de las acciones de Wall Street pertenecen a empresas de
Biotecnología).
Un principio científico básico es que hasta que no se conoce
totalmente un fenómeno no se pueden establecer predicciones. Y el
fenómeno de que estamos hablando, la vida, es de tal complejidad que
necesita de puesta en común no sólo de la información proveniente de
paleontólogos, microbiólogos, ecólogos... sino, como vimos al
principio, de físicos, químicos, matemáticos... Se está empezando a
comprender la dinámica de los sistemas complejos. Según A.L.
Barabasi, físico estadounidense, los sistemas complejos se
establecen en redes que distan mucho de ser aleatorias: “Presentan
un elevado grado de orden y universalidad que, en todos los
aspectos, ha sido algo bastante inesperado. Redes tan aparentemente
diversas como el metabolismo, los ecosistemas, o Internet, son
generalmente muy estables y resistentes, aunque sean propensas a
ocasionales colapsos catastróficos" (la "complejidad al borde
del caos" de los físicos).
Una reflexión dentro de la reflexión: estamos comenzando a percibir
los desastrosos resultados de la visión economicista y reduccionista
de la Naturaleza. Para completar el cuadro, sólo falta la emisión de
"contaminación biológica" incontrolable y de duración indefinida...
La nueva Biología tiene, desde luego, mucho trabajo por delante.
Pero ya tenemos un punto de partida con una base científica y con
datos que parecen ajustarse a ella: Nuestros componentes básicos,
las células, se autoorganizaron mediante la "integración de
sistemas complejos": las bacterias. El siguiente "salto" de
nivel de complejidad, los organismos multicelulares, (los programas
embrionarios), se tuvo que producir mediante la "transferencia
horizontal" (integración) de sistemas que contuvieran los genes
y proteínas específicos procedentes de "un cuarto dominio"
(quizás algún día se les reconozcan sus derechos a los virus). Los
siguientes "saltos" evolutivos produjeron unas misteriosas
"radiaciones paralelas" que implicaban a ecosistemas enteros.
Todavía las bacterias y los virus (estos últimos olvidados por
Margulis) continúan intercambiando genes, regulando ecosistemas,
manteniendo la complejidad… "embebiendo la red de la vida".
Sí, parece que queda mucho trabajo por delante. La cifra de veinte
años para "hacer cambios genéticos con seguridad" puede ser
muy optimista, como posiblemente lo son las afirmaciones sobre la
inminente "medicina individualizada", o la generación de
expectativas muy lejanas por el momento, cuando no de un futuro
delirante: "Podremos crear vida"; "Si conseguimos limpiar
el ADN, podremos sobrepasar los 120 años"... Pero, quizás la
primera necesidad sea detener este camino irracional y reflexionar
sobre la patente incongruencia entre realidad, necesidades
(prioridades) y expectativas. Unas expectativas creadas con
anterioridad a estos nuevos descubrimientos, basadas en una
concepción reduccionista y determinista de los "mecanismos"
genéticos, y dirigidas por intereses con muy poco de científicos
(muchos de los "problemas" que pretenden solucionar no son,
obviamente, los principales problemas de la Humanidad).
Parece que se impone una profunda reflexión, una puesta en común
(sin ocultamientos ni "patentes"), de los nuevos descubrimientos,
algunos tan impresionantes que hacen pensar que los fenómenos
fundamentales de la historia de la vida escapan a nuestra capacidad
de imaginación, acotada por la forma de pensamiento reduccionista y
"lineal" de la vieja Biología.
Sin duda, será difícil desprendernos de las interpretaciones
científicas (y del vocabulario) del viejo paradigma tan imbricado,
desde su origen, con el modelo económico y social del azar como
fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de
cambio (progreso), concepto, éste último, que impone la necesidad de
"competidores" en la Naturaleza, ya sean imaginarios o creados
previamente por nosotros, pero que, sobre todo, induce a la
realización de preguntas inadecuadas, con lo que es probable que
obtengamos respuestas inadecuadas. Es decir, quizás no se trate, por
ejemplo, de "cómo acabar con los peligrosos virus y bacterias
patógenos", sino preguntarnos qué es lo que los convierte en
patógenos.
Pero el recurso al "azar" de la vieja Biología que, en su origen,
era en realidad desconocimiento, se ha convertido en una panacea
paralizadora, resistente al cambio de interpretación mediante su
capacidad de asimilar cualquier nuevo descubrimiento sobre
"mecanismos" de cambio genético, por complejos que sean, como "otra"
modalidad de mutación al azar. Y, al mismo tiempo, (y esto quizás
sea mas grave), la idea de cambio aleatorio y sin sentido libera de
responsabilidad a los manipuladores de fenómenos de la vida, cuya
complejidad y cuyo sentido desconocemos.
Sin embargo, precisamente es el aumento de la capacidad de
manipulación de procesos biológicos (y sobre todo, la urgencia de su
rentabilización), las que suponen una gran responsabilidad para sus
practicantes: la de interferir en la "red de la vida", en la que
están implicados microorganismos cuyas actividades y capacidades
sólo estamos comenzando a comprender, pero de los que desconocemos
hasta donde pueden llegar en su respuesta a nuestras agresiones.
La Nueva Biología se ha de construir sobre una visión de la
Naturaleza en la que todo, hasta el menor microorganismo y la última
molécula, están involucrados en el mantenimiento y regulación de la
vida sobre la Tierra, en la que no sobra nada, (ni nadie), porque
probablemente, todos tienen su función y, si es así, no sólo tienen
"derecho" a existir (un derecho que nadie tiene la prerrogativa de
concederles ni quitarles), sino que es muy posible que sean
imprescindibles.
Sin duda, este cambio de concepción será difícil, porque no depende
sólo de una reinterpretación científica de la Naturaleza. Los
términos "competencia", "explotación de recursos",
"coste-beneficio", "rentabilidad"... son parte constituyente de la
"realidad" dominante. Y la situación y la dinámica actuales del
Mundo no parecen caracterizadas ni dirigidas precisamente por la
reflexión...
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BIBLIOGRAFÍA
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