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La
evolución
Usualmente, el término evolución ha sido asociado con el proceso que
da origen al conjunto de modificaciones que sufren, con el
transcurso del tiempo, los organismos vivos; en este escrito, sin
embargo, la evolución será entendida como aquel proceso de cambios
que experimenta la materia en general y cuyo resultado es la
aparición continua de estructuras materiales nuevas, más y más
complejas, capaces de realizar, con mayor eficiencia, el siguiente
conjunto universal de funciones: buscar, adquirir, memorizar,
procesar y diseminar información. De acuerdo con lo anterior,
entonces, la evolución biológica no es sino que una faceta de la
evolución general de la materia.
Del pasado al presente
Para comprender
adecuadamente la aventura de la materia en el tiempo, comenzaremos
con un viaje al más lejano pasado, a ese momento en el cual los
astrofísicos aseguran que se inició el tiempo y también este
universo que nos acoge y llena de admiración; viajemos, entonces, a
unos 15.000 millones de años atrás cuando, en una especie de
gigantesca explosión, se habría creado la materia, la energía, el
espacio y el tiempo, a expensas de fuese lo que fuese que conformaba
el pre-universo. En ese instante, junto con el espacio en expansión
y el tiempo, nació también el proceso de evolución de la materia,
definido aquí como la generación secuencial de estructuras
materiales nuevas, cada vez más complejas y heterogéneas, y que
continúa hoy, con una velocidad infinitamente mayor que en ese
entonces. En esa reorganización del espacio-tiempo primero
aparecieron, o más bien, fueron creadas, se podría decir, las
partículas más elementales que se ha conseguido producir en nuestros
laboratorios: los quarks, los electrones y los neutrinos. Fracciones
de segundo después, los quarks se combinaron para dar origen a los
protones y neutrones, los cuales, transcurridos ya unos 100 segundos
desde aquel espectacular evento, que sólo Dios podría haber
contemplado, conformaron a su vez los núcleos de los átomos más
simples: los de hidrógeno pesado (deuterio) los de helio y una
ínfima cantidad de átomos de litio y de berilio. Unas pocas horas
después del big-bang, como se ha llamado a ese acto de
creación, se detuvo la producción de helio y de otros elementos y, a
partir de ese momento, la creación se tomó un respiro, pues, luego
de él, se alargaron considerablemente los tiempos que la evolución
requirió para proseguir con su tarea; así, en consecuencia, durante
el primer millón de años el universo continuó simplemente
expandiéndose y enfriándose, lo que gradualmente permitió la
formación de las primeras estructuras atómicas más simples: los
átomos de Hidrógeno. La constitución de nuevos núcleos de Helio y de
otros átomos más grandes, debió esperar hasta que la reunión de los
átomos primordiales de hidrógeno encendiese las estrellas para que,
en esos celestiales hornos, se cocinase, además del Helio, otros
pocos elementos, tales como el Oxígeno y el Carbono. El resto de los
92 átomos de elementos estables que conocemos, tuvo que aguardar a
que se produjese la muerte de las primeras estrellas, de nuevo en
formidables explosiones, para ser creados y dispersados en el
espacio, a la espera de que la gravedad y la fuerza electromagnética
los volviese a reunir para continuar con el proceso de complicar las
estructuras, para continuar con el proceso de evolución que, algún
día, hace unos 3.800 millones de años, dio origen a los primeros
organismos vivos sobre la Tierra, surgidos en el cálido caldo de los
mares primitivos; allí, las ya muy complejas moléculas de la vida,
protegidas por la barrera selectiva de la pared celular,
prosiguieron con su organización continua, complicando cada vez más
los sistemas por ellos constituidos, hasta llegar al ser humano, la
estructura que se mantiene, aún, como cúspide de la evolución
“natural” de la materia.
Desde que la evolución natural alcanzó el importante hito conseguido
con el homo sapiens-sapiens, claro está que ella continúa, a su
cansino paso, en la mayor parte del universo, pero lo acelera
espectacularmente en el cerebro del Hombre. Es allí, en la parte más
compleja de la más compleja estructura material sobre la Tierra,
donde la evolución natural ocurre más rápido; es allí donde se
genera, día a día, hora a hora (y si usted quiere agrega los minutos
y segundos) la mayor cantidad de estructuras materiales nuevas, más
y más complejas, que representan a las ideas, a los proyectos y a
los sueños de éste ser, los cuales, por virtud de otra de las
funciones obligadas que la naturaleza le asignó, buscan ser
transformadas en obras, en estructuras materiales externas a él. De
este modo, la idea, que comienza como una estructura neuronal en el
cerebro, busca reproducirse en su exterior, terminando en una
estructura material que la representa (un nuevo modelo de auto, una
pintura, un escrito como éste y cualquier cosa que existe como obra
del Hombre). Es muy importante no olvidar que todo lo construido
artificialmente ha tenido su origen en una estructura química que
apareció primero, en algún momento, en el cerebro de algún ser
humano. Así pues, desde que la naturaleza “dio” con este ser, dio
con quien habría de liderar la evolución de la materia y también con
quien le otorgaría conciencia al proceso. Hoy, y desde hace
milenios ya, es evidente que no es la naturaleza inconsciente, sino
que la mente de los seres humanos, la que controla la velocidad y el
sentido de la evolución de la materia sobre la Tierra; pareciera que
ello se hubiese logrado por ensayo y error, como hasta la aparición
del Hombre hizo y sigue haciendo la evolución natural pero, desde
entonces, es indudable que es el Hombre, que es parte y obra de la
naturaleza y no algo separado de ella, quien, casi sin darse cuenta,
asumió el liderazgo y privilegio de conducir el proceso de evolución
de la materia, pero también la carga de angustias y remordimientos
que le impuso la adquisición de conciencia. Nunca más, después de la
aparición del ser humano, podría la naturaleza, ser humano incluido,
hacer algo sin que el juicio del mismo ser humano estuviese de por
medio; nunca más podría hacer nada, hombre o mujer alguna, sin que
en ello se interpusiese el juicio de su propia conciencia o la de
otros. ¡Sí!, debemos reconocer que somos la conciencia de la materia
en el Universo que nos es conocido y que eso es una angustiosa y
gran responsabilidad.
El examen, tanto de la forma en la cual se generan, depuran y
concretan las ideas, como de aquellas condiciones en las cuales
sobreviven las realizaciones a las que éstas dan lugar, pasando a
integrarse a otras ideas y obras, permite visualizar, en forma más
precisa, los mecanismos que, en forma semejante, participan en el
caso de la evolución biológica. De la misma manera, analizando la
forma en la que se produce la evolución biológica y material,
poniendo especial atención en la operación del mecanismo de
selección natural, se puede comprender, más fácilmente, no sólo el
comportamiento de los seres humanos en particular, sino que también
el de los sistemas por ellos creados. Será este aspecto el que se
explorará en las páginas finales de este escrito.
Continuemos, para avanzar, con un breve resumen de lo esencial, en
referencia a la evolución de la materia, incluida la de tipo
biológico.
Las
fases de la evolución de la materia
El estudio del camino
recorrido y el examen de la realidad, a la luz de nuestra
experiencia, nos conduce a deducir que son dos las fases principales
involucradas en el proceso de evolución de la materia: la primera,
consistente en una fase de síntesis de estructuras nuevas y de
asociación de estructuras ya existentes, la cual tiene como
consecuencia no sólo un incremento de la complejidad de las
estructuras resultantes, sino que también de incrementos en la
eficiencia con la cual pueden realizar sus funciones básicas y en
sus estabilidades internas frente a los cambios que pueda
experimentar su entorno. La segunda fase, denominada “de selección
natural”, consiste en un proceso de depuración de las estructuras
creadas en la primera y en el cual, a través de la competencia entre
ellas y en función de las particulares características de su medio
ambiente, se establece, naturalmente, cuales tienen la capacidad de
sobrevivir lo suficiente como para integrarse con éxito a otras
estructuras o para permanecer, formando parte del medio, en una
forma estable dada, hasta que se den las condiciones para que ella
participe, de manera más activa, en fase de síntesis y asociatividad
complementaria.
La fase de síntesis y de asociatividad complementaria: esta
es la responsable del incremento de la complejidad de las
estructuras materiales, biológicas o no, que se produce a medida que
transcurre el tiempo. Tal incremento de complejidad tiene como
consecuencia un incremento de la estabilidad del conjunto y de la
eficiencia para realizar sus funciones. De este modo, es posible
argumentar que el incremento de complejidad de las estructuras
materiales, caracterizadora del proceso de evolución, es una
consecuencia de la necesidad de buscar, por parte de ellas, una
mayor estabilidad para el medio ambiente interno, lo cual se
consigue por asociación “simpática”, o de afinidad, entre
estructuras materiales diferentes. Consecuentemente, tal como una
idea lleva a otra, así también van creciendo y complicándose,
coherentemente, los organismos materiales. El primer nivel de la
escala de complejidad se produce con la asociación de estructuras o
de individuos del mismo tipo, es decir, de características
similares, aunque no idénticas (ejemplos básicos serían la
asociación de átomos de gases (H2; O2) o de insectos, tales como
hormigas, abejas o termitas) y luego vienen los demás niveles, en
los que participan combinaciones de átomos o individuos diferentes
pero complementarios, para constituir diversos sistemas de
complejidad creciente (ejemplos básicos pudieran ser las moléculas
AgCl, H2O o conjuntos conformados por machos y hembras, organismos
vivos simbióticos u otros sistemas sociales o moleculares inertes y
biológicos).
Sin duda que las estructuras materiales más complejas producidas por
la evolución de la materia son, aún, los organismos biológicos.
Aunque dilucidar el origen de la vida no forma parte de este
artículo, hay que tener presente que ésta fue posibilitada por la
existencia, en nuestro planeta, de las condiciones que permitieron
su aparición y desarrollo y, particularmente, por la existencia, en
su entorno, de un macro medio ambiente caracterizado, en el largo
plazo, por parámetros térmicos, químicos y radiantes bastante
moderados y estables.
Mirando a nuestro mundo y al ambiente que en él se ha establecido,
como un sistema en relación y equilibrio con el resto del universo,
especialmente con el sol y la luna, se constata que éste se comporta
como lo que aquí denomino “sistema selectivamente abierto”, es decir
uno que está en intercambio informático permanente con el exterior
pero que sólo acepta las señales provenientes de afuera tras un
procesamiento previo; tal característica ha sido posible gracias a
las particularidades tan especiales de la atmósfera que envuelve a
nuestro planeta y del campo magnético que éste posee, los cuales
realizan una función similar a la que, en una célula, cumple la
pared celular, es decir, la de un escudo permeable sólo a cierto
tipo de señales portadoras de información. Es ésta particularidad
del sistema Tierra, adicionada al efecto estabilizador de la luna,
los que establecen aquellos factores que permitieron la existencia
de una especie de medioambiente-paraguas, bajo cuya protección
aparecieron diversos y numerosísimos otros, de distintos tamaños y
lo razonablemente estables como para permitir el nacimiento de la
vida y su progreso, proceso que fue denominado “evolución
biológica”, el cual constituye sólo una faceta, como ya se dijo, de
la evolución de la materia en general.
Con el florecimiento de la vida se multiplicó, casi hasta el
infinito, la cantidad y variedad de micro medioambientes de
estabilidad creciente, desde las simples células hasta los
organismos más complejos, es decir de aquellos conformados por la
asociación, en intercambio informático selectivo pero estrecho y
fluido, de múltiples micro medioambientes, todos los cuales parecen
haber “imitado y perfeccionado” características similares al
macromedio ofrecido por la Tierra pues “aprendieron”, por supuesto
bajo las normas de la selección natural, a proteger la evolución de
sus partes esenciales, rodeándolas de ambientes estables pero en
interacción selectiva con su entorno inmediato.
De hecho, la asociación de micro medioambientes estables semejantes
(células o regiones, por ejemplo) confiere, al conjunto, un mejor
aislamiento frente a las perturbaciones infligidas por el entorno
(¿ha visto cómo se agrupan los animales expuestos al frío?). Con
toda seguridad, es en la búsqueda de la estabilidad del medio
inmediato donde yace una de las fuerzas que impulsan la formación de
todo tipo de comunidades materiales, desde aquellas puramente
químicas, hasta las humano-sociales, pasando, por supuesto, por las
biológicas. Aquí puede estar, también, la clave para explicar el
incremento de complejidad que se constata, como resultado de la
evolución.
Ciertamente que ha sido la existencia y generación de medio
ambientes diversos lo que ha permitido la variedad biológica que
conocemos sobre la Tierra pero ha sido la estabilidad alcanzada por
muchos de ellos la que ha permitido la extrema especialización que
caracteriza a los componentes que los integran. Es probable que
usted no lo haya mirado así pero su propio cuerpo es un medio
ambiente extraordinariamente estable (piense solamente en la
temperatura y en las constantes bioquímicas…) en el cual viven y
realizan sus complejas y especializadísimas funciones todas las
células y órganos que lo constituyen, autónomamente pero en
comunicación permanente y jerárquica, organizadas tras un propósito
común (no por casualidad ocurre así, no olvide que cada una de las
células del organismo, con excepción de las transportistas, las
defensoras y las sexuales, contienen la misma y toda la información
genética que rige al organismo completo).
Por otra parte, es curioso que la solución encontrada por las
estructuras biológicas para crear y mantener sus medio ambientes
internos lo más estable posible, haya sido similar a aquella que se
dio en el planeta que las cobijaría, es decir, rodearse con un tipo
de escudo selectivo, permeable solamente a cierto tipo de señales y
detrás del cual pudiesen fluir, sin interferencias y fácilmente,
diversos tipos de señales capaces de transportar información entre
sus partes, cuestión fundamental para mantener la coherencia del
conjunto. Estas propiedades fueron esenciales para posibilitar la
especialización de los integrantes del sistema y para permitir la
constitución de los complejos organismos vivos que conocemos. No es
raro, pues, que los seres humanos también empleen la misma opción
para organizarse en la búsqueda de un medio ambiente estable; de
allí que la estabilidad haya ido de la mano con la formación y
evolución de las sociedades humanas, desde la familia, las tribus y
las ciudades, hasta los países y más allá. Observe usted que las
actividades realizadas por las personas que integran cualquier
comunidad pueden ser tan variadas como ellas mismas pero que todas
están regidas por leyes, escritas o no, que las ponen al servicio de
un sistema, el cual, a su vez, está al servicio de ellas pero
también al servicio de un sistema mayor, tal y como todas las
células de su propio cuerpo están al servicio de él, pero también
viven en y de él, trabajando para que el cuerpo como un todo cumpla
bien con las funciones necesarias para la correcta operación de él y
de otros sistemas relacionados.
Finalmente, resalto que, en la fase de síntesis y de asociación,
cuyas características acabo de exponer, el azar juega un papel
destacado pues muchas de las nuevas estructuras y modificaciones de
las ya existentes le deben su aparición a él.
La fase depurativa: “selección natural” denominó Charles
Darwin, en los años finales de la década de 1830, al mecanismo de
acuerdo con el cual y según su deducción, se produce el proceso de
evolución de los seres vivos en la naturaleza. En su postulado y con
sus propias palabras, dice:
Si de cada especie nacen más individuos de los que son capaces
probablemente de sobrevivir y sí, en consecuencia, existe una
frecuente y recurrente lucha por la existencia, entonces debe
ocurrir que cualquier ser vivo que cambie, aunque sea
imperceptiblemente, de forma que obtenga un beneficio para sí mismo,
bajo las complejas y a veces variables condiciones de vida, éste
tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, por lo tanto, será
naturalmente seleccionado. Basándose en el poderoso principio de la
herencia, toda variante seleccionada tenderá a propagar su forma
nueva y modificada.
Observe que Darwin señaló algo fundamental, seguramente advertido a
lo largo del extenso viaje de investigación que realizó a bordo de
la fragata H.M.S. Beagle: el hecho que siempre existe un muy elevado
número de variaciones en las características y capacidades que
poseen los integrantes de una misma especie, aún cuando habiten un
medio ambiente particular. Argumentó también que, debido a la
elevada dispersión mencionada, algunos individuos del conjunto
presentan ciertas características que les otorgan ventajas
comparativas con respecto a los demás y que favorecen su
reproducción y supervivencia en el medio específico en el que se
encuentran. A consecuencias de aquello, con el transcurso del tiempo
y las sucesivas generaciones, se produce un incremento de la
frecuencia con la cual se presentan dichas variantes ventajosas, las
cuales, estando asociadas a características físicas particulares, se
traducen en cambios morfológicos que, de ser significativos, podrían
configurar una nueva especie. Ciertamente ocurre, en un medio
estable dado, que el sistema ecológico siempre alcanza un punto de
equilibrio en el cual los cambios en el número y características de
los integrantes de las diversas especies involucradas se estabiliza.
Sin embargo, como los medios permanentemente estables son raros o no
existen, las constantes perturbaciones que los afectan mantienen a
las especies que los integran en un permanente cambio, con una
velocidad fluctuante en función de la velocidad y frecuencia de las
alteraciones experimentadas por su medio; es lógico también,
entonces, que frente a perturbaciones muy profundas haya ciertas
especies que no pudiendo adaptarse, ya sea por falta de tiempo o por
falta de capacidades, desaparezcan, mientras que otras florecen.
Dicho de otra forma pero siempre de acuerdo con la idea de Darwin,
las características de un medio ambiente conducen a los integrantes
de una especie hacia la optimización de su adaptación a ellas,
cuestión que se traduce en un incremento de su especialización y de
la eficiencia con la cual realizan sus funciones; como estos
factores son logrados a través de modificaciones físicas de los
organismos, ello puede justificar la necesidad de clasificarlos como
miembros de una nueva especie. Este proceso, que recibió el nombre
de evolución, es casi continuo, como consecuencia de las periódicas
y aleatorias perturbaciones y cambios que se producen en el medio,
implicando la aparición de nuevas especies, la estabilización de
unas pocas y la desaparición de otras.
Esas ideas fueron presentadas en el libro “Sobre el origen de las
especies”, en 1858, unos veinte años después de haber sido descritas
en sus cuadernos de notas y constituyen, desde entonces, el meollo
de la llamada Teoría de la Evolución Biológica, científicamente
comprobada y aceptada como correcta hasta ahora, aunque en ella no
se advierte ni explica satisfactoriamente el evidente aumento de la
complejidad de los organismos, a medida que transcurre el tiempo.
Los efectos de la selección natural son claramente observables en
sistemas aislados y con un medio ambiente estable; tal como los que
se dan en algunas islas, entre las cuales son destacables Madagascar
y las Galápagos; de hecho, tal parece que la visita que Darwin
realizó a estas últimas, muy representativas de ese tipo de
medioambientes, fue fundamental para clarificar su entendimiento
acerca de uno de los mecanismos bajo los cuales opera la evolución.
Sin embargo, para lograr una comprensión más global del proceso, se
debe tener presente, además, que si bien los medio ambientes
naturales (incluidos en ellos los seres vivos) tienen la tendencia a
encontrar equilibrios que les confieren gran estabilidad en el
mediano y largo plazo, están siempre expuestos a más o menos bruscas
y aleatorias perturbaciones de distinto origen y tipo, desde una
invasión territorial por parte de organismos extraños hasta aquellas
provocadas por fenómenos naturales, tales como erupciones
volcánicas, incendios, cambios climáticos repentinos, caída de
meteoritos o de cometas, mutación y diseminación de alguna bacteria
o virus, entre muchas otras. Es en esas ocasiones cuando se pone a
prueba la eficiencia de los mecanismos de protección y
autorregulación del medio y también las capacidades de adaptación de
los individuos involucrados frente a las nuevas condiciones que
pudieran serles impuestas; queda en evidencia, entonces, la
fragilidad de aquellas formas de vida demasiado especializadas en
algunas particularidades de un medio ambiente determinado. Se ha
constatado, en general, que la extrema especialización y la pequeña
variedad en las características de una especie, o de un organismo,
limitan su capacidad de respuesta frente a eventos que impliquen
cambios significativos del entorno, por lo cual esos factores son la
principal causa de la extinción de especies y también de la muerte
de cualquier individuo, enfrentados a esas condiciones. Es claro,
también, que existen circunstancias catastróficas fortuitas, en las
cuales la magnitud de la perturbación supera todas las capacidades
de adaptación posibles y que, por lo tanto, se constituyen en la
causa de muchos de los quiebres e interrupciones que exhiben algunas
de las líneas evolutivas. Así pues, muchas veces ha sido el azar y
no el resultado de los cambios graduales, el que ha determinado
cuales serían los individuos elegidos para continuar, de ahí en
adelante y en una nueva pista, la carrera que se ha llamado
evolución.
En todo caso, en el largo plazo, es conveniente repetirlo, el
resultado de la evolución biológica ha sido caracterizado, más que
por la consolidación de especies muy adaptadas a cierto tipo de
medios, por el surgimiento continuo de organismos nuevos, más y más
complejos y con una mayor capacidad de adaptación a cualquier medio
ambiente y a sus cambios. Este proceso alcanzó una cúspide con el
homo sapiens-sapiens-informático pues en él las capacidades de
adaptación dependen cada vez menos de sus características corporales
y cada vez más de aquellas cerebrales, las cuales permiten no
solamente que, con el mismo tipo básico de cuerpo, pueda realizar
casi cualquier función, sino que, además, sea capaz de generar,
rápidamente, los accesorios y complementos externos que le permiten
desarrollar mucho mejor sus variadas tareas y rodearse de un medio
ambiente confortable y muy estable. En otras palabras, con la
aparición del ser humano actual, el resultado de la evolución de la
materia, que en la biología requería de varias generaciones para
hacerse evidente, se manifiesta ahora en el cerebro de cada
individuo y dentro de su período de vida, transmitiéndose la
información ya no exclusivamente por vía de la genética, sino que a
través de variados intercambios entre ellos (una de cuyas formas
organizadas recibe el nombre de proceso de enseñanza-aprendizaje o
educación) y también mediante el intercambio de conocimientos
almacenados en objetos y máquinas creadas por ellos mismos.
Resumiendo, el mecanismo denominado “selección natural” pone en
evidencia el hecho estadístico que aquellos seres vivos que poseen
capacidades y características que implican una mejor adaptabilidad a
las condiciones que les impone el medio ambiente que les rodea,
tienen también mayores probabilidades de influenciar el medio y de
vivir el tiempo suficiente en él, como para transmitir dichas
características a sus descendientes y, especialmente, en el caso de
los humanos, también a sus semejantes. La selección propiamente tal
ocurre a través de la competencia y la complementación entre cada
ser vivo y el medio ambiente que le rodea, con un resultado que está
determinado por la eficiencia con la cual él es capaz de realizar
las siguientes funciones:
Buscar, adquirir, memorizar y procesar la información
proveniente del medio para:
-
Identificar, con el
objetivo de protegerse o defenderse, los factores potencialmente
desestabilizadores de su medioambiente (o peligros presentes en él).
Este proceso se lleva a cabo ya sea directamente, detectando el daño
sufrido por los componentes de la estructura (p.ej, a través del
dolor o de las substancias químicas liberadas por las células
destruidas) o indirectamente, a través de la información memorizada
sobre episodios semejantes anteriores (aprendizaje).
-
Facilitar el acceso a la
energía y a las substancias nutritivas (un tipo de información)
necesarias para la subsistencia y la evolución de la estructura.
-
Identificar a los
posibles organismos afines, capaces de ayudar en las tareas
anteriores.
(El proceso de
aprendizaje está subyacente en todos los puntos anteriores).
Diseminar información, genética y de otros tipos, con el objetivo
de:
-
Asegurar la descendencia
y la difusión de información a otros puntos del espacio-tiempo, para
que prosiga el proceso de evolución.
-
Ayudar a otros miembros
de la misma especie y de aquellas otras afines y capaces de
integrarse en un sistema para facilitar la supervivencia y progreso
común, mediante el incremento del grado de adaptación a los cambios
que el medio pudiese experimentar (acá aparece el concepto de
solidaridad y el proceso de enseñanza).
-
Protegerse del ataque de
posibles enemigos, a través de advertencias de represalias.
Ocultar información
al medio para:
En la naturaleza, la
selección se produce como consecuencia de una despiadada (o más
precisamente, inconsciente, pero obstinada...) lucha por el
alimento, por la supervivencia, por el territorio y por la
reproducción, en la cual hay muy limitadas evidencias y casi
exclusivamente intra-especies, de manifestaciones de piedad y de
solidaridad, tal como nosotros las entendemos. La Ley de la Selva,
según la cual el más grande, fuerte y sano se come al más chico,
débil y enfermo, describe muy bien la forma en la que los medio
ambientes naturales buscan sus equilibrios y conducen la evolución
de los seres vivos. Allí, todas las maniobras, tácticas y
estratégicas, destinadas a engañar, disimular, emboscar y matar, son
permitidas y la eficiencia en ellas es premiada con la supervivencia
y la trascendencia, tanto de los individuos como de los sistemas por
ellos constituidos.
Los mecanismos de la evolución y el ser humano
Es indudable que hace sólo algunas decenas de miles años, cuando el
Hombre de Cromagnon ya se diseminaba por el mundo antiguo, la
selección natural operaba con él y él con ella, tal como ocurría con
cualquier otro ser vivo del planeta, y así continuó sucediendo hasta
que el Homo Sapiens-Sapiens se impuso sobre todas las demás
especies, excluyendo a las bacterias, virus, hongos, levaduras y
algunos insectos que aún ejercen, con un éxito limitado, su opción
de actuar como invasores o atacantes del organismo humano. A partir
de entonces y mayormente a medida que el número de seres humanos se
incrementaba, la selección natural intra-especie pasó a intervenir
seriamente en la evolución de ella misma. Examinemos, a
continuación, algunas de las formas mediante las cuales ese proceso
tiene lugar, incluso hoy, aunque no necesariamente llegue a la
eliminación física de individuos:
* Competencias de todo
tipo: por el alimento, por el territorio, por la reproducción, por
razones comerciales y étnicas, por la energía y la información, por
la educación, por el poder (que establece la jerarquía dentro de los
sistemas y que permite controlar el medio ambiente individual a
voluntad); por imponer creencias religiosas, políticas y de otras
naturalezas. Son las competencias las que dan origen a las
divisiones y conflictos, incluidas las guerras.
* Alianzas varias (inter-personales,
comunitarias y nacionales) destinadas a generar ventajas asociadas a
las competencias descritas en el punto anterior.
* Consecuencias de los
procesos ya descritos:. dominación, esclavismo, tráfico de
influencias, engaño, espionaje, perfidia, hipocresía y otras lacras.
Hasta hace solamente unos
cien años, estas prácticas, unidas a la incapacidad del ser humano
para combatir seriamente las enfermedades y a la inexistencia de las
normas que ahora regulan mucho mejor la convivencia, las relaciones
laborales y la solidaridad en las comunidades humanas, hacían que la
selección natural biológica operase, intra especie, casi tan
libremente como en la naturaleza misma. Desde entonces, gradual pero
aceleradamente, la ciencia, la medicina, la tecnología y la Ley han
fuertemente alterado las consecuencias de la selección natural en el
plano biológico, desplazándola, marcadamente, hacia aspectos
sociales, intelectuales, económicos e informacionales. Demasiado
largo sería realizar un análisis de cómo ella interviene en todos
estos aspectos y, por lo tanto, le sugiero a usted, estimado lector,
la tarea de reflexionar sobre ese tema; yo, para no extender en
demasía este escrito, me limitaré a señalar que, en el mundo
desarrollado de hoy, es mayormente el respeto a las leyes escrita,
moral y ética, quien protege al ser humano de experimentar todos los
rigores a los cuales estaría expuesto si fuese librado a los
designios de la naturaleza, aún en medio de la ciencia y la
tecnología más avanzadas. Observe, en apoyo de esta tesis, que cada
vez que un conflicto mayor ocurre, tal como una revolución, un golpe
de estado o una guerra, se activan los mecanismos de la selección,
estilo natura, liberándose con trágicas consecuencias, a pesar de
las tímidas leyes internacionales que intentan regularlos. En
condiciones normales, es decir en aquellas existentes en las
sociedades funcionando bajo pleno imperio de la ley, los mecanismos
mencionados afloran nítidamente, casi contando con la tácita
aceptación de la comunidad, en los períodos previos a la resolución
de todo tipo de competencias, especialmente aquellas por el poder
político o administrativo, por la preeminencia económica y también
por las metas llamadas deportivas; entonces, en esos disimulados y
sustitutivos juegos de guerra y bajo el impulso primario de las
emociones y de las pasiones, todo parece valer, desde las
zancadillas a la traición, desde la hipocresía hasta la perfidia y
mucho más. ¡Sí!, la selección natural continúa siendo un factor
preponderante en la evolución de los sistemas sociales, cuestión que
no debemos olvidar a la hora de decidir sobre nuestras propias
acciones y las de los demás.
Algunos sistemas de origen humano, con bases fundadas en los mismos
mecanismos que permiten la evolución biológica y material, son los
industriales modernos y el económico de libre mercado, cuyos éxitos
para dar curso a una rápida evolución se deben, muy probablemente, a
la semejanza que tienen con los sistemas naturales. Por otra parte,
en ellos, al igual que en estos últimos, la distracción, la
misericordia y la falta de información y conocimientos, se pagan,
fácilmente, con la extinción.
Curiosamente, la aparición del ser humano, junto con provocar una
transferencia del liderazgo de la evolución de la materia, hacia su
cerebro y manos, implicó también la aparición de la conciencia
en el universo conocido y, como resultado de su ejercicio, el
surgimiento de una posición muy crítica acerca de los mecanismos
mediante los cuales opera la selección natural, una de las bases de
la evolución hasta entonces. Esta posición crítica de rechazo se ha
expresado, desde hace milenios, a través de sistemas filosóficos,
religiosos y políticos que han buscado moderar las prácticas acordes
con la vía natural, sea cuando ellas son ejercidas sobre miembros de
la especie humana como cuando lo son sobre otros integrantes del
sistema Tierra, aún cuando ello signifique un freno a la velocidad
con la cual tiene lugar la evolución y el incremento del peligro que
grupos o sociedades completas, no adherentes a esos predicamentos,
adquieran preeminencia sobre los demás. En la actualidad, el juego
de fuerzas opuestas, representadas por la política económica
neoliberal por un lado y por el otro, por las concepciones
religiosas mayoritarias, las concepciones políticas socialistas y
las filosofías conservacionistas y ecológicas, es un conjunto que no
está en equilibrio, pues el sistema completo continúa siendo regido,
preponderantemente, bajo las pautas de la selección natural. Las
consecuencias aparejadas sobre la mayoría de los seres humanos
debieran ser negativas pues los problemas generados por la rápida
evolución de otras estructuras materiales y por la acelerada
modificación del medio ambiente, los dejarán no solamente obsoletos
en sus capacidades funcionales, sino que también harán caer en
crisis a sus propias habilidades de adaptación y a las de los
sistemas sociales por él creados.
Sin embargo, aún cuando la visión anterior parezca pesimista,
pensando en el ser humano, casi con toda seguridad no lo será para
el sistema universo pues la materia continuará con su aventura en
él, siempre generando estructuras nuevas, más y más complejas, con
mejores capacidades para realizar las funciones generales de todas
ellas: la búsqueda, adquisición, procesamiento, memorización y
diseminación de información, con el propósito de generar
conocimiento. La pregunta clave es: ¿para qué?, ¿qué pretenden las
fuerzas del universo a través de la evolución de la materia y la
adquisición de conocimiento?.
Las interrogantes están abiertas y las respuestas pendientes; a
todos nos corresponde la tarea de pensar en ellas, si queremos ser
dignos del legado que se nos otorgó al nacer: la capacidad de
desarrollar la conciencia.
APÉNDICE
Note que admitir el
proceso de evolución biológica, en cualquiera de sus formas, implica
aceptar también el hecho que, entonces, todas las posibles
características, adaptaciones y soluciones a las necesidades
pasadas, presentes y futuras, ya deberían haber estado latentes en
el o en los organismos vivos primigenios. Además, por otra parte y
considerando que la evolución biológica no es sino que una faceta de
la evolución de la materia, lo anterior nos lleva directo a pensar
que todas las características, formas y propósitos de todas las
estructuras materiales, ya sean químicas, físicas, biológicas,
naturales y artificiales, también deberían haber estado y estar
actualmente latentes hasta en la más elemental de todas las
partículas (y, de hecho, también en todas y cada una de las demás
estructuras hoy existentes).
Según lo anterior se requeriría, entonces, solamente de tiempo,
energía y adecuadas condiciones, para dar curso a la evolución de la
materia, la cual opera, siempre, en el sentido de incrementar la
eficiencia en la realización de las funciones generales que son
comunes a toda estructura material, lo cual se consigue a través de
un incremento de la complejidad de ellas. El resultado del proceso
queda condicionado por las condiciones ambientales particulares del
entorno en el cual tiene lugar; aquí en la Tierra resultó como es
sólo a causa de las particulares y variables características
ambientales que ha habido en ella a lo largo del tiempo; si las
condiciones imperantes hubiesen sido otras, como pudiera ocurrir en
otro lugar del universo, el resultado, siempre existente, habría
sido diferente.
Es posible, también, que tanto las creencias populares en torno a la
evolución, las cuales suponen que ella opera exclusivamente creando
los órganos en función de las necesidades de los seres, como el
mecanismo descrito científicamente por Darwin, correspondan a partes
de la verdad total, verdad que debiera evidenciar, también, el
mecanismo a través del cual se genera la mayor complejidad de las
estructuras y se crea los órganos que permiten satisfacer las
necesidades de realizar la búsqueda, la adquisición, el
procesamiento, el almacenaje y la diseminación de información, que
son las funciones universalmente efectuadas por todas las
estructuras materiales existentes.
Las consecuencias de la evolución están claras y parte del
proceso mediante el cual ocurre, también; sólo hay que concordar en
la explicación e importancia de aquel causante del incremento de la
complejidad de los organismos y estructuras.
Osvaldo González Rojas
osvaldodechile@hotmail.com
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