En este trabajo se
comparan las interpretaciones de los recientes descubrimientos sobre
los virus de acuerdo con el artículo “The Gene Weavers” (Los
tejedores de genes) publicado en NATURE Vol 441/8 June 2006, cuyo
autor es Garry Hamilton, con las interpretaciones que a los mismos
ha dado desde hace varios años Máximo Sandín de la Universidad
Autónoma de Madrid.
El artículo de NATURE trata específicamente sobre los virus llamados
bacteriófagos, ‘fagos’ para abreviar, que infectan las bacterias.
NATURE.- “El virólogo Graham Hatfull de la Universidad de Pittsburg
y su equipo han aislado y secuenciado más de 40 fagos de ambientes
tan variados como el piso de una clínica de tuberculosis en la
India, la casa de un mono en el zoológico del Bronx en Nueva York y
bajo los arbustos en el oeste de Pittsburg. Han llegado a descubrir
que cada fago que analizan es casi completamente diferente del
siguiente. Hallazgos como este han provocado un enorme cambio en la
perspectiva de los biólogos sobre los virus: Un flujo que estimula
el indicio de que los virus tienen una gran parte que jugar en la
evolución de la vida en la Tierra.”
Este nuevo enfoque sobre el papel de los virus en la evolución ha
sido planteado desde hace tiempo por Máximo Sandín, biólogo de la
Universidad Autónoma de Madrid, en su modelo evolutivo:
| “Este modelo se podría
sintetizar de esta forma: el origen y evolución de la vida
sería un proceso de integración de
sistemas complejos que se autoorganizan en otros sistemas que
emergen con un mayor nivel de complejidad. Las unidades
básicas serían las bacterias que cuentan con todos los
procesos y mecanismos fundamentales de la vida celular, cuyos
componentes parecen haberse conservado con muy pocos cambios a
lo largo del proceso evolutivo. Los virus, mediante su
mecanismo de integración cromosómica, serían los que, bien
individualmente, bien mediante combinaciones entre ellos,
introducirían las nuevas secuencias responsables del control
embrionario de la aparición de nuevos tejidos y órganos, así
como de la regulación de su funcionamiento” .(NOTA
1) |
NATURE.- Los tejedores de genes
Dice Garry Hamilton: “A menudo se considera a los virus como
criaturas simples. Pero su asombrosa diversidad y su promiscuidad
genética (el mezclarse sin discriminar es decir cooperando) pueden
hacer de ellos la fuerza más creativa de la evolución.”
| Máximo Sandín nos dice:
“La forma de ver la realidad basada en la competencia de todos
contra todos y el egoísmo como condición inherente a los seres
vivos es la que ha conducido a una concepción deformada de los
fenómenos biológicos que se puede observar en la inmensa
mayoría de los artículos citados anteriormente: “los elementos
móviles son esencialmente parásitos”(Kidwell y Lish, 1997)
pero, en ocasiones “son beneficiosos”; los virus endógenos
“producen enfermedades” y “son saboteadores, secuestradores”,
etc., (Markine-Goriaynoff et al., 2004) pero en ocasiones “son
explotados por su hospedador” (Stoye y Coffin, 2000), las
mutaciones son perjudiciales, pero en ocasiones, según
Francisco Ayala “pueden producir características beneficiosas”
(?)”
(NOTA 2). |
Agregamos que también se consideran los virus como la mayor amenaza
para la humanidad. Se habla de ellos en términos peyorativos. A la
transmisión de información se le llama, en la jerga darwinista,
infectar.
NATURE.- Salidos del congelador
“Los virus han sido vistos por mucho tiempo como los extranjeros de
la naturaleza. Como parásitos que dependen de la célula huésped para
sobrevivir, que no merecen considerarse como organismos vivos. Pero
realmente son mucho más abundantes, diversos y complejos de lo que
alguna vez se pensó. Cálculos recientes sugieren que puede haber más
genes sin descubrir en el mundo viral, la mayoría pertenecientes a
fagos, que en todos los otros tipos de vida juntos. Esta vasta
presencia y diversidad tiene profundos efectos en el resto de la
vida. Extrayendo e introduciendo genes de sus huéspedes, los virus
parecen ser la mayor fuerza que maneja la evolución de organismos
superiores (¿más complejos?). Aun dentro de nuestro genoma, los
genes que llegan de los virus se encuentran trabajando duro. Esto a
su vez explica que los virus probablemente juegan un papel principal
en los procesos ecológicos, químicos y evolutivos que subyacen al
mundo natural."
En el año 2000 Máximo Sandín argumentaba:
¡Los virus también tienen una imprescindible, absolutamente vital
función ecológica! Recientemente, (junio del 99) la revista Nature
ha publicado un estudio sobre los virus que pueblan las aguas
marinas. La tinción de su material genético mediante marcadores
fluorescentes ha permitido, por primera vez, observarlos en su
ambiente natural (hasta ahora se utilizaba la ultracentrifugación de
agua marina y la observación en microscopio electrónico). El
resultado es asombroso: en aguas superficiales su número medio es de
diez mil millones por litro (entre 5 y 25 veces el número de
bacterias). Su densidad depende de la riqueza en nutrientes del agua
y de la profundidad, pero siguen siendo muy abundantes en aguas
abisales.
Su papel ecológico consiste en el mantenimiento del equilibrio entre
las diferentes especies que componen el plancton marino (y, como
consecuencia, del resto de la cadena alimenticia) y entre los
diferentes tipos de bacterias, destruyéndolas cuando hay un exceso.
Como los virus son inertes y se difunden pasivamente, cuando sus
"huéspedes" específicos son excesivamente abundantes son más
susceptibles de ser infectados. Así evitan los excesos de bacterias
y algas, cuya enorme capacidad de reproducción podría provocar
graves desequilibrios ecológicos, llegando a cubrir grandes
superficies marinas. Al mismo tiempo, la materia orgánica liberada
tras la destrucción de los "huéspedes" enriquece en nutrientes el
agua.
A su vez, los virus son controlados por la luz del sol,
(principalmente por los rayos ultravioleta), que los deteriora y
cuya intensidad depende de la profundidad del agua y de la densidad
de la materia orgánica en la superficie, con lo que todo el
ecosistema se regula a sí mismo. Todavía no han sido estudiadas con
profundidad estas actividades en los suelos terrestres.
Si a todo este despliegue de complejidad y de sorprendentes
interacciones ecológicas le añadimos otra interesante (y
antidarwinista) actividad que los virus comparten con las bacterias
como es el intercambio de genes en la Naturaleza, podemos situar a
los virus como el elemento que le falta a Lynn Margulis para
completar la "red de la vida" y a Niles Eldredge para explicar los
ecosistemas como "unidad de evolución". Una visión de la Evolución
y, por tanto, una interpretación de los fenómenos naturales muy
distante del reduccionismo que significa el estudiar parte de estos
fenómenos como mecanismos independientes y aislados del contexto...”
(NOTA
3).
|
NATURE.- “Para los científicos, en vez de ser los extraños, los
virus han surgido como la presencia más persistente en la vida.
Nicholas Mann, un microbiólogo de la Universidad de Warwick en el
Reino Unido, dice que no se puede ver ningún sistema biológico sin
incluir en la ecuación a los virus.
Durante la década de los 80s emergieron las primeras pistas del
vasto e inexplorado mundo viral. Investigadores de la Universidad de
Bergen en Noruega, con la ayuda de una nueva técnica del microscopio
electrónico, encontraron que la concentración viral en algunos
hábitats acuáticos era hasta 10 millones de veces mayor que la
estimada previamente (NOTA
4). Las partículas virales por
mililitro estaban en un rango de 60,000 en las profundidades del mar
de Barents y hasta de 254 millones en las aguas superficiales del
lago alemán Plusee.”
Esto no es de extrañar, más bien parece confirmar que si los virus
son los portadores de la información del medio ambiente, es natural
que mientras más contaminado esté el medio, más información se
requiere, es decir más virus. Es de suponer que el lago Plusee esté
mucho más contaminado que las profundidades del mar de Barentz
NATURE.- “Desde entonces, los investigadores han descubierto un
enorme número de virus dondequiera que busquen, de dos mil metros
bajo la superficie de la Tierra a las arenas del Desierto del
Sahara, de las ácidas aguas termales a los lagos polares. En total,
se piensa que existen 1031 partículas virales en el planeta. Una
cifra astronómica que un investigador recientemente ha descrito que
equivaldría a una línea de 250 millones de años luz de genes virales
uno tras otro.
Entonces, a mediados de los 90 los investigadores empezaron a captar
la brillante variedad que existe dentro de la multitud viral. Los
biólogos descubrieron que los virus conocidos y cultivados
representan sólo una fracción de sus respectivos grupos. De un metro
cúbico de agua de mar al siguiente hay más diversidad genética en
los virus que la encontrada en cualquier otro grupo de organismos.
Reinvención constante
Más recientemente, el microbiólogo de la Universidad estatal de San
Diego, California, Forest Rohwer, ha desarrollado con su equipo una
técnica para extraer y secuenciar ADN viral desconocido en conjunto.
En una serie de estudios donde examinaron muestras de agua de mar,
sedimentos marinos y heces humanas, los investigadores descubrieron
que la mayoría de los grupos virales había pasado completamente
inadvertida
(NOTA 5) Se encontró que un kilogramo de lodo
contenía hasta un millón de genotipos virales diferentes. En el
intestino humano hay tantos como 1200 virus distintos. Rohwer dice
que “Cada vez que los secuenciamos más que nada vamos hacia lo
desconocido”.
Hatfull y su colega Roger Hendrix han hecho descubrimientos
similares con la ayuda de equipos de estudiantes. En alrededor de 40
fagos que han encontrado, aproximadamente, la mitad de cada genoma
contiene genes que nunca antes habían sido vistos, ni en ninguno de
los organismos celulares que han sido secuenciados a la fecha ni en
ningún otro virus. Un porcentaje igualmente alto de genes únicos ha
sido encontrado en la mayoría de otros genomas virales secuenciados
–hay cerca de 450 en los virus más grandes, los mimivirus. Esto ha
llevado a la conclusión de que un gran volumen de la información
genética de la naturaleza reside en los genomas de los virus. “Puede
asegurarse que éste es el más grande experimento genético de la
naturaleza”.
Los virus no son experimentos de la naturaleza, son la información
que del medio ambiente se transmite a las bacterias, lo que tienen
los virus es la facultad de obtener la información tan rápidamente
como su medio cambia por lo que continuamente se están creando
nuevos virus, resultantes de la combinación de genes.
Además, los virus parecen ser experimentadores talentosos. Aunque se
sabe desde hace tiempo que los fagos cortan y pegan sus genes en
diferentes fuentes, Hatfull y Hendrix han mostrado cuán profusas son
estas mezclas Haciendo una comparación de 14 diferentes fagos, los
investigadores detectaron secuencias unidas de no más de un gen de
longitud. Otros segmentos están limitados por fragmentos de genes
como si fueran arbitrariamente arrancados de un virus e insertados
en otro. Esto sugiere que, a diferencia de las células, los fagos
pueden combinar pedazos de ADN aun cuando no haya similitud entre la
secuencia y los pedazos de ADN.
Hatfull y Hendrix afirman ahora, y muchos otros concuerdan, que los
virus están continua y aleatoriamente recombinándose con cualquier
ADN que encuentren mientras infectan una célula, sean ellos fagos o
huéspedes de ADN. Así, las células son calderas donde los virus
están continuamente reinventándose gracias a un proceso ciego pero
altamente creativo que no sólo da lugar a nuevas combinaciones de
genes, sino que generan nuevos tipos de genes posiblemente nunca
antes vistos en la naturaleza. El éxito recae en el inmenso número
de nuevos virus creados, estimados en 1024 por segundo. Hendrix dice
que casi todos serían basura, monstruos sin uso. Pero felizmente a
menudo es suficiente que los pocos que sobreviven sigan siendo un
número significativo. Es la evolución darwiniana a gran escala.”
Al ser darwinistas quienes interpretan los resultados de los
experimentos, tienen que encajarlos en los dogmas de este paradigma.
Así, hablan de que los virus forman un superorganismo que comparte
la información y por otro lado los llaman “basura”, “monstruos sin
uso”.
NATURE.- Distribución de ADN
“Hendrix también apunta que la estructura común de la mayoría de los
fagos (una cápsula llena de ADN y una cola hueca usada para inyectar
el ADN a la célula) facilitaría el proceso creativo, pues propicia
que el exceso de ADN se convierta en el relleno que da a la cabeza
su forma. Libre de la presión de la selección, este ADN no esencial
podría tener una oportunidad extra de desarrollarse en algo útil.
El cuadro que emerge sugiere que el ADN viral puede distribuirse
rápido y lejos. Hace dos años, Rohwer y sus colegas reportaron que
habían encontrado la misma secuencia de ADN viral en 49 de 66 de una
amplia variedad de hábitats, que incluyen desde el estómago de una
vaca de Idaho, un géiser de California o el Océano Antártico, a la
mucosa de un coral que crece en el Mar Caribe
(NOTA
6).
Análisis de 18 de estos ejemplos muestran que las secuencias de 533
pares de bases difieren tan sólo en tres nucleótidos. Con base a las
tasas conocidas de mutación de los fagos, esta pieza de ADN viral
parece haberse dispersado en algún momento en los pasados 2000 años
(NOTA
7).
Es posible que el mismo huésped resida en todos estos hábitat o que
un solo virus pueda infectar un amplio rango de huéspedes. Pero
Rohwer y otros, que han encontrado resultados similares para varias
secuencias, creen que es más probable que fragmentos de ADN viral se
hayan intercambiado entre virus que comparten el mismo huésped.
Curtis Suttle, un microbiólogo de la Universidad de British Columbia
en Vancouver, señala que cuando se observa un grupo de virus, tales
como virus de algas, parece que existe un muy pequeño núcleo de
genes conservados. El resto es casi como un superorganismo, un pool
de información genética que comparten entre todos esos virus
diferentes.
La gran incógnita es hasta qué grado este superorganismo extiende
sus tentáculos dentro de los genomas huéspedes. Desde hace mucho
tiempo se conoce que las bacterias usan genes adquiridos de los
profagos –fagos que insertan su ADN temporal o aun permanentemente
dentro del ADN de su huésped – supuestamente, para tomar ventaja
competitiva y explotar nuevos ambientes. Ciertamente, trabajos que
se han extendido durante décadas han mostrado que los genes de los
profagos, transportados por las bacterias, son responsables de la
producción de las toxinas primarias asociadas con enfermedades tales
como la difteria, la fiebre escarlata, envenenamiento por comida,
botulismo y cólera.”
Esta jerga darwinista desconcierta. Por una parte están reconociendo
el papel fundamental de los virus en la evolución y reconocen además
que funcionan como un superorganismo. Esto, al compartir la
información requiere de cooperación entre ellos. Sin embargo, por
otra parte dicen que el llevar información a las bacterias es tomar
ventaja competitiva para explotar nuevos ambientes. Al expresar
tanto contrasentido, en gran medida desconciertan a quienes obtienen
su información procesada. Máximo Sandín es coherente con la
interpretación de los resultados como se puede apreciar en la
siguiente cita:
|
“Un papel de igual importancia es el que están mostrando, cada día
con más evidencias, los temidos virus. Tanto éstos como las
bacterias arrastran el estigma de “nuestros peores enemigos
invisibles” gracias a que su descubrimiento fue debido a su
actividad patógena. Y es cierto que la tienen. El problema que ahora
se plantea es cuando y por qué se convierten en patógenos, y si es
éste su carácter predominante que les atribuye la concepción
competitiva del darwinismo. Porque, del mismo modo que las
bacterias, los virus están resultando ser no sólo una parte más de
los complejos sistemas de relaciones que hacen posible la vida, sino
una parte fundamental. Además de las implicaciones en los procesos
evolutivos que ya hemos visto, y que les sitúa en un papel central
en la historia de la Vida, los virus siguen colaborando en los
(todavía muy desconocidos) procesos naturales de la transferencia de
genes (Patience et al.,1997). También tenemos datos sobre agresiones
ambientales que pueden provocar su “malignización (Ter-Grigorov et
al., 97). Pero lo que puede resultar mas sorprendente es que su
papel ecológico es, al menos, tan importante como el de las
bacterias. Un estudio, que inicialmente pasó casi desapercibido (Fuhrmam
99), pero que desencadenó una serie de investigaciones posteriores,
ha sacado a la luz el hecho de que en las aguas superficiales
marinas superficiales hay 10.000 millones de virus por litro. Su
papel ecológico consiste en el mantenimiento del equilibrio entre
las distintas especies que componen el microplancton (y por tanto,
del resto de la cadena trófica) y entre los distintos tipos de
bacterias, destruyéndolas cuando hay un exceso. La materia orgánica
liberada tras la destrucción de los pequeños microorganismos
enriquece en nutrientes el agua. Pero su papel más sorprendente es
que los compuestos de Azufre producidos por estas actividades
contribuyen ¡a la nucleación de las nubes!
(NOTA
8).
|
NATURE.- Atrás de las bacterias
“Más recientemente, la secuencia de un genoma completo ha mostrado
que la mayoría de las bacterias albergan un promedio de dos o tres
profagos. Otros estudios han mostrado que los genes fagos combinan
las mayores diferencias entre cepas (strain) de bacterias
cercanamente relacionadas. Por ejemplo, en Japón, investigadores
llevan a cabo comparaciones de genomas enteros entre cepas (strain)
inofensivas de Escherichia coli y O157:H7, las cepas (strain) de
E. coli han surgido en las décadas recientes como una amenaza global a
la salud. Han encontrado que lo que más separa a las cepas patógenas
de sus parientes cercanos e inofensivos –casi un millón de pares de
base de ADN– proviene de 24 diferentes profagos o segmentos
genéticos parecidos a los profagos
(NOTA
9).
(Strain es un grupo o línea de individuos de cierta especie que se
diferencian del grupo principal por ciertas cualidades, a menudo
cualidades superiores resultantes de una cruza o procreación
artificial.)
Una comparación más reciente entre cepas aisladas patógenas y no
patógenas de Neisseria meningitides, una bacteria normalmente
inofensiva que se aloja en las vías nasales pero que se sabe puede
ser causa de meningitis, mostró solamente una diferencia evidente
entre los dos grupos: un paquete de genes profagos que sobresalieron
en 29 de las bacterias aisladas causantes de la enfermedad pero
solamente en 2 de 20 bacterias benignas
(NOTA 10). Esto se suma a
una lista de estudios similares, tal como el que involucra al Streptococcus yogenes, un residente de la piel y boca que puede
causar desórdenes incluyendo escarlatina, fiebre reumática y
síndrome de shock tóxico. En el estudio, los investigadores
demostraron cómo las cepas asociadas con tres diferentes procesos de
enfermedad tenían cada una su propio y diferente coctel de toxinas
codificadas en fagos
(NOTA
11).
Pero lo patógeno es sólo un atributo que puede afectar la evolución
bacterial; los científicos han empezado a encontrar evidencias de
que la influencia de los virus en la evolución de la vida puede ser
un fenómeno más general. Por ejemplo, la bacteria Pseudomonas
aeruginosa, mata a sus “competidores” (mantiene el equilibrio con
otros tipos de bacterias) con compuestos producidos por dos genes de
fagos modificados
(NOTA
12).
Actualmente los científicos no tienen que recurrir a las bacterias
patógenas o incluso al arbusto más cercano para encontrar nuevo ADN
viral. Los seres humanos están llenos de él. Los retrovirus son un
tipo de virus que se especializan en atacar células animales.
Aproximadamente 8% de nuestro genoma consiste en copias de ADN de
los virus de ARN que se han incorporado a nuestra construcción
genética. Por ejemplo, una proteína que los virus usan cuando atacan
una célula huésped al principio de una infección; recientemente ha
sido demostrado que juegan un papel activo para confinar las células
durante el desarrollo de la placenta
(NOTA 13)”.
Máximo Sandín comenta al respecto:
| “En este nuevo contexto, es decir dentro de esta otra forma de ver a
los "peligrosos microorganismos" ¿puede existir un papel semejante o
comparable para los todavía más invisibles y, en su inmensa mayor
parte, desconocidos virus?
Al igual que las bacterias, su descubrimiento a causa de sus
actividades patógenas (fueron aislados por primera vez en 1935 por
Stanley en el "mosaico" del tabaco) ha permitido identificar virus
con una gran capacidad infectiva que las ha convertido en uno de los
peores "azotes de la humanidad" (la meningitis, el SIDA, el
misterioso Ébola...). Pero, en este caso, casi simultáneamente con
su identificación como agentes infecciosos, han aparecido con otro
aspecto desconcertante: se ha descubierto una gran cantidad de
secuencias de origen viral integradas en los genomas animales y
vegetales. Unos permanecen en forma de "provirus" claramente
identificados, capaces de reconstruir su cápsula y convertirse en
infectivos, otros están en forma de "elementos móviles" (transposones
y retrotransposones) y son responsables de reordenamientos
cromosómicos y duplicaciones. Hasta hace poco, se pensaba que su
permanencia en el genoma era una especie de "hibernación", es decir,
de estado inerte, pero recientemente se ha podido comprobar que
proteínas de origen viral forman parte de los procesos celulares
habituales en distintos organismos (y muy significativas en el
proceso de desarrollo embrionario). También se ha podido comprobar
que un gran número de virus conocidos no tiene actividad patógena y,
teniendo en cuenta los que quedan por conocer no es impensable que
nos reserven sorpresas semejantes a las de las bacterias.
De momento, ya existe alguna sorpresa: Parece que se impone una
profunda reflexión, una puesta en común (sin ocultamientos ni
"patentes"), de los nuevos descubrimientos, algunos tan
impresionantes que hacen pensar que los fenómenos fundamentales de
la historia de la vida escapan a nuestra capacidad de imaginación,
acotada por la forma de pensamiento reduccionista y "lineal" de la
vieja Biología.
Sin duda, será difícil desprendernos de las interpretaciones
científicas (y del vocabulario) del viejo paradigma tan imbricado,
desde su origen, con el modelo económico y social del azar como
fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de
cambio (progreso), concepto, éste último, que impone la necesidad de
"competidores" en la Naturaleza, ya sean imaginarios o creados
previamente por nosotros, pero que, sobre todo, induce a la
realización de preguntas inadecuadas, con lo que es probable que
obtengamos respuestas inadecuadas. Es decir, quizás no se trate, por
ejemplo, de "cómo acabar con los peligrosos virus y bacterias
patógenos", sino preguntarnos qué es lo que los convierte en
patógenos.
Sin embargo, precisamente es el aumento de la capacidad de
manipulación de procesos biológicos (y sobre todo, la urgencia de su
rentabilización), las que suponen una gran responsabilidad para sus
practicantes: la de interferir en la "red de la vida", en la que
están implicados microorganismos cuyas actividades y capacidades
sólo estamos comenzando a comprender, pero de los que desconocemos
hasta donde pueden llegar en su respuesta a nuestras agresiones.
La Nueva Biología se ha de construir sobre una visión de la
Naturaleza en la que todo, hasta el menor microorganismo y la última
molécula, están involucrados en el mantenimiento y regulación de la
vida sobre la Tierra, en la que no sobra nada, (ni nadie), porque
probablemente, todos tienen su función y, si es así, no sólo tienen
"derecho" a existir (un derecho que nadie tiene la prerrogativa de
concederles ni quitarles), sino que es muy posible que sean
imprescindibles.
Sin duda, este cambio de concepción será difícil, porque no depende
sólo de una reinterpretación científica de la Naturaleza. Los
términos "competencia", "explotación de recursos",
"coste-beneficio", "rentabilidad"... son parte constituyente de la
"realidad" dominante. Y la situación y la dinámica actuales del
Mundo no parecen caracterizadas ni dirigidas precisamente por la
reflexión...”
(NOTA
14) |
NATURE.- Pensamientos evolutivos
“El ADN de los fagos también ha alcanzado el interior del genoma
humano, pese al hecho de que los fagos tienen como objetivo las
bacterias. El origen fue nuestra mitocondria, las cápsulas
productoras de energía que se encuentran en nuestras células, y se
piensa que son descendientes de las bacterias que anteriormente
vivían de forma independiente. Durante la evolución, los genes de
los fagos del genoma mitocondrial fueron transferidos a nuestro
genoma principal, localizado en los núcleos de las células. Allí,
ayudan a copiar y expresar los pocos genes bacterianos aún presentes
en el genoma mitocondrial. Recientemente, este mismo ADN de los
fagos ha sido marcado en varias bacterias modernas pertenecientes al
mismo grupo del cual se piensa que la mitocondria ha descendido
(NOTA
15). Esto apoya la idea de que el gen se transladó del virus a la
bacteria y al núcleo de la célula, donde ahora juega un papel
fundamental en los circuitos moleculares que impulsan a todos los
organismos multicelulares.
Hoy en día, algunos investigadores creen que los virus han sido de
mucha ayuda en el ensamblaje de los diferentes componentes que
definen los tipos de células asociadas a los tres dominios de la
vida –bacteria, arquea y eucariota. Más aun, Luis Villarreal,
director del Centro para la Investigación de Virus en la Universidad
de California en Irving, afirma que una gran porción de lo que
distingue a los humanos de los chimpancés es ADN viral. Villarreal
dice: “Pienso que ya es obvio que los virus están implicados
dondequiera, sostengo que son las entidades genéticas más creativas
que conocemos”.
De acuerdo con Máximo Sandín:
| “Parece necesaria, por tanto, la búsqueda de un mecanismo
alternativo que explique el origen de la compleja información
genética en que se basan las distintas propiedades morfológicas y
funcionales de los diferentes taxones.
Para ello, tendremos que proceder de un modo inverso al habitual, es
decir, en lugar de partir de un modelo "indiscutible" e intentar
encajar de un modo forzado lo nuevos datos, vamos a exponer e
interrelacionar éstos y tratar de deducir qué modelo sugieren.
Para comenzar, recordemos otra máxima tan consistente (y, al
parecer, tan ignorada) como la antes mencionada de Dobzansky: está
tomada del libro "Life itself" de Francis Crick: "Los hechos
fundamentales de la Evolución, son, a primera vista tan extraños,
que sólo podrán ser explicados mediante una hipótesis poco
convencional."
Efectivamente, de "hechos fundamentales" se pueden calificar la
repentina aparición de las bacterias en la Tierra, el origen de las
células eucariotas, el de los organismos multicelulares, la
aparición de todos los grandes taxones animales conocida como la
"explosión del Cámbrico", y los repentinos cambios de
organización animal y vegetal observados en el registro fósil.
Todos estos "hechos fundamentales", a medida que aumentan los
conocimientos sobre la complejidad y estabilidad de los
procesos biológicos, resultan cada vez más difíciles de
explicar en términos de Selección Natural actuando sobre
mutaciones individuales y al azar”
(NOTA
16).
“La situación de la Biología contrasta con la del resto de las
llamadas "ciencias duras": la Física, con la mecánica cuántica y la
relatividad, la Química con sus sistemas autoorganizadores, las
Matemáticas de la complejidad... parecen contemplar a la teoría
general de la Biología desde otra época. La enorme complejidad de la
organización de la materia y de las interacciones entre sus
componentes (las propiedades emergentes, las estructuras
disipativas, los fractales) que se ocultaban bajo las viejas
descripciones mecanicistas, muestran una creciente divergencia no
solo conceptual, sino incluso de lógica, con las interpretaciones
darwinistas de la organización de la materia llamada viva. Si, como
parece ser, las propiedades de los sistemas "emergen" de las
relaciones organizadoras entre sus componentes y del contexto en que
se producen, y que sus elementos constituyentes pierden o cambian
sus propiedades fuera de un contexto, resulta algo anacrónico seguir
describiendo las relaciones entre (y dentro de) los distintos
niveles de organización del mundo vivo (molecular, celular,
orgánico, ecológico) en términos de competencia e investir a sus
componentes de un carácter tan independiente (individualista) como
rígidamente determinado”
(NOTA
17).
“La presencia de los virus, al igual que la de las bacterias, en la
Naturaleza, no está sólo relacionada con su (fundamental) papel
ecológico y de transferencia genética horizontal, en la que los
plásmidos, también de un evidente origen viral (Sandín, 95), juegan
un papel primordial en la transferencia de "genes bacterianos". La
creciente proporción de secuencias de origen viral en los genomas
animales y vegetales ha llegado a su culminación con los datos y, en
parte, la consiguiente "reinterpretación" de las conclusiones del
informe sobre la secuenciación (extremadamente parcial, porque sólo
se trata de los genes "que codifican proteínas") del genoma humano (The
Genome Sequencing Consortium, 2001). La relación de secuencias de
origen bacteriano, de secuencias reconocibles como derivadas de
virus, de elementos móviles; transposones y retrotransposones
(derivados de virus y retrovirus) y de retrovirus endógenos, añadida
a las secuencias repetidas ( producidas, inevitablemente, por el
proceso mediante el que los retrotransposones se mueven por el
genoma, produciendo copias de sí mismos), y sumadas a las secuencias
altamente repetidas como los elementos denominados Alu, repetidos
miles de veces y considerados inicialmente ADN "basura" (es decir
ADN "no codificante") pero que recientemente han mostrado que,
como
era previsible (Sandín, 2001; 2002)” no son ADN basura inútil, sino
más bien importantes componentes integrales de los genomas
eucariotas” (Makalowski, 2003) y, dado que estos últimos constituyen
más del 95% del genoma humano, todo esto lleva a la inevitable
conclusión (ver Sandín, 2002) de que los genomas animales y
vegetales están constituidos por una suma de genomas bacterianos y
virales.
El reconocimiento de estos hechos no es una cuestión de falta de
evidencias, porque son datos que están ahí. Es una cuestión de
interpretación, es decir, de preconceptos (o, si se me permite, de
prejuicios). Por una parte, sobre su condición: "microorganismos
patógenos" (como consecuencia de su descubrimiento a causa de su
actividad de causantes de enfermedades); "competidores" nuestros
(como consecuencia de la concepción, ya convertida en tradicional,
de las relaciones entre los seres vivos); que "sólo buscan
reproducirse" ("posiblemente", como consecuencia de las arraigadas
obsesiones culturales, inevitables de mencionar, puesto que hablamos
de interpretaciones, sobre el egoísmo, el individualismo, la
competencia… implícitas en la formulación del darwinismo, y que se
manifiestan de un modo muy patente en la "teoría" del Gen egoísta).
Por otra parte, y como consecuencia de lo anterior, sobre la
explicación de su presencia en los genomas: "parásitos", "ADN
egoísta", "basura", "virus polizones"…
Esto se refleja en unas relaciones entre los seres vivos y su
entorno caracterizadas por un intercambio continuo de información
establecida en una red que conecta el ambiente inorgánico con el
orgánico, desde el nivel celular hasta el ecosistémico, y en la que
no "sobra" nada (no hay "basura"). Los fenómenos fundamentales de la
vida no serían azarosos (las "mutaciones" son desorganizaciones de
procesos extremadamente coordinados), sino el resultado de la
interacción entre estos complejos sistemas de información entre sí y
con el entorno. En este contexto, los "cambios evolutivos" son el
resultado de reorganizaciones en esta red de información y, en su
caso, de integraciones de nuevos sistemas complejos con nueva
información, como consecuencia de la ruptura del equilibrio, que se
produce por medio de disturbios ambientales que afectan a los
ecosistemas en su totalidad (ver Sandín, 2002). Es decir, la
evolución no es un proceso de adaptación gradual ni al azar. Es el
resultado de las propiedades de los seres vivos que derivan de la
información contenida en sus componentes. El vuelo (aparecido cinco
veces en distintos Phyla) no es una "adaptación al aire", porque no
tiene sentido que una organización animal perfectamente adaptada a
la vida en el suelo (o en los árboles) consiga "pequeños cambios"
por "mutaciones al azar" que le harían pasar por innumerables
estados intermedios (o no, si son al azar) aberrantes y difícilmente
viables que, para colmo, según la visión gradualista tendrían que
tener alguna ventaja sobre sus predecesores. El cambio entre una
organización y otra no puede pasar por pequeños modificaciones
superficiales, como el cambio entre la "organización" de una
bicicleta y una motocicleta (por poner un ejemplo simple) no se
produce por modificaciones graduales de sus piezas, sino por la
adición de un sistema motor. La adaptación no es evolución, es un
ajuste perfecto y sutil al ambiente, posterior al cambio (y dejo al
lector la extrapolación del ejemplo de la variabilidad de las
bicicletas o las motocicletas), como una propiedad de los seres
vivos, y consecuencia de su capacidad de intercambio de información”
(NOTA
18). |
Conclusión
De todo lo anterior se puede concluir que los virus son básicamente
información y como tal, deben enfocarse desde diferentes
disciplinas.
Cuando se estudian los sistemas complejos, aparecen desde su misma
definición los elementos que Stuart Kauffman denomina ‘agentes
autónomos’ y otros autores también consideran con otros nombres como
elementos que quedan fuera del sistema. Estos agentes autónomos
pueden entrar y salir del sistema pues llevan a cabo las relaciones
del sistema con todos los sistemas que constituyen su medio
ambiente, en pocas palabras, transportan información entre sistemas.
Los virus son los elementos sine qua non de la vida. Sin ellos, las
bacterias no tendrían vida pues no podrían reaccionar a su medio
ambiente. Se puede hacer una comparación con los sistemas físicos
elementales: los núcleos atómicos sin el número correcto de
electrones no forman la materia que evoluciona a sistemas más
complejos, porque el electrón transmite la información de las
condiciones ambientales para que la materia se comporte de acuerdo a
ellas (presión, temperatura, etc.)
La información que se transmite en la materia está sujeta a errores
pues siempre actúa la entropía. Esto probablemente hace que los
virus se tornen patógenos. Lo importante será, como señala Máximo
Sandín determinar como y porqué se “malignizan” los virus. Otra
hipótesis es que cuando un virus es dañino para un organismo es
porque este no acepta la información que el virus transporta por lo
que como toda información tiende a difundirse y para tal efecto se
reproduce en la célula huésped.
Muy importante es también el enfoque que sobre los virus tiene la
ciencia de la Información Cuántica que considera la información como
la raíz de la realidad.
El científico de la Universidad de Viena Antón Zeilinger y sus
estudiantes han implantado un record mundial en el estudio, en
cuanto a la cantidad y complejidad, de objetos que han mostrado
propiedades cuánticas de interferencia de onda. Alguna vez los
físicos se asombraron de ver estas propiedades manifestadas en
objetos ‘pesados’ como neutrones y sistemas complejos como átomos,
pero Zeilinger las ha encontrado en moléculas gigantes de 60 o 70
átomos de carbono y espera encontrarlas en los virus, lo que sería
congruente con la afirmación que sostiene que los virus forman un
superorganismo que comparte la información.
Desgraciadamente, debido a lo arraigado del paradigma darwinista,
tardará mucho en que se entiendan en todo su significado los nuevos
descubrimientos científicos.
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