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• INTRODUCCIÓN. VALORES CULTURALES
Estudiosos del tema afirman que la pérdida de los valores culturales
se ha acentuado en gran medida debido a la Globalización de la
economía, a la revolución de las tecnologías de la comunicación y a
un profundo cambio conceptual en los esquemas de vida occidentales.
Los medios de comunicación en general –y el medio televisivo en
particular– han tenido un relevante papel en la configuración de
estilos de vida, modas y costumbres, así como en las opiniones y las
actitudes que el ciudadano común adopta frente a los acontecimientos
de nuestra realidad en la formación de conceptos de cultura y de
moral. Las estadísticas hoy día reflejan que la televisión es, para
un alto porcentaje de la población del mundo, el único medio de
acceso a la cultura y la información.
En este 2005, declarado por la Unión Internacional de Física Pura y
Aplicada (IUPAP) “Año Mundial de la Física” (WYP 2005), y en el
marco de esta celebración, que conmemora los cincuenta años
luctuosos de Albert Einstein y de Pierre Teilhard de Chardin –dos de
las mentes luminarias de la modernidad–, es imposible dejar de
reflexionar sobre los trabajos de Michael Faraday, James Clerk
Maxwell y Heinrich Hertz… y ese portentoso invento de contenidos
sociales que no sólo ha orientado criterios y marcado paradigmas,
sino que constituye un gran poder de penetración en la psicología de
las masas, con creciente e incalculable capacidad expansiva: la
televisión. No sólo porque involucra dos de los más importantes
sentidos de percepción: la vista y el oído; sino porque, con el
apoyo de la mercadotecnia y la publicidad, es impulsada por sus
empresarios con una ambición sin tasa ni medida, que desconoce –o
rechaza abiertamente– un amplísimo margen de valores humanos e
identidades culturales.
El Informe de Desarrollo Humano 1999,(NOTA
1) señala que más de dos terceras partes de la humanidad
no se benefician del nuevo modelo de crecimiento económico basado en
el aumento del comercio internacional y en el desarrollo de nuevas
tecnologías. Sino al contrario, los avances tecnológicos, la
expansión global de las economías neoliberales y el surgimiento de
acuerdos globales y regionales sobre comercio multilateral, han
propiciado que las industrias audiovisuales se consoliden en un cada
vez más reducido y poderoso número de conglomerados mediáticos. Los
medios de comunicación están en manos de un puñado de corporaciones
cuyo especial énfasis son los contenidos orientados hacia el lucro,
además de limitar el acceso a los espacios informativos, lo que ha
llevado a la disminución de puntos de vista plurales…, y a la
anulación de visiones alternativas de un futuro económico, político
y social.
En la actualidad, es innegable que el mercado audiovisual ha
adquirido gran importancia económica en el ámbito del comercio
internacional. Esta importancia creció a partir de que la
Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO) promovió la
liberalización y desregulación de algunos procesos, subordinando los
valores sociales y culturales a los intereses comerciales. Esta
situación ha propiciado que numerosos grupos como sociedades
civiles, pacifistas, globali-críticos, alter-mundistas y otros, se
manifiesten por la protección de la diversidad cultural como derecho
universal, exigiendo se excluyan las producciones audiovisuales de
los controles de la OMC/WTO, ya que por su carácter cultural y
conformador de identidad, estas producciones no deben ser tratadas
como cualquier otro tipo de mercancía.
• DEVALUACIÓN DE LA OFERTA CULTURAL
Bajo el argumento de que hay que brindar al público lo que éste
pide, en los últimos años la televisión comercial (y los medios, en
general) han devaluado gradualmente la oferta cultural. Con este
falaz argumento se está cometiendo un género de secuestro que ningún
país prevé en sus legislaciones, y que por ello se realiza con una
grave y peligrosa impunidad universal: el secuestro de la cultura.
Todos sabemos que el término “cultura” trata de definir el grado de
desarrollo intelectual, artístico, científico o tecnológico que ha
logrado alcanzar determinada sociedad, así como el acervo de sus
costumbres y tradiciones más propias y entrañables. Y sabemos,
también, que “cultura” se refiere al cultivo –individual y social–
de las más elevadas facultades humanas que la civilización ha
alcanzado: física, mental, intelectual, moral, ética, estética y
espiritual. Por lo tanto, “cultura” es todo tipo de conocimiento y
práctica que reúne tres condiciones básicas:
legitimidad,
arraigo ancestral en una sociedad y
permanencia remota y mediata en la conciencia de la comunidad
humana.
La información que brinda la TV comercial es editada a criterio de
sus periodistas y manipulada en beneficio de los contados
empresarios del medio y otros grupos de poder; y en sus mensajes
comerciales y programación es, por lo general, falaz, subliminal(NOTA
2) y enajenante. En la TV comercial, la cultura es
reemplazada por la “cultura de masas”, es decir, todo aquello con lo
que –por vía de la publicidad– los medios de comunicación logran que
se identifique un gran número de adultos, jóvenes y niños (modas,
chismes, devaneos, pasatiempos triviales y un entretenimiento
inhibidor del pensamiento). Dejar a nuestros niños y jóvenes seguir
sin discernimiento las líneas de vida que la TV comercial marca es
abandonarlos a una dictadura infracultural, cuyo objetivo principal
es vaciar la historia y liquidar las tradiciones para fortalecer la
“sociedad de consumo” y uniformar los esquemas de vida, para
alcanzar la Unificación Cultural, uno de los subproductos más
devastadores del proceso de Globalización, en cuanto atenta contra
la supervivencia de civilizaciones diferenciadas.
Palabras como seguridad social, derechos humanos, educación, cultura
y democracia están en la boca de todas las instancias
gubernamentales, partidos políticos, cámaras legislativas,
gobernantes, líderes de opinión y conductores de programas
televisivos y radiofónicos. Sin embargo, todo el gabinete
gubernamental se muestra absolutamente mudo y desinteresado cuando
se trata de emplear el invento más efectivo para rescatar y
conservar tan importantes valores. Esto pone de manifiesto una de
dos posibilidades (o tal vez las dos): la incapacidad e impotencia
del Estado frente al poder mediático, que rebasa a los poderes
constitucionales… y/o su protección –o asociación– a intereses
inconfesables.
• LEYES Y LEGISLACIONES
De acuerdo con el artículo 27 de nuestra Constitución, que regula el
patrimonio nacional, el articulo 1º de la Ley Federal de Radio y
Televisión especifica que “corresponde a la Nación el dominio
directo de su espacio territorial y, en consecuencia, del medio en
que se propagan las ondas electromagnéticas”. La Ley Federal de
Radio y Televisión señala que estos medios tienen la función social
de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y al
mejoramiento de las formas de convivencia humana; por tanto
constituyen una actividad de interés público que el Estado debe
proteger y vigilar. Al efecto, la programación de la radio y la
televisión debe estar preferentemente orientada hacia la ampliación
de la educación popular, la difusión de la cultura, la extensión de
los conocimientos y la propagación de ideas que fortalezcan nuestros
principios y tradiciones; debe estimular la facultad creadora del
mexicano para las artes, además de aprovechar y fomentar los valores
artísticos locales y nacionales y las expresiones del arte mexicano.
Esta misma ley establece que la programación dirigida al público
infantil debe propiciar su desarrollo armonioso; procurar la
comprensión de los valores nacionales y el conocimiento de la
comunidad internacional; promover el interés científico, artístico y
social de los niños; proporcionar diversión y coadyuvar el proceso
formativo de la infancia.
No es necesario un profundo y detallado análisis para darnos cuenta
de que, también en este caso, la ley es letra muerta. Y en la
práctica, los propietarios de los medios de comunicación pagan con
la mejor disposición –alegremente y por anticipado– las multas que
se les imponen por violar tal ley.
En la actualidad, el 78% de los medios de comunicación en México son
comerciales o concesionados; y sólo el 22% pertenece a los medios
públicos o permisionados. La Ley Federal de Radio y Televisión
señala la prohibición que tienen los medios permisionados para
vender publicidad, situación que les impide recabar recursos para su
subsistencia y sustentabilidad, manteniéndolos en una grave
marginalidad financiera y tecnológica, al depender únicamente de un
muy limitado presupuesto del Estado. Por sus efectos contra la
divulgación científica, el arte y la alta cultura de nuestra
civilización, el apartado correspondiente de esta ley merece una
revisión que responda a posturas humanistas.
Aunque cada vez es más frecuente escuchar a personas o grupos que se
manifiestan en contra del proceder de los medios de comunicación
¿qué acciones concretas está asumiendo la sociedad civil o, en este
caso, los grupos académicos, para manifestar una firme oposición a
los contenidos de la televisión comercial?
• SISTEMAS EDUCATIVOS Y MEDIOS DE
COMUNICACIÓN:
SU SIGNIFICADO EN LA FORMACIÓN DEL
INDIVIDUO
Puesto que la violenta e indiscriminada transculturación que sufren
los pueblos latinoamericanos debido a la actividad de las entidades
mediáticas es decisiva, el papel que los sistemas educativos juegan
en la pérdida o conservación de los valores culturales y de
identidad de las sociedades es altamente significativo. Los
resultados de ambos desempeños refuerzan la importancia de conceder
a los niños y a los jóvenes el derecho que tienen al conocimiento y
difusión de su propia cultura nacional, latinoamericana y universal.
La televisión comercial ha dedicado los primeros cincuenta años de
su vida a formar un público con características muy convenientes a
sus intereses: una audiencia sin aspiración por aprender, por
discernir, por madurar, y en consecuencia, incapaz de formularse
criterios selectivos de calidad. Un público cautivo del mercado y la
publicidad. Según una investigación realizada por la Dirección
General de Televisión Educativa (DGTVE) de la Secretaría de
Educación Pública, el número promedio de horas diarias que un niño
mexicano ve televisión va de tres y media a cinco, contra cinco que
acude a la escuela.(NOTA 3) Nadie pretende que la televisión comercial sea
educativa; pero la cultura tiene una infinita diversidad de matices
que merecen más estimación y respeto por parte de los medios.
En el ámbito internacional existen diversas propuestas y modalidades
de televisión cultural y educativa que han demostrado que este
medio, por su impacto y gran alcance para llevar educación y
conocimientos a las zonas más remotas y desprotegidas, es el único
capaz de combatir el rezago educativo. Es interesante conocer si
esto lo saben las entidades correspondientes o si mejor les conviene
ignorarlo.
• ESPACIOS PARA LA SOCIEDAD CIVIL
O PARA LA COMPETENCIA MERCANTIL
La lucha de poderes tiene la edad del hombre, es innegable; pero la
salvaje competencia por público = ganancias, a costa de rebajar los
valores humanos y degradar el intelecto y la inteligencia de los
pueblos ha hecho hundirse a la TV comercial en los vicios más
condenados por la moral de todos los tiempos, como son: la inducción
alevosa del pensamiento, la desculturización, la enajenación, el
ventajoso uso del mensaje subliminal, la descomposición del
lenguaje, el rebajamiento de la sensibilidad, la deseducación, la
desinformación y hasta el proxenetismo (disfrazado de publicidad
legítima). Actos todos de lesa humanidad, ante los que urgentemente
deben actuar tanto la ponderosa Academia como todas esas instancias
consagradas a velar por los Derechos Humanos.
La UNESCO recomienda a los gobiernos que la radio y la TV sean
espacios incluyentes de la Sociedad Civil; y en su discurso del
lunes 18 de octubre de 2004 en el Centro de Investigación y Docencia
Económicas, el presidente mexicano Vicente Fox nos recuerda una
importante obligación, convocando a los intelectuales y a los
académicos a participar en el devenir político: “De alguna manera
–dice textualmente– el debate está siendo dominado por los
medios de comunicación y por el gremio político; pero falta esa
fuerte presencia orientadora de la Academia, de la Investigación, y
de las y los intelectuales mexicanos”.
• TRES PROPUESTAS
1. SANCIÓN UNIVERSITARIA
La crisis de la seguridad social y de la educación se deben en su
origen a una crisis general de valores, reforzada por un
desconocimiento de que la responsabilidad de educar no sólo compete
al colectivo docente, sino que es de primordial injerencia de los
padres y atañe a todo el tejido social, con especial acento en los
medios de comunicación, habida cuenta de su gran cobertura, impacto
y capacidad de penetración. La integración de la parte docente con
la familiar, la comunitaria y la mediática, es el sustento
imprescindible para alcanzar seguridad social y una educación
responsable en el marco de una verdadera democracia participativa.
La manera que podría tener la TV comercial de cumplir con la ley es
coadyuvando con las funciones sociales de las Universidades; o por
lo menos, antes de llegar a un público masivo, la programación de la
TV debe pasar por el tamiz de estas instituciones; porque los
canales televisivos no deben ser, como hasta la fecha, canales de
propaganda y publicidad y competencia entre comerciantes; sino
canales de difusión de la educación y la identidad nacional y
planetaria; canales de difusión del arte, la cultura y la
investigación científica; canales de divulgación de los valores
sociales, de la literatura, del conocimiento universal; canales
propiciatorios para la evolución del pensamiento humano.
Para que la comunicación esté al servicio de la ciencia –y no a la
inversa como hasta el presente–, ha llegado el momento en que desde
la plataforma intelectual y académica debemos bregar porque la
televisión comercial entre a un control de derechos humanos en donde
los posibles contenidos, tanto de sus programas como de la
publicidad que los sustenta, puedan debatirse, criticarse y
sancionarse. Pues, como dicta la ley, los medios deben ser
instituciones de la sociedad, la que tiene el derecho y la
obligación de decidir quién los debe manejar (en tanto son
concesionarios de los bienes de la Nación); qué contenidos deben
llevar y qué tiempos debe ofrecer la programación televisiva
comercial en cuanto a:
a) el nivel cultural universal, como fuente obligada de
conocimientos para propiciar la evolución del ser humano en todas
sus potencialidades;
b) el nivel informativo, obligadamente ético, verídico y sin
contenidos morbosos;
c) el nivel oficial, libre de la manipulación de los grupos de
poder;
d) el nivel de entretenimiento, con propuestas al intelecto;
e) el nivel de diversión, inteligente y creativa, y
f) el uso del lenguaje y de la música como importantes herramientas
de evolución: el primero, como flor de la capacidad pensante; y la
otra, como esa parcela humana donde radica la belleza del Espíritu.
Uno de los más importantes sustentos para que esta propuesta sea
viable y exitosa, es que la Academia misma refuerce el Área de
HUMANIDADES, lamentable y extrañamente desaparecida de numerosos
bachilleratos y escuelas vocacionales.
2. LIBERTAD DE EXPRESIÓN O LIBERTAD DE
INDUCCIÓN DEL
PENSAMIENTO
El concepto de “libertad de expresión” amerita una revisión
meticulosa y exhaustiva, por lo que, de nuevo, convocamos desde aquí
a la Academia.
En la Conferencia General de la UNESCO en 1980 en Belgrado, se
presentó el Informe Mc.Bride, donde quedó claramente
establecida la relación existente entre comunicación, relaciones de
poder y democracia. Este informe definió por primera vez los puntos
en los que debería basarse el establecimiento de un Nuevo Orden
Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC), entre los que
destacan los siguientes:
La supresión de los efectos negativos de los monopolios.
La eliminación de las barreras internas y externas que se oponen a
una libre circulación y a una difusión más equilibrada de la
información.
El respeto a la identidad cultural y el derecho de cada nación a
informar a la opinión pública mundial sobre sus aspiraciones y sus
valores sociales y culturales.
El respeto del derecho del público, de los individuos y de los
grupos étnicos y sociales a tener acceso a fuentes de información
confiables y a participar efectivamente en el proceso de la
comunicación.
Pero (como era de esperarse) la presentación de este informe generó
protestas por parte de las grandes potencias, quienes argumentaron
que “intervenir en políticas de comunicación” equivalía a imponer
censura, lo que, según ellos, atentaba contra la “libertad de
expresión”.
Entonces vale la pena revisar qué alcances tiene en realidad la
“libertad de expresión” cuando la ejercen lo medios masivos de
comunicación: Está bien que la Ley proteja que quienquiera exprese
sus opiniones ante cualquier otro. Está bien que en un parque
público o en una tertulia se diga lo que se piensa. Está bien que en
un estrado y con un micrófono o amplificador se puedan transmitir
conceptos y opiniones a centenares de personas… que, saliendo de sus
casas y con el dispendio de tiempo, desplazamiento y vicisitudes que
ello implica, cometieron el acto volitivo e interesado de ir a
escuchar una opinión. Pero cuando se trata de un aparato electrónico
que está en tu casa, y que con sólo oprimirle un botón tiene un
alcance que impacta a millones de personas todo a lo largo y lo
ancho de cada país y más allá de sus fronteras, es injusto y
antidemocrático que cualquier locutor convertido en “líder de
opinión”, a través de la TV pueda –todo el día y todos los días–
inducir la opinión, el gusto, los valores estéticos, morales,
cívicos, sociales, culturales, políticos y éticos de millones de
personas desprevenidas. El sólo hecho de que la TV se consuma en
casa, y además tenga proyección y alcance hacia millones de mentes,
cambia totalmente la forma y el fondo en que se puede –y debe–
entender y ejercer el derecho a la “libertad de expresión”.
Tendríamos que empezar por marcar la diferencia que existe entre
“libertad de expresión” y “libertad de inducción del pensamiento”;
para terminar de una vez por todas con ese argumento tan falaz de
que “el público tiene la libertad de cambiar de canal o apagar el
aparato”, cuando ya hemos visto que las mayorías han sido
previamente –y a lo largo de 50 años– indoctrinadas y condicionadas
mentalmente por los mismos medios de comunicación hacia sus
intereses comerciales y políticos.
Es innegable que en nuestra legislación civil, el derecho a la
“libertad de expresión” debe tener una revisión profunda y honesta;
y es urgente que se marquen límites para evitar que políticos,
empresarios y comerciantes sin escrúpulos continúen cometiendo abuso
y tergiversación de este derecho a través de la televisión. Todas
las teorías políticas comparten la convicción de que es un deber
filosófico distinguir entre lo que es, y lo que debería ser.
3. TASA FISCAL REIVINDICATIVA
En la historia moderna y a lo largo de muchos años se han celebrado
convenciones, acuerdos y cumbres internacionales en los que se han
emitido numerosos instrumentos normativos manifestando la urgencia
de apoyar la educación, la cultura, la diversidad cultural, los
derechos de las poblaciones indígenas, la protección del folclore y
las culturas populares, etcétera; y nuestro país ha firmado con
entusiasmo y orgullo manifiestos y decretos internacionales en
beneficio de la sociedad en su conjunto, y muy específicamente en
favor de los niños y las niñas. Pero… de nuevo: ¿qué postura toma el
sistema educativo en respuesta a la influencia perniciosa que recibe
la sociedad infantil y juvenil a través de la programación
televisiva y radiofónica carente de valores y calidad? Ninguna. Sin
embargo, para el estamento educativo, la vulnerabilidad de ese
sector de la sociedad debería ser un importante factor a considerar.
Aunque existe la televisión por cable, en donde hay mayor difusión
de la cultura (amén de contenidos de alta violencia), las capas
mayoritarias de la sociedad mexicana consumen televisión comercial
local: una televisión que no satisface dignamente las necesidades de
comunicación de la sociedad y que se ha convertido en un espectáculo
mercantil de competencia por público, que a muy corto plazo se
revierte en más dinero y poder para sus concesionarios…, a cambio de
mayor ignorancia y más deterioro intelectual y social para sus
consumidores.
Para lograr óptimas exenciones fiscales, la TV comercial ha creado
oportunas ramificaciones, como las “Fundaciones Culturales”, a
través de las que realiza publicaciones, y principalmente
exposiciones de arte o de tal o cual “muestra de cultura” para
brindar al público. Pero, en estos casos, no se trata de apretar un
botón para que la cultura llegue a casa, sino que la gente tiene que
desear ir, y tiene que invertir tiempo y desplazamientos para acudir
a consumir un bien cultural de limitadísima cobertura social.
Ante esta absurda realidad… y aquella otra de que las instancias
educativas no se dan abasto para cubrir la educación de más de 32
millones de menores de entre 0 y 14 años en México; y una vez
valorado el amplio y potente alcance del medio televisivo, es
imperativo grabar una tasa de recaudación fiscal a radio y
televisión comerciales que haga contrapeso a la des-educación que
propinan a la niñez, la juventud y a la sociedad en general,
aplicando el capital recaudado al financiamiento de una “televisión
pública” con contenidos formativos y culturales. Además de sumar a
ello la cuantiosa cantidad que se acumula por las numerosas multas
cada vez que los medios quebrantan la ley. Con ello no sólo podrían
solventarse parte de las consabidas deficiencias del sistema
educativo, sino también contrarrestar algunos efectos negativos de
la Globalización. Con esto, también, se daría cumplimiento a algunos
de los más elementales derechos humanos, a saber:
a) el derecho a la educación,
b) el derecho al conocimiento de la música nacional,
c) el derecho al conocimiento de la diversidad cultural.
Siendo el espacio en que se transmiten las ondas herzianas
propiedad de la Nación, es sorprendente que en el sistema mediático
de nuestro país, la balanza económica se incline en un 100% a favor
de los concesionarios de las señales de televisión y radio; cuando a
una colectividad social –ya de antemano desposeída de bienes
económicos y de calidad de servicios–, la despoja, también, de gran
parte de sus derechos básicos, como los arriba señalados. Por eso
una fiscalización que equilibre el statu quo, será no sólo
saludable, sino que cumpliría con ese “aggiornamiento” de los
medios y del sistema educativo, tan urgente e imprescindible en los
tiempos que vivimos.
La unión de intelectuales y académicos para elevar estas propuestas
a los cuerpos legislativos sería el primer paso firme para hacer un
bien a todas esas mentes que mañana conformarán –y regirán– la
nación que les heredaremos…
• PERSPECTIVAS: LAS VOCES DE ALERTA
Como resultado del mal uso que se hizo de la prodigiosa invención
del televisor, muchas han sido las voces inteligentes que nos han
alertado sobre sus peligros: El Filósofo de la Ciencia Karl Popper
nos advierte sobre dos situaciones importantes: que a los niños –y a
la sociedad en general– se les está educando para la violencia; y
que el poder incontrolado de la TV es un peligro para la democracia.
Nos dice literalmente: "Una democracia no puede existir si no se
somete a control la televisión…”(1)
Y al reflexionar que la TV podría ser una causa para el bien, como
tremendamente lo ha sido para el mal, sugiere establecer controles
normativos éticos y sociales, tanto por parte de los productores
como de la misma teleaudiencia.
Noam Chomsky, lingüista norteamericano reconocido mundialmente como
uno de los grandes intelectuales y educadores del siglo XX, sostiene
que los medios masivos de comunicación son “modelos de propaganda”
que manipulan el pensamiento político a través del lenguaje que
utilizan periodistas, políticos e intelectuales.
(2)
El sociólogo y antropólogo francés Pierre Bordieu pone de manifiesto
que los medios de comunicación constituyen una amenaza para la
sociedad actual; y que durante las últimas décadas la televisión ha
adquirido, entre sus características, la de desalentar la práctica
del pensamiento, privilegiando el impacto de la imagen sobre el
contenido; y el de la emoción sobre la razón.
(3)
Naomí Klein, la máxima responsable de la revista Saturday Night,
ha publicado “No logo: el poder de las marcas”,(4)
libro en el que denuncia el empeño que han puesto las grandes
empresas para homogeneizar el pensamiento y el estilo de vida de las
distintas comunidades a través de la fabricación y la promoción de
falsas necesidades, creando así una sociedad de consumo desbocada
para la cual la “imagen” lo es todo. Denuncia la rendición de la
cultura y la educación ante el mercado, y demuestra que aquella
promesa de que disfrutaríamos de un mayor acervo de alternativas
culturales fue traicionada por el poder de las fusiones, por las
despiadadas franquicias y la censura que practican las grandes
compañías.
Por su parte, el Dr. Javier Esteinou Madrid, investigador de la
Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), nos expone un interesante
análisis del efecto de los medios en nuestro país, en su artículo “Dinámica
de Mercado, Globalización y Medios de Comunicación en México”.
(5) Y resulta también de sumo interés
consultar la Declaración formulada por diversas organizaciones de la
sociedad civil en el marco de la Cumbre Mundial de la ONU sobre la
Sociedad de la Información (CMSI/WSIS), Ginebra-2003: “Construir
sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas”.(6)
John Condry acusa a la televisión de “ladrona del tiempo y
mentirosa”, y discurre que muchos de los problemas de los niños
se deben al excesivo tiempo que pasan viendo TV; tiempo que
reemplaza las "horas preciosas, esenciales para aprender algo
sobre el mundo y sobre el lugar que cada cual ocupa en él”.(7)
Y refiriéndose a sus contenidos, George Gilder ha declarado: “La
TV es un instrumento de tiranos, su derrocamiento será la mayor
fuerza para la libertad y la individualidad, la cultura y la
moral...”.
(8)
Samuel Huntington, quien desde el 11 de septiembre de 2002 es tenido
en los Estados Unidos como un profeta, ha desarrollado la teoría de
que en el futuro las guerras estarán dictadas no por razones
políticas o económicas, sino culturales…(9) En
los años 90s comenzó a desarrollar esta teoría, basado en la
existencia del Islamismo; y para él, los conflictos mundiales son
ocasionados por las diferencias de pensamiento entre las
civilizaciones. Ya se dijo que uno de los más indeseables procesos
derivados de la Globalización es la Unificación Cultural. ¡Pero
cuidado! porque la televisión comercial (la de mayor consumo) es una
sirviente fiel para este cometido a través de la inducción del
pensamiento. Alrededor del 85% de las imágenes que se emiten a
través de los medios se producen en los Estados Unidos, y aunque
éstas nos puedan llevar a recorrer innumerables países, no son sus
habitantes quienes nos muestran una imagen de sí mismos o nos
transmiten sus palabras o su visión del mundo. Son “otros” los que
hablan por ellos; los que interpretan su vida partiendo de valores e
intereses diferentes..., cambiando así, dramáticamente, el curso de
la civilización.
Se dice que la Historia no tiene regreso, y puede que sea verdad;
pero si alguna virtud tiene el error, es que lleva intrínseca la
posibilidad de la enmienda…, la posibilidad de la reivindicación…
hasta antes de llegar al punto de no retorno; porque una vez que
éste se haya rebasado, la vida particular del hombre, la de la
milenaria cultura humana, la de las sociedades y la del planeta
entero… pueden tomar rumbos y formas inimaginables.
La altura y la luz de intelectos como los de Pierre Teilhard de
Chardin y Albert Einstein tienen hoy su contraparte y lado oscuro en
el intelecto humano… en las mentes que en los últimos 40 años ha
logrado crear la TV comercial. ¿Es justo –y ético– permanecer
callados y pasivos?
Las nuevas tecnologías de la comunicación, la radio y, especialmente
la televisión como paradigma de la invención científica, podrían ser
la plataforma para una marcada evolución intelectual y ética del
hombre y sus entornos… si se les diera un uso humanista y se
orientaran a una verdadera apreciación de los valores morales y
culturales. Administrar el buen uso de los medios es una gran
responsabilidad de los gobiernos…, y una severa obligación de la
sociedad.
La Academia, el Sistema Educativo, la Ciencia, la Filosofía… los
estudiosos de la Evolución Humana y las instancias abocadas a la
salvaguarda de los Derechos Humanos tienen la palabra… en tanto
desde aquí deseamos con el alma que hoy… no sea demasiado tarde.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
(1)
Karl R. Popper. “Una patente para producir televisión”,
en Karl Popper y John Condry, La televisión es mala maestra.
Fondo de Cultura Económica. México. 1996.
(al texto)
(2) Noam Chomsky. El nuevo orden mundial
(y el viejo). Editorial Crítica. Colección Drakontos. 1997.
(al texto)
(3) Pierre Bourdieu. Sobre la televisión.
Editorial Anagrama. Colección Argumentos, No. 197. 2003.
(al texto)
(4) Naomi Klein. No logo. Ediciones
Paidós Ibérica. Colección Paidós plural, No. 35. 2003.
(al texto)
(5) Javier Esteinou Madrid. Dinámica de
Mercado, Globalización y Medios de Comunicación en México. Dr.
Javier Esteinou Madrid. Investigador Titular del Departamento de
Educación y Comunicación de la UAM, Unidad Xochimilco, México.
Publicado en Razón y Palabra primera Revista Electrónica en América
Latina especializada en Tópicos de Comunicación. Agosto-octubre
2000. http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n19/19_jesteinou.html
(al texto)
(6) El documento completo puede ser
consultado en “Comunicación y Ciudadanía. Comunicación para la
Democracia – Democracia en la Comunicación”. La Sociedad Civil
ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI).
http://movimientos.org/foro_comunicacion/show_text.php3?key=2346#_Toc71961845.
Se pueden enviar declaraciones de apoyo a: ct-endorse@wsis-cs.org,
mismas que son archivadas en http://www.wsis-cs.org
Página oficial de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la
Información:
www.itu.int/wsis/index-es.html
(al texto)
(7) John Condroy, "Ladrona de tiempo,
criada infiel", en Karl Popper y John Condry, La televisión
es mala maestra. Fondo de Cultura Económica. México. 1996.
(al texto)
(8) George Gilder. La vida después de la
TV. Citado por Alfredo Jalife-Rahme en su libro “El lado
oscuro de la globalización. Postglobalizaión y balcanización”.
Ed. Cadmo & Europa. Pág. 462.
(al texto)
(9) Samuel P. Huntington. ¿Quiénes somos?
Los desafíos a la identidad estadounidense. Editorial Paidós
Ibérica. Barcelona, 2004.
(al texto)
|
(NOTA 1)
United Nations Development Programme – UNDP. (Reporte anual de
datos estadísticos sobre población, educación, salud,
crecimiento económico, etcétera). www.hdr.undp.org
Carácter de aquellas percepciones sensoriales, u otras
actividades psíquicas, de las que el sujeto no llega a tener
conciencia. Enciclopedia Microsoft Encarta 2001.
Dirección General de Televisión Educativa (DGTVE) de la
Secretaría de Educación Pública –www.dgtve.sep.gob.mx
(al texto)
(NOTA 2)
Persona o asociación que con afanes de lucro interviene para
favorecer relaciones sexuales ilícitas. Enciclopedia Microsoft
Encarta 2001.
(al texto)
(NOTA 3)
Población de 0 a 14 años:
32,586,973 / Población de 0 a 19 años: 42,579,108.
Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática –
www.inegi.gob.mx
(al texto)
|
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