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Introducción
En la actualidad diversos investigadores en el campo de la
educación se dirigen a concientizar la necesidad imperante de
introducir una nueva dirección en la planeación, administración y
evaluación del acto educativo. Lo anterior fundamentado en que los
sistemas instruccionales no cumplen satisfactoriamente su cometido,
los alumnos cada día almacenan más información y en forma mecánica
la reproducen sin llegar a la adquisición de habilidades o
estrategias que le permitan transferir sus conocimientos en la
resolución de problemas académicos y de situaciones en su vida
diaria. Como una alternativa de respuesta a este problema se propone
un enfoque dirigido a los estudiantes que pretende el desarrollo
deliberado de habilidades para pensar. El pensamiento humano no debe
concebirse en forma reduccionista como la capacidad de almacenar la
información, ignorándose su potencialidad de procesamiento y
transformación; la cognición puede y debe cumplir ambas funciones,
organizar y almacenar información y transformarla en la generación
de productos nuevos, y la educación debe proveer los medios
necesarios para el logro de estos propósitos.
Educación superior y cognición
Existen investigadores (Arons, 1979; Whimbey y Lochhead 1986;
Montealegre, 1992; Raths y colbs., 1997; Reyes, 2004) que permiten
sustentar que un alto porcentaje de los estudiantes que ingresan a
la universidad tiene deficiencias para razonar a nivel de
operaciones formales y para pensar en forma crítica y creativa.
Dichas deficiencias han causado, en diferentes ámbitos, un descenso
progresivo del desempeño académico de los estudiantes. El análisis
de desempeño de los alumnos ha llevado a suponer que muchas de las
deficiencias de éstos, en cuanto a sus habilidades para pensar se
deben a la falta de estructuras cognitivas debidamente consolidadas
para realizar procesos mentales de operaciones formales (Gardner,
1985; Pozo y Gómez-Crespo, 1998; Ianfranceso, 2003).
Concepciones científicas sobre ciencia cognoscitiva (Brown, 1979 ;
Rumelhart y Norman, 1985; Anderson y Hinton, 1989; Ruiz, 1994;
Baddeley, 1998) establecen diferencias entre el uso de las memorias
de corta y de larga duración. La primera genera retención por medio
limitado y tiene poca utilidad para el aprendizaje permanente,
mientras que la segunda, es un sistema activo que permite organizar,
retener y procesar la información y faculta a la persona para
establecer relaciones, formular generalizaciones y lograr
aprendizajes perdurables y significativos.
Por otra parte, se afirma que el desarrollo de dichas estructuras no
constituye un proceso de aprendizaje espontáneo, debe ser estimulado
a través de entrenamiento formal, mediante cursos debidamente
incorporados en el currículum escolar. Se deduce que el uso oportuno
de esta memoria activa de larga duración sólo es posible si las
personas desarrollan, a través de aprendizaje, las estructuras
cognoscitivas que actúan como funciones organizadoras y procesadoras
de la información (Calfee, 1981; Baddeley, 1998).
En países como Venezuela, Estados Unidos, Canadá e Israel, se gestó
un movimiento a finales de la década de los 70 y principios de la
del 80, que aglutinó numerosos esfuerzos de científicos, educadores,
organizaciones e instituciones educativas y agencias oficiales de
educación, dirigido a buscar alternativas para mejorar el desempeño
intelectual de los estudiantes. De este esfuerzo surgieron
diferentes enfoques aún vigentes, para atacar el problema, a saber.
Se proponen métodos de desarrollo e investigación para diseñar
alternativas instruccionales basadas en la teoría cognoscitiva,
dirigidos a incorporar nuevos elementos en la organización de los
contenidos de las disciplinas y en la conducción del proceso
enseñanza-aprendizaje (Reif y Larkin, 1991).
Se propicia la necesidad perentoria de incluir materias en el
currículum escolar dirigidas a desarrollar en forma directa las
habilidades de pensamiento de los estudiantes (De Sánchez, 1991).
Se propone la "infusión" o transferencia de los procesos cognitivos
en la enseñanza de las disciplinas de los planes de estudio, en
todos los niveles educativos (Jones y colbs., 1987; Martín, 2001).
La primera alternativa sugiere nuevos enfoques de investigación
sobre la enseñanza y el aprendizaje; la segunda se refiere a la
enseñanza de las habilidades de pensamiento como materia del plan de
estudios y la tercera a la superposición de los procesos y los
contenidos curriculares y a su enseñanza simultánea. Existe consenso
de que lo ideal sería propiciar las tres alternativas. Sin embargo,
en algunos países se piensa que algo es mejor que nada y por razones
económicas se han pronunciado por apoyar la aplicación de los
procesos en la enseñanza de las materias del currículum escolar.
Por otra parte, se observa aquellos diseños curriculares actuales
constituyen acumulaciones de temas y materias, en gran medida
desarticuladas, que inducen a la memorización de hechos y conceptos,
sin estimular el desarrollo de estrategias cognoscitivas, que como
se sabe, favorecen el aprendizaje de los conocimientos que se
imparten y el logro de habilidades cognitivas y metacognitivas. Si
se reflexionara por un momento ¿qué alumno puede llegar a ser un
profesional competitivo?: ¿aquel que tiene la capacidad de memorizar
mayor cantidad de información o el que puede tener mayor diversidad
de estrategias para resolver problemas?, muy probablemente la
orientación de respuesta represente una proyección del tipo de
práctica docente.
Propuesta metodológica
La metodología para el desarrollo de habilidades cognitivas en los
estudiantes debe destacar, en primera instancia, al propio alumno
como centro de atención durante la clase, así como la necesidad de
concentrar el proceso educativo en el aprendizaje, más que en la
enseñanza.
Esto significa que el docente debe utilizar estrategias para el
diagnóstico del progreso de sus alumnos paralelamente a la
estimulación de los mismos durante la conducción de su clase. Se
trata de lograr que el alumno "aprenda a aprender" (metaconocimiento)
y a regular conscientemente sus procesos de adquisición de
conocimientos y el desarrollo de habilidades (Sternberg, 1987;
Mintzes, Wandersee y Novak 1998).
Para el logro de dichos propósitos debe de existir la fragmentación
del acto educativo en cuatro factores fundamentales:
-
El rol
del profesor como mediador del proceso y como facilitador del
aprendizaje.
-
La
metodología de enseñanza basada en procesos.
-
La
orientación en el diseño de los materiales instruccionales del
alumno y del docente.
-
Así
como el monitoreo y transferencia del aprendizaje a otras áreas
académicas y a la vida cotidiana del alumno.
Finalmente cabe hacer mención que la perspectiva de aplicación y
acción docente no se limita a la construcción de una asignatura
específica para el logro de lo expuesto, plantea un objetivo
institucional de inclusión a lo largo de su propio currículum bajo
una perspectiva inter y transdisciplinaria.
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CONTRASTE
ENTRE EL PENSADOR NATURAL Y EL EFECTIVO
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DESARROLLO ESPONTÁNEO DE HABILIDADES DEL PENSAMIENTO |
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DESARROLLO CONSCIENTE Y DELIBERADO DE HABILIDADES DEL
PENSAMIENTO |
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PRODUCTO DEL AZAR |
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PRODUCTO DE UN PROCESO PLANIFICADO Y DELIBERADO |
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⇩ |
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PENSADOR NATURAL |
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PENSADOR EFECTIVO |
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PENSAR ¿CÓMO?
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✓ DESESTRUCTURADO
✓ DESORGANIZADO
✓ PASIVO
✓ CONFUSO |

✓ ESTRUCTURADO
✓ ORGANIZADO
✓ ACTIVO
✓ CLARO
✓ PRECISO |
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PENSADOR AZAROSO
✓ INEFECTIVO
✓ IMPULSIVO
✓ DESORGANIZADO
✓ NOVATO
✓ INGENUO
✓ INEFICAZ
✓ DESCONTROLADO
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PENSADOR PLANIFICADO
✓ EFECTIVO
✓ AUTORREGULADO
✓ ORGANIZADO
✓ EXPERTO
✓
PERSPICAZ, INTUITIVO, REFLEXIVO
✓ EFICAZ
✓ CONTROLADO
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Fuentes de consulta
Anderson, J. A. y Hinton, G. E. (1989). Parallel models of
associative memory. Lawrence Erlbaum, Hillsdale, New Yersey.
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Clement. Philadelphia: The Franklin Institute Press.
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Whimbey, A.; Lochhead, J. (1986). Problem solving and comprehension.
Hillsdale, N.J.: Edit. Lawrence Erlbaum Associates.
(NOTA 1)
Miembro de la Sociedad Mexicana de Psicología. Docente Investigador
de la Universidad Cristóbal Colón. redel@aix.ver.ucc.mx
(al texto)
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