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Desde
fines del siglo XIX, la educación en Latinoamérica, ha estado basada
en un paradigma anglosajón que le ha impedido ser cooperativa y
creativa. Una concepción individualista y competitiva de la vida,
cuyas raíces culturales se encuentran en la base de las teorías que
se han impuesto en el Mundo en los dos últimos siglos: la teoría
darwinista de la evolución mediante la supervivencia del “más apto”
y la teoría del libre mercado de Adam Smith.
(NOTA 3) Desgraciadamente, este paradigma se convirtió en
dogma y, a pesar de que cada día surgen más señales de alarma sobre
las graves repercusiones que esta concepción de la realidad ha
tenido sobre el equilibrio de la Naturaleza y de las relaciones
humanas, en las sociedades autodenominadas “avanzadas” ni siquiera
se plantea la posibilidad de un cambio hacia una mentalidad
cooperativa y solidaria que nos permita hacer frente a los graves
problemas ambientales que se avecinan.
Howard Gardner, quien hace 25 años revolucionó las ciencias sociales
con su paradigma de las “Múltiples inteligencias” y considerado uno
de los 100 intelectuales más influyentes, crítica la educación
materialista y busca crear las condiciones para transformar el
mundo:(NOTA
4) “Estoy volcado a cuestionar asuntos éticos en las
políticas públicas. Las escuelas y universidades, a diferencia de
ayer, hoy son seculares y si bien ello tiene grandes ventajas, no
existen ya fuerzas ideológicas o comunitarias que sean capaces de
imponer un marco ético. A nadie parece interesarle moderar el poder
hegemónico del mercado o de la tecnología. Los educadores y
políticos continúan, como si el mundo no hubiera cambiado”, señala
Gardner, investigador de la Universidad de Harvard, codirector del
proyecto Zero que promueve el arte en la educación, e iniciador de “Goodwork”,
que estudia y promueve empresas cuya excelencia está basada en la
ética.
Asegura que quienes toman decisiones se preocupan por “el
rendimiento” y “el potencial”, les interesa el desempeño en
matemáticas o ciencias, desdeñan las humanidades y el civismo, y muy
pocos se cuestionan qué clase de personas están formando.
En su nuevo libro “Las cinco mentes del futuro”, Gardner propone
cinco tipos de mentes –disciplinada, sintética, creativa, respetuosa
y ética–, que las instituciones educativas deberán cultivar para que
las nuevas generaciones sean capaces de prosperar en el mundo
globalizado.
“Vivimos en una sociedad metalizada en la que toda clase de datos
fluyen por el ciberespacio, desde campañas de odio hasta
revoluciones sin sangre. La educación es un asunto de valores y
objetivos humanos y, paradójicamente, educamos para el mundo del
pasado, en lugar de enfrentar los posibles mundos del futuro”.
Sostiene Gardner que las cinco mentes deberían estar contenidas en
objetivos educativos. “Especialmente la mente ética, porque el
conocimiento no nos convierte en seres morales. El nazismo nos
restregó que las personas más “educadas”, engendraron la página más
negra de la historia”.
“La semana pasada –agrega quien es autor de más de 20 libros– la
presidenta de Harvard me comentó que el 50 por ciento de los
egresados de Harvard van a Wall Street. Los mejores y los más
brillantes, los futuros líderes, tienen como objetivo ser
millonarios y enriquecer a las grandes compañías. Eso no es malo,
pero deberíamos fomentar otros intereses, además de multiplicar la
industria de los recipientes. Yo gano menos que un aprendiz de una
de las grandes consultoras, y quizá en esto hay una lección
poderosa”.
“Sospecho además que las grandes compañías reclutan a estos
magníficos estudiantes por su creatividad y capacidad, buscan en
ellos la forma de moverse “con legalidad” en asuntos inmorales.
Impera un extraño sistema ético. Hoy prevalece una formación
darwiniana y nos estamos equivocando” (nuestro énfasis).
En las disciplinas más diversas la tendencia es a educar en un nuevo
paradigma de cooperación e interdisciplinariedad, que no se ha
adoptado aún en Latinoamérica.
En su libro “Introducción al pensamiento sistémico con aplicación a
la Administración creativa e innovadora”, los profesores Matjaž
Mulej
(NOTA 5) y Zdenka Ženko
(NOTA 6) sostienen que “Los principios éticos de las
sociedades preindustriales se basan en las experiencias de
solidaridad de la familia ampliada (y de la comunidad), las
ayudaba a sobrevivir y lo hacía mejor que la ética de la
competitividad individualista de las sociedades y/o comunidades
postindustriales. Es así porque la ética de solidaridad
(preindustrial) suele no olvidarse de la interdependencia y proponen
una metodología creativa de cooperación interdisciplinaria.
Desde hace ya varios años algunos investigadores y científicos
notables han hecho notar todo lo anterior, pero la ortodoxia
anglosajona es demasiado poderosa y no permitirá fácilmente un
cambio de paradigma.
Como ejemplo, cuando se colocaron en Wikipedia los siguientes
párrafos, fueron retirados de inmediato por los responsables de la
página sobre la evolución de esta enciclopedia virtual:
“Nuevas teorías de la evolución artículos principales: La
transformación de la evolución, La crisis latente del darwinismo.
A pesar de que el paradigma darwinista se encuentra arraigado
profundamente en la comunidad científica, actualmente la biología, y
por lo tanto la teoría neo-darwinista de la evolución, atraviesan
por un periodo de crisis, dada su incapacidad para explicar
satisfactoriamente los nuevos datos obtenidos de la bioquímica, la
microbiología y la genética.
Los progresos en el conocimiento de la naturaleza, el control y
la regulación de la información genética han puesto de manifiesto
unos fenómenos de una enorme complejidad.
Las nuevas teorías científicas sobre la evolución, parten del
estudio de los sistemas complejos (a los que pertenecen los sistemas
biológicos), que no pueden ser sometidos a un procedimiento
analítico reduccionista, pues su comportamiento emerge justamente
del hecho de que constituyen una totalidad interdependiente y no de
las propiedades de cada elemento particular.
A la luz de toda esta nueva información, no es necesaria una
argumentación muy elaborada para llegar a la conclusión de que los
conceptos, los términos y las hipótesis teóricas de la Genética de
poblaciones pueden ser descartados como método de estudio de la
evolución. No se está hablando de un problema menor, porque se trata
de la única base empírica existente de la teoría evolutiva admitida
actualmente por la inmensa mayoría de la comunidad científica.
Ante esta situación, se empieza ya a elaborar una base teórica
sustentada en datos reales (no en hipótesis), que será capaz de
integrar y explicar coherentemente, científicamente, los fenómenos y
los procesos biológicos pasados y, como consecuencia, hará posible
una mejor comprensión de los actuales”.
Experiencias como esta nos hacen pensar que en los países incluidos
en la órbita económica, científica y cultural anglosajona, la
resistencia por parte del poder establecido a este necesario cambio
va a ser muy dura. Sin embargo, estamos convencidos que para
Latinoamérica existe todavía la oportunidad de trabajar sobre nuevas
bases, pues aunque según los autores citados anteriormente, “a los
países en vías de desarrollo les urge establecer una ideología de
cooperación y creatividad para poder después competir en el duro
campo de la globalización”, nosotros pensamos que el verdadero reto
del futuro no es el de “competir” en ningún duro campo, sino el de
estar preparados para afrontar los cambios ambientales que se
avecinan y para cambiar, por medio de la cooperación y la
solidaridad, el mundo de la competencia y de los “más aptos” por una
sociedad y una Naturaleza en las que haya sitio para todos.
Un fenómeno nuevo ha emergido. No son ya sólo especialistas e
investigadores quienes proponen un cambio, ahora son lo propios
estudiantes quienes están abriendo los ojos y esto se puede
constatar en el manifiesto que han elaborado y reproducimos por ser
sumamente interesante para quienes dirigen la educación en
Latinoamérica, ya que el obsoleto paradigma actual llegó a través de
la Biología y a través de ella tendrá que llegar el nuevo.
MANIFIESTO POR UNA BIOLOGÍA DEL SIGLO XXI
Los abajo firmantes, alumnos y ex–alumnos del Departamento de
Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, nos dirigimos a la
comunidad científica y a la sociedad en general para llamar la
atención sobre un problema que puede llegar a tener graves
repercusiones en nuestra sociedad.
Existe, en la actualidad, una gran confusión en los fundamentos
teóricos en que se basan las investigaciones biológicas y, como
consecuencia, sus objetivos y aplicaciones, por lo que estas pueden
llegar a ser peligrosas para la Naturaleza y para el ser humano.
Los descubrimientos recientes sobre la naturaleza y la complejidad
de la información genética y de otros fenómenos biológicos,
especialmente los relacionados con las actividades de bacterias y
virus, resultan absolutamente contradictorios con las suposiciones
sobre las que se sustentaba la base teórica de la Biología elaborada
a principios del siglo pasado. Sin embargo, tanto la docencia como
la investigación parecen seguir ancladas en las antiguas
interpretaciones.
La explicación más inmediata de esta situación está en la
especialización y falta de integración entre distintas disciplinas.
Como consecuencia, desde el punto de vista de la docencia, se
continúa la formación de nuevas promociones con criterios
desfasados. Pero es aún más grave la repercusión en la
investigación: se mantienen los planteamientos y los objetivos
reduccionistas y, como consecuencia, las interpretaciones, que son
absolutamente contradictorias con los nuevos datos. Esto supone una
grave pérdida de tiempo en ciencia y un inútil despilfarro de
inteligencias formadas y enfocadas con unas bases erróneas.
Queremos transmitir a la sociedad que el problema no se reduce a un
debate científico. La vieja concepción competitiva y simplificadora
de los fenómenos naturales ha llevado a graves problemas, como el
avance de la resistencia bacteriana a los antibióticos debido a la
consideración de la bacterias (que ahora sabemos que son
extraordinariamente abundantes y fundamentales para el desarrollo de
la vida) como agentes exclusivamente patógenos que había que
eliminar. Los datos actuales nos han mostrado que los virus son
todavía más abundantes, ubicuos y participativos en los procesos
biológicos que las bacterias y que, al igual que éstas, su carácter
patógeno responde a un desequilibrio de los fenómenos naturales. Por
esto, las investigaciones orientadas sobre los viejos criterios
reduccionistas y enfocadas con fines economicistas pueden constituir
un grave peligro para la Naturaleza y para la Humanidad.
Queremos resaltar especialmente la distorsión que introduce la
investigación con intereses en un rendimiento económico inmediato en
el verdadero objetivo de la Ciencia: la profundización de los
conocimientos al servicio de la Humanidad. La financiación privada
de investigaciones orientadas a la obtención de patentes destinadas
a la comercialización conduce a la precipitación de sus aplicaciones
y a nuevos peligros potenciales, dada la desconexión de estos
planteamientos reduccionistas con la realidad de los fenómenos de
reciente descubrimiento. Por otra parte, esta dinámica induce al
despilfarro de tiempo, dinero e inteligencia en investigaciones con
fines absolutamente absurdos e inviables, como la pretensión de
“crear” organismos artificiales, alargar la vida o seleccionar
individuos supuestamente libres de enfermedades genéticas y otras de
un cariz semejante, naturalmente, destinadas para el que pudiera
pagarlo.
Finalmente, queremos llamar la atención sobre un fenómeno que está
contribuyendo a aumentar, especialmente en la sociedad, la confusión
sobre el problema que estamos denunciando: El debate
darwinismo-creacionismo, que los darwinistas parecen especialmente
interesados en difundir. Creemos que es un debate inútil, porque los
científicos no debaten sobre creencias, sino sobre datos empíricos,
pero que contribuye al reforzamiento social de las viejas (e
interesadas) concepciones para evitar el verdadero debate: el de una
concepción científica del Siglo XIX frente a una Ciencia del Siglo
XXI.
Por todo ello, hacemos un llamamiento a la implicación de la
sociedad en este problema y, muy especialmente, a la comunidad
científica para poner fin a esta situación irracional en que se
encuentra una ciencia cuyos conocimientos nos deben resultar
fundamentales para hacer frente a los problemas que se avecinan,
productos en gran parte de una concepción de la Naturaleza propia de
épocas pasadas, y construir una Biología que nos conecte con la
Naturaleza. Porque si la seguimos tratando como a una enemiga
tenemos todas la de perder.
Firmado
(NOTA 7)
(NOTA 1)
Doctor en Biología y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid
(al texto)
(NOTA 2)
Ingeniero Civil (UNAM), director del Instituto de Investigación
sobre la Evolución Humana, A.C.
(al texto)
(NOTA 3) Ver »Una
nueva biología para una nueva sociedad«
http://www.iieh.org/sociedad/articulos_sociedad04.php
(al texto)
(NOTA 4)
Entrevista de Silvia Cherem S. Publicada en el diario Reforma, el 23
de febrero de 2008.
(al texto)
(NOTA 5)
Dr. Matjaz Mulej, Professor Emeritus (systems and innovation theory).
University of Maribor, Faculty of Economics and Business. SI-2000
Maribor, P.O.Box 142, Slovenia. E-mail: mulej@uni-mb.si (Ch.-s 1-16,
18)
(al texto)
(NOTA 6)
Dr. Zdenka Ženko, Assist. Prof. (management and systems theory),
University of Maribor, Faculty of Economics and Business. SI-2000
Maribor, P.O.Box 142, Slovenia. E-mail: zdenka.zenko@uni-mb.si (Ch.
17)
(al texto)
(NOTA 7)
Los nombres de los firmantes se pueden ver en http://www.iieh.org y
en http://crimentales.blogspot.com/2008/02/manifiesto-por-una-biologa-del-siglo.html
(al texto)
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