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Primer diálogo:
SOBRE EQUIDAD EDUCATIVA, SOCIEDAD Y CULTURA.
LINUS.– Más allá de la Reforma Educativa en que
desde hace alrededor de 25 años se debaten los países de América
Latina, me llama la atención que en últimas fechas se ha realizado
un número relevante de congresos, coloquios, foros, simposia y
diversidad de encuentros sobre Educación Musical. Parece ser este un
tema que preocupa sobremanera a un nutrido grupo de maestros y
educadores de esa comunidad. ¿Crees tú que los músicos están
resintiendo de una manera más acusada los efectos del rezago
educativo? Me gustaría saber cuál ha sido en este caso la respuesta
de las autoridades en educación.
TETETO.– Indudablemente. Desde hace ya muchos años ha venido
decayendo la importancia de la música en el bagaje cognitivo que los
ideólogos de la Educación recomiendan para nuestras sociedades
actuales y del futuro. La música no es una asignatura curricular, y
queda integrada en el “paquete” de apreciación y expresión
artística, a la que se le asigna un solo libro para los seis años de
primaria, lo que da por resultado que paulatinamente la sociedad en
general haya ido cayendo en una gran ignorancia en cuanto a música,
con la consecuencia de que el músico que se dedica al género no
comercializado en la radio y la televisión, se encuentre en
condiciones de marginalidad y desplazamiento profesional.
LINUS.– Ahora se habla mucho de equidad cognoscitiva.
TETETO.– Pero este concepto tiende a entenderse más en cuanto a la
proyección de la cobertura a mayores capas de la población, que como
la urgente necesidad de incluir todos los símbolos de representación
del conocimiento humano en los planes escolares. Es decir...
LINUS.– Sí, sí. La oferta educativa –y cognoscitiva– que se brinde a
los estudiantes, de todos los sistemas de pensamiento y su
respectiva semiología.
Pero yo no creo que la raíz del problema
provenga de los ideólogos de la Educación, quizá de los ideólogos de
la Economía y la Política, sí. No olvides que desde Confucio,
pasando por Platón, y más modernamente Comenius, Rousseau, Piaget,
Montessori, Freinet, Krishnamurti, Vasconcelos, Savater y muchos
más, han tenido la Educación como el más alto valor de la sociedad.
TETETO.– Cierto. Sin embargo parece ser que la educación estética no
le interesa a la escuela del futuro. Hemos tenido grandes
pensadores, como Lowenfeld y Herbert Read entre otros, que han
formulado propuestas geniales (como lo es la Educación por el Arte),
en las que se involucra no sólo la formación y el desarrollo plenos
del individuo y la evolución de sus valores y potencialidades, sino
también el mejoramiento indiscutible de la calidad de vida de
nuestras sociedades.
LINUS.– Sí; y Rudolf Steiner, quien también tiene una propuesta
singular. Lo curioso es que ya de todo ello se ha hablado lo
suficiente, a mas de la numerosa documentación impresa e informática
que existe sobre congresos internacionales de asociaciones
específicas que se ocupan de la materia y las interesantes
conclusiones a que han llegado; lo que preocupa es saber si las
autoridades educativas de nuestro país ya se dieron por enteradas. Y
si les interesa aplicar una solución.
TETETO.– Me imagino que sí... aunque gran parte del problema es que
la educación es una especie de monstruo de mil cabezas. Imagínate:
cerca de 24 millones de educandos en México, y de estos, 15 millones
en el nivel básico. La educación es un reto que sobrepasa a las
autoridades.
LINUS.– Sobrepasa a las autoridades, a los maestros, a los padres de
familia, ¡a la misma instancia educativa! ya que cada vez más, los
problemas que surgen en la sociedad –aunque en su base la mayoría
emanan de la carencia de una sana orientación educativa– requieren
para su solución de la acción conjunta de otras instancias, como la
de salud, y también la de comunicaciones por su alcance y porque de
ésta se sirve la publicidad, que es tan importante.
TETETO.– Y la informática, ya que a través de ella toda clase de
conocimiento puede ponerse a disposición de los menores. (Aunque
muchas veces el conocimiento que se les da es inconveniente, y no
por equidad cognoscitiva, sino por perversidad comercial; pues
actualmente existen páginas de “información educativa” para niños y
jóvenes, con ligas a contenidos pornográficos).
LINUS.– Claro; pero en todo esto, también es imprescindible la
participación conjunta de autoridades, padres, maestros,
organizaciones no gubernamentales versadas en la materia y otras
instancias de la sociedad.
TETETO.– Así es; porque si de verdad se trata de elevar el nivel
educativo, es importante contar con la participación –y la posible
aportación– de todos. Y volviendo a tu pregunta del principio, creo
que la comunidad musical está muy consciente de la necesidad de su
injerencia y segura del valor de sus aportaciones; y está actuando
con acierto. Hasta el momento, los grupos que conforman esta
comunidad han estado activos como llamitas dispersas, pero una vez
que se junten, encenderán una gran luminaria.
LINUS.– Hasta el momento han sido esfuerzos aislados; pero es
necesario conjuntar los logros, para ponerlos a disposición de la
instancia educativa; quien al no poder saber todo sobre todo, sí
debe saber hacerse de asesores competentes, actualizados y
conocedores de la problemática. ¿Tú crees que esta agitación de la
comunidad musical se deba en parte a que no sienten cubierto este
aspecto?
TETETO.– Yo creo que en parte sí, porque a pesar de sus propuestas,
persisten las deficiencias. La música es un arte sublime y es una
inteligentísima ciencia; pero también surge como un hacer natural y
cotidiano en las sociedades. Esto ha sucedido desde siempre; y es
este carácter de la música, tan plástico y tan generosamente
invasivo como la luz del sol, lo que aparentemente la vuelve un
asunto complicado y difícil para integrar en un plan de estudios,
debido también a la vastedad del material a incluir, y a la forma en
que debe ser impartido este conocimiento. La música es objeto de
historia; pero también es objeto de práctica, y muchos están en el
error de creer que en nuestros países en desarrollo los sistemas
educativos no disponen de la infraestructura necesaria para poner al
alcance de todos los escolares el conocimiento y la práctica de la
música.
LINUS.– Esto que dices me parece muy interesante, porque si es así,
entonces el enfoque tendría que invertirse: habrá que buscar la
solución en la misma música, que es tan formativa y tan rica. Quizás
el problema básico no es cómo impartir la música en las condiciones
que tu adviertes; sino cómo valerse de la música, tan “plástica,
natural y cotidiana”, como dices, para coadyuvar a la solución de
grandes problemas sociales, culturales, educativos y de salud.
TETETO.– Creo que ésta es la otra parte de la preocupación de los
músicos. Porque ellos son un sector importante del grupo social que
crea o que sostiene la cultura. Los artistas en general y los
intelectuales son los encargados de salvaguardar la cultura en la
sociedad. Y cuando digo cultura, no me estoy refiriendo a cualquier
producto o subproducto de la civilización con carta de
naturalización en el mundo de los intereses creados; tampoco
designando una supuesta sofisticación del conocimiento, una
erudición extrema o un sistema de símbolos elitistas que las masas
nunca deben alcanzar (de acuerdo a la estrategia de “marketing” de
los medios).
LINUS.– Claro. Te refieres a la manera de vivir y las costumbres de
un determinado grupo humano, su grado de desarrollo artístico, sus
conocimientos científicos… ¿cierto?
TETETO.– Bueno, me refiero a un factor importantísimo para la
evolución de la mente humana: el cultivo de las facultades moral,
estética e intelectual. Y claro, a su necesaria vinculación con la
“cultura popular”, que expresa las manifestaciones tradicionales de
la vida de una nación o de un pueblo, y por supuesto, a su relación
con la “cultura de masas”, en donde los medios de comunicación son
la influencia dominante.
LINUS.– Es cierto que, por su naturaleza comercial, y salvo pocas
excepciones, los medios en general, y en especial la televisión
comercial con sus extensiones en la industria del disco, la radio y
los impresos, ponen todos su esfuerzos en hacer creer a las masas
que la cultura –como tú la defines–, es un asunto aburrido y por lo
tanto no debe interesar a la juventud. Pero ¿estás sugiriendo que
los medios de comunicación y la educación son antagónicos?
TETETO.– Lo que sucede es que la mente es cultural, porque se nutre
de la experiencia y el conocimiento que le das; a diferencia del
cerebro, que es el órgano que sirve, entre muchas otras funciones,
para almacenar en la memoria los datos conocidos y disponer de ellos
al contacto con una similitud, y de ahí, expandirse; es decir,
evolucionar. Si comparas las posibilidades de evolución que puede
brindar la educación, y las que proporcionan los medios, llegas a la
conclusión de que es urgente la intervención del Estado, a través de
las instancias educativas y de salud, para que los medios también
sirvan a la educación, y no se polaricen al grado que lo están
haciendo hoy día.
Pero volviendo al asunto de la educación
tradicional a través de la escuela, lo que los músicos demandan es
una verdadera equidad educacional en la cual la música, primero,
quede incluida en los programas escolares como una asignatura
curricular; y segundo, que se respete el derecho que todo ser humano
tiene a conocerla en todos sus géneros, porque así brindarían a
todos la oportunidad de alcanzar éxito escolar a través del cultivo
de la diversidad cognoscitiva.
LINUS.– Ante los avances de la tecnología (la comunicación
satelital, la informática, la Internet y todas las maravillas que
están por venir), todo parece indicar que padecemos sistemas
educativos totalmente caducos; que no echan mano de tantos recursos
como ahora tenemos. ¿No te parece?
TETETO.– Es parte importante del rezago; que, por cierto, no es
nuevo: se ve que surge desde los mismos cimientos de la planeación
educativa. Los planes curriculares deben incluir la gran variedad de
formas a través de las cuales los humanos puedan representar lo que
piensan, sienten o imaginan. No podemos tener una idea matemática
sin la simbología de los números; así como no podemos tener una idea
musical, si no estamos familiarizados con el lenguaje de la música.
No se puede representar todo con el mismo signo; lo que uno elige
usar para pensar afecta en lo que se puede pensar. Las diferentes
formas de representación desarrollan diferentes destrezas
cognoscitivas, e influyen no sólo en lo que uno es capaz de
representar, sino en lo que se es capaz de percibir y apreciar.
LINUS.– Claro. Por eso es que la equidad cognoscitiva y el cultivo
de la diversidad son condiciones sine qua non de las verdaderas
democracias. No todos somos capaces de expresarnos con –o
interpretar– todas las simbologías creadas para la comunicación;
pero todas las simbologías son imprescindibles de conocer para la
expresión y la captación del todo por todos.
Los sistemas escolares dan prioridad a la enseñanza del lenguaje y
el número. Su importancia es innegable; pero esto no es suficiente
para desarrollar la variedad de capacidades mentales que poseen los
niños. Cuando la prioridad está en el uso del idioma y el cálculo de
números, aquellos que tienen tales aptitudes o utilizan dichas
destrezas podrán tener un eventual éxito escolar y profesional. Pero
aquellos que tienen diferentes disposiciones genéticas que las que
requiere el sistema para cubrir las leyes de la oferta y la demanda;
cuando, por ejemplo, tienen inclinación genética hacia la música,
quedan automáticamente descalificados como estudiantes, por no haber
tenido esa oferta educativa; y al crecer, son infelices como
profesionistas, pues terminan por ejercer una carrera que les brindó
la estructura escolar, pero que no obedece a sus inclinaciones
vitales. ¡Cuántos talentos se habrán perdido a causa de tan
imperfectos sistemas educativos?
TETETO.– Y cuánta frustración, neurosis y depresión en los adultos.
(Los azotes de nuestras sociedades modernas...).
LINUS.– ¡Y qué sociedades tan imperfectas y deformes estamos
propiciando!
Esta situación social tan vulnerable es razón más que suficiente
para comprometerse a cambiar el statu quo. Porque si los contenidos
curriculares escolares que se brindan estuvieran diversificados,
otras aptitudes y experiencias podrían desarrollarse, y como
consecuencia, habría más individuos realizados con plenitud de sus
destrezas y vocación. Y sociedades más sanas y diversas.
TETETO.– Con lo que esto implica para solventar problemas de
desempleo y muchos más. Porque la equidad educacional consiste
precisamente en proporcionar oportunidades para tener éxito. La
misión de las escuelas no debe ser llevar a todos al mismo lugar,
propiciando ofertas profesionales saturadas; sino aumentar la
diversidad y variedad de desempeño de los alumnos. La verdadera
democracia educativa debería estar a favor de una diversidad
cognoscitiva que diera una población mejor capacitada para
contribuir, en forma única e individual, al bienestar común. Las
decisiones de las autoridades educativas en cuanto a qué formas de
aprendizaje se privilegiarán y cuáles estarán marginadas y ausentes
del currículo escolar, influyen en los procesos cognoscitivos que se
estimularán, desarrollarán y refinarán, por eso no deben ser
arbitrarias. Al educar de esta manera estamos construyendo –u
obstaculizando– el desarrollo de la personalidad y el futuro de ese
individuo, y por consiguiente, afectando drásticamente al grupo
social.
LINUS.– En pocas palabras, todo parece indicar que las autoridades
educativas todavía creen que la equidad reside únicamente en
formular un programa común para todos los estudiantes, y no en
brindar un programa que estimule todas y cada una de las
inteligencias y que ponga en contacto al niño con las diferentes
formas de expresión y de aprendizaje, de tal manera que cada uno
encuentre lo que lo hace feliz, lo que le interesa y lo que le
permita descubrir, desarrollar y realizar aquellas actividades para
las cuales es apto, para posteriormente ponerlas al servicio de la
comunidad.
TETETO.– Así es. La Educación es el faro más seguro de la
civilización; y esa es la razón por la que sus alcances no deben
limitarse únicamente al diseño de los contenidos curriculares y
asignaturas que se brindan en las aulas, sino asumir su
responsabilidad social para el análisis y la evaluación de las
formas de pensamiento y sus sistemas de símbolos que, dentro y fuera
de la escuela, inciden con profundidad en la estructuración de la
mente de la sociedad, y en especial en la de los niños y los
adolescentes.
LINUS.– Claro, porque no todos los individuos son iguales en cuanto
a sus potenciales cognoscitivos y sus estilos intelectuales; y su
educación se puede llevar a cabo de una mejor forma si se ajusta a
las habilidades, necesidades y gustos de los individuos específicos
involucrados. El costo de tratar a todos los individuos por igual, o
de intentar transmitir conocimiento en formas que no compaginen con
sus modos preferidos de aprendizaje, resulta muy elevado: propicia
la formación de sociedades orientadas en una sola dirección, y por
lo tanto, con muchas puertas cerradas para la posibilidad de su
evolución en función de sus potencialidades.
TETETO.– Es alarmante constatar cómo se sobrestima la instrucción y
la información escolar que rinda frutos inmediatos al servicio del
mercado; igual que el racionalismo y algunas inteligencias
específicas requeridas para cubrir con eficiencia ciertas
necesidades sociales, y se descuida la introspección, la
expresividad emocional a través de cauces estéticos y los valores
que el hombre ha tenido por universales e imperecederos. El mismo
sistema educativo ha creado para el hombre una fuente de imprevistos
desagradables e infelices. La instrucción es la preocupación básica
de las familias y de las instituciones educativas; sin embargo, el
desarrollo de los valores y de la emotividad se deja totalmente al
azar.
Esto conlleva un extraordinario empobrecimiento de la vida afectiva;
y el poco o nulo desarrollo de la inteligencia emocional.
LINUS.– ¡Cauces estéticos y valores imperecederos! Me hiciste
recordar una anécdota que ilustra la noble incidencia psicológica
que la música infiere en quien la realiza: aquellos ocho músicos del
Titanic, que la noche del naufragio y en mitad del pánico colectivo,
entre la inminente y trágica muerte que les amenazaba y la
posibilidad de salvarse desobedeciendo las órdenes del capitán de
continuar tocando hasta el final..., profesional y amorosamente
abrazaron sus instrumentos, y con su música dulcificaron la
sobrevida y la muerte de todos los demás... y la suya propia.
Y lo dice Krishnamurti en una de sus cartas a las escuelas: que
nuestra educación consiste fundamentalmente en la adquisición de
conocimientos, y nos está volviendo más y más mecánicos. Dice que
nuestras mentes están funcionando a lo largo de surcos estrechos,
sea cual sea el tipo de conocimiento que estamos adquiriendo.
TETETO.– Me estás hablando claramente de la importancia que reviste
la atención a la vida afectiva, que en la educación actual se omite.
LINUS.– Y lo que no crece y se desarrolla, decrece y degenera.
TETETO.– Diste en el clavo, LINUS. Por eso, que no nos sorprenda ver
que con la edad, la esfera afectiva del hombre degenere de más en
más. Los efectos directos de las emociones negativas son siempre
destructores.
LINUS.– Atentan contra la salud...
TETETO.– Y provocan discordia en las familias, terminando por dar a
las masas humanas impulsos que las conducen a excesos, fanatismo,
incomprensión y guerras. A propósito..., es gratificante recordar
que el director indio Zubin Mehta ha tenido en reiteradas ocasiones
la confortable experiencia de mover la batuta frente a una orquesta
conformada tanto por maestros israelíes como palestinos, creando una
armonía algo más que acústica que, efectivamente, subyace en la
música.
Segundo diálogo:
SOBRE ELITISMO Y CULTURA DE MASAS.
TETETO.–
LINUS, aclárame una cosa: ¿Por qué
crees tú que hay gente que dice que el arte es elitista? Es cierto
que el verdadero arte es de consumo minoritario, pero eso no se debe
a la naturaleza del arte, ni a sus características intrínsecas.
LINUS.– Claro que no. Es debido a un fenómeno social que se da por
varios factores entremezclados: económico, cultural, político, y
principalmente educacional.
TETETO.– Yo siento que en estos conceptos entra en juego una gran
pereza mental, de la que se sirven muchos negociantes de la empresa
de las comunicaciones.
LINUS.– No sólo se sirven, sino que la propician, especialmente
entre los niños y los jóvenes.
TETETO.– Sí, porque en todos los procesos, la evolución tiende a la
complejidad.
Cuando el hombre primitivo se pone a hacer música fuera del contexto
mágico o religioso –digamos, a tocar sus tambores–, lo hace por el
placer de crear, y ahí está inventando el arte. Ese mismo impulso
estético creativo surge cuando le pinta una cenefa decorativa a la
vasija de sus alimentos. ¿Para qué lo hace? Sólo por el placer
estético... ¡y al poco tiempo busca evolucionar! porque no se puede
quedar todos los años de la historia dando el mismo golpe repetido a
su tambor…, aunque lo haya cambiado por una batería.
LINUS.– Lo malo es que después se conjuntan esa pereza mental con
los intereses mercantiles. Unos, muy a gusto, se instalan en “las
masas” y no quieren seguir la evolución del arte, y de eso se
aprovechan los otros, que declaran que “el arte es elitista”, y se
ponen a venderle chatarra a las masas, que la consume mansamente.
TETETO.– Claro; y como “masa”, al no haber aprendido a gozar de las
expresiones estéticas y artísticas, pierdes sensibilidad hacia
ellas, y terminas por creer que no te gustan, aún cuando ni siquiera
te hayas dado la oportunidad de conocerlas, mucho menos,
explorarlas. A muchos les da miedo aproximarse a la música de
calidad.
LINUS.– ¡Qué tal si descubren su misterio y su belleza!
Pero finalmente es una conjunción de factores que deja a la sociedad
sin cultura, sin criterio selectivo, y esclavizada a consumir y a
gustar de los productos que les ofrece el comercio, apoyado en la
publicidad.
TETETO.– Por eso, no es que el arte sea elitista, sino que son
minoría –efectivamente, un grupo selecto– los que hacen una
búsqueda, se autoeducan, y dan el salto de calidad para ir más allá
de lo que les impone un sistema viciado, basado en el círculo
consumismo – ignorancia..
LINUS.– Y dime Teteto, ¿qué papel juegan los sistemas educativos
frente a este fenómeno?
TETETO.– ¿Aquí…? A distancia de dos generaciones la escuela pública
ha reducido las horas escolares de enseñanza–aprendizaje (creo que
ahora el horario es de 8 de la mañana a 12:30 del día), y ha
limitado los contenidos y el tiempo para la educación artística.
LINUS.– Y sobre la música, en el libro de educación artística te
dice que no importa que el profesor sea desafinado, que ya se
afinará...
Por cierto, ¿No te enteraste de qué lugar ocupó nuestro país en la
última encuesta internacional sobre educación?
TETETO.– El penúltimo de ciento ocho ¿no?
LINUS.– Bueno y... las “masas” ¿no se dan cuenta de lo que hacen con
ellas y cómo las usan y manipulan?
TETETO.– ¡Claro que no...! Ni les interesa. En música, han terminado
por creerse que hay que gustar de las melodías “fáciles”, con letras
anodinas, vulgares y fútiles; de la música trivial y oportunista que
se les ofrece en programas que pasan por alto las otras músicas: las
que no encajan en los conceptos, estructuras, lenguajes y gustos de
quienes los diseñan (gente que lamentablemente –y con toda
seguridad– no tuvo educación musical en la escuela).
LINUS.– Las “masas” se contentan con lo que les divierta y no los
haga pensar ni reflexionar; mucho menos aprender, discernir, y ya no
se diga evolucionar. Son felices en “La Isla de los Juegos”... ¿No
conoces el “Síndrome de Pinocho”?
TETETO.– No en carne propia. ¿Cuál es? ¿El de la nariz que te crece
por decir mentiras?
LINUS.– No..., el otro, ¡que es más dramático y más verosímil!
TETETO.– ¡¿ ?!
LINUS.– ¡Acuérdate! Después de sus desgracias con el titiritero
Strómboli, Pinocho fue vendido por “sus amigos” el zorro y el gato
para ser llevado a “La Isla de los Juegos”, en donde fue feliz,
porque todo era “divertido y fácil”: no había que estudiar ni
aprender; no había escuela y todo era juegos, no pensar y placer.
Pero un día, dichoso en mitad de tanta molicie... (¡pobrecito!):
comenzó a hablar a rebuznos y le brotaron orejas y cola de burro. Se
estaba metamorfoseando. ¿No te acuerdas?
TETETO.– ¡Tss! ¡Síndrome de Pinocho! ¡Qué bárbaro! Nunca lo había
oído; ¡lo que es el poder de los símbolos! Y la conciencia era un
insecto pequeñito e insignificante, ¿no es cierto? ¡Qué clara está
la alegoría!
LINUS.– Un grillo... ¡El poder y el valor de los
símbolos, y la clarividencia y nobleza del arte, en este caso, la
Literatura! Primero el genio del autor, Carlo Collodi, alrededor de
1850; y luego el talento de Walt Disney, casi un siglo después, son
capaces de pronosticar –en la metáfora de un cuento infantil– lo que
le está ocurriendo a gran parte de los jóvenes de nuestra sociedad
del siglo XXI, y las razones...
Tercer diálogo:
SOBRE MÚSICA E INTELIGENCIAS.
TETETO.– ¿Linus, recuerdas que el otro día
decíamos que la educación escolar favorece prioritariamente el
desarrollo de las inteligencias lógico matemática y lingüística
desde el Jardín de Niños, y relega la música, siendo que la
inteligencia musical se manifiesta más temprano en el individuo?
(Desde antes de la primera infancia).
LINUS.– Sí; y que es el problema de los sistemas educativos carentes
de equidad: propician el conocimiento de la informática, el inglés,
la lingüística, las matemáticas y las ciencias; pero dejan
totalmente marginados el humanismo y la música. ¡Con el
valor y la importancia social que tienen!
TETETO.– Hoy día, con las concluyentes investigaciones científicas
que se han desarrollado en torno a ella, es inconcebible que la
música siga siendo marginada.
LINUS.– ¡La teoría de Gardner de las inteligencias múltiples! y
tantos que coinciden con él en que de las siete inteligencias, la
lingüística (que te desarrolla la educación) y la musical (que te la
atrofia) aparecen como las primeras que surgen en el ser humano.
TETETO.– Es sintomático que el investigador no habla de
inteligencias histriónica, pictórica, escultórica, dancística o
poética. Queda claro que la música no debe seguir siendo una
asignatura incluida en el paquete de educación artística.
LINUS.– Seguro; porque algunas de estas habilidades están contenidas
en otras, como la danza en la inteligencia cinestésico–corporal, y
la poesía en la inteligencia lingüística.
TETETO.– Y ambas requieren básicamente de la inteligencia musical.
LINUS.– Sí. En cambio con la música pasa algo muy diferente: Una
gran diversidad de símbolos o elementos que se requieren para
algunas disciplinas artísticas, están implícitas en las asignaturas
escolares comunes, como por ejemplo: la poesía deriva de la lecto–escritura
y la gramática; la pintura, proviene del dibujo y la geometría, y la
danza y el histrionismo pueden apoyarse en la gimnasia y esta última
también en la lingüística ¿cierto? Sin embargo, aunque la música
puede servir de apoyo a todas estas disciplinas, ella misma no tiene
tantos apoyos, y debe enseñarse por separado de las demás artes,
porque su aprendizaje es específico, debido a que su simbología es
única, propia e intrínseca.
TETETO.– Y si a partir de los 11 años decrece la capacidad cerebral
para crear nuevas conexiones neuronales que previamente no hayan
sido estimuladas, se incrementa la importancia de aprovechar estos
primeros años de la educación
escolar para brindar innumerables experiencias de aprendizaje.
Especialmente la música, cuyas bondades son muchas, y muchos los
beneficios y efectos que ejerce sobre el ser humano desde la
infancia.
LINUS.– Simplemente favorece el desarrollo cerebral del niño y sus
procesos de aprendizaje. ¡Te parece poco?
TETETO.– Me puedo imaginar las dificultades que padecen los maestros
de conservatorios y universidades cuando reciben a los muchachos que
optan por la música como carrera profesional, cuando la mayoría de
las veces el único contacto activo que han tenido con la música es
tocar la batería. Tendrían que ser muy talentosos para alcanzar un
buen futuro profesional; o quedar en la mediocridad, o
descalificados de ahí, para reincorporarse a los nutridos “grupos”
de la música comercial.
LINUS.– Es increíble, pero es la única profesión a la que los
jóvenes pueden acceder siendo prácticamente analfabetos. ¿Te
imaginas ingresar a la carrera de arquitectura sin nunca antes haber
tenido un acercamiento a las matemáticas o al dibujo?
TETETO.– Es una situación gravísima, porque además de estar privando
a los niños de los efectos benéficos de la música, se está limitando
la posibilidad de descubrir una opción profesional, u ocasionando
que el desempeño dentro de ésta no sea el óptimo, al no haber
favorecido el desarrollo de las habilidades necesarias en el momento
oportuno.
Por eso es tan urgente poner a disposición del niño, desde el nivel
preescolar, el conocimiento musical didácticamente estructurado en
todas sus dimensiones: formativa, práctica e informativa. Y no es
que se trate de hacer un músico de cada alumno; sino de potenciar, a
través de la música, el desarrollo de todas sus capacidades
(perceptivas, expresivas, comunicativas y evolutivas). La educación
musical debe alcanzar a todos sin excepción, ya que, como decíamos,
es parte esencial de la vida misma.
LINUS.– En realidad, la finalidad de la impartición del conocimiento
de la música en la primera infancia es la de ayudar al niño al
florecimiento armónico de su personalidad, influyendo en su vida
emocional, y a través de ella en su desarrollo físico, conductual,
vocacional, intelectual y espiritual. Y para hacer factible todo
esto, es indispensable no olvidar que, por razones
neurofisiológicas, la música requiere de una iniciación temprana, a
diferencia de otras asignaturas que se sustentan en diferentes
clases de inteligencias, que surgen después, y cuyo desarrollo ya
queda contemplado en el currículo escolar.
TETETO.– Al transitar por toda la riqueza substancial de la música,
la mente se va ejercitando de una manera simultánea en múltiples y
diversas capacidades mentales, cognoscitivas y físicas.
En verdad me cuesta mucho trabajo creer que, a estas alturas, los
administradores de la educación no hayan estimado el valor de la
música, que es una de las avenidas más anchas y ricas para cumplir
este propósito.
LINUS.– ¡Que desconozcan de qué manera incide el fenómeno sonoro en
la mente y la consciencia! Es grave, porque, aunque la psicología de
la música y su incidencia en la percepción apenas ha comenzado a ser
estudiada por las neurociencias, no todos lo saben, porque algo que
ha faltado es que los investigadores musicales, valiéndose del
asesoramiento y soporte de otros especialistas enfoquen también la
riqueza de sus conocimientos a investigar este fenómeno, por demás
importante –y útil– no sólo para los músicos o los administradores
de la educación, sino para todo el género humano.
TETETO.– Pero no olvides que son los administradores de la
educación, como responsables de la divulgación de la cultura, los
llamados a fomentar la creación de equipos multidisciplinarios, en
donde no sólo investigadores, sino también, filósofos, músicos,
artistas, sociólogos, especialistas en neurociencias, psicopedagogos
y educadores entre otros –es decir, humanistas y científicos–,
conjunten sus esfuerzos y conocimientos para desarrollar una
investigación metodológica sobre la música y sus efectos y la
necesidad de su implantación en la escuela, que promete ser de
insospechables alcances.
Cuarto diálogo:
SOBRE LAS IMPLICACIONES ETICAS EN LA CULTURA DE MASAS.
TETETO.– En las culturas de la antigüedad y del pasado cercano, como
las comunidades rurales de hace todavía 50 años, en que las
estructuras sociales eran más cerradas y no tenían contacto unas con
otras, era más cuidada la educación, pues tendía a cultivar los
valores totales del ser humano; sin embargo hoy, que hay mayores
recursos científicos y tecnológicos, especialmente un sistema global
de comunicaciones que permite que la información se difunda
mundialmente en segundos, se descuida a grados excesivos la
educación, lo que ha incidido en una extrema relajación de las
costumbres, la moral y la cultura.
LINUS.– Actualmente vivimos tiempos de crisis en todos los ámbitos:
la educación musical, siendo tan importante, en muchos de los países
latinoamericanos ha sido apartada –o restringida– en el currículo
escolar; los medios de comunicación, a través de un reiterado
menosprecio a las manifestaciones artísticas y culturales, se han
atribuido la facultad de decidir qué es lo que la sociedad debe
aceptar como arte, como música y como cultura en general.
TETETO.– En condiciones ideales, la educación musical debería
iniciarse en el medio familiar a partir de canciones interpretadas
por la madre y a través de juegos tradicionales rítmicos y de
palabras, pero, ¿cómo podría lograrse esto si muchas de las jóvenes
madres tampoco recibieron educación musical, y su “cultura musical”
no va más allá de lo que oyen en la radio y en la televisión?
LINUS.– Una buena educación musical debe enseñar que la música
clásica, y toda la música de calidad que ha conseguido llegar hasta
nuestros días, nos incita a sentir, a emocionarnos con intensidad, a
ser..., no nada más a entretenernos.
Muchos educadores musicales testimonian que cuando reciben a los
niños en su clase –alrededor de los seis años–, a menudo descubren
que no han tenido ningún acercamiento a la música, y en consecuencia
aún no son capaces de cantar una canción y, con frecuencia, ni
siquiera de repetir correctamente un sonido. Pobrecitos. Actúan peor
que sordos. ¡Qué terrible! ¿No?
TETETO.– Es cierto. La civilización actual se caracteriza por una
severa pobreza auditiva. Debido a los avances tecnológicos, los
estímulos visuales superan en gran proporción a los auditivos, y si
bien, oír es cotidiano y normal para todo ser humano cuyo sistema
auditivo esté intacto; escuchar, y especialmente escuchar sin el
apoyo de la imagen, se ha convertido en un acto completamente
antinatural.
LINUS.– Es que los niños nacen con los ojos en la televisión. Sus
imágenes los atraen mucho más que su sonido; y aunque en la mayoría
de los hogares se cuenta con un aparato de radio, éste es más
utilizado como emisor de un vago fondo sonoro que como una fuente de
música que suscite nuestra atención. Además de tener que aguantar
que en los anuncios se eleve el volumen, agrediendo arteramente la
sensibilidad del oído.
TETETO.– Esto se hace aún más notorio cuando sufrimos el nivel de
decibeles que se maneja actualmente en los lugares públicos, como
plazas comerciales, cines, restaurantes, etcétera. Nos lleva paso a
paso, pero irremediablemente, a futuras sociedades con una capacidad
auditiva infinitamente menor al promedio normal.
LINUS.– La luz y el sonido definen nuestros sentidos de la vista y
del oído. Pero al igual que tenemos que aprender a mirar, tenemos
que aprender a escuchar. Desde el sonido que produce el viento entre
las ramas, hasta la compleja interacción de los instrumentos en un
cuarteto de cuerdas o en una orquesta. Aprender también a valorar el
silencio...
TETETO.– Por cierto, un auténtico lujo en nuestros días, y que nadie
como el músico es capaz de atrapar para darle una belleza idéntica
al contenido emocional del más luminoso enlace armónico.
LINUS.– ¡Eso sonó hermoso, Teteto! Y la música es también –ya lo
dijimos, y así se ha definido desde siempre– un lenguaje, un idioma,
y para sus formas de representación crea su propio código de signos.
Claro que de ninguna manera es importante el aprendizaje de todo
este código –ni de parte de él– en la educación elemental (¡ni
posible!); lo es, eso sí, el aprovechamiento de la virtud
comunicativa y expresiva de la música como un entrenamiento mental
de comprensión y entendimiento no conceptual, que ensancha la
percepción y amplía las formas del pensamiento –proceso
indispensable para la evolución–; y como un importante catalizador
de la emotividad, que libera los contenidos del inconsciente bajo la
más noble forma de expresión.
TETETO.– Hay un punto que es preocupante y debe ser revisado
cuidadosamente no sólo por las entidades educativas, sino también
por el sector salud. En la actualidad, dentro de la música
comercial, y especialmente en los jingles, podemos ver el abuso que
se le da al empleo de sintetizadores, es decir, al uso de la
electrónica. Se ha extendido, sin ninguna medida ni criterio, la
utilización de instrumentos electrónicos para “hacer ruido” dentro
de los comerciales, en los grupos de rock, en cortinillas
“musicales” e identificación de estación y/o canal, y como una
enervante música de fondo para noticieros y programas infantiles.
Increíblemente, esto también sucede en la realización de la música
en discos compactos y videos educativos para bebés y niños, en los
que cada uno de los detalles – contenidos, fotografía, colores y
formas– es cuidado con esmero, menos… la calidad de la música y de
los estímulos auditivos que reciben los pequeños.
LINUS.– Hasta en ese contexto la buena música es marginal. Se les
condiciona a recibir estímulos auditivos no naturales, lo que trae
como consecuencia que esos pequeños no conozcan el sonido real de
los instrumentos... ni el relincho de un caballo verdadero; tal vez
ni el tictac de un reloj de cuerda.
¿Sabes qué es verdaderamente terrible, lamentable y –hasta cierto
punto–incomprensible? Esos sonidos electrónicos a que te refieres,
los usan como sí tal cosa las mismas entidades gubernamentales para
sus programas, anuncios, spots, cápsulas informativas o
publicitarias. Ya hablen sobre educación, civismo, salud o derechos
o injusticias laborales. Y yéndonos a otros terrenos, también
conlleva la disminución de fuentes de empleo para muchos músicos que
en el pasado realizaban todo este tipo de actividades que hoy
suplanta la música electrónica de uso comercial.
TETETO.– Sí... porque en estos generadores de sonido basta pulsar
una breve combinación de botones en la computadora para tener a tu
disposición una fantástica multiplicidad de timbres y de ejecuciones
espléndidamente virtuosísticas (aunque fríamente maquinales, claro).
LINUS.– ¡Espléndidamente virtuosísticas! Como las que elaboran los
“sonorizadores” de la radio y la televisión: esa pobre nota de
timbre mecánico e indefinido, repetida en dieciseisavos y con el
invariable acento de un “tom-tom” y el “hi-hat” en el primer tiempo
de cada grupo. Todo sampleado.
TETETO.– Bueno, bueno, a veces también alternan dos notas, y hasta
llegan a meter el acento en el tercer tiempo de cada grupo, ¡y con
ruido blanco, para darle mayor lujo y variedad tímbrica...!
Por eso es tan necesario estructurar propuestas de solución a esta
grave problemática, que compete no sólo a la educación, sino también
al área de la salud.
LINUS.– Sí. No sólo por el favorecimiento cerebral y mental que la
música proporciona al niño (y que es terreno de las neurociencias y
del trabajo social), sino por muchos otros factores: la pérdida
auditiva, la contaminación sonora, la ociosidad y la delincuencia en
niños y adolescentes. Y en cuanto a medios de comunicación se
refiere, también compete a la Secretaría de Gobernación.
TETETO.– Fíjate, es curioso: el Estado hace campañas antidrogas y se
ocupa de la rehabilitación; combate policialmente el narcotráfico;
pero como prevención, no les brinda a los consumidores potenciales
–al niño y al joven– alternativas de autoencuentro y satisfactores
emocionales, como lo es la música.
LINUS.– La drogadicción es un problema mundial que obedece a la
búsqueda de satisfactores emocionales y placer a través de una fuga.
Es cierto. Eventualmente la droga puede actuar como sucedánea del
placer estético: una experiencia y un derecho que le es negado a los
niños y jóvenes, tanto por la sociedad como por la educación ¡lo que
es más grave aún!
TETETO.– Entre esos satisfactores emocionales buscan también trance
y catarsis.
LINUS.– Pero con su música no lo logran del todo y lo
“empujan” con la droga.
TETETO.– ¿No sabrá el Estado que por medio de la música y del arte
en general en su sistema educativo puede hacer accesible ese placer
a la sociedad, brindándole así un goce estético sano, genuino y
productivo?
LINUS.– ¿…Y que también le brindaría canales de insospechada riqueza
para la expresión de sus emociones, además de salud mental y
auditiva?
TETETO.– Más allá de sus beneficios intrínsecos y del gran soporte
que le puede brindar a la educación y a la instrucción, la música se
ofrece como un gran apoyo para coadyuvar a la solución de
innumerables problemas sociales y laborales: para los niños de la
calle y los menores infractores, ofreciéndoles la posibilidad de un
futuro productivo. En algunos países latinoamericanos se han llegado
a crear orquestas infantiles en diferentes regiones que han brindado
gran beneficio a la colectividad.
LINUS.– También como un arraigo espiritual para las familias
migrantes...
TETETO.– Para la gente de la tercera edad, y para todo tipo de
personas que requieren de una rehabilitación física, psicológica,
emocional y social.
LINUS.– Convictos y enfermos. También discapacitados.
TETETO.– Sí. Y para la niñez en condiciones de abandono y orfandad;
en la “Educación para Adultos”, en “Escuelas para Padres” y como
atención educativa a quienes viven en zonas de marginación... Todo
esto sería posible tan sólo conque se diera una específica y nada
complicada capacitación a los maestros de música, e inclusive a
voluntarios dispuestos, que los hay; ya que la desproporción entre
maestros y estos grupos sociales es abismal.
LINUS.– Y también es importante fomentar el autodidactismo para el
estudio de ciertos instrumentos, como la guitarra, la mandolina, la
armónica, el acordeón, el salterio, la flauta dulce, y muchos de
origen folklórico; y sería genial que, a su vez, los conservatorios
y las escuelas especializadas propiciaran –con los estudiantes, a
través de tesis y de servicio social; y con los profesionales, a
través de trabajos de investigación–, la realización de métodos que
pudieran cubrir las necesidades musicales de esas capas sociales. Y
en cuanto a los ritmos, ni siquiera es necesario brindar rudimentos
teóricos. La enseñanza se puede transmitir por “tradición oral”,
como se ha hecho por milenios en todos los pueblos del mundo.
TETETO.– De verdad que es grandioso todo los que se puede lograr con
un proyecto bien estructurado: serviría, además, para rescatar y
revalorar las tradiciones musicales de nuestra nación y de los
distintos pueblos; para la preservación de los patrimonios musicales
de México y de todos los países americanos, así como de los
patrimonios intangibles de la humanidad...
LINUS.– …y para elevar nuestro nivel cultural, para coadyuvar a la
higiene social; para mitigar la falta de empleos... Porque ya vimos
que cualquier disparo sonoro electrónico puede estar suplantando a
cualquier número de músicos.
TETETO.– Y todo esto tendría un valor añadido: el de reconocer y
exaltar la diversidad como un valor positivo, aplicándolo de manera
creativa.
Quinto diálogo:
SOBRE LA PREEMINENCIA AXIAL DE LA MÚSICA
EN UNA EDUCACIÓN HOLÍSTICA.
LINUS.–
TETETO, ¿tú también, como casi todos
los estudiantes, tuviste en algún momento de tu vida problemas con
el estudio–aprendizaje de alguna asignatura?
TETETO.– Por supuesto, porque cada una de ellas se imparte como si
fuera la única y la más importante; pero sobre todo, porque nunca
parecen tener conexión unas con otras, ni te facilitan referencias
que te estimulen para descubrir tu identidad. Hay algunas
asignaturas que sentimos tan lejanas a nosotros que no encontramos
razón para esforzarnos en su estudio; las sentimos “difíciles”, y
son de las que creemos que nunca tendremos necesidad.
LINUS.– En la enseñanza, es muy útil la focalización que se da a
ciertas asignaturas cuando lo que se desea es el adiestramiento
específico en alguna disciplina. Pero eso no sucede en el Jardín de
Niños ni en los años de escuela Primaria, Secundaria y Prevocacional
cuando –todos lo sabemos– la obligación de la tarea educativa
consiste en brindar todo tipo de herramientas para expandir la mente
del alumno, abriendo los múltiples cauces biológicos y culturales
tributarios del aprendizaje, en general, y de la exploración y el
descubrimiento de las propias destrezas y afectos cognitivos, en
particular.
TETETO.– Imagínate: Si como maestros, al ilustrar un hecho
importante de la humanidad relacionáramos la historia con la
geografía, con los descubrimientos científicos de la época, el
estilo de vestir de sus personajes, los artistas y pensadores que
vivieron en ese tiempo; las festividades que se acostumbraban, la
música que se componía, que se cantaba y que se bailaba; la manera
en que se reflejaron estos acontecimientos en la pintura de
entonces, etcétera, convertiríamos el estudio en algo más divertido
y humano, más afectivo e interesante de conocer, y por lo tanto, más
cercano a nosotros.
LINUS.– Es urgente la formulación de un currículo escolar en el que
se revalore la interrelación entre todas las asignaturas, para
hacerlas más accesibles. Y en cuanto a la música, puesto que ejerce
un gran atractivo entre los niños, es un valioso auxiliar para la
adquisición de conocimientos. Todo lo que hemos aprendido con su
ayuda, lo recordamos de una manera más vívida.
TETETO.– Y es bien sabido que la música es una eficaz herramienta
para la asimilación de conceptos y –en su modalidad de canción, es
decir, cuando lleva un texto– es utilísima para el aprendizaje de
lenguas extranjeras. El hecho de saber entonar y cantar es de enorme
ayuda para adquirir una buena pronunciación, ya que hace que el niño
capte con mayor facilidad “la musicalidad” de las lenguas.
LINUS.– Y ¡qué decir del indiscutible parentesco entre la música y
la literatura!
TETETO.– Claro. Las canciones tienen argumentos plasmados en el
lenguaje; y podemos descubrir la musicalidad, el ritmo, la
estructura y la rima tanto en una pieza musical como en una poesía.
Y para enriquecer este paralelismo, se puede leer poesía a los niños
al mismo tiempo que escuchan una obra musical de la misma época.
LINUS.– Tienes razón. Pero no solamente poesía. La música también
puede alimentar imaginativamente la lectura de cuentos, y en
estudiantes mayores, consolidar conceptualmente la lectura de
fragmentos de obras literarias más extensas; porque empleando música
de la misma época, enriquecemos la percepción de las realidades que
ahí se plasman. Y volviendo a los niños, todos sabemos que les
entusiasma enormemente trabajar en la sonorización de los distintos
pasajes de un poema, de la trama de un cuento y otros relatos
históricos o fantásticos.
TETETO.– Y hablando de “sonorización”, la música y la ciencia tienen
uno de sus primeros puntos de encuentro en la producción del sonido.
Tanto para abordar la ciencia como la música, es un enfoque válido
desde la didáctica trabajar en el reconocimiento de la naturaleza
del sonido como vibración, sus ámbitos de propagación, y su
transformación en arte musical. Se podrían realizar actividades para
el conocimiento de los distintos instrumentos musicales, tanto en su
ubicación histórica y geográfica, como en relación con su tímbrica,
explorando sobre los materiales con que están hechos y la forma en
que producen el sonido, ya sea raspándolos, percutiéndolos,
soplándolos, frotándolos o sacudiéndolos.
LINUS.– Sería fantástico, porque esta propuesta del conocimiento de
los instrumentos podría desembocar en un taller práctico –y muy
útil– de laudería, en el que los alumnos mismos fabricaran
instrumentos con material cotidiano y desechable. Un aporte a la
ecología.
TETETO.– ¿Te imaginas? Esto permitiría crear pequeñas o grandes
orquestas de percusiones para desarrollar el sentido del ritmo;
sonorizando, formando su propio repertorio de música tradicional del
mundo; explorando tímbricas y, lo que es de gran importancia,
entrenándose en el trabajo en equipo: tan formativo y valioso cuando
se trata de concertar música.
LINUS.– Hablando de ecología, otro de los aspectos importantes desde
este punto de vista es la toma de conciencia respecto a la invasión
sonora que sufrimos en las sociedades actuales. El trabajo de
reconocimiento y concienciación de los ruidos que no sólo invaden
nuestra privacidad, sino que son capaces de dañar nuestra percepción
auditiva, así como las acciones que pueden emprender los niños y
jóvenes para solucionar este problema, sería trascendental y le
proporcionaría grandes beneficios a su propia salud y a la de la
sociedad en general.
TETETO.– Otro factor muy importante de la música es su dimensión
como lenguaje; porque actúa desde lo psicológico como soporte
comunicativo de un mensaje, y desde lo social como eje de una acción
humana. Así que, tanto desde una perspectiva comunicativa como desde
una perspectiva histórica, la música es un elemento que ofrece
herramientas didácticas muy útiles para la enseñanza de las ciencias
sociales. Partiendo de la premisa de que no se puede conocer un
pueblo si se ignora su música, los libros de texto de Geografía e
Historia se pueden considerar incompletos cuando no relacionan la
fisonomía de un pueblo ni sus acontecimientos históricos con su
música, que es uno de los más transparentes reflejos de su alma.
LINUS.– Claro, porque el modo más directo de adentrarse en el alma
de un pueblo es a través de su “modo de ser” colectivo, que queda
plasmado en sus obras de arte, y en especial, en su música. Por
medio de la música folclórica de cada región, puede deducirse a
grandes rasgos su geografía. En cuanto a la historia, es
indispensable conocer el tipo de música que se escuchaba en cada
época, o tratar
de intuir o imaginar la que se pudo escuchar en momentos
determinados de ella.
Sin esto, se carece de un aspecto muy importante para la
contextualización de valores y circunstancias; porque la música es
siempre el reflejo del modo de ser de los seres humanos de cada
época: de sus logros, conflictos, complejos y pensamientos. Y de sus
alegrías y pesares.
TETETO.– Y si tomamos en cuenta las manifestaciones artísticas de
cada época, será también importante establecer una relación entre la
música y las artes plásticas. Por ejemplo, ver una serie de pinturas
de una época específica al tiempo que se escucha música del mismo
período, hará que el estudiante pueda comprender más claramente el
contexto histórico y social correspondiente.
Resultará útil también mostrar pinturas en las que esté plasmado
algún instrumento musical, o alguna festividad en la que la música
esté incluida, analizando el papel que juega en la situación
reflejada; o tratar de imaginar qué música se puede estar
interpretando. Y observar a qué época específica pertenecen los
instrumentos que ahí se muestran. ¡Podríamos hacer tantas cosas!
LINUS.– Y ya que de lo que se trata es de estimular la sensibilidad
e inteligencia del niño, en esta conexión de la música con las artes
y con las ciencias sociales, no debemos olvidar que un modo óptimo
de lograrlo es utilizar la música –previa una sabia selección
educativa– para que los niños dibujen y pinten libremente, con una
inteligente instrucción y sin condicionamientos previos Sería una
manera creativa de valerse didácticamente de una actividad artística
tan completa y totalizadora –social, física y psicológicamente– como
lo es la música. ¡Qué necesario es propiciar el conocimiento del
arte como vía de expresión de las emociones!
TETETO.– ¡Te puedes imaginar lo que un plan de estudios musical
adecuadamente diseñado coadyuvaría para expandir en el niño las
formas de pensamiento, y la expresión libre de emociones e
impresiones a través de una forma comunicable y enriquecedora, en
favor de las asignaturas lógico matemáticas, científicas y
lingüísticas; y de la salvaguarda de importantes valores de la
sociedad?
LINUS.– Por eso te digo que facilitaría increíblemente los procesos
generales de aprendizaje. Además de que sería un vehículo de lo más
eficaz para despertar en el subconsciente del alumno todas las
motivaciones y valoraciones sensibles, estéticas, artísticas,
físicas, emocionales y sociológicas que lo moverán a interesarse por
el conocimiento de las demás artes, que como ya vimos, no requieren
una iniciación desde la infancia, como lo obliga la música por su
naturaleza, y por sus exigencias en cuanto a opción profesional.
TETETO.– Y no es que se trate de desdeñar el aprendizaje de las
demás artes, que es de suma importancia para el educando. Se trata
de favorecer una pedagogía estética (¡si no es que hasta una
Educación por el Arte!). Sin embargo, son de gran peso las razones
para poner a la música en un lugar privilegiado en el temprano
bagaje cognoscitivo y práctico que se imparta al niño en la escuela.
LINUS.– Y es que es de todos conocido que madres de chicos con
necesidades especiales, han recibido del pediatra, neurólogo,
psicólogo o psiquiatra la prescripción terapéutica precisa de que
inscriba a su hijo en “clases de música”.
TETETO.– Seguro, porque el especialista no les recomienda clases de
pintura, danza o fotografía; lo cual es indicador de que conoce ese
“algo, en especial” que tiene la música para mejorar la fisiología,
la neurología y la conducta social.
LINUS.– Urge un verdadero cambio sociopolítico que demuela las
estructuras erróneas o mal intencionadas. Es el momento de no seguir
en la desubicación cultural –y musical– desde la que actuaron los
administradores educativos en el pasado.
Sexto diálogo
SOBRE MAESTROS.
LINUS.– ¿Crees tú,
TETETO, que la entidad
educativa no apoya la integración de la música al currículo escolar
porque no hay suficientes maestros, o porque no son los
suficientemente capacitados como para impartirla? Entre paréntesis,
es sabido que en muchas escuelas es el profesor de Educación Física
–sin preparación musical– el que imparte la asignatura de Educación
Artística.
TETETO.– Sí, pero no es imposible de solucionar. Mira: Con un plan
realista y adecuado a los recursos de que se dispone, incluyendo
sobretodo los de la tecnología de la comunicación, el perfil del
maestro, cuya formación pedagógica se da por hecho, sólo necesita de
un buen oído musical (con lo que automáticamente será afinado, ya
que la transmisión del canto es de importancia decisiva), y poseer
sentido del ritmo y conocimientos básicos sobre el mismo. Rudimentos
de acústica
aplicada a la laudería, y conocimientos de historia y de teoría
elemental de la música. Un poco de geografía social e historia de su
país, como para abordar la tradición ¡y listo! ¡Y si tocara algún
instrumento, sería maravilloso! Los recursos de la tecnología
servirían para cubrir las necesidades tanto de la escuela presencial
como de la escuela remota.
LINUS.– ¿Quieres decir que, teniendo buen oído y sentido musical y
del ritmo; valiéndose de los recursos tecnológicos y actualizándose
o versándose un poco sobre historia y teoría de la música, cualquier
maestro de ciencias sociales, historia, matemáticas, geografía,
física o literatura podría dar también la clase de música? ¡Pero
sólo en el nivel básico!, en donde no es necesario –ni útil– enseñar
signos de grafía musical, pues la formación debe consistir en
escuchar buena música de todos los géneros, cantar mucho, construir
instrumentos elementales, tocar percusiones y algunos otros
instrumentos en grupos, y estar en contacto vivencial con la música.
TETETO.– Sí, exacto. De eso se trata. La grafía va después, en
Secundaria; ya que hayan aprendido a amar la música.
Pienso que una de las razones por las que tantos planteamientos de
Educación Musical no han dado el resultado esperado, es porque se
pretende que desde un principio se enseñe lectura musical, o solfeo,
o conocimiento de los signos musicales, y que la clase de música,
desde los niveles elementales, se imparta únicamente por maestros
especializados. Esto no es posible, por ser la población estudiantil
tan exorbitante. Mira LINUS, es tan sencillo como hacer cuentas. Si
el otro día considerábamos que hay 15 millones de estudiantes en el
nivel básico, calcula cuántos maestros se necesitarían para cubrir
tal demanda: distribuye esta cantidad en el –¡antipedagógico!–
número de 40 niños por grupo. Obtenemos la cantidad de 375 mil
grupos. Si un maestro diera cuatro horas diarias (atendiendo a un
grupo por hora) durante cinco días a la semana, podría atender a 20
grupos. Para cubrir a 375 mil grupos tendría que haber en este
momento 18,750 maestros profesionistas de la música habilitados
pedagógicamente para dar las clases. ¿Los hay? Y considera que el
problema hay que atacarlo ya. No puede esperar más, so pena de
continuar incurriendo en un sinnúmero de violaciones a igual número
de leyes y derechos.
LINUS.– Además ese modo de enseñanza tan antiguo y tan estereotipado
ha probado que aburre mucho a los niños; y convierte la música en
una más de esas asignaturas a las que no le encuentras sentido ni
interés. Antes que su técnica, es necesario aprehender y sentir la
música como un lenguaje. ¡Hacerla familiar y divertida! Y tienes
razón, porque con conocimientos de historia, geografía o ciencias
sociales, es más fácil abordar la tradición.
TETETO.– ¡Tan necesaria! Ante el poco valor que en los medios de
difusión, y aún dentro del ámbito educativo, se le da a la música
tradicional y étnica. También la música folclórica, y las músicas
populares e indígenas que, para muchos, no merecen ser estudiadas ni
difundidas.
LINUS.– Y el maestro de literatura puede agregar la dimensión de los
textos de las canciones: el cancionero tradicional mexicano –y de
todos los pueblos– contiene una cantidad admirable de canciones con
textos hermosísimos, que evocan la naturaleza, el terruño, las
tradiciones, el amor, el desencanto, la alegría, y toda la gama de
emociones humanas con letras sencillas, pero poéticas. A propósito,
¡si te contara lo que escuché el otro día!
TETETO.– Aaay, no me digas... Ya sé. Cuando alguien te comenta que
“tal música” es muy bonita porque “habla” de esto o de lo otro.
Mezclándolo y confundiéndolo todo.
LINUS.– Por ahí va... En un canal cultural de México, dice el
director de un grupo de rock a la animadora: “La nuestra es muy
buena música. Y no es que alentemos el consumo de drogas; pero trae
un rollo muy chido filosófico. –¿Cuál? Que uses la mariguana…,
porque la droga sintética te violenta tu templo, que es tu cuerpo …
”
TETETO.– ¡Qué infinita piedad por los pobres niños y adolescentes y
su futura sociedad!
LINUS.– Volviendo al tema de profesores y medios, debo decirte que
uno de los factores más importantes en toda esta problemática, no es
tanto la información, como la formación en los conceptos del
maestro. Aunque en el nivel de Secundaria ya deberán ser maestros
especializados en música, como para saber enseñar signos y teoría,
tendrían también que estar muy conscientes de que son portadores de
una luz para transmitirla a los jóvenes; que el maestro es el
designado para salvaguardar auténtica e íntegra la cultura que nos
fue legada por nuestros antepasados, tanto universal como
regionalmente; que junto con los artistas y los intelectuales, son
los llamados a difundir la cultura y las posibilidades de
creatividad en sus alumnos.
TETETO.– Y que no se hacen justicia a sí mismos cuando se dejan
llevar por la ley del menor esfuerzo. ¿No es cierto? Porque si en el
mercado existe de todo, ¿por qué dejar a sus alumnos abandonados a
su ignorancia? ¿Por qué no orientarlos para que elijan algo más que
lo comercial (que es lo de peor calidad por lo
general)? ¿Por qué no pensar que tan importante –o quizá más– que
brindar información a sus alumnos, está el brindarles herramientas
para que desarrollen un buen gusto y capacidad de discernimiento?
¿Por qué no decirles que dentro de los géneros que ellos escuchan
hay gran diversidad de calidades?
LINUS.– Pero para lograr desarrollar en sus alumnos un buen gusto y
juicio crítico, lo primero que se necesita es sensibilidad y
conciencia; y antes que nada, abandonar cierto tipo de actitudes
pasivas. Porque el maestro debe ser el primero en escuchar y
cuestionar, con actitud muy crítica, la música que venden radio y
televisión y sus industrias conexas.
TETETO.– Cierto. Yo diría que debe ser el primero en acudir a las
tiendas de
discos y darse un tiempo reflexivo y analítico para explorar lo que
ofrece el
mercado a los jóvenes. Y ser el primero en allegarse libros que
satisfagan su
necesidad de información, si la necesita.
LINUS.– Y no trabajar solo, sino compartiendo sus inquietudes,
hallazgos y
opiniones con otros colegas. Es necesario que exponga el por qué de
sus opiniones
y las defienda, y que escuche las razones de los otros, las valore,
y si es lo
correcto, las acepte.
TETETO.– Bueno, y si descubre que no tiene la suficiente formación
musical
teórica, práctica o histórica, debe ser el primero en acudir a las
bibliotecas y centros
de investigación a documentarse.
LINUS.– Es que ya no podemos comportarnos como si fuéramos niños:
esperando
que de todo se nos diga cómo se hace, y qué se dice. Es necesario
asumir. Es
necesario acercarse a otros grupos, como investigadores por ejemplo,
para dar a
conocer a las autoridades la problemática y exigencias de una
determinada
situación, ya que son éstas las que disponen de los recursos para
llevar a cabo las
soluciones.
TETETO.– Y yo diría que también es necesario conocer, y sobre todo,
ser
creativos. Porque el maestro, como un guía, tiene la obligación de
enseñar al
alumno la libertad (que para nada es decir y hacer lo que te venga
en gana sin
responsabilidad). Pero si cuando éste llega a sus manos ya lo
encuentra
esclavizado, tiene la obligación de liberarlo. No se puede seguir
imponiendo a la
juventud lo que le debe gustar. Mucho menos en función de beneficios
financieros
versus la inteligencia y la cultura. Hay que confrontar al alumno
con sus gustos y
sus razones, para que se haga consciente de lo que consume y del por
qué.
LINUS.– Además hay que enriquecerles su capacidad de comprensión, y
darles las
herramientas para que puedan construir una escala de valores, que
con sus
diferentes enfoques y matices será aplicable a todos los aspectos de
la vida.
TETETO.– Esto implica que el maestro deberá nutrir sus conocimientos
y estar al
día en cuanto a la música comercial como lo están los mismos
muchachos. Estar
informado sobre el rock y sus derivados, como el rock progresivo, el
heavy o metal;
el pop rock o folk rock; el grunge, el dance, el
rave y el techno;
también la cumbia
auténtica y sus mixtificaciones comerciales; enseñándoles a
encontrar en dónde
está la calidad musical de esos géneros, así como sus posibles
connotaciones
negativas a la salud y su carga de transculturación.
LINUS.– Abrirles los ojos, comentar con ellos sobre los valores y
antivalores de lo
que consumen; hacerles ver que la libertad, con la que tanto sueñan
o se identifican
(conceptualmente, que no de hecho), no consiste en repetir frases
mal
intencionadas ni cualquier fruslería, y mucho menos en seguir sumisa
e
ignorantemente los lineamientos que les imponen los intereses
comerciales
multimillonarios de empresarios inescrupulosos; sino en abrir sus
mentes para
percatarse de cuán vulnerables pueden llegar a ser como instrumentos
de intereses
creados, y cuán libres pueden volverse, sirviéndose del valor de una
educación
humanista e integral.
Porque mira Teteto, nadie se opone al cambio porque el cambio es el
movimiento
del paso (hacia delante o hacia atrás). En una sociedad dinámica,
como en la que
vivimos cambios habrá siempre; pero antes de la comercialización,
estos se
daban de una manera natural y espontánea, y siempre eran producto de
la
expresión de los pueblos. Con la comercialización, estos cambios son
impuestos
precipitada y arbitrariamente, y no obedecen a movimientos sociales
ni siguen su
ritmo. No marcan la historia del hombre. No le dan identidad humana.
TETETO.– Los maestros deben estar conscientes de que se ha entablado
una larga
carrera de resistencia entre ellos y los medios publicitarios que
manipulan a la
niñez y juventud en gustos musicales. Desconocemos qué tan informado
y
comprometido esté el Estado y sus instancias educativas como para
haberse dado
cuenta y querer realmente solucionar este problema con voluntad
política y
consenso. Mucho podremos evolucionar como sociedad asumiendo estas
propuestas, y aún más cuando el gobierno se decida a regular los
contenidos de los
programas de televisión y radio. ¡Y no sólo en cuanto música!
Culturizar los medios
es la única manera de alcanzar una educación con calidad.
LINUS.– Sí, porque negarse a la disciplina del pensamiento y negarse
a la
formación de criterios, es vivir como autómata; pero al final de
cuentas, es –como
dice Fromm–, un tremendo miedo a la libertad. Y esto aplica lo mismo
para la
música que para la religión o la ciencia o cualquier otra disciplina
humana.
Séptimo diálogo:
SOBRE CONTENIDOS.
LINUS.– Según tú, ¿cuál debiera ser el material musical ideal para
incluir en un
currículo escolar eficaz?
TETETO.– ¡Uff, qué pregunta! Digna de un tratado; pero, bueno; te
contesto por
partes: Primero que nada, estoy convencido de que, auditivamente, el
educando
debe conocer todo tipo de música. (¡Otra vez la equidad
cognoscitiva!) Creo que 15
años de escolaridad, desde el Jardín de Niños hasta la Preparatoria,
son más que
suficientes para que, en módulos bien estructurados e interactivos,
y en varias
direcciones, el estudiante haya escuchado, cantado, y obtenido
suficiente
información importante sobre los estilos de música de todas las
culturas. O al
menos las más representativas; porque cada sociedad tiene su música,
o “sus
músicas” cuando hay fusiones, como es la africanía en nuestro
continente. Y, por
supuesto, la dimensión más envolvente: sus connotaciones sociales.
LINUS.– Con esas “direcciones” te refieres a la Historia y a la
Geografía de la
música...
TETETO.– Sí. Como una cruz: en la Historia, que es una dirección
vertical, los
contenidos deben abarcar una revisión completa, desde nuestras
primitivas raíces,
hasta las expresiones más universales y contemporáneas, pasando por
la Edad
Media, el Renacimiento, el periodo barroco, el clasicismo, el
romanticismo y el
modernismo, abriendo cabida a la diversidad. Y horizontalmente, es
decir,
geográficamente, este conocimiento debe abarcar, por supuesto, tu
propio país y
Latinoamérica; Europa, occidente y las culturas indígenas de
América; el Medio
Oriente; Africa; la India, Asia Central, China y Japón; el sureste
de Asia, Oceanía e
Indonesia.
LINUS.– ¿Y la dirección social?
TETETO.– Mas que una dirección es una dimensión. Es el círculo que
envuelve la
cruz: porque esa Historia y esa Geografía deben competer la música
étnica o
autóctona; la música popular, es decir, folklórica, tradicional o
histórica, y urbana,
incluyendo la lírica infantil; y, por supuesto, la música clásica,
incluyendo la
electrónica. Y por lo que decíamos el otro día, los contenidos deben
estar
estructurados progresivamente y con relación a las otras artes y a
las otras
asignaturas, es decir, como apoyo a, y sirviéndose de. Tendría que
ser una
educación holística e integrativa donde todas las asignaturas se
sustenten
mutuamente.
LINUS.– ¿Incluirías también conocimientos sobre las funciones
sociales de la
música en esas direcciones histórica y geográfica que nombras?
TETETO.– Por supuesto, porque eso es lo que define la razón de su
existencia, ya
que te informa sobre las culturas y las conductas de sus individuos.
LINUS.– ¿Incluirías el significado espiritual? Porque mucha música
étnica
americana y africana animista, se supone que fue creada para
comunicarse con los
espíritus.
TETETO.– Claro, también la música clásica de la cultura occidental
tiene un
despliegue de incidencias espirituales vastísimo.
LINUS.– Y yo creo que mucha de la música que hacen los jóvenes tiene
una
búsqueda espiritual también.
TETETO.– Sí. Lo malo es que, en ese sentido, están muy metidos en el
“rollo” de
las letras; porque su música es paupérrima. Por eso es importante
que conozcan
literatura y poesía; y en música, por ejemplo, las entonaciones del
canto
gregoriano, o del Corán, o de los cantos litúrgicos.
LINUS.– Y las razones no sólo físicas, sino también culturales para
que un sonido
se pueda considerar musical o no. Estoy pensando en el canto
semihablado, o en
ciertos cantos étnicos y tribales, o en el mismo John Cage. También
deben conocer
la diferencia entre sonido y ruido, tanto en su acepción físico
acústica, como en la
fisiológica y la estética.
TETETO.– También la música que se estructura sin un metro regular,
como en
algunos géneros de la India y el Cercano Oriente, o en el canto
litúrgico cristiano,
islámico, judío y budista. Y hacerles ver de qué manera la música
popular ha
influido en la culta, y la culta en la popular.
LINUS.– ¡Que conozcan el Jazz! Y la diferencia entre tonalidad y
atonalidad;
cromatismo y diatonismo; sistema temperado y modalidad, así como
sistemas no
occidentales. Sí, es importante brindar a los estudiantes un plan
que incluya las
diferentes definiciones culturales de la música, y sobre todo,
darles a conocer
auditivamente desde sus expresiones más simples –como algunos cantos
tribales,
y milenarios como el Sama Veda–, hasta las grandes formas de la
música clásica.
Lo mismo tendría que hacerse con los instrumentos de diferentes
culturas: desde
los más elementales hasta los más complejos, y no sólo visual, sino
auditivamente,
por supuesto. Esto alentaría mucho su creatividad.
TETETO.– Conocer todas estas expresiones podría ayudar –a los que
tengan la
capacidad–, a crear una música menos repetitiva e insulsa; con un
poco de más
riqueza e intelectualismo en sus contenidos, si es que quieren
brindar un mensaje
interesante. Y a los que no la tengan, a convertirse en públicos más
cultos y
críticos, cuyas exigencias permitirían que esa música evolucionara
y, entonces sí
se convirtiera en un factor social de cambio.
LINUS.– ¿A qué te refieres con “intelectualismo”?
TETETO.– A esa facultad cognitiva del alma que nos enseña la
filosofía; a esa ética
que se opone al puro sentimentalismo o al voluntarismo. A su
acepción filosófico–moral.
LINUS.– Porque, finalmente, la música es la organización, en el
tiempo, de una
articulación o artificio sonoro que sea comprensible por la lógica
interna de su
discurso y que, por razón de su belleza, pueda producir en quien la
escucha un
profundo goce estético, sensorial, intelectual, anímico, espiritual.
TETETO.– Claro, por eso la música es la manifestación más evidente
del grado de
evolución de una sociedad o de una cultura.
Octavo diálogo:
SOBRE UNA SOCIEDAD REFORMADA.
TETETO.– Tomando en cuenta las limitaciones financieras de nuestro
país, y la
poca disponibilidad de recursos humanos existentes, ¿tú crees que
sería posible
implantar a corto plazo la educación musical dentro del currículo
escolar, Linus?
LINUS.– Sí, por supuesto, pero para esto tendría que tomarse una
serie de
medidas que atacaran el problema desde diferentes ángulos. Para
empezar, como
el lenguaje que usamos tiñe nuestros conceptos personales sobre las
ideas, será
utilísimo que cuando hablemos de música seamos más específicos sobre
qué
música es a la que nos referimos. Ya vimos la vastedad de sus
alcances en todos
los órdenes.
TETETO.– Has tocado un punto muy interesante del lenguaje cuando se
habla de
arte. Fíjate. Al actor, se le llama “artista”; a la Pintura se le
denomina “arte”; la
Escultura, se define por sí misma; la Arquitectura, no se confunde;
la Literatura, se
deslinda de la “literatura barata”. Sin embargo, el término “música”
es como un gran
caldero que puede contener cualquier calidad de organización –o
desorganización–
sonora revuelta con cualquier tipo de ruido.
LINUS.– También se deslinda… existe la “música ratonera”. (La mal
compuesta,
mal cantada y mal ejecutada).
TETETO.– ¡Ay Linus! Pero es imposible usar ese término.
Hablo de esa manera indiscriminada de referirse a “la música” para
designar
indistintamente tanto cualquier ruido enajenante, como la música de
arte. Me
pregunto si esto será parte de la marginación que se hace con la
música docta,
como para camuflar su existencia.
LINUS.– Así es. Pero en este caso no será difícil. Basta con
dividirla en dos:
“música de arte” y “música de entretenimiento”. Así por lo menos,
desde el principio
nos queda clara la función social, y ya podremos expresarnos con
precisión y
especificidad sobre la música a la que nos referimos. Después de
esto, y ya en otro
nivel, lo imprescindible es la creación de cuerpos colegiados,
consensuados e
interdisciplinarios, que asesoren y aconsejen en materia de música a
las instancias
educativas. Porque, si se desea realmente solucionar la situación,
ya no son válidos
los paliativos, ni las propuestas que han probado no ser viables. Lo
importante es
trabajar conjuntamente en un proyecto factible y eficaz, cuyo
objetivo principal no
sea solamente la elaboración de programas para la educación musical
escolarizada; sino que estos tengan importantes ramificaciones que
alcancen a la
familia y a todos los sectores de la sociedad. En un principio,
cualquier profesional
de la música, con voluntad y disposición, puede ser un maestro y un
capacitador de
instructores. (Por lo que ya dijimos sobre la excesiva demanda).
TETETO.– Claro, la elaboración de un plan integral nos permitirá
obtener resultados
en un plazo mucho menor. Porque si pretendiéramos empezar
gradualmente con
los niños de Preescolar y Primaria no se lograría nada. La fuerza de
los medios es
tan poderosa, que nulificaría el trabajo realizado en esa parte tan
mínima de la
población.
LINUS.– Es que la segunda urgencia consiste en incluir en el plan de
estudios de
las escuelas de formación docente, es decir, de todos aquellos
futuros
profesionistas de la educación (normalistas), los conocimientos
musicales básicos
que les permitan poder aplicar ese buen programa de educación
musical bajo la
guía y supervisión de un maestro especializado.
TETETO.– ¡Qué importante es esto! y hasta la fecha es un aspecto al
que no se le
ha prestado ninguna atención. En Cuba (que bien vale como ejemplo,
ya que en
nuestro continente es el único país que ha sabido resolver
exitosamente el
problema de la educación), los aspirantes a la carrera de educación
preescolar son
sometidos a pruebas de aptitud relacionadas con la narración
artística y con la
expresión oral y escrita; y deben poseer condiciones mínimas para el
aprendizaje
musical y plástico. Además, dentro de su currículo se incluye la
asignatura de
música y la práctica de, al menos, un instrumento musical.
LINUS.– Actualmente el problema es que no se le da importancia a que
los
aspirantes a maestros tengan facultades artísticas, aunado a que
durante la carrera
no se les brinda la preparación suficiente en esta materia. Por
esto, cuando la
Secretaría de Educación Pública proporciona un único libro de texto
de educación
artística, el maestro es el primero que evita impartir conocimientos
de música a sus
alumnos, debido a su propia desinformación. Pero así como es
importante
enriquecer el perfil del maestro actual, también es importante
cambiar el perfil
actual del estudiante de la licenciatura de educación musical, de
modo que pueda
desempeñarse como docente, investigador y gestor; ya que serán
ellos,
precisamente, los encargados tanto de transmitir los conocimientos
musicales a los
maestros educadores y normalistas (en formación y en activo), como
de supervisar
en las escuelas la aplicación del programa escolar, y captar de
entre los
estudiantes aquellos que estén especialmente dotados, para
recomendar
inmediatamente su ingreso temprano a las Escuelas de Iniciación
Artística. Y
también debieran ser quienes realizaran y actualizaran los
programas. Y podrían
ser óptimos capacitadores para los instructores no profesionales que
pudieran
cubrir las necesidades de la enseñanza de nivel elemental
(Preescolar y Primaria).
TETETO.– Cierto. Además, la ventaja de formarlos como investigadores
permitiría
que, basados en su experiencia pedagógica, crearan nuevos métodos,
adaptados a
nuestra realidad particular, en los cuales estuviera incluido todo
tipo de música,
desde la clásica hasta la popular, pasando por la folklórica, la
étnica, la urbana y la
tradicional infantil; manteniendo como eje principal la de nuestro
país y la de
Latinoamérica en general. ¡No es posible que se sigan utilizando
métodos europeos
que, aunque excelentes, son, en muchos aspectos, lejanos de nuestra
realidad; y
que para introducir a los niños en la práctica de la música
desaprovechemos
nuestras expresiones artísticas propias! El Estado, a través de sus
instancias
culturales, podría otorgar becas a compositores con la finalidad de
que escriban
música contemporánea para acercar a los niños y jóvenes a esa
expresión artística.
LINUS.– Creo que esta problemática surge de la enseñanza que
actualmente se
imparte en los conservatorios y escuelas de música. En nuestros
días, es necesario
formar profesionistas de la música que estén más conscientes de la
realidad
cultural de nuestro país, y de la necesidad de su honesto compromiso
para que a
través de su propia aportación colaboren a subsanar las carencias
existentes.
TETETO.– Tienes razón, la educación musical escolar y la de la
sociedad en
general, no puede seguir siendo una preocupación exclusiva de los
maestros de
esta asignatura, sino de todos los profesionales de la música:
ejecutantes,
compositores, directores, investigadores y maestros de nivel
profesional; ya que de
la formación musical de la sociedad depende tanto la difusión de la
música de
elevada calidad en los medios de comunicación, como que haya público
asistente a
los conciertos de música docta, que se consuma la obra de los
compositores
contemporáneos, y que se pueda demandar mayor calidad en los
productos
difundidos por los medios masivos de comunicación.
LINUS.– ¡Eso es otro “dedo en la llaga”! La educación musical del
público es un
punto clave para el desarrollo de la vida musical y para la
formación del buen gusto.
¡Otra vez salta el tema del buen gusto! Por eso es de suma
importancia buscar
diferentes opciones para informar y educar al oyente a fin de que
tenga mayores
elementos de juicio en su apreciación de la música.
TETETO.– Es que eso del buen gusto es un asunto mandatorio en la
educación. Es
exactamente igual que en la alimentación. ¡La música es alimento
espiritual! Puede
ser de tu gusto comer carroña, papel o lodo; pero una verdadera
educación te debe
enseñar a que te guste lo que te nutra y sustente, lo que no te
dañe, lo que te sirva
y te propicie crecimiento. Muchos dicen: “en gustos no hay nada
escrito” o “en
gustos se rompen géneros”; pero tratándose de música y de nutrición,
estos dichos
son falaces, y se prestan mucho para usarse con mala intención en
los medios.
Que cada quien coma lo que quiera, pero siendo consciente de las
propiedades de
lo que consume.
LINUS.– Un punto que contribuiría a alcanzar ese objetivo que
mencionas, sería el
establecimiento de acuerdos concretos entre las instituciones
musicales y los
organismos educativos. Por ejemplo, la apreciación musical debería
ser un curso
regular en los estudios generales de las universidades, reforzándose
con la
realización de conciertos didácticos extensivos al público en
general. Esta labor de
difusión musical necesariamente tendría que comprender la música
docta
contemporánea, incluyendo la de los compositores latinoamericanos.
TETETO.– Otro será que, conservatorios y escuelas profesionales de
música,
firmen convenios con Universidades y Colegios para que dentro de
todas las
carreras profesionales se impartan Diplomados en Música con valor
curricular o
acreditación de puntos, muy especialmente con las instituciones
tecnológicas que,
desde el nombre, excluyen el humanismo. Todo esto sería grandioso,
porque
proporcionaría una educación integral a los estudiantes
universitarios, y por
consiguiente, elevaría el nivel cultural de la población en general,
¡y de los futuros
comunicadores!
LINUS.– Sí, pienso que el hecho de incluir diversas asignaturas
optativas –pero
con valor curricular–, que abarquen los diferentes campos del saber
científico y
humanístico, puede brindar al estudiante una formación personal y
profesional más
completa y más realista. Merced al proceso de globalización, hoy en
día es
necesario que todo profesionista adquiera un profundo compromiso
social, y esto
se logrará en la medida en que su formación sea más integral y
congruente con la
sociedad actual y sus necesidades.
TETETO.– Esto es ya una realidad en la Universidad Simón Bolívar
de
Venezuela,
la cual, dentro de su currículo establece la acreditación de una
asignatura por
trimestre, a elegir entre varias opciones. Por ejemplo, se ofrece un
curso llamado
“Arte y Sociedad”, en el cual se analiza el fenómeno artístico y sus
implicaciones
sociales, estudiando el arte, los artistas y las obras de arte en
relación con la ociedad. También se imparte un “Taller de Música”, que consiste en
la audición
dirigida de una selección de obras musicales con el fin de
desarrollar tanto la
calidad de la percepción, como la sensibilidad e interés por
diversas
manifestaciones musicales.
LINUS.– ¡Qué interesante! Imagínate la gran cantidad de cursos que
se podrían
incluir, como el conocimiento de los fundamentos de la música, el
estudio del
folklore musical de México y Latinoamérica, la música del siglo XX,
y muchos más
sobre música en diversas latitudes y épocas históricas.
TETETO.– Otro acierto, en este sentido, será estimular la formación
de facultades
de música en todas las universidades del país tanto públicas como
privadas. En
Bogotá existe un alto número de universidades privadas que contienen
una
Facultad de Música.
LINUS.– Con esta educación de calidad, los futuros mexicanos podrían
nacer en
un medio privilegiado, en el que estaría a su alcance la capacidad
de poder gozar
intensamente de la belleza: la naturaleza, la música, el arte, los
libros, los
conciertos, y la cultura, como una síntesis del pensamiento humano
que les
proporciona ubicación e identidad.
TETETO.– ¡Y de la felicidad que da la dedicación y entrega a un
proyecto de vida, y
de la dicha que brinda haber recibido, para poder dar!
LINUS.– Y los padres, qué... ¿aún no lo saben... ¡que son los
preparadores del
camino para que la Divinidad te pueda depositar lo que es tuyo!?
TETETO.– Muchos no, porque sus padres tampoco lo supieron. Pero ya
es tiempo.
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