| ARTE, BELLEZA Y PLACER ESTÉTICO. |
Dejando en sus propios
límites los alcances del razonamiento puro, y para no caer en el
resbaladizo terreno de las tautologías, podemos confiar en que el
más fidedigno concepto sobre estética nos lo brinda la propia
experiencia por la que ha pasado la humanidad a través de su
historia.
El placer estético ocurre cuando en la contemplación sensorial
(principalmente auditiva y visual) de un objeto, se experimenta una
fuerte emoción de reconocimiento, aprobación, simpatía y gozo
espontáneos. Esta emoción –tan rica de placer– es diferente en
calidad y superior en vigor a la que proporciona la satisfacción de
los apetitos biológicos inmediatos. “Kant…, segura que el deleite
producido por la belleza es el único verdaderamente desinteresado y
libre. En efecto, nuestras demás satisfacciones provienen de los
intereses necesarios de nuestros sentidos o de nuestra razón”.(NOTA
1)
Por este tipo de placer que nos brinda, porque estimula nuestra
imaginación y porque reconocemos su condición de perennidad, a este
objeto lo llamamos bello. El estruendo y la visión de una
cascada portentosa, deslizando por 400 metros de piedra y talud su
tonelaje de agua y blanca espuma entre el verdor del follaje, sobre
un fondo celeste azul intenso; la contemplación visual de una puesta
de sol en el horizonte del mar, que tiñe de colores y claroscuros el
cielo del atardecer; o la auditiva del rítmico tumbo de las olas y
la consiguiente efervescencia de la espuma en la arena, han sido,
entre muchas otras experiencias que proporciona el mundo natural,
calificadas de bellas por el hombre a través de siglos y
milenios. La Naturaleza y sus fenómenos son vida, y el hombre los
reconoce como análogos a
la suya, es decir, les encuentra una significación de identidad. Es
así como la belleza y la experiencia estética ante tales fenómenos
han adquirido un valor universal.
Desde los tiempos más remotos estos “objetos de belleza” han llamado
la atención del hombre y lo han estimulado a reproducir y recrear
(en la medida de sus limitaciones) los mismos y similares fenómenos.
Para ello, el ser humano ha inventado símbolos físicos que lo
provean de la experiencia del placer estético y le permitan
comunicarlo a otros seres. A partir de la invención de estos
símbolos comunicativos es como nace el Arte.
Una cierta palabra o enunciado; el trazo de un pincel en un lienzo;
un ruido o sonido cualquiera no son bellos en sí mismos;
pero, artísticamente tratados, son convertidos en eficaces símbolos
de representación para producir en el creador y en el observador
imágenes sensoriales y psíquicas que sí lo son, al estar presentes
los valores de identidad y perennidad, y los factores del intenso
placer y del estímulo a la imaginación. Más de un teólogo ha
asegurado que “la naturaleza es el arte de Dios”.
En el caso de la contemplación de la belleza, ya sea natural o
creada, como son las artes, los símbolos empleados (música,
arquitectura, fotografía, escultura, teatro, pintura, poesía)
suscitan la aportación sensible de quien la contempla. Es decir, la
belleza no es cien por ciento inherente al objeto, ya que éste es
bello sólo en función de su carácter sensible, en donde el
sujeto aporta el componente psíquico (que puede o no teñirse también
del ingrediente intelectual). Así, la belleza no es una cualidad del
objeto ni del sujeto; sino que somos nosotros, “el sujeto”, al
contacto con “el objeto”, quienes encendemos mágicamente el fulgor
de la belleza, acto que nos proporciona el placer estético.
VERSATILIDAD DE LA MÚSICA
|
FACTORES INTEGRATIVOS, DIVERSIDAD Y UTILIDAD. |
La música es parte integrativa de una gran cantidad de actividades
humanas: desde un principio ha sido compañera indispensable de
rituales religiosos, mágicos y profanos. Se le usa para enfatizar
emocionalmente sucesos patrióticos, fúnebres, militares, dramáticos
o heroicos. Asociada a textos sencillos, en muchas sociedades
rurales se realiza para descansar de la faena campesina. Se puede
emplear de fondo para el estudio o al comer. Se crea y recrea como
diversión euforizante entre los músicos. Al ser productora de drogas
endógenas del cerebro, es capaz de provocar efectos sedantes,
excitantes o enervantes, por lo que puede servir de terapia o de
simple relajación, y en la actualidad ha sido empleada masivamente
para excitar los sentidos y la movilidad corporal, o para incitar al
consumismo. En escenarios de mayor pureza, y en su concepción de
arte, puede representar ideas literarias, como es el caso de la
ópera, los poemas sinfónicos y los lieder. O existir por sí
misma; es decir, la música que –fuera de textos y contextos– es
objeto de la más pura contemplación auditiva y del placer estético,
que por ser un valor universal, todo humano tiene derecho a gozar y
conocer.
Es tan útil la música y tan variado el uso que el hombre le ha dado,
que para hablar de ella es imprescindible hacer, al menos, una
clasificación general. Según su modo de producción y mercado de
consumo, se puede dividir en tres grandes grupos básicos:
1) La música de Arte,
que es compuesta e interpretada por músicos profesionales o
académicos y, como dijimos líneas arriba, es creada para gozarse por
sí misma, estética, emocional, intelectual y/o espiritualmente. A
través de su historia ha ido evolucionando equitativamente en todos
sus parámetros y representa un valor estético universal. Debido a su
alta calidad la consume un público culto y conocedor en un mercado
minoritario en nuestro país, donde su difusión en los medios puede
considerarse nula, ya que los programas culturales, que pudieran
incluirla, no llegan siquiera al uno por ciento en la radio; mucho
menos en la televisión.(NOTA
2)
2) La música tradicional, que incluye la étnica y alguna de
proyección folklórica y urbana. Generalmente es creada por músicos
no académicos, y se transmite de forma oral. En sus expresiones más
puras suele encontrarse alojado el espíritu de cada cultura, de cada
nación o de cada región. No goza de justa difusión en los medios,
por lo que su consumo es minoritario y muchas de sus expresiones
étnicas están en vías de desaparición.
3) La música popular, que puede ser compuesta e interpretada
por profesionales o no. Se crea con el propósito de entretener,
divertir o compartir algún sentimiento. Actualmente se ha reducido
su producción mayoritaria generalmente a canciones para la industria
del espectáculo; no obstante que entre sus subdivisiones existen
géneros con propuestas muy interesantes. Una subdivisión de este
grupo es la música comercial, así llamada en razón de que es
producida por las firmas disqueras con fines de lucro, para ser
consumida a través de la radio, la televisión, el cine y
principalmente las grabaciones en copias millonarias. Va dirigida a
un público masivo y poco informado, generalmente joven y fácil de
manipular. “…lentamente el pueblo deja de expresarse con sus
elementos autóctonos para sumirse pasivamente en el consumo que los
medios de difusión ofrecen, uniformando y simplificando los gustos a
niveles realmente pobres”.(NOTA
3) El entremezclado y las ramificaciones que siguen a la
gran clasificación general son tan vastas y variadas que es
imposible no caer en complejidades cuando se continúa
subclasificando. Sin embargo, por la calidad de sus contenidos, son
fácilmente reconocibles.
Más allá de estas
clasificaciones, el valor de la música como lenguaje es tal, que le
brinda una insospechable plasticidad asociativa. Puede ser desde
coprotagonista de otras artes, como en el caso de la danza, y de la
ópera (donde también están presentes la literatura y las artes
visuales, figurativas y escénicas), como refuerzo emocional para el
teatro, el cine o el arte de la pantomima, y hasta prestarse como
comparsa de la guerra, la propaganda, la devoción y de la poesía más
insulsa, pasando por ser, también, valioso instrumento para la
expresión del amor erótico, materno, a la patria, a la divinidad,
así como a la de emociones varias, como la ira, la tristeza, el
temor, el placer, la sorpresa, el disgusto, la vergüenza y todos los
matices que cada una de estos estados, agitaciones o trastornos de
la mente incluyen.
Esta versatilidad de la música surge de los avatares de su propia
historia, y por lo mismo es tan difícil la tarea de clasificarla.
Sin embargo, la música que, como ya dijimos, con el tiempo ha ido
evolucionando equitativamente en todos sus parámetros y se ha
desarrollado de lo elemental a lo complejo, es la música de arte.
Por ello vale aclarar que, en este escrito, siempre que nombremos
“la música” sin adjetivar, nos estaremos refiriendo a esta música,
también llamada clásica*,
docta, académica, selecta, culta, fina, de concierto, seria o
erudita. En el caso de los otros géneros, que dicho sea de paso, en
su mayoría se siguen creando con códigos que tuvieron su esplendor
en el siglo XVII (independientemente de que presenten evolución y
creatividad dentro de su propia línea), los especificaremos siempre
con el adjetivo correspondiente de acuerdo a su clasificación o
rama.
EL VALOR DE LA MÚSICA DENTRO DE
LA EXPERIENCIA HUMANA
|
ALGUNAS IMPLICACIONES INDIVIDUALES Y
SOCIALES. |
La integralidad del fenómeno musical es compleja. Como arte, se
vincula profundamente con la Ciencia y con la Biología. En efecto:
la acústica de su naturaleza; el valor jerárquico de los intervalos
y el ordenamiento de la materia sonora, así como la medición y
formas de distribución y acentuación de los sonidos en el tiempo,
son fenómenos regulados por la Física y la Matemática.
La emotividad y la expresividad –contenidas principalmente en el
ritmo, la melodía y el color tímbrico–; así como el goce estético
que brindan la estructura en conjunción con la armonía, se
desarrollan plenamente en el campo de la Fisiología y la Psicología.
La preeminencia de estos valores intrínsecos –conocida por Orfeo y
explorada por Pitágoras, practicada por juglares, clérigos y
goliardos de la Edad Media, y explotada por cortesanos y trovadores
del Renacimiento, y de ahí hasta nuestros días–, justifica el hecho
de que en 70 mil años de cultura, no se encuentre una sola
civilización que haya prescindido del arte de la música, ya nos
remontemos a Mesopotamia, China, Oriente medio y extremo, a la
India, a Grecia, a Mesoamérica, a Indonesia, Oceanía o a las
civilizaciones Andinas.
A partir de 1858, con Eduard Hanslick y su obra De lo bello en la
música,(NOTA
4) es que el aspecto humano–integrativo del arte sonoro
empieza a tomarse en cuenta y, en consecuencia, a ser analizado y
estudiado por ciencias entonces tan nuevas como la Psicología y la
Psicopedagogía.
Es así como se descubre que los tres elementos de la música: el
RITMO, de naturaleza fisiológica, que se revela básicamente
en la métrica, los acentos y la subdivisión de la duración de los
sonidos; la MELODÍA, de génesis afectiva, que se establece en
escalas, modos e intervalos melódicos; así como la ARMONÍA,
intrínsecamente intelectual, que se organiza en intervalos
armónicos, acordes, enlaces, cadencias y modulación, son, separada y
conjuntamente, tributarios de profundas valoraciones psíquicas, como
la creatividad, la inteligencia, la imaginación, la motricidad, la
voluntad, la intuición, el talento, la memoria, el ingenio, la
emoción y la afectividad, entre otros importantes impulsos vitales.
La música es tan antigua como el hombre; tan natural y espontánea
como sus emociones; tan inmediata y necesaria como la comunicación y
el lenguaje; y es también tan eficaz moduladora de las funciones
cerebrales, como genuina satisfacción estética y libertaria,
atributos todos que la han convertido en una de las más auténticas,
bellas y legítimas formas asociativas de la humanidad.
La música es una experiencia que propicia la creatividad, refina la
sensibilidad y fortalece el desarrollo intelectual, culminando con
el enriquecimiento global de la personalidad del individuo y
conformando así un ser humano más armonioso en su totalidad. Por
ello es de vital importancia concederle al ser humano este derecho
desde la primera etapa de la niñez, ya que es en esa fase de la vida
cuando el educando adquirirá las principales vivencias que
aprenderá, asimilará, procesará, repetirá, aplicará y perfeccionará
en el campo de sus experiencias personales que más tarde
determinarán su desarrollo y conducta emocional dentro y frente a la
sociedad.
Se vuelve aún más urgente esta necesidad ante el proceder de los
medios de comunicación que, al perseguir indiscriminadamente
intereses comerciales, propician la desvirtualización de las
legítimas vías de expresión musical del individuo, como son el valor
de la tradición, por un lado, y las manifestaciones artísticas, por
el otro: dos de las herramientas indispensables para que el niño se
descubra y reconozca a sí mismo como entidad social
mente–cuerpo–mundo externo.
Cuatro son las principales instancias que influyen y moldean la vida
física, psíquica y afectiva del escolar: 1) el ambiente familiar, 2)
los medios de comunicación masiva, 3) la sociedad en su conjunto y
4) la educación institucional, que, por conducto de maestros,
artistas, educadores, psicopedagogos y, sobretodo, administradores
responsables y conocedores, es la encargada de brindar a las tres
instancias anteriores las herramientas adecuadas y la sabia
orientación para que al educando le sean respetados sus derechos al
conocimiento de los valores que la humanidad, a través de su
historia, ha consagrado como universales; entre ellos el Arte y la
experiencia estética que le es connatural. La tarea de la Educación,
en el concepto más justo e iluminado, consiste en que el individuo,
desde su más tierna infancia y a lo largo de su niñez y primera
juventud, descubra, contacte, explore, defina, encauce y estructure
sus facultades humanas y evolutivas, a través del conocimiento de
todos los sistemas de pensamiento y sus simbologías y
significados.
Preservar el diverso patrimonio musical del país propio, en
especial, y el de los países que conforman nuestra comunidad
latinoamericana, en general; y brindar a los pupilos un conocimiento
histórico y un contacto vivencial con la tradición y con las
expresiones musicales universales –a través de la incesante práctica
del canto y la audición–, serán el instrumento para la previa e
indispensable sensibilización del niño hacia la Cultura y el Arte, y
ambas tareas constituyen la gran responsabilidad tanto del educador
como de los administradores de la educación.
ETICA Y EDUCACIÓN
|
LA MÚSICA COMO SÍMBOLO DE REPRESENTACIÓN. |
Todos los sistemas de pensamiento involucran símbolos de
representación, y por ello, cada uno influye de una manera sui
generis en los procesos de pensamiento del individuo. “Las
formas que usamos para representar lo que pensamos: lenguaje
literal, imágenes visuales, números, poesía, impacta cómo pensamos y
sobre qué pensamos”.(NOTA
5)
El tipo de estimulación mental que el sujeto recibe de la percepción
u observación de un objeto puede ser natural y espontáneo; pero en
la mayoría de los individuos dicha estimulación está condicionada
por la idea cultural que se tiene previamente formada sobre el
objeto. Por eso, para que la sensación emocional que prende la
belleza se dé en toda su intensidad, es necesario un eventual
substrato experiencial y/o informativo que le permita al observador
asociar (o recordar, o intuir, o imaginar, o inventar, o recrear o
suscitar) cualquier otro impulso que mueva su interés. Esto sucede
porque el cerebro es biológico, pero no la mente, que siendo un
producto cultural, se expande a partir de las experiencias que se le
proporcionan y de los símbolos de representación que se emplean para
ello. Aquí se habla de un condicionamiento que, si bien, puede ser
proporcionado por la sociedad en general y por los medios, es, en su
base más profunda, responsabilidad de los estamentos educativos. En
efecto, queda a cargo de la escuela, a través de una oferta
educacional con equidad cognoscitiva, el proporcionar al estudiante
los símbolos capaces de suscitar la experiencia estética de la
música.
Debido a bien reconocidas conexiones neuronales, cuando estos
símbolos (en este caso, la música) no se proporcionan desde la
niñez, crean un estancamiento mental, o en el “mejor” de los casos
un crecimiento mutilado, amorfo y no igualitario de las
potencialidades mentales.(NOTA
6) En cambio, cuando estos símbolos se brindan desde la
primera infancia y en la temprana niñez, propician de manera óptima
el desarrollo de diferentes destrezas y de valiosas estructuras
creativas, que a futuro se revertirán en valores para la cultura, la
civilización, y la expansión y evolución de la mente humana.
Tanto para la evolución biológica como para la evolución social, lo
que todo ser humano es capaz de pensar, expresar o crear debe ser
objeto de disponibilidad cognoscitiva para todo otro ser humano.
Este es un derecho humano elemental, y su cumplimiento es tarea de
los sistemas educativos. De no ser así, la educación sería la de
Un Mundo Feliz
(NOTA
7) en donde cada individuo es adiestrado sólo para
satisfacer las necesidades de un sistema sociopolítico previamente
trazado y a conveniencia de unos cuantos. El gran educador
Krishnamurti ya previene a una sociedad en la que de tiempo atrás “…
la educación se ha convertido en el espacio social que permite
transformar a las personas en instrumentos, bajo el fin del
currículo profesional”.(NOTA
8)
La experiencia estética es uno de los valores más enriquecedores del
hombre y de la cultura y uno de los más útiles para la sociedad,
pues sus ingredientes se encuentran implícitos en inclinaciones
elevadas de la voluntad. En efecto, aunque el individuo perciba de
una manera inconsciente los componentes de la experiencia estética,
como son: orden, armonía, equilibrio, justedad, ritmo, balance,
regularidad, pureza, autenticidad y perennidad, quien es capaz de
sentirlos, queda sensibilizado y habilitado para abrirse a placeres
superiores, como son experiencias intelectuales y morales, que a su
vez proporcionan el “sentimiento trascendental”, una vivencia que
toca el espíritu. Conocedor de las bondades neurofisiológicas y
sociales de la música, Simon Mundy refiere: “La música sostiene la
dignidad, aumenta la propia confianza, mejora la habilidad de
aprendizaje, mantiene unida a la sociedad y brinda luminosidad. La
música es más exitosa y menos destructiva que cualquier religión. La
idea de una guerra musical es inimaginable; sin embargo la guerra
religiosa es la plaga más común que la humanidad ha inventado para
sí misma.”(NOTA
9)
LA MÚSICA COMO APOYO EDUCATIVO
|
INTERACCIÓN DE LA MÚSICA CON OTRAS
DISCIPLINAS Y POTENCIALIDADES HUMANAS. |
La Educación Inequitativa.
La Educación en nuestro país y en el mundo, en la forma en que la
conocemos hasta ahora, y salvo honrosas y mínimas excepciones (como
sería la Educación por el Arte
(NOTA
10) o el Método Waldorf, formulado por Rudolf Steiner), se
vierte excesivamente hacia las disciplinas tecnológicas,
matemáticas, de la comunicación, publicitarias, del mercado,
científicas y del lenguaje, descuidando las artes, y especialmente
la música, a cuya importancia, dimensión y alcances no le da el
debido reconocimiento en el currículo escolar.
Este tipo de educación, cuya presencia ya se puede computar en
siglos, tiende a desarrollar desproporcionadamente una mitad del
cerebro en detrimento de la otra.
En efecto, exalta los
valores mercantiles, y menosprecia los espirituales; privilegia la
lógica, pero inhibe la intuición; fortalece el razonamiento, pero
somete la imaginación y la fantasía; brinda herramientas cognitivas,
pero no alienta la creatividad; atiende la comunicación verbal, pero
desdeña la expresión emocional; valora el rendimiento, pero ignora
el ludismo. Reverencia al signo, pero elude la metáfora. Y no sólo
no se sirve de las virtudes de la música como apoyo a tantas
disciplinas curriculares como ésta puede serlo, sino que discrimina
automáticamente a la población infantil (y por ende, a todo
individuo) cuya genética lo ha dotado de talento artístico musical,
quien queda inhabilitado socialmente para ejercer con plenitud sus
talentos, al no habérsele brindado oportunamente las herramientas
formativas necesarias.
Implicaciones
Fisiológicas.
• Desarrollo armonioso de los hemisferios cerebrales:
Al escuchar música, nuestro cerebro está haciendo mucho más que
percibir una línea melódica seguida por un difuso acompañamiento.
Está registrando auditivamente (y vertiéndolo y procesándolo en
múltiples cauces del sistema biológico que integra) un discurso al
mismo tiempo metafísico y lógico matemático de frecuencias varias,
coordinado con numerosos parámetros de ritmo, métrica, tonalidad,
enlaces armónicos, figuraciones interválicas y gestualidad
discursiva; timbre, matices de intensidad, planos sonoros,
profundidad, estructura, expresividad y texturas acústicas, por
citar sólo algunos. En pocas palabras, está recibiendo un rico
estímulo de inteligencia.
En efecto: la tonalidad, es decir, el sistema musical que
disfrutamos en occidente, no es más que el resultado de una muy
inteligente manipulación acústico–matemática del fenómeno de la
resonancia. (Como lo es cualquier otro código musical en el mundo;
si bien, formulado bajo diferentes principios).
Como ya lo hemos dicho, la rítmica y la métrica, definidas
respectivamente como la periodicidad de duración y la periodicidad
de acentuación de los sonidos en el tiempo, pertenece por completo
al campo de las matemáticas. Lo mismo puede decirse de la formación
escalística de los sonidos, que obedece a específicos puntos de
tensión sonora (frecuencias) e incide en la forma en que están
afinados los instrumentos. Este “punto de tensión”, llamado ethos
por los antiguos griegos, era tenido por ellos como un factor que
causaba efectos en el alma, y por consiguiente, en las costumbres; y
la Acústica que lo regía, era entendida como una sabiduría esotérica
en la que las relaciones de los números envolvían las Matemáticas,
la Cosmogonía y la Música.(NOTA
11) El timbre, que brinda planos de profundidad y colorea
e ilumina la música, tiene su origen en el fenómeno acústico y se
perfecciona en la construcción de instrumentos (laudería) y su
virtuosa ejecución. La armonía, que es el código que regula las
jerarquías, los entramados y los enlaces sonoros simultáneos, con
base en el fenómeno de la consonancia y la disonancia, es, a la vez,
matemática y fisiológica. “…el nervio auditivo pasa por el nivel
diencefálico (tálamo óptico, tálamo, etc.), nivel de la afectividad
y asiento de
las emociones.”(NOTA
12) La estructura, que se yergue sobre la armonía como
andamiaje, se basa en la creatividad de enlaces armónicos,
modulación y cadencias; y es el basamento, las columnas, el
equilibrio y la ornamentación de la arquitectura sonora,
constituyendo así el soporte de la belleza artística de la obra. Por
último, ¡qué decir de la expansión de la capacidad comunicativa,
merced al uso de un lenguaje emocional que favorece la expresión del
pensamiento abstracto y de los sentimientos?
• Sentidos y
Cultura:
Nunca será excesivo reiterar sobre lo imperioso que es en
nuestros días la inclusión de la música como asignatura curricular
en los planes de estudio preescolares, primarios, secundarios y
prevocacionales por lo menos, cuando hacemos conciencia de que esta
problemática reviste ya tonos no sólo de conveniencia educacional,
sino de emergencia biológica y evolutiva. Los sentidos, desde un
principio, existieron en los animales y en el ser humano como
bastiones de supervivencia. En efecto, el más elemental de ellos, el
tropismo, consiste en la reacción protectora ante un estímulo
externo. (Sólo pensemos en un organismo elemental, una planta o un
gusano que se retraen ante cualquier estímulo contáctil). De él pudo
haber surgido el sentido del tacto. Luego parece emerger el
instinto, que es la percepción de los estímulos que
necesitan de una reacción que propicie no sólo la protección,
sino que motive la defensiva; y es así como surgen, en un
tropismo más activo: a) el olfato, que radica en la
estructura cerebral más primitiva (el cerebro reptil), y permanece
siendo fundamental en nuestro instinto de sobrevivencia (cualquier
olor no identificable es capaz de ponernos instantáneamente en
alerta); b) el oído, no tan primitivo, pero de alcances
mayores debido a su proyección esférica; y c) la vista,
angular y focalizante, y de menores alcances que el olfato y el
oído.**
Parece ser que el olfato, el oído, y la vista hubieren emergido casi
juntos, y que se sustituyen y complementan en el reino animal según
la especie: los perros huelen mejor que las águilas. Las águilas ven
mejor que gatos y perros, y algunos insectos superan a ambos en oler
las feromonas. Sin embargo, destaca la importancia de la sonoridad
en la comunicación y organización “social” de ballenas, delfines,
monos, y demás mamíferos y criaturas complejas del reino animal, del
que, a querer o no, somos integrantes. Finalmente, antes de que
surja el sentido del gusto con la civilización, preexiste en
los animales la diferenciación entre sabores.
Pese a esto, el mundo civilizado y urbanizado de nuestros días es
primordialmente visual. Actualmente se le da una gran preponderancia
a la vista sobre los otros sentidos. Parece ser que lo normal no son
los estímulos visuales naturales, como una puesta de sol, los
relámpagos o el amanecer; sino imágenes artificiales, recreadas,
superpuestas, “estridentes” y con exagerados movimiento y color;
ambos agresivos. Y si hay estímulos auditivos, siempre acompañan una
imagen visual, excepto en la radio, donde los sonidos que acompañan
los anuncios y la propaganda –principal actividad radiofónica–
también son estridentes, repetitivos, enervantes, y por supuesto, “techno”
y electrónicos, como suelen ser los juguetes y los “videos
educativos” que hoy día se fabrican y producen para iniciar a los
bebés e infantes en el consumo de esa “ruidosidad” que, como
analizaremos más adelante, es una de las acciones más redituables de
la economía consumista que nos rige, pero más lacerantes a la niñez,
a la juventud y la sociedad actual y del futuro.
INCIDENCIAS SANITARIAS
Los intereses económicos de los negocios corporativos de la
comunicación no sólo desdeñan la cultura y el arte, sino que crean
una agresión biológica cuya importancia ya ha sido señalada por
diversos investigadores. Ante la indiferencia de las instancias
educativas y sanitarias, la finura del sentido del oído se está
perdiendo.
|
En el caso específico del nivel sonoro
elevado, uno de los efectos más conspicuos es la hipoacusia o
disminución auditiva. Este efecto trae otras consecuencias
sociales, como la incapacidad para la comunicación oral, el
aislamiento, las dificultades en el aprendizaje, la pérdida de
oportunidades laborales, etc. Lamentablemente el individuo
advierte su discapacidad cuando ya es demasiado tarde, dado
que la misma se produce por la destrucción irreversible de las
delicadas células sensorias del oído interno. La razón para
esto es que el proceso es gradual y puede demorar varios años
en hacerse patente, por lo cual se va produciendo una
adaptación o acostumbramiento progresivo. En general la
hipoacusia es "descubierta" por terceras personas, ya sea
familiares, allegados, o profesionales consultados por algún
otro motivo. … Diversos expertos vienen hablando desde
hace años sobre el peligro del desarrollo de jóvenes
generaciones de hipoacúsicos, con los trastornos que esto
puede acarrear no sólo para los individuos afectados sino para
la sociedad en su conjunto. Antes de que sea demasiado tarde,
es necesario tomar medidas al respecto. Aunque es el
Estado (en sus diversos niveles y estamentos) quien a través
de un apropiado cuerpo normativo debe velar por el cuidado de
su bien más preciado, que es una sociedad sana en todos sus
aspectos.(NOTA
13) |
La degradación de la capacidad auditiva principalmente en niños y
jóvenes es un llamado de alerta para los sistemas educativos y las
instancias sanitarias. Lo imperativo ahora no es sólo educar, sino
preservar (cuando no rescatar). Estamos seguros de que el sentido
del oído ha implicado siempre insospechados grados de supervivencia
y evolución para el ser humano.
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LA MÚSICA COMO PRODUCTORA DE DROGAS ENDÓGENAS. |
Las investigaciones más recientes han revelado que la música, al
actuar sobre el sistema nervioso central, aumenta los niveles de
endorfinas, los opiáceos propios del cerebro, así como los de otros
neurotransmisores, como la dopamina, la acetilcolina y la oxitocina.
De las endorfinas se ha descubierto que dan motivación y energía
ante la vida, que producen alegría y optimismo, que disminuyen el
dolor; que contribuyen a la sensación de bienestar; que estimulan
sentimientos de gratitud y satisfacción existencial.
|
En el Centro de Investigación de la
Adicción de Stanford (California), el científico Avram
Goldstein comprobó que la mitad de las personas estudiadas
experimentaban euforia mientras escuchaban música. Las
sustancias químicas sanadoras generadas por la alegría y
riqueza emocional de la música capacitan al cuerpo para
producir sus propios anestésicos y mejorar la actividad
inmunitaria. Formuló la teoría de que las “emociones
musicales”, es decir, la euforia que produce escuchar cierta
música, era la consecuencia de la liberación de endorfinas por
la glándula pituitaria, es decir, consecuencia de la actividad
eléctrica que se propaga en una región del cerebro conectada
con los centros de control de los sistemas límbico y autónomo.(NOTA
14)
El Journal of the American Medical Association publicó los
resultados de un estudio de terapia musical realizado en
Austin (Texas) en 1996. ‘La estimulación de la música aumenta
la liberación de endorfinas, y esto disminuye la necesidad de
medicamentos. También es un medio para distraerse del dolor y
aliviar la ansiedad’, explicó uno de los investigadores.(NOTA
15) |
PLACER Y CALIDAD DE VIDA.
La búsqueda del placer es un fuerte impulso connatural a la
fisiología y psicología de todos los animales y del hombre. Es
sabido que yoguis, lamas y otros discípulos de la sabiduría en
Oriente llegan a estados de conciencia elevados y altamente
placenteros a través de la música: ciertas frecuencias emitidas –y
sus alícuotas (armónicos o tonos parciales)–, al vibrar en la caja
de resonancia craneana, estimulan la norepinefrina y la dopamina,
drogas endógenas del cerebro que se asocian con el placer, así como
otros neurotransmisores que de otra manera permanecerían siempre
inertes, pero que una vez despiertos son capaces de reactivar
impresionantes destrezas físicas y cognitivas. Después de la
meditación, que a menudo recurre al sonido del mantram, la
música es una de las actividades que con mayor intensidad propicia
el “estado de flujo”.(NOTA
16)
A lo largo de nuestra
vida profesional, muchos educadores hemos atendido a numerosos
padres de familia que se acercan a nosotros con la esperanza de que
les brindemos un consejo o una opción para alejar a sus hijos
adolescentes de la asistencia asidua a antros, y protegerlos así de
los peligros a la salud que en esos lugares los acechan. Es hasta
entonces que esos padres advierten que a sus hijos les faltó un
cauce emocional adecuado; que bien pudo haber sido el artístico.
Independientemente de que, como ya se dijo, la música popular
comercial se compone empleando códigos de la música profana del
siglo XVII (pero en sus formatos armónicos más primitivos, y con una
ruidosidad electrónica y techno que los hace un producto
“joven y moderno” según los publicistas y sus clientes), por lo
general estos productos gustan a la juventud por las letras. Textos
que no siempre son bellos, sino sugestivos de situaciones deseables,
recuerdos y sentimientos donde, en muchos casos, lo cursi y/o lo
patológico no están del todo ausentes. En el caso de los antros, es
el componente vibracional, monótono y estridente, percusivo,
electrónico y ruidoso del instrumental y material sonoro lo que,
combinado con el alcohol y otras drogas exógenas y sintéticas,
suscita una euforia y una vitalidad artificiales, cuyo precio
individual y social, a cualquier plazo, es altísimo y doloroso.
Más allá de ulteriores medidas represivas, policíacas y penales ante
esta situación, son las instancias educativas, las sanitarias y las
que velan por el desarrollo sano y pleno de la niñez, las
responsables y más comprometidas a estructurar programas y planes de
acción conjuntos, a modo de brindar efectivas y oportunas medidas
profilácticas ante las fuertes amenazas que penden sobre la salud de
los niños, los adolescentes y los jóvenes.
MÚSICA Y SOCIEDAD
También como terapia de rehabilitación física, mental y social, la
música ha demostrado ser de un valor incuestionable; pero más allá
de estas connotaciones terapéuticas de la música a disfunciones
específicas, y otras de idiopatía no identificada, podemos hablar de
los beneficios sociales de la música, que a la
postre brindan un significativo avance al bienestar de nuestras
comunidades, tan laceradas tanto por la violencia civil cuanto
política, en algunos de nuestros países.
|
SOCIABILIZACIÓN E INTEGRACIÓN FAMILIAR. |
Realizar activamente música, en cualquiera de sus géneros, favorece
la sociabilización y el trabajo en equipo, en el que cada individuo
es primordial, indispensable e insustituible para el logro de la
armonía final resultante. Es una actividad perfeccionista, que
involucra la competencia sin rivalidad, en la que cada cual es
consciente de sus alcances y responsable de sus logros –individuales
y para con el grupo–, lo cual favorece la autocrítica y la
autovaloración sin conflicto, alentando la superación personal y
entrenando el cumplimiento responsable del compromiso comunitario,
todo dentro de un placentero marco de alegría compartida.
Ante las sociedades tan deterioradas que constatamos día tras día,
la integración de la música en la escuela y en la sociedad se torna
un proyecto altamente esperanzador: La congregación de padres e
hijos que pudieran compartir la dicha de hacer música juntos en
casa; el cauce maravilloso que brinda la música para desfogar cargas
de tensión y fatiga (catarsis), y las profundas emociones que la
música es capaz de liberar, propiciarían que ocio y delincuencia
juvenil bajaran sus tasas. En pocas palabras, sería posible crear
una sociedad más sana en su conjunto. Los educadores musicales
conocemos perfectamente la diferencias de conducta y de percepción
del mundo entre los niños y jóvenes que estudian música y los que
no. Las horas música contra las horas
ocio–aburrimiento–desorientación–fatiga–violencia, darían un saldo
favorable a la vida individual, familiar, comunitaria y social.
LA RESPONSABILIDAD EDUCATIVA FUERA DE LAS AULAS
|
LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN. |
Al participar en el “Diálogo Interactivo entre el Sector Público y
Privado”, convocado por la Organización de las Naciones Unidas para
la Infancia (UNICEF), en mayo de 2002 en la ciudad de Nueva York, el
presidente de México, Vicente Fox, convocó a “…promover una nueva
cultura de responsabilidad social para los negocios corporativos en
los países menos desarrollados, y a invertir en la niñez para
responder a los retos del futuro”, y expresó además: "Al final,
necesitamos invertir en los niños, invertir en el capital humano
para responder a los retos del futuro”. A su vez, el Secretario
General de la ONU, Kofi Annan, se refirió a la niñez en los
siguientes términos: “El desarrollo de los niños debe estar en el
corazón de nuestro trabajo para alcanzar las metas de desarrollo del
milenio; se requiere un plan para un mejor mundo, acordado por todos
los líderes del mundo”.(NOTA
17)
Uno de los grandes logros de los regímenes democráticos es la
garantía de cumplimiento que brindan a la libertad de expresión. La
libre manifestación de las ideas ensancha el mundo de la
comunicación y la comprensión humanas. La prensa escrita primero, y
más tarde los otros medios de comunicación han abierto importantes
avenidas en la conciencia colectiva para que este derecho sea ahora,
en mayor o menor grado, respetado; y para todos ellos sigue siendo
una lucha sin tregua. El arte, y en el caso que nos ocupa, la
música, no es otra cosa que expresión –sí bien, abstracta– de
las ideas y las emociones.
Vertiendo conceptos por demás acertados respecto a la televisión
como invento, la señora Sari Bermúdez, presidente del Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, discurre: “Ciertamente,
aquella sublime invención fue rebasada con el tiempo hasta
convertirse en el instrumento más poderoso de divulgación del
siglo veinte y, en la actualidad, nadie soslayaría su asombrosa
fuerza como vehículo transmisor de ideas, conocimientos y sucesos
cotidianos entre el gran público, aún frente a la Internet, que
ha cobrado una poderosa dimensión para el flujo de las
comunicaciones”.(NOTA
18)
Creatividad e Individualidad.
Esta certera opinión nos deja muy en claro que hoy día la
responsabilidad de la función educativa está llamada a rebasar las
aulas como sus límites de incumbencia, lo que vuelve urgente la
necesidad de una legislación que regule los contenidos musicales y
vele por la integración de la diversidad cultural en las
programaciones de radio y televisión en favor de un derecho tan
elemental para la niñez y la juventud como es la educación musical.
Universidades y colegios privados, especialmente los confesionales
que alientan tanto la ética y la moral, estarían gustosos de comprar
tiempo aire para continuar cumpliendo con su cometido educativo, y
dispuestos a colaborar con el Estado para lograrlo. Un sector de la
comunicación con una influencia tan amplia en la comunidad social
como son la radio y la televisión, que propiciara la incultura
artística y musical sería catastrófico para la sociedad en saldos de
analfabetismo, desinformación, fanatismo y violencia. Aparte el
hecho de que si el Estado brindara tolerancia a la comercialización
excesiva de los medios y a una pretendida rectoría cultural,
incurriría en una práctica antidemocrática y represiva al negarle al
individuo ejercitar su libertad de elección y de expresión propia de
sus emociones, orientándolo alevosamente a una masificación de su
personalidad y sus deseos al hacerlo perseguir satisfactores a
necesidades artificial y ventajosamente creadas (héroes
prefabricados, marcas comerciales, ilusorio status social,
adquisición de diversos bienes y servicios baladíes, etcétera).
Sería una aviesa manera de anular la personalidad del individuo para
convertirla en un engranaje más del trono de consumidores sobre el
que se sientan las multimillonarias ganancias de la inversión
transnacional. Desgraciadamente no estamos lejos de que esto suceda.
En México, el 25% de las estaciones radiodifusoras que por años
transmitieran música clásica, son vendidas a empresarios más
ubicados en la línea comercial y del rating; y a nivel
mundial, los presidentes de poderosas compañías grabadoras
transnacionales se expresan y actúan con criterios mercantiles que
lindan ya con atropellos a la ética y a la moral, porque presuponen
que los “gustos” de las masas incultas son preeminentes
–debido a las utilidades que generan– sobre las preferencias de
otras expresiones musicales y culturales:
|
... es necesario recurrir de nuevo a la
música fácil de oír, melodiosa, la que le gusta a
las masas, que nos permita vender millones de
copias. Nuestra compañía pone en marcha el proyecto de
encargar o comisionar obras a los compositores, y ya lo ha
hecho, para que escriban sobre esa línea fácil; aunque
dejemos de grabar arte, que por ser elitista no llega a
las masas y nos impide cumplir el cometido de las ventas
millonarias, para las que fue creada la industria del disco...(NOTA
19) |
La naturaleza de la comunicación a través de la radio y la
televisión, al ser la de un instrumento invasivo e inductor de las
mentes de los niños y de las costumbres de la sociedad, requiere con
urgencia de una legislación formulada con mayor rigor ético para
esos negocios –o, al menos–, del cumplimiento a cabalidad de lo ya
estipulado en la ley existente.(NOTA
20) Ya hablamos del condicionamiento cultural previo. El
joven demanda lo que se le da a conocer, no lo que no. Si ha pasado
su vida sometido a criterios como el de Peter Gelb, y oyendo ruidos
electrónicos, tanto en lo que le “venden” como música, cuanto en la
escandalosa estridencia con que la publicidad anuncia generalmente
sus productos en radio y televisión, así como a locutores y
animadores que los incitan a creer que sólo son libres si acatan
sumisamente la orden (la mayoría de las veces dada a gritos) de
escuchar y consumir tal o cual música, es lógico que deseen asistir
a divertirse a los lugares en que esa música se pone a su
disposición. Es decir, caen en un círculo vicioso prefabricado bajo
intereses comerciales. Si los padres, desde que el hijo es bebé, y
la escuela (reforzada por el hogar) durante toda su niñez y
adolescencia lo hubieran hecho escuchar música de arte, músicas
étnica y folklórica de su propia cultura y otras músicas universales
de incuestionable calidad, el joven no tendría tan severos problemas
de identidad, aferrándose a ser como los otros o como la masa
informe, sino que se sentiría orgulloso de ser diferente, único como
un ser diferenciado, capaz de brindar sus propias, particulares e
insustituibles aportaciones a la sociedad; de respetar y no
contaminar su singularidad individual, toda vez que tendría la
seguridad de que su elección hacia la música es por el camino
inequívoco de la belleza y del disfrute de los valores inapelables
de la cultura universal, y otros de orden mental y emocional que lo
enaltecerían. (Y que ya analizamos al hablar de la experiencia
estética).
|
El sistema educativo es una manifestación
del desmoronamiento del potencial humano de la sociedad. Las
personas repetimos comportamientos y actitudes globalizadas
por las modas, la imagen y la publicidad. El aspecto más
incisivo de la globalización económica no es el movimiento
libre de capitales y el libre comercio, o la flexibilización
laboral, sino el haber ahogado profundamente la diversidad de
la naturaleza esencial de las personas. La edad básica de la
educación, que construye la personalidad, donde se aprende e
interioriza el ejercicio de la libertad, la responsabilidad,
la relación, la ética, la reciprocidad y el compromiso, se ha
vuelto la edad más vulnerable al consumo. El mercado juvenil s
el más fácil de manipular.
(NOTA 21) |
En un artículo por demás elocuente del que me permito transcribir un
fragmento,Daniel Mateos Moreno, nacido en Málaga en 1977 y graduado
en Música,reflexiona con veracidad sobre su experiencia en un antro:
|
...Uno está acostumbrado a relacionarse con músicos e
intelectuales, por una parte, y por otra con estudiantes de
Ingeniería en Telecomunicaciones. Sin embargo, no ha sido ésta
ni muchísimo menos la primera vez que he ido a bailar a una
discoteca, pero sí la primera vez en que he visto tal cantidad
de juventud reunida. El cerebro de uno, aunque lo sometan a
tortura auditiva, sigue funcionando como un "analizador"
musical en búsqueda de la belleza y de la compresión musical.
Para distraerme de mis más profundas abstracciones, no
faltaron pisotones, empujones, la típica borracha ligona que
con un grupo de amigas no para de rondarte, etc. Como antes
decía, aún en esas condiciones, el maltratado intelecto de uno
sigue funcionando y haciendo las más variopintas reflexiones,
sacando conclusiones de todo aquello.
Una primera consideración: La música que allí sonaba tenía una
finalidad muy diferente a la música que yo suelo escuchar; el
objetivo dudo mucho que fuera el placer estético; era música
repetitiva para mover el cuerpo con ritmos fáciles y
perpetuos. A veces parecía la música idónea para ‘flipar en
colores’ después de ‘pastillear’ y coger el ‘puntillo’.
Siguiendo con esta selección léxica premeditada, ante todo...
‘buen rollo colega’.
Ya
es hora de hablar claro. Esto no era música ni leches; el
horroroso golpear de un bajo rítmico continuo, junto con
acordes que se repetían infinitamente y que podrían aburrir al
músico más conformista. Planteemos cuestiones claves: ¿Por qué
muchos jóvenes disfrutan tanto con esa música? En primer lugar
porque no tienen las herramientas necesarias de juicio
musical. Cuando escuchan música, no tienen la sensibilidad
educada para apreciar la belleza, y lejos de eso, aprecian lo
aberrante. Es como aquel que prefiere el olor de una cloaca
antes que el de una rosa.
En
segundo lugar, porque la mayoría quiere evadirse del mundo en
el que vive, y la mejor manera es emborrachándose y moviendo
el cuerpo. Ese tipo de música se convierte en una droga. El
origen de toda esta corriente de pensamiento que conlleva la
música ‘joven’ hemos de buscarlo en la raíz de la cuestión: La
superficialidad, el deseo de dejarse arrastrar, de no pensar,
e incluso la maldad del ignorante; a la vez que en la manera
de conformar a las masas insatisfechas con su vida diaria, la
escasez de trabajo, la creencia en el poder de uno mismo
(imbuido por los padres) y la contrastación con las pocas
metas alcanzadas. ‘Pan et circus’ ...y tendrás al
pueblo contento, Caesar.(NOTA
22) |
Un artículo recientemente publicado no sólo da la razón a este
joven, sino que nos aclara el origen del suplicio al que somos
sometidas cotidianamente (en cines, restaurantes, tiendas,
transportes y vías públicas, centros comerciales, publicidad y
noticieros televisivos y radiofónicos, plazas, parques, mercados,
playas y demás lugares públicos, y aún en la privacidad de tu casa
por la impertinencia de un vecino) las minorías que
conformamos la comunidad de músicos profesionales, y que somos tan
continua y gravemente agredidas en lo más elemental de nuestras
garantías individuales:
|
Un área del cerebro, involucrada
directamente en el procesamiento de los sonidos, es más grande
y más sensible en los músicos profesionales que en el resto de
las personas, según revela una investigación realizada en la
Universidad alemana de Heildelberg. Este estudio, publicado
hoy en «Nature Neuroscience», no aclara si esa
diferencia funcional y anatómica descubierta se debe a una
predisposición genética o a una mayor exposición a la música
durante la infancia, pero no deja lugar a dudas de que la
neurofisiología y morfología de la estructura cerebral
identificada tienen un impacto directo en la aptitud para la
música. Su nombre es «giro de Heschl» y se encuentra situada
en la región de la corteza cerebral que procesa los sonidos.
La investigación fue realizada con 37 voluntarios: trece
personas sin conocimientos musicales, doce profesionales de la
música y trece aficionados. Con una técnica llamada
magnetoencefalografía, el equipo dirigido por el profesor
Alexander Gutschalk registró la respuesta del «giro de Heschl»
mientras este grupo de individuos escuchaba tonos de distintas
frecuencias. La respuesta de los músicos profesionales era
superior a la de los 17 aficionados y mucho más acusada que la
de las personas sin aptitudes para la música. Posteriormente,
el grupo de investigadores alemanes exploró esta área del
cerebro con una técnica no invasiva y comprobó que el volumen
de materia gris era un 130 por ciento superior en los músicos
profesionales, tanto hombres como mujeres. Estos resultados
coinciden con los aportados por análisis practicados a los
cadáveres de dos eminentes músicos, en la década de los 70.(NOTA
23) |
Esta información nos intriga para saber cuáles han sido exactamente
los criterios políticos y sociales para que sostenidamente las
autoridades educativas en nuestros países quiten o no incluyan como
asignatura curricular la música en la planeación académica escolar,
discriminando así, como ya dijimos, al núcleo de la población
genéticamente orientada hacia el arte de la música.
Un estudiante de secundaria o preparatoria no podría sentir el deseo
de ser médico, si jamás hubiera estudiado rudimentos de biología.
Podría sentirlo difusamente como una vocación, como un impulso
humanista, pero su potencial talento se habría perdido para siempre
por falta de estímulo cognitivo. Un comunicador no podría serlo si
nunca hubiera conocido los códigos del lenguaje; y un ingeniero y un
físico, jamás lo habrían sido sin haber tenido previas nociones
sobre las matemáticas y la geometría. Esto lo sabe de siglos atrás y
a la perfección todo estamento educativo en el mundo, y ello es la
base histórico social de la institución escolar. La música, tan útil
como es a la sociedad, ni siquiera necesita tanta teoría para hacer
conocer al niño y al joven su potencial vocación, cuando la hay; y
sin embargo, cabe nuevamente –y con toda formalidad– la pregunta:
¿Desde qué parámetros, criterios, sustentos filosóficos,
psicológicos, pedagógicos, sociológicos y educativos, las
autoridades administradoras de la educación en el pasado concluyeron
y establecieron que la música debe no ser una asignatura académica;
que no es necesario establecer un plan curricular estructurado, con
un contenidos programáticos que mantengan la continuidad de procesos
cognitivos y la interacción entre los mismos con objeto de
garantizar la integridad y coherencia de la enseñanza–aprendizaje;
que el ser músico no representa una opción profesional importante
para la sociedad, y los individuos de naturaleza musical no son
importantes para la Educación ni para el Estado; que la música debe
ser una asignatura no curricular, y entrar –como si no tuviera sus
propias especificidades de toda índole– en el paquete de “educación
artística”, y que es suficiente un sólo libro teórico para los seis
años de primaria; etcétera. Todo ello no parece ser fruto de una
mala intención, sino de desinterés y desconocimiento, lo cual se
entiende –sin justificarse–, debido al círculo vicioso interminable
que esta misma situación genera; porque ¿qué se puede esperar, sino
ignorancia en la materia, desaprovechamiento, errores y desaciertos
en su planeación educativa; agresiones continuas al gremio musical y
mal cumplimiento de la Ley, cuando administradores de la educación y
la cultura, maestros, educadores, pediatras, sociólogos y
terapeutas; jurisconsultos y penalistas; neurólogos, pedagogos y
psicólogos; trabajadores sociales y psicopedagogos; empresarios y
trabajadores de la comunicación, productores de programas;
“creativos” de la publicidad, sonorizadores y “musicalizadores”;
científicos, humanistas y artistas de otras disciplinas; padres de
familia y gobernantes no conocen los valores del arte de la música
ni de la tradición musical de nuestro país, ni tienen noción musical
de todas las parcelas étnicas, históricas y geográficas del mundo,
porque no tuvieron un correcto acercamiento a ellos (arte
musical y tradición) ni en su hogar ni en su formación escolar?
CONCLUSIONES
En el mundo de nuestros días –y en cuestión de música–, las
instancias gubernamentales, las legislativas y las consagradas a la
educación y a los derechos de los niños, tienen frente a sí un reto
severo, que ya reviste dimensiones biológicas, jurídicas,
sanitarias, sociales, culturales, formativas y éticas. Vasos
comunicantes que se entremezclan dramáticamente, y que, de existir
voluntad y sensibilidad políticas, muy bien pudieran ser adunados en
la nobleza de la Educación, sólidamente edificada sobre las bases de
la salud, la ética y el derecho.
Decimos Biológicas,
porque el Universo se sigue construyendo, y las proyecciones de la
evolución humana tienden a ir en la dirección que marca el
Conocimiento y los descubrimientos que el hombre hace de sí mismo
(conciencia) y de la Naturaleza. La relación entre neurobiología de
la música e inteligencia son factores medulares en esta ordenanza.
Jurídicas, debido al mandato de cumplimiento por parte del
estado, de lo estipulado en los artículos constitucionales III
(educación); IV (cultura y salud física y mental); V (profesión),(NOTA
24) y en la Ley Federal de Educación. La observancia de lo
establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.(NOTA
25) Los derechos de los niños y las niñas.(NOTA
26) El compromiso de México ante las legislaciones
internacionales de las que ha sido signatario;(NOTA
27) de la Ley Federal de Radio y Televisión
(NOTA
28) y del Compromiso Social por la Calidad de la
Educación,(NOTA
29) porque urge crear un marco jurídico que provea las
bases para la regulación profesional y los derechos sociales del
grupo minoritario que conformamos los músicos.
Sanitarias, 1) porque por vía de la instancia educativa –y
por vía de una gestión conjunta con las autoridades de salud–, es
urgente la implantación social de programas que propicien una
cultura del sonido, a favor de frenar –y en su caso, detener
definitivamente– el deterioro auditivo humano, que viene surgiendo
con mayor carga en los jóvenes y a la postre se convierte en grave
amenaza de hipoacusia mediata en nuestras sociedades, y 2) por las
utilidades terapéuticas que reporta la música, debido a sus
componentes de naturaleza fisiológica y emocional.
Sociales, por el beneficio que la música ofrece como
prevención social y empleo productivo del tiempo, así como por su
utilidad en la rehabilitación social, la integración familiar y su
vinculación con factores fisiológicos y sociales de orden
farmacoadictivo; amén de lo que la disciplina de “hacer
música” reporta a niveles
individuales, colectivos y sociales.
Culturales, 1) porque la Educación es una de las instancias
más imperiosamente involucradas y comprometidas en la conservación
de la identidad cultural de una nación y 2) porque la falta de un
ordenamiento educativo en cuanto al conocimiento y consumo de música
ha propiciado en la sociedad una transculturación y un analfabetismo
graves, que discrimina la profesión del músico artista, tradicional
y popular auténticos, favoreciendo toda índole de vejaciones a su
status laboral y humano (salarios, regalías, prestaciones
sociales, divulgación de su trabajo, etcétera).
Formativas, 1) por la importancia neurológica –y social– que
marca la edad en que se debe iniciar el estudio de la
práctica musical; o sea, las razones neurobiológicas para su
impartición temprana en las aulas, y 2) porque las artes deben ser
tratadas
como cualquier otra disciplina humana de opción profesional.
Y Éticas, porque
es atentatorio contra la inteligencia, contra la cultura de nuestro
grupo humano y su identidad como nación, y contra todo ideal
evolutivo y humanístico, permitir que la industria del espectáculo y
la industria del disco, vía la publicidad y sus instrumentos más
efectivos: la televisión y la radio, continúen rigiendo –con
premeditación, alevosía y ventaja– como orientadoras y rectoras de
la sociedad en materia de música, debido a su ignorancia y a sus
intereses de lucro, pero sobre todo, a la ausencia de instancias
responsables y con disposición política de velar por la democracia
educativa y los derechos humanos; de proteger los valores de la
diversidad y de la equidad cognitiva, y de enriquecer las cualidades
distintivas –estéticas, artísticas, tradicionales e integrativas– de
nuestra sociedad mexicana.
Es necesario evitar que la música, al ser un factor indiscutible de
orden, belleza, inteligencia y bienestar social, se convierta en
nuestro medio, merced al mecanismo circular de desconocimiento por
parte de las autoridades, y desdén de los medios de comunicación, en
un vergonzoso estancamiento a la evolución de la mente y la
sensibilidad humanas, con todo el doloroso –y culpable– lastre que
esto conlleva.
*
CLÁSICO - Procede del latín classicus que significa: de primera
clase, y entre sus acepciones surgen: a) principal o notable en
algún concepto; b) obra que se tiene por modelo digno de imitación;
c) producto de la cultura dotado de elementos constantes, es decir,
no sujetos a los vaivenes de la
moda. (Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado. Tomo II)
[al texto]
**
He tenido la oportunidad de realizar viajes nocturnos
por la selva. En aquella experiencia elemental, ante la búsqueda de
animales con hábitos en ese horario, me he percatado de que (un
ingeniero forestal, un ornitólogo, un guía local, mi acompañante y
yo), primero escuchamos, instantáneamente nos detenemos y aspiramos
(¿olfateamos?); acto seguido oteamos y escudriñamos para, al final,
focalizar nuestra mirada en los ojos llameantes e instantáneos de
una bestia en busca de supervivencia.
[al texto]
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
(NOTA 1)
Fernando Savater. Las preguntas de la vida. Editorial
Ariel. Barcelona, España. 1999.
[al texto]
(NOTA 2)
UNESCO. Políticas culturales. Informe mundial sobre
la cultura. 1998. Tablas Estadísticas. Cultural Trends. Tabla 2:
Radio y Televisión.
[al texto]
(NOTA 3)
Yolanda Moreno Rivas. Historia de la música popular
mexicana. Alianza Editorial Mexicana–CONACULTA. Colección Los
Noventa. México. 1989.
[al texto]
(NOTA 4)
Edward Hanslick. The Beautiful in Music. Ed. N.Y.
Bobbs-Merrie. 1957.
[al texto]
(NOTA 5)
Elliot W. Eisner. Cognición y representación:
Persiguiendo un sueño. Revista Enfoques Educacionales Vol.1 Nº1
1998. Departamento de educación. Facultad de Ciencias Sociales.
Universidad de Chile.
[al texto]
(NOTA 6)
Howard Gardner. Estructuras de la mente. La teoría de
las inteligencias múltiples. Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y
Psicoanálisis. Fondo de Cultura Económica. México. 2001.
[al texto]
(NOTA 7)
Aldoux Huxley. Un mundo feliz. Plaza y Janés. 1976.
[al texto]
(NOTA 8)
Krishnamurti. La libertad primera y
última. Edhasa. Barcelona. 1979.
[al texto]
(NOTA 9)
Simon Mundy. Música y globalización. Una guía hacia
algunas conclusiones. (Artículo). CIM/UNESCO. 2000.
[al texto]
(NOTA 10)
Irena Wojnar. Estética y Pedagogía. Fondo de Cultura
Económica. 1966.
[al texto]
(NOTA 11)
Adolfo Salazar. Teoría y práctica de la música a
través de la historia. El Colegio de México.
[al texto]
(NOTA 12)
Edgar Willems. El valor humano de la educación
musical. Paidós Ibérica, Barcelona. 1981.
[al texto]
(NOTA 13)
Federico Miraya. Ceremonia de iniciación al ruido.
Biblioteca virtual del Laboratorio de Acústica y Electroacústica.
Escuela de Ingeniería Electrónica. Facultad de Ciencias Exactas,
Ingeniería y Agrimensura. Universidad Nacional de Rosario.
Argentina. Junio de 1997.
[al texto]
(NOTA 14)
Music/Endorphin Link, Brain/Mind Bulletin, 21 de
enero y 11 de febrero de 1984.
[al texto]
(NOTA 15)
R. Droh y Ralph Spintge. Anxiety Pain and Music in
Anesthesia. Ed. Roche, Basilea, 1983.
[al texto]
(NOTA 16)
Daniel Goleman. La inteligencia emocional. Javier
Vergara Editor, México, 1995. Págs. 117-122.
[al texto]
(NOTA 17)
Discursos pronunciados durante la Sesión Plenaria del
Período Extraordinario de la Asamblea General de la Organización de
las Naciones Unidas a favor de la Infancia. Nueva York, Estados
Unidos, 9 de mayo de 2002.
[al texto]
(NOTA 18)
Sari Bermúdez. El alma de México. Ed. CONACULTA.
Palabras preliminares.
[al texto]
(NOTA 19)
Peter Gelb (Presidente de Sony Records). Artículo.
CLASSICAL MUSIC, One Label's Strategy: Make It New, but Make it Pay
By PETER GELB. New York Times Domingo 22 de marzo de 1998. Sección
2, página 37, columna 1.
[al texto]
(NOTA 20)
Ley Federal de Radio y Televisión, (Artículos 3, 5,
51)
[al texto]
(NOTA 21)
Jesús Vicens. La libertad y la naturaleza en
Krishnamurti. CISSPRAXIS Educación. Cuadernos de Pedagogía Nº. 303
Artículo. Junio 2001.
[al texto]
(NOTA 22)
Daniel Mateos Moreno. Antimúsica: ¿Música para
jóvenes? FILOMÚSICA. Revista de Música Culta. Revista en Internet.
Número 5 – Junio 2000.
[al texto]
(NOTA 23)
DIARIO ABC. MADRID. Identifican un área del cerebro
de mayor tamaño en los músicos. Artículo. Sección Social. 17 de
junio de 2002.
[al texto]
(NOTA 24)
Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos. Anaya Editores. México, 1997.
[al texto]
(NOTA 25)
Declaración Universal de los Derechos Humanos
Artículo 26, inciso 2 (Educación e instrucción) y 27 (vida cultural,
artes). Asamblea General de las Naciones Unidas. 10 de diciembre de
1948.
[al texto]
(NOTA 26)
Declaración de los Derechos del Niño. Asamblea
General de la Organización de las Naciones Unidas. 20 de noviembre
de 1959.
---Convención sobre los Derechos del Niño. 20 de noviembre de 1989.
(Artículos 13, 17, 28, 29 y 31).
[al texto]
(NOTA 27)
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales. (Artículo 13, inciso 1 y Artículo 15).
---Conclusiones sobre el Congreso Mundial sobre la Condición del
Artista. UNESCO: Junio de 1997.
---Llamamiento Internacional para la Promoción de la Educación
Artística y la Creatividad en la Escuela. 30ª Sesión de la
Conferencia General de la UNESCO. París. Noviembre de 1999.
---Encuentro Regional de Expertos en Educación Artística de América
Latina y el Caribe. 1999.
[al texto]
(NOTA 28)
Ley Federal de Radio y Televisión. Reglamento de la
Ley Federal de Radio y Televisión y de la Ley de la Industria
Cinematográfica. Abril 4 de 1973.
[al texto]
(NOTA 29)
Compromiso Social por la Calidad de la Educación.
Palabras del Presidente Vicente Fox Quesada durante la Firma del
Compromiso Social por la Calidad de la Educación. México, D.F., 8 de
agosto de 2002. Sistema Internet de la Presidencia.
www.presidencia.gob.mx
[al texto]
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